Edición semanal lunes 17 de julio de 2017

Violencia y criminalidad tras la implementación de los acuerdos de paz

Policía Nacional

Katherine Aguirre Se dice que la delincuencia viene en aumento, pero los datos muestran una disminución generalizada. Los datos también muestran que hay regiones, hay tipos de delitos y hay motivos para ciertos rebrotes de criminalidad, que por supuesto exigirán medidas especializadas.

Katherine Aguirre Tobón*

Esta desazón que no nos deja vivir

Expresidente y ganador del primer puesto, Álvaro Uribe Vélez.

Omar Rincón Nunca habíamos estado mejor: menos violencia, mayor estabilidad, mejores políticas públicas, más diversidad. Pero parece que cuando desaparece la guerra y debemos ser un país normal no sabemos cómo hacerlo. Peor todavía: son las élites quienes fomentan la desazón y los ciudadanos del común quienes ponen la sensatez.

Omar Rincón*

La crisis de seguridad en Medellín: confusión e incertidumbre

Comuna en Medellín.

La captura del secretario de seguridad ha despertado el debate sobre la incidencia política de organizaciones criminales, así como sobre el proyecto en curso de sometimiento de delincuentes a la justicia. ¿A quiénes beneficia realmente este proyecto?

Max Yuri Gil Ramírez*

El caso Colmenares: otra historia sin fin

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Mario_Morales_Razon_PublicaAnálisis vibrante y creativo en torno a un caso que cada vez se parece más a la vida misma, donde se engarzan la agenda mediática y la de redes sociales para intercambiar “significaciones y sensibilidades en espacios con luz”. La bola de nieve seguirá creciendo mientras la historia alimente el morbo y la curiosidad.

Mario Morales

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Indignación en Colombia: va desde las marchas contra los violentos en febrero y marzo de 2008 hasta la más reciente reacción de indignación contra la deforme reforma a la justicia.
Foto: Grandeuribe.com

Sueño premonitorio, obsesión colectiva

Desde que surgió a la luz pública, ya traía todos los elementos inherentes a las grandes noticias, empezando por la novedad que pisaba los terrenos de lo insólito: el sueño premonitorio de una madre desolada que indagaba sobre las causas de la muerte de su hijo, ocurrida en octubre de 2010, que convenció a las autoridades de exhumar los restos mortales del joven estudiante y de reabrir la investigación judicial, diez meses después de los hechos.

Luego de diez meses, la historia se mantiene en la cresta de la opinión pública y de las narrativas periodísticas, por encima de cualquier otro suceso de la vida nacional. 

“La respuesta está en mi cuerpo” fue la frase macondiana que le habría dicho el joven a su madre en aquel extraño sueño y que llegó a oídos de la Fiscalía y saltó de allí a los titulares de los medios de comunicación, a las redes sociales y a la conversa pública con una intensidad que pasados otros diez meses se mantiene en la cresta de la opinión pública y de las narrativas periodísticas, por encima de cualquier otro suceso de la vida nacional.

Inmediatez y fugacidad

Antes, en el siglo pasado, las noticias iban y venían acompasadas, pausadas y hasta escasas. Estaban hechas para durar, para darse entre sí solución de continuidad. Decían entonces los estudios de métrica longitudinal de la Mass Communication Research que los sucesos noticiosos podían quedarse en la atención de los espectadores hasta por treinta días. Eran otros tiempos.

Nada que ver con la acumulación informativa multisoporte que asedia al ciudadano promedio de hoy en día, que busca enterarse de su entorno y que ve cómo la luz dura de las noticias comienza a desvanecerse a los 69 minutos, si nos atenemos a estudios recientes como los de los físicos Wu y Huberman en Palo Alto, California.

No obstante, casos como el de la muerte del estudiante Luis Andrés Colmenares subvierten estos estudios. Ese fenómeno marca un hito en los estudios periodísticos. ¿Por qué?

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“La respuesta está en mi cuerpo” fue la frase macondiana que le habría dicho el joven a su madre en aquel extraño sueño.
Foto: Archivo.

Dinámica de las agendas

Comencemos por decir que el fenómeno es fruto de una espiral dialéctica e inédita que engarza la agenda de los medios y la agenda pública, si asumimos que esta última se va formando en las narrativas digitales como foros, debates virtuales y posts en redes sociales.

Desde los estudios de la agenda Setting se ha puesto de presente la influencia que los medios ejercen, a través de la jerarquización y del encuadre de temas, sobre la agenda de los ciudadanos, no sólo desde la perspectiva de los temas en qué pensar, sino a veces, cómo pensarlos, con sus consecuencias fácticas, luego medidas y corroboradas mediante encuestas y estadísticas.

No existe la misma certeza en relación con los issues, o temas jerarquizados, acunados solo en las redes sociales, que merced al tiempo real están contagiados de emociones y de veleidades que se autosatisfacen en los modos de decir, sin coherencia con los hechos. Baste citar el fenómeno de la Ola Verde, que creció, se reprodujo y murió en el mundo virtual.

Antes, en el siglo pasado, las noticias iban y venían acompasadas, pausadas y hasta escasas. Estaban hechas para durar, para darse entre sí solución de continuidad.

Pero cuando esos issues y los eventos que los complementan encuentran sintonía en los medios tradicionales y en las redes sociales, no solo se retroalimentan desde el punto de vista de las agendas, sino que se aceleran, adquiriendo spin y se convierten en bolas de nieve de opinión pública con notable incidencia en el comportamiento de sus congéneres.

Ejemplos en Colombia van desde las marchas contra los violentos en febrero y marzo de 2008 hasta la más reciente reacción de indignación en contra de la deforme reforma a la justicia.

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En las últimas semanas, han aparecido testigos clave, como José Wilmar Ayola  que antes de comparecer en los tribunales lo hacen a través de los medios de comunicación.
Foto: Archivo.

¿Qué lo hace único y apasionante?

¿Pero qué otros factores determinan esa simbiosis en el caso Colmenares? En primer lugar la afectación que perciben las audiencias, así sea por la vía de la emocionalidad de un suceso que se ha narrado de manera espectacular, esto es, como una puesta en escena en un país con amplia tradición en el consumo de melodramas y crónica roja.

Su línea dramática es un lugar común, así sea disruptivo, lo que de inmediato genera proximidad, otro valor fundamental del periodismo. Pero es un crimen distinto, no de una violencia anómala y prosaica. Ahí está el caso ya casi olvidado del asesinato de un joven abogado por robarle el celular.

Se trata de una violencia con ingredientes que tocan las pasiones humanas, con matices de crimen pasional en un triángulo amoroso imposible, y del mismo modo telenovelesco, inscrito en la diferencia de clases, pleno de equívocos y de sobreentendidos, terreno fértil para la curiosidad o el morbo, que son, como sabemos, la cuota inicial de la toma de posición y de partido.

La retroalimentación casi viciosa entre narrativas emitidas y audiencias ávidas que piden detalles y arriesgan hipótesis, despierta plena identificación y apropiación de esos espectadores, en virtud de la edad y de los roles sociales de los implicados, en tanto que estudiantes, jóvenes, seres de carne y hueso que interactúan en lugares públicos y accesibles y en actividades de distracción comunes a la mayoría de la población.

A cualquiera podría sucederle. Ese ejercicio es asumido de manera instintiva, y así como los medios han desplazado a los tribunales, los espectadores se sienten con el derecho de hacer lo mismo con los jurados y fungen como tales, no importa si cada evento ha hecho modificar la corriente de opinión.

Los espectadores ya dueños de un acervo probatorio mediatizado, es decir socializado y significado, y luego amplificado por las redes sociales, se sienten parte del proceso, el cual pasa a ser parte de sus modos de decir y de pensar, incluso como forma de infotenimiento (entre información y entretenimiento) o de pasar el tiempo social de la conversa que asume el reto ineludible de solucionar un rompecabezas.

Así, la noticia antaño concebida como forma de conocimiento es sobre todo motor emocional, y a su vez, trampolín para la interacción y la participación social con sus implicaciones en los fenómenos de expresión de la opinión privada y sus efectos en la esfera pública.

La información, ya dramatizada, con personajes ambiguos y fieles a esa condición, con reparto de extras que aparecen y desaparecen súbita pero oportunamente en los momentos de clímax, rodeados de unos misterios permanentes y otros difuminados por pruebas no del todo contundentes, necropsias parciales, fotos casuales, testimonios incidentales, se convierte en una historia con todos sus atractivos, que se debate entre lo ritual, lo ajeno y privado; y lo cotidiano, público y presente en los modos de decir y de pensar ciudadanos por su intensa y no siempre coherente carga moral en la que entran en juego debates acerca de la vida y la libertad como valores fundamentales.

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Laura Moreno, una de las principales sospechosas, ha saturado con su presencia la agenda noticiosa.
Foto: Tomado de Caracol.com

De la emoción a la sensación y a la persuasión

Profundiza esa emocionalidad el vértigo del conocimiento inmediato de cada evento por el cubrimiento prioritario y en directo por parte de los medios, y su incidencia en los nuevos climas de opinión visibles en las redes sociales.

La materia prima es la sensación que se manifiesta en el voz a voz contaminado por una alta subjetividad que se reproduce geométricamente. Cada relato parece tener un tono persuasivo, contundente, definitivo, como si se tratara de convencer, de sumar, de adherir; lo cual es más evidente, e influyente, en las narrativas audiovisuales de enorme imperancia o influencia en un país tevecéntrico como el nuestro, es decir que construye su realidad y sus consensos a través de la caja mágica, según las categorías de investigación de Pippa Norris.

Sin querer queriendo, cada medio ha narrado cada nuevo suceso desde un encuadre particular con base en su propio código o el que le permite cada issue al que tiene acceso. Conscientes o no, esos medios y esos periodistas se han convertido en cajas de resonancia, ya no solo de puntos de vista morales o éticos sino también jurídicos, que es lo más preocupante.

Así se convierten en objetivo de las baterías de abogados y personas cercanas a cada parte del proceso con intenciones variopintas, que van desde la incidencia en la opinión pública, definitiva a estas alturas, o en el desarrollo del mismo proceso en busca de sentencias favorables o del ocultamiento de flancos débiles hasta la exaltación de la vanidad personal y profesional de los juristas más reconocidos que han encontrado en este tipo de casos trampolines a la fama y al reconocimiento.

Por eso la dosificación y alimento fragmentario de los relatos para generar golpes de opinión. Con razón los mismos abogados dijeron que los medios son claves en estos casos. Esas rivalidades, con nombre propio, también son parte de nuevas narrativas mediáticas asimiladas a las formas de contar enfrentamientos deportivos o culebrones en el prime time.

Nunca antes medios y audiencias, hechos y opiniones, amores y odios habían estado tan entrelazados y tan mutuamente influenciados al mismo tiempo. Lo potencia el mimetismo, esto es, la autorreferenciación a la hora de contar y de argumentar.

Ese eco, así legitimado, cala entre los receptores y entre los mismos periodistas a la hora de enfatizar en la agenda el MIP (most important problem, por su sigla en inglés): el problema más importante de la actualidad informativa.

Las presuntas pruebas a cuentagotas, las filtraciones, nuevas versiones, el crescendo del ‘suspense’ con el escalamiento de acusaciones de amenazas y presuntos crímenes de testigos y esa característica de obra inconclusa, al decir de Umberto Eco, se asemejan a la vida misma de las audiencias en las calles, con sus matices de incertidumbre, impunidad, impotencia y ausencia de patrones estables de justicia, más aun cuando los estamentos encargados de instruirla, ejercerla y hacerla posible, parecen tan contaminados y confundidos como los demás.

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El Ciclo de activismos digital. Cinismoilustrado.com

Como la vida misma

El resultado es la concepción de un nuevo subgénero periodístico, bastardo si se quiere, hecho de fragmentos de otros géneros como la desdeñada crónica roja, el melodrama o la novela negra (como bien lo expresó la semana antepasada aquí Boris Pinto) combinados con periodismo de declaraciones y una alta dosis de imaginación, ingredientes de ficción, y de pretendidos paradigmas, cuando no de prejuicios.

Pero también ha sido construido de manera colectiva con las audiencias que ya saben que su opinión cuenta desde el momento mismo de la creación, consumo y difusión de las piezas periodísticas, lo que hace que sean percibidas como propias, así se manifiesten como formas de vindicación y justicierismo por vías pretendidamente legitimadas, escudadas en una presunta anomia institucional.

En la acumulación informativa multi soporte que asedia al ciudadano promedio de hoy, las noticias comienzan a desvanecerse a los 69 minutos. 

El caso Colmenares se mantiene en la atención mediática porque es una impronta de esta época: por su emocionalidad, su carácter fragmentario e impredecible. Por su movimiento pendular entre lo local y lo global, lo cotidiano y lo extraordinario.

Es un espejo de lo que somos, de qué pensamos, de cómo tratamos de narrarnos y de persuadirnos, intercambiando significaciones y sensibilidades en espacios con luz, al decir de Germán Rey y de Jesús Martín Barbero.

Tal vez no tan distintos de quienes en los coliseos de la antigüedad, presas de una emoción insaciable, jugaban con la vida y la muerte, o invocaban justicia buscando consensos con sus gritos y con sus pulgares.

 

* Magíster en Estudios literarios, con estudios en periodismo y especialización en medios y opinión pública. Periodista y analista de medios. Ha sido columnista de El Tiempo, Semana.com, Radiosucesos RCN y actualmente de El Espectador. Dirige actualmente la Especialización en Televisión de la Universidad Javeriana y el campo de periodismo. 
www.mariomorales.info

twitter1-1@marioemorales

 

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Comentarios  

Diana Lozano
+1 # Diana Lozano 26-06-2012 09:26
Gracias, su articulo además de ilustrativo, es toda una clase en la que se detalla el entramado que subyace en un hecho que podría haber pasado desapercibido pero que por una serie de características muy particulares continúa aún vigente. !Qué buen análisis!
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Luis Eduardo Payares
+1 # Luis Eduardo Payares 27-06-2012 12:06
Es interesante la reflexión y muestra lo que no somos capaces de ver,estamos sujetos a lo que los medios nos dicen y nos negamos la posibilidad de dudar y superar lo mediático.
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DPTB
0 # DPTB 28-06-2012 15:39
Muy cierto, primer periodista en hacer una reflexión de un hecho sin pararse en alguna parte de la balanza, una muestra de que las novelas definitivamente venden, y esta en especial que tiene todos los ingredientes para no envidiarle nada a una novela venezolana!! una novela en la que todos quieren escribir... pero ninguno quiere protagonizar. ESTO ES UNA LECCIÓN DE VIDA PARA TODOS LOS QUE JUZGAMOS Y SEÑALAMOS FÁCILMENTE CON EL DEDO
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