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FARC, ERPAC, Cuchillo y Caracho: un mundo de amenazas cruzadas Imprimir E-mail
CONFLICTO, DROGAS Y PAZ
Domingo, 20 de Noviembre de 2011 20:02
Otras BACRIM queman más prensa. Pero las briznas de información acerca de este “ejército antisubversivo” son espeluznantes. Un brillante análisis que deja perplejo al lector: ¿puede el Estado evitar que el vacío que sería dejado por la desmovilización del ERPAC sea llenado con más violencia aún? ¿O será el rol del Estado contribuir a agudizar las tensiones en la región?

Desconocido, peligroso y hábil

El jefe actual del Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC), José Elberto López Montero, alias “Caracho”, dijo estar buscando las vías para que su grupo se someta a la justicia -incluso bajo la normatividad actual- en una entrevista exclusiva para la revista Semana.

Además responsabilizó a su exjefe muerto en diciembre pasado, Pedro Oliverio Guerrero, mejor conocido como “Cuchillo”, por la mayoría de los crímenes del grupo. Además “Caracho” declaró que el ERPAC sólo se financia a través del impuesto al gramaje y no del tráfico directo de drogas.

La entrevista con “Caracho” constituye una oportunidad y un pretexto para reflexionar sobre la trayectoria del grupo, y también para analizar el posible sometimiento de este grupo neo-paramilitar, una de las cuatro más temibles bandas criminales (bacrim) junto con los “Urabeños”, las “Aguilas Negras” y los “Rastrojos”.

Cómo se forma una banda criminal

Las raíces del ERPAC se estiran incluso hasta antes de la ceremonia de desmovilización del Bloque Héroes de Guaviare, frente paramilitar cuyo líder histórico fue el mencionado “Cuchillo”. En marzo de 2006, un mes antes de su desmovilización, “Cuchillo” compró alrededor de 200 armas para conformar su propio grupo de combatientes escondido en el sur del Meta.

Ese grupo de combatientes se había asentado en una finca en el remoto corregimiento de La Cooperativa, en Mapiripán, municipio que ya era sinónimo del terror paramilitar y lo sigue siendo, incluso tras el escándalo reciente. La Cooperativa se había convertido en estilo de base de operaciones.

Después de la masacre de Mapiripán en 1997, los paramilitares se fueron para una finca en ese mismo corregimiento, que pertenecía a los Buitragos, líderes paramilitares de los Llanos desde entonces hasta hoy en día. Alrededor de dos semanas después de la masacre, hubo combates violentos entre las AUC y las FARC precisamente en ese sitio, La Cooperativa, donde murió un número alto pero desconocido de combatientes.

A pesar de la presencia histórica de las FARC en el sur del Meta, los paramilitares lograrían convertir La Cooperativa y esa finca específicamente, en su refugio. En cuanto al municipio de Mapiripán se decía - y hasta cierto punto se continúa diciendo hoy en día - que ese municipio terminó dividido en dos, en función del grupo armado que controlaba cada sector: desde el casco urbano hacia el occidente era territorio paramilitar; desde Caño Jabón (también conocido como Puerto Alviria) hacia el oriente era territorio de las FARC. Los paramilitares de las AUC nunca pudieron instalarse durablemente en Caño Jabón, incluso tras una primera masacre perpetrada ahí en 1998, y otra más en 2004, de la que no se tenía noticias hasta hace poco.

Pero dos años después, al momento de la desmovilización del Bloque Héroes del Guaviare, algo curioso iba a ocurrir en la Cooperativa. Justo antes de la ceremonia de desmovilización del bloque de las AUC liderado por “Cuchillo”, un grupo de alrededor de 150 familias se desplazó del área rural de Mapiripán, temiendo una posible incursión de las FARC, donde con seguridad serían asesinadas numerosas personas.

Ese grupo de desplazados llegó justo a La Cooperativa donde el bloque de “Pirata” - quien se desmovilizó al mismo tiempo que Cuchillo- les prestó ayuda material para sobrevivir, incluso colchones y carpas.

Ante el miedo de la comunidad, el Ejército se movilizó para controlar las zonas abandonadas tras la desmovilización paramilitar. De esta manera, se logró convencer a algunos desplazados de regresar a sus tierras con los soldados. En La Cooperativa quedó un pequeño destacamento del Ejército, lo que facilitó -a sabiendas o no- la creación del ERPAC.

Etapa épica de Cuchillo

Concentrar un grupo grande de combatientes en una finca es una cosa, pero terminar con un ejército ilegal tan grande como ha sido el ERPAC, es totalmente otra. “Cuchillo” necesitaba aumentar su poder, y lo hizo muy inteligentemente.

En septiembre de 2006 el grupo de Cuchillo llevó a cabo su primer ataque militar contra una finca en Guamal, Meta, donde al parecer buscaba al jefe paramilitar H.H., enviando un mensaje de intención. Adicionalmente fue en ese momento cuando desmovilizados de otros bloques paramilitares de la zona empezaron a unirse a su grupo.

Y poco después “Cuchillo” acumuló suficiente poder de fuego como para entrar en guerra abierta contra el grupo armado “Los Macacos”. En esta fase, “Cuchillo” logró aliarse con el propio Ejército, que le prestó su colaboración atacando a “los Macacos” y suministrándole información de inteligencia, pudiendo así evadir su propia captura.

Cuchillo ganó la guerra contra los “Macacos” a finales de 2007, aunque oficialmente se consideran desmantelados durante el primer semestre de 2008. De hecho, la única información que se tiene sobre los “Macacos” en 2008 corresponde a la incautación de casi 100 armas en Puerto Gaitán, Meta.

Esta operación fue un ejemplo típico de cómo se dio la colaboración: Cuchillo se enteró del cargamento y llamó al Ejército para que fueran a buscarlo. El soborno de los “Macacos” al Ejército no resultó suficiente frente al poder del soborno y de los contactos de Cuchillo con los militares.

Con el Ejército de su lado en la guerra con los “Macacos”, a la vez Cuchillo tenía que preocuparse por la amenaza que representaban las FARC, ya muy presionadas por el Ejército en la zona.

Tras años de presencia paramilitar, al parecer ambos grupos ilegales vieron el beneficio mutuo de lograr un acuerdo de división territorial. Según unas versiones, el pacto nunca fue totalmente respetado, pues en Vista Hermosa y Puerto Rico, ambos grupos fueron responsables de asesinar a líderes comunitarios señalados de ser colaboradores del grupo contrario. Mientras tanto, al oriente, en Puerto Concordia, Mapiripán, Puerto Gaitán y Cumaribo (Vichada) el acuerdo fue efectivamente respetado.

Vínculo con los narcos

El ERPAC obviamente ha sido financiado por el narcotráfico y más allá del gramaje. Ha sido en parte financiado por Daniel “El Loco” Barrera, y tiene control sobre numerosos laboratorios en el oriente del Meta y en Vichada, además del control de las rutas del narcotráfico en Guaviare y según muchos informes en Arauca y Guainía también. Pero sería ingenuo pensar que el ERPAC, por su involucramiento en el narcotráfico, es un grupo armado con motivos puramente económicos.

El ERPAC ha sido un garante del orden social en muchos municipios pequeños y rurales entre el llano y la selva, donde la presencia del Estado es nula. El episodio mencionado previamente de los desplazados en La Cooperativa muestra la importancia de los paramilitares en la protección de una parte de la población ante una amenaza fuerte guerrillera.

Para la población hay un cálculo no necesariamente fácil, pero relativamente claro: irse de sus hogares por el miedo de represalias de la guerrilla o tolerar la presencia del ERPAC para protegerlos de la insurgencia, especialmente teniendo en cuenta que ya conocían cómo operaba Cuchillo.

Tolerar este mal conocido es una opción muy problemática pero no tanto ante el riesgo de tolerar otro mal parcialmente conocido – la guerrilla - que probablemente busca matarte. Además una vez agregada la variable de la violencia que puede ejercer también el ERPAC, resistirse tampoco resulta una opción real.

Además en numerosos corregimientos y veredas en las zonas bajo control del ERPAC, la población depende económicamente de la coca y de las ganancias del narcotráfico para su bienestar. Con frecuencia no hay suficiente efectivo circulante en esas zonas del país y ha surgido una “sub-economía” basada en el intercambio de bienes y servicios por base de coca.

Ese negocio sólo es posible si hay alguien que compre la base en algún momento. En otras palabras, esta “sub-economía” depende de la presencia de un actor ilegal armado involucrado en el narcotráfico, que pueda garantizar que esa base se convertirá en efectivo. El ERPAC obviamente ha sido un actor central que desempeña ese papel.

De pronto muchos se preguntan, ¿Protegía verdaderamente el ERPAC a la población civil de las FARC cuando tenía un acuerdo de división territorial con esta guerrilla? La respuesta es un sí claro al pensar en lo que sería el resultado de esa alianza:
  • Primero sin el ERPAC, no hay una alianza y las FARC podrían entrar con relativa facilidad, dada la debilidad militar del Estado en esta parte del país.
  • Segundo lo importante es que las FARC no entren o no actúen militarmente en una zona - el por qué no es tan importante.
  • Tercero al no entrar en guerra con las FARC, el ERPAC pudo asegurar hasta cierto punto que los niveles de violencia no se elevaran tanto, situación que representa un mal menor comparado con la violencia y combates aún más frecuentes que tendría que sufrir la población sin acuerdo ninguno.

Se sabe también que Cuchillo poseía extensiones gigantescas de tierra en los lugares bajo su control, especialmente en el sur del Meta, incluso en Mapiripán mismo. Muchas de ellas robadas o compradas a la fuerza a los campesinos.

Frente al enorme poder coercitivo del ERPAC, no había nada qué hacer para los campesinos. Por eso uso deliberadamente la palabra “tolerar” en vez de “aceptar”, en cuanto a la presencia de este grupo neo-paramilitar.

Aunque el grupo armado podía proteger la población de la amenaza insurgente, sólo el Estado y la insurgencia pueden proteger la población de la amenaza neo-paramilitar. Como hemos visto, la insurgencia no es una opción de ninguna manera y el Estado simplemente no puede, e incluso se podría argumentar hasta cierto punto que al Estado local no le ha importado lo suficiente proteger a la población de este grupo armado.

En fin, la dependencia de la población con respecto al ERPAC para garantizar su seguridad física y en parte su bienestar económico, combinado con la inexistencia de opciones reales para expulsarlo de la región, significa que hay amenazas inevitables con las que la población ha aprendido a vivir.

¿Qué pasa si se somete el ERPAC?

Al someterse, el ERPAC dejaría no solamente un vacío militar en muchas partes de los Llanos colombianos, sino también dejaría un vacío de poder social que sólo puede ser llenado parcialmente por el Ejército y el Estado.

En cierto sentido, el Estado podría representar una amenaza para algunos sectores de la población civil, mientras que la insurgencia también lo sería para la mayoría de los pobladores en la región.

¿Quién jugaría el papel del garante de la economía cocalera sin representar una amenaza tan grande como para que esta población tuviera que huir de sus hogares? Es posible que entren las FARC a la región, pero al hacerlo también es probable que esta población civil se desplace por el miedo.

Informes recientes de prensa registran la presencia de los “Urabeños” en el sur del Meta, la que resulta nuevo, pero no tan sorprendente. Dado que los “Urabeños” eran liderados por Don Mario antes de su captura, varios de sus comandantes fueron paramilitares activos en los Llanos Orientales y hasta pueden provenir de esta región del país. Es probable que tengan contactos y redes latentes que puedan activar para instalarse en la región.

Pero los informes de prensa no son lo suficientemente confiables y se requiere más trabajo para confirmar esta situación. De todas maneras es una posibilidad, y si el ERPAC se somete verdaderamente algún día, los “Urabeños” podrían ver una ventana de oportunidad que no se querrán perder.

Un mundo de amenazas cruzadas

“Caracho” mencionó varias veces que los territorios bajo su control serían entregados al Estado al momento de su sometimiento. Pero como se ha visto aquí, las cosas no son tan simples.

Hay roles que el Estado puede desempeñar, pero solamente si tiene la capacidad efectiva, lo que desafortunadamente no parece ocurrir en este momento y en esta región. Más difíciles aún son los roles que el Estado no puede jugar en ciertas sociedades, especialmente las que dependen de economías ilegales para su bienestar. No sólo nos debemos preocupar por una posible falsa desmovilización -como se menciona en la entrevista de Semana- sino también por la llegada de otros grupos armados ilegales.

El Estado, antes de llegar a cualquier acuerdo de sometimiento con el ERPAC debe entender los papeles que tendrá que jugar y tener varias estrategias para evitar en lo más posible que otro grupo armado cope ese territorio. La literatura sobre desarme, desmovilización y reintegración (DDR) de grupos armados enfatiza la importancia de la planeación en garantizar el éxito de cualquier proceso de DDR. Así se evita que haya nuevos grupos, y así se eliminan los posibles efectos de un engaño. No planear no sólo sería demasiado irresponsable sino condenaría a la población civil a vivir más con ejércitos ilegales y violencia impredecible.

Finalmente, quiero decir que no pretendo mediante este texto dar a entender que algunas poblaciones son “guerrilleras” ni “paramilitares” y mucho menos “criminales”. Estas comunidades han sido víctimas de los grupos armados y obviamente preferirían vivir en un mundo donde puedan ganarse la vida honradamente, en paz, y dejar de preocuparse por las amenazas cruzadas de grupos armados que ejercen una violencia asombrosa sobre ellas.

Tampoco podemos pensar que el Estado las ha abandonado del todo, porque abandonar implica que en algún momento el Estado estuvo allí y trabajó a favor de estas poblaciones. Pero nunca ha sido así. Acordémonos que el mundo raramente es blanco o negro, y mucho menos en estas zonas del país.

* Politólogo, pasante en la Corporación Nuevo Arco Iris y estudiante de maestría en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

 

Kyle-Johnson

Kyle Johnson*

 

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