¿Qué pueden esperar las víctimas en La Habana?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Tres claridades fundamentales: aunque su presencia en la mesa de negociación es decisiva, este grupo de viajeros no puede representar a todos los afectados, ni logrará que las víctimas obtengan beneficios distintos de lo ya establecidos.

Efraín Sánchez*

La hora definitiva

No hay duda de que los diálogos de paz con la FARC en La Habana han llegado a un punto crucial al abordarse el tema de las víctimas del conflicto armado.

Ya se han tratado los temas de la política de desarrollo agrario integral, la participación política, el fin del conflicto y la solución al problema de las drogas ilícitas, y ahora estamos en el último punto de la agenda.

Se nos ha dicho que lo esencial del método de estas conversaciones es que no se ha acordado nada hasta cuando se acuerde todo. Pues bien, ha llegado el momento de acordarlo todo, pues no solo estamos en el punto final de la agenda, sino que el diálogo sobre las víctimas (y con las víctimas) es el momento definitivo de un proceso de paz.

Ha llegado el momento de acordarlo todo, pues no solo estamos en el punto final de la agenda, sino que el diálogo sobre las víctimas (y con las víctimas) es el momento definitivo de un proceso de paz.

Es ahora cuando deberá concretarse “la reincorporación individual o colectiva a la vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”, como reza el Artículo 1° de la Ley 975 de 2005, mejor conocida como Ley de Justicia y Paz.

El primer aspecto relevante, y el primer escollo aún no resuelto al respecto, es el establecimiento de quiénes son las víctimas. Para la Ley de Justicia y Paz “se entiende por víctima la persona que individual o colectivamente haya sufrido daños directos tales como lesiones transitorias o permanentes que ocasionen algún tipo de discapacidad física, psíquica y/o sensorial (visual y/o auditiva), sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo de sus derechos fundamentales”.

La Ley 1448 de junio de 2011, o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, entiende esencialmente lo mismo, pero fija un período histórico para su aplicación: “Se consideran víctimas, para los efectos de esta ley, aquellas personas que individual o colectivamente hayan sufrido un daño por hechos ocurridos a partir del 1º de enero de 1985, como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves y manifiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos, ocurridas con ocasión del conflicto armado interno”.

Desde luego, la inmensa mayoría de las víctimas de nuestro conflicto armado interno quedaron excluidas de los beneficios de esta ley en particular.


Homenaje a los Falsos Positivos.
Foto: aniara.

Presencia simbólica

Otro aspecto de la cuestión es el de las cifras. ¿Cuántas son las víctimas del conflicto armado colombiano? Según el Informe General del Grupo de Memoria Histórica (¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad), publicado en julio de 2013, en 54 años de conflicto armado se han producido 220.000 muertos.

A estos se suman 25.007 víctimas de desaparición forzada, 6.421 niños, niñas y adolescentes víctimas de reclutamiento forzado, 1.754 víctimas de violencia sexual, 27.023 víctimas de secuestro, 10.189 víctimas no fatales de minas antipersonal, y 4.744.046 víctimas de desplazamiento forzado.

En total: 5.034.440 víctimas. Y estas son solo las que se llaman “víctimas directas” del conflicto. Para contabilizar las “víctimas indirectas” habría que inventar categorías basadas en la cercanía con las víctimas directas, y la última categoría (las más indirectas, pero aun así víctimas) incluiría nada menos que a dos generaciones de colombianos, es decir, para poner un número cualquiera, entre sesenta y setenta millones de personas.

Lo que esto significa para el proceso que se lleva a cabo en La Habana es que el tema de la representatividad de las víctimas no puede tener cabida en las discusiones. Es obvio que ni los 12 colombianos que participaron en el primer encuentro entre las víctimas y las FARC, ni todos los demás grupos de 12 que protagonizarán los siguientes encuentros que se tienen previstos (hasta completar un total de 60 personas seleccionadas por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional), son ni podrán ser representativos de todas las víctimas del conflicto armado colombiano.

Tal como se dieron las cosas, y como se van a seguir dando, la presencia de los delegados de organizaciones de víctimas en La Habana, y eventualmente en las mesas de negociación, no podrá ser otra cosa que simbólica.

La consecuencia de esto es que no tiene ningún sentido discutir los temas de inclusión o exclusión entre quienes viajan a Cuba en nombre de las víctimas. Es indispensable que haya presencia física de estas en La Habana, pero, conviene insistir, con un carácter simbólico y no representativo.

Por otro lado, nadie puede hacerse ilusiones de que habrá nuevos resultados en cuanto a las víctimas en esta fase de las negociaciones de La Habana. De allí no podrán resultar para éstas beneficios distintos de los que establece la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, pues el tema del proceso de La Habana no es qué va a pasar con las víctimas sino qué va a pasar con las FARC.

En realidad, este es un proceso de paz con las FARC y no un proceso de reconciliación entre los colombianos, ni un proceso de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno.

La reconciliación, la verdad, la justicia y la reparación son procesos que se deben dar en Colombia, y las discusiones y los hechos concretos al respecto deben producirse en el país, no en un lugar específico sino en todo el territorio nacional y con toda la ciudadanía.

Aquello que todos nosotros, víctimas directas o indirectas, podemos esperar de las negociaciones de La Habana, incluida esta última fase, no es otra cosa que el fin del conflicto. Las víctimas directas lo que pueden esperar, y en realidad exigir, es la garantía de no repetición: que nunca más vuelvan a suceder las atrocidades a las que, por desgracia, el país se ha acostumbrado.

Deberá haber también, por supuesto, al menos algo de verdad, como mínimo aquella que permita poner fin al conflicto.


Delegación de víctimas de las Farc en La Habana.
Foto: Delegación de Paz de las Farc-Ep

¿Y la justicia y reparación?

En cuanto a la justicia, que es uno de los aspectos más difíciles y controvertidos pues incluye los temas de la sanción y la impunidad, tendremos que adoptar un pensamiento algo más complejo que la simple imposición de penas para los guerrilleros.

Según reportes de prensa, Constanza Turbay Cote, cuya familia fue exterminada por las FARC, dijo en La Habana que, si hay sinceridad en los jefes de las FARC, “no necesitan la sanción de los barrotes porque ya han tenido la sanción social y moral”.

Pero la verdad es que la “sanción de los barrotes”, o sanción legal, es algo sobre lo que todavía no sabemos nada, y sin duda no podrá haber conclusión satisfactoria del proceso sin por lo menos sanción ejemplar para los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra, como lo establece el Derecho Internacional Humanitario.

Por supuesto, en este aspecto estamos en medio de una negociación, y la sociedad colombiana tendrá que estar dispuesta a sacrificar algo para obtener algo. En cuanto a la sanción social y moral de que habla Constanza Turbay, esta debe hacerse aún más explícita, y esto es algo que no puede darse en La Habana sino en toda Colombia.

Más que la sanción legal, es la sanción social y moral la que ofrecerá la garantía de no repetición. 

En realidad, más que la sanción legal, es la sanción social y moral la que ofrecerá la garantía de no repetición. No basta con que en una marcha multitudinaria se diga: “No más FARC”. Es indispensable que todos los colombianos tengan en claro la perversidad moral de la violencia y que su rechazo social sea meridiano y contundente.

Finalmente, sobre el aspecto de la reparación, los males causados son en principio irreparables (esto tiene que ser muy claro para que se haga efectiva la no repetición), pero para efectos del proceso con las víctimas, incluidos los encuentros que se llevan a cabo en Cuba, deben siempre tenerse en cuenta los elementos contemplados en la Ley de Justicia y Paz: restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción y no repetición.

Nadie puede aspirar a que las víctimas queden completamente reparadas con el proceso de paz de La Habana. Aquí hay que pensar, claro, que los victimarios actuales de las FARC (el Secretariado y el conjunto de los guerrilleros hoy activos), son apenas una pequeña fracción del acumulado de los victimarios de los últimos cincuenta años, y que son igualmente victimarios los paramilitares, los miembros de las Fuerzas Armadas que incurren en violaciones de los derechos humanos, y toda la variada gama de los demás “actores armados ilegales”.

Todos ellos, y en realidad la nación entera, tienen el compromiso de restituir, indemnizar, rehabilitar y satisfacer a las víctimas. Pues la paz, tanto como el conflicto, son responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.

 

* Sociólogo y doctor en Historia Moderna Latinoamericana por la Universidad de Oxford.

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Comentarios  

ulises
0 # Legitimidadulises 27-08-2014 15:48
Lo que se ha de determinar es la legitimidad de la guerrilla para colocarse en igualdad al Estado. Si ella es legítima, es decir, representa a la sociedad como movimiento político, quiere decir que el Estado no es legítimo y, entonces, ese movimiento ha de asumir el poder político al cual se le ha presentado la posibilidad de poner fin al supuesto "conflicto" colombiano de muchos años atrás.
Si el Estado carece de legitimidad quiere decir que los colombianos venimos sosteniéndolo y que los procesos electorales han sido un fraude al principio de la representativid ad contemplada en la Constitución Nacional.
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GERMAN DARIO COGO
0 # reclamo de una victimaGERMAN DARIO COGO 05-08-2015 16:20
cual sera el resultado de un conflicto que ha dejado millones de victimas que hemos perdidido a nuestros seres queridos hijos hermanos y nada paso es el lema del que no ha sufrido ese dolor tan fuerte hoy buscamos solucion no mas victimizacion
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