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A raíz de un gigantesco festival de música clásica en Bogotá, cofinanciado con recursos públicos, surge la duda sobre el costo de oportunidad de cultivar un género para minorías, sacrificando otras manifestaciones populares y valiosas.

Tres experiencias musicales

Recuerdo tres obras de arte que proponen una crítica demoledora a la forma como se produce, se vende y se consume la música clásica en general. Son las películas Amigos (Olivier Nakache y Eric Toledano) y Roma (Woody Allen), y la obra humorística de teatro Ríase el show (Julián Arango y Antonio Sanint).

En Amigos, un rico discapacitado contrata una pequeña orquesta para un concierto privado en su casa, al cual concurre su asistente personal, un joven negro desparpajado. En medio del concierto, el asistente ya se muestra aburrido y comienza a hacer comentarios sarcásticos sobre cada una de las obras. Pero son tan atinados que poco a poco se pasa del comienzo pomposo del concierto a una escena ridícula — como si asistiéramos a una versión actualizada de “El traje del emperador” en clave de música— donde el asistente no encuentra nada interesante en lo que para otros parece sublime.

En Roma, Woody Allen crea un personaje que canta ópera de manera formidable, pero solo lo hace bien bajo la ducha. Ante esto, para poderlo llevar a escena manteniendo su habilidad interpretativa, Allen decide que es necesario llevar la ducha al escenario. Nuestro nuevo héroe del canto lírico asume su papel vocal literalmente en plena ducha: canta mientras se da un baño. Sin embargo, la pompa habitual de una típica presentación operática no disminuye en lo más mínimo: por el contrario, la audiencia parece no reaccionar ante una situación tan absurda y expresa su júbilo como sucedería en cualquier otra ópera. De esta manera, parecería que toda ópera fuera en sí misma un eterno ridículo que nadie reconoce.

Durante el tercer acto de Ríase el Show, Antonio Sanint y Julián Arango interpretan a dos cachacos conservadores que asisten a la ópera. Comienzan dormidos en un sillón mientras se oyen los últimos compases del primer acto. Al terminar, ambos se despiertan, aplauden con entusiasmo, y comentan convencidos las maravillas de lo que supuestamente acaban de escuchar. Además, insisten en que es música “para gente divinamente”, música no apta para la chusma, y usan otras expresiones para mostrar que, ante todo, están ahí como un asunto de distinción de clase. Luego proceden, desde sus asientos, a hacer vida social: saludan a unos y otras, hablan de quién vino con quién, cómo está vestida fulanita, cómo está de viejo perencejo, qué ha habido de los Pombo. Finalmente, comienza el segundo acto y otra vez nuestros protagonistas se refugian en el mundo de los sueños. El show trata de manera graciosa a la ópera como un acto social para gente distinguida.

 

 

 

Foto: http://www.flickr.com
 

Música vs. música clásica

Cuando se lanzó el “Festival Internacional de Música de Bogotá”, me sorprendió el título mismo del evento: en lugar de un festival internacional de música en general, resultó un festival de música clásica exclusivamente, reforzando el viejo prejuicio elitista — tan denunciado desde la academia — de igualar abusivamente los términos “música” y “música clásica”.

Seguramente, se trata de emular con el ya consolidado y muy elitista Festival Internacional de Música de Cartagena, que se da el lujo de tener un cierto roce popular con presentaciones gratis en espacios públicos. En estos tiempos posmodernos, de múltiples interacciones entre regiones y países, a más de 20 años después de declarar al país multiétnico y pluricultural, y ante el riesgo de ridiculizar la música clásica mencionado al comienzo, sorprende encontrarse con un gran festival solo de música clásica, con 55 conciertos programados y cuyo lema casi infantil fue: “Bogotá es Beethoven”. ¿Otra vez Beethoven? ¿Por enésima vez?

¿Por qué pensar que la única música que existe es la clásica, que en términos de circulación mueve solo el 1,5 por ciento del mercado mundial? Es imposible no hacerse esas y otras preguntas, como: ¿qué pasaría si con ese presupuesto se hiciera un festival de músicas del Caribe, o de músicas carrangueras, o de músicas latinoamericanas, o de músicas de Asia, o de músicas africanas, o de músicas tradicionales colombianas, o de salsa, o de bandas independientes de rock, o de músicas brasileras, o de bullerengue, o de flautas caucanas, o de tango, o de boleros, o de rancheras, o de cumbias, o de bandas papayeras, o de vallenato, o de reggaetón, o de champeta, o de son de sexteto, o de música jíbara, o de flamenco?

A mi modo de ver, estamos frente a una manifestación clara de post–colonialismo auto–inducido: nosotros mismos tratando de europeizarnos a toda costa, aunque Europa misma ya tampoco sea así. Parece que a los amantes de la música clásica no les basta con que sea la música que más presupuesto público absorbe en Colombia, no solo ahora sino en toda la historia nacional, con cifras importantes para mantener la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia o sostener proyectos como Batuta, que superan con creces los dineros disponibles para cualquier otra clase de música. Apenas le hace un poco de resistencia el rock con su festival Rock al Parque, que se realiza durante 3 o 4 días al año y nada más.

 

 

Foto: http://www.flickr.com 

¿Formando público?

Resulta irónico que el apoyo gubernamental decidido y prolongado desde hace más de un siglo a la música clásica se siga justificando con el loable objetivo de “formar público”. Pero sigue siendo la música preferida por unos pocos.

Los amantes del proyecto dirán que sí asisten muchas personas a los conciertos, pero insisto, porcentualmente son muy pocas comparados con muchas otras formas musicales populares y tradicionales colombianas que no han tenido mayor apoyo estatal y que, durante decenios, sufrieron también la discriminación abierta de los sectores dominantes.

¿Hasta cuándo van a sostener el argumento de que buscan formar públicos, cuando otras músicas sin apoyo están luchando por crear públicos y también necesitan del mismo apoyo? ¿No se dan cuenta de que son tantas, tantísimas, las expresiones musicales de nuestro país, que asignar tanta atención a la música clásica no es otra cosa que un proyecto discriminatorio, una forma más de perpetuar la exclusión social, una expresión más del proyecto civilizatorio de la modernidad, como si fuera una prolongación del proyecto progresista de los gobiernos liberales de 1930?

El costo de oportunidad

No puedo dejar de pensar que un festival como estos, que trae grandes cantidades de artistas extranjeros y que imagino son de muy buen nivel técnico y artístico, podría dedicarse a hacer visibles propuestas musicales muy interesantes que se dan en Colombia y no han contado con apoyo gubernamental.

Se me antoja pensar en proyectos como El Sexteto Tabalá o Curupira, que sobreviven casi de milagro, o en el grupo Canalón de Timbiquí que apenas si se conoce a nivel nacional o, mejor, en el grupo Herencia de Timbiquí, que acaba de ganar un premio en el festival de Viña del Mar y apenas está comenzando a sonar a nivel nacional, después de 12 años de carrera ininterrumpida e independiente. Eso por mencionar apenas unos casos.

¿Qué sería de estas agrupaciones y de muchas otras si lograran encontrar semejantes escenarios en Bogotá? ¿Qué pasaría si en Batuta no se formaran niños y jóvenes en música sinfónica sino en bandas papayeras, en grupos de carranga, en charangas, en estudiantinas o chirimías, por ejemplo? ¿No se daría un movimiento importante de masificación y de reconocimiento de las músicas populares colombianas si tuvieran acceso a presupuestos similares a los de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, de Batuta y de este nuevo Festival Internacional de Música de Bogotá?

Debo reconocer que las políticas públicas sobre música en Colombia ahora son mucho más incluyentes que hace un par de décadas, pero en algún momento deberán también ser más equitativas y dejar de privilegiar la música clásica.

Por ahora me tocará acordarme de Amigos, Roma y Ríase el Show y echarme a reír, con resignación.

 


*       Maestro en música y magíster en estudios culturales de la Universidad Javeriana.

 

juansebastian ochoa2013-15 

 

Juan Sebastián Ochoa *

 

 

 

 

 ¿Por qué pensar que la única música que existe es la clásica, que en términos de circulación mueve solo el 1,5 por ciento del mercado mundial?

 

 

 

 

 

 

 

Resulta irónico que el apoyo gubernamental decidido y prolongado desde hace más de un siglo a la música clásica se siga  justificando con el loable objetivo de “formar público”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Debo reconocer que las políticas públicas sobre música en Colombia ahora son mucho más incluyentes que hace un par de décadas, pero en algún momento deberán también ser más equitativas y dejar de privilegiar la música clásica.






































 
 


 

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Comentarios  

hermanos collazos
-63 # hermanos collazos 09-04-2013 23:00
Si señor que buen comentario , estamos de acuerdo ,te falto el hermoso y prestigioso bambuco que nos tienen arrumado a las cuerdas ,pero no del tiple sino del olvido
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Alejandro González
+9 # Alejandro González 21-04-2013 20:47
RESPUESTA ABIERTA AL SEÑOR JUAN SEBASTIÁN OCHOA Y SU ARTÍCULO:
alejocello.wordpress.com/.../. ..
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María
-5 # María 03-05-2013 07:05
Con todo el respeto de los tan expertos en música Soy sólo una más de esas que no tiene idea que nota es, o que escala. Pero si trabajó con la gente, en la vida real , donde esta la gran mayoría de la población, la que no oye música clásica y termina escuchando otros sonidos de otras latitudes porque las nuestras no se escuchan.
Estoy de acuerdo con Juan y considero entonces cual es el deber de los músicos y las escuelas musicales? mi opinión es MÚSICOS CONSTRUYAN SOCIEDAD E IDENTIDAD, tenemos que sentirnos orgullosos de ser Colombianos. Y la música es un aporte vital en este aspecto.
La música clásica estará bien, pero no puede ser el fuerte en nuestro país.
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nestor lopez luna
+5 # nestor lopez luna 09-05-2013 20:49
SEÑOR OCHOA, POR NO DECIRLE MAESTRO

Muy sorprendido me deja su artículo escrito el pasado 8 de abril de 2013, titulado SOBRE LAS POLITICAS PUBLICAS EN MUSICA.
Soy economista, mas no músico, me encanta la música Colombiana pero de igual manera la música clásica. Y veo claramente como ignora usted la variedad de festivales de música en Colombia, y con todo respeto me atrevo a recordarle algunos de los festivales ya famosos a nivel mundial de nuestro folclor musical :

Festival de tambores y expresiones culturales de palenque. Mahates Bolívar.
Festival regional de gaitas Cartagena de Indias. Cartagena de Indias Bolívar
Festival de la leyenda del hombre caimán. Plato Magdalena
Festival nacional de gaitas Francisco Lliriene. Ovejas Sucre
Festival nacional autóctono de gaitas (Toño Fernández, Nalasco Mejia y Mañe Mendoza) San Jacinto Bolívar
Festival nacional del porro, San Pelayo, Córdoba
Encuentro mundial de música de acordeón, Valledupar Cesar
Festival cuna de acordeones, Villanueva La Guajira
Festival de música vallenata en guitarra, Agustín Codazzi, Cesar
Festival pedazo de acordeón, El paso Cesar
Festival de danzas y tambora, Chimichagua Cesar
Festival Nacional de la cumbia José Barros, El Banco Magdalena
Festival internacional del joropo Santa Barbará de Arauca, Arauca, Arauca
Festival nacional de tríos andino Colombiano Oriol Rangel, Pamplona Norte de Santander
Festival ruitoqueño de música COLOMBIANA, Floridablanca Santander
Festival coral de Medellín (José María Bravo Márquez), Medellín Antioquia
Festival internacional de la canción infantil cantoalegre, Medellín Antioquia
Encuentro nacional del tiple cortiple, Envigado Antioquia
Festival nacional Antioquia la canta a Colombia, Santafé de Antioquia, Antioquia
Festival nacional de requinto y la guabina, Bolívar Santander
Festival del renacer albanes, Albania Santander
Convite nacional de música y arte campesino (cuna carranguera), Tinjaca Boyacá
Fiesta franciscana de Quibdó, (San Pacho), Quibdó, Choco
Festival internacional de la chirimía, Istmina Choco
Festival nacional de música (mangostino de oro) Mariquita Tolima
Torneo internacional del joropo, Villavicencio Meta
Festival nacional las familias que cantan, Cartago Valle del Cauca
Concurso nacional del bambuco (Luis Carlos González), Pereira Risaralda
Festival nacional infantil de música andina colombiana cuyabrito de oro, Armenia Quindío
Festival nacional de la música Colombiana y concurso nacional de duetos príncipes de la canción, Ibagué, Tolima
Festival nacional de la serenata (Eduardo Gaviria), Sevilla, Valle del Cauca
Festival internacional del mate, el guarapo y la música autóctona, Tulua, Valle del Cauca
Encuentro coral de música Colombiana, Buga, Valle del Cauca
Concurso nacional de música inédita para bandas (Mario Lopeda), San Pedro, Valle del Cauca
Festival de música del pacifico Petronila Álvarez, Cali, Valle del Cauca
Concurso nacional de bandas musicales de Colombia, Paipa Boyacá
Festival folclórico, reinado del bambuco y muestra internacional del folclor, Neiva Huila
Festival interinstitucio nal de la canción estudiantil, Garzón Huila
Festival nacional de música andina y campesina Colombiana colono de oro, Florencia Caquetá
Festival internación (yurupary de oro), San José del Guaviare
Festival internacional Yurupary de oro, Calamar, Guaviare
Festival del kurrulao, Taminango Nariño
Encuentro intercultural en la amazonia, Puerto Nariño, Amazonas
Festival internacional de música amazonense pirarucu de oro

Tenga en cuenta que sumariamos a estos festivales, todas las ferias y fiestas de las distintas zonas de nuestra patria, en donde se da lugar a eventos musicales de distintas partes del país, a los cuales asisten turistas y distintos medios de comunicación.
No sé de dónde saca usted que el presupuesto Nacional, manejado por el Ministerio de Cultura, destinado a este tipo de eventos, termina en gran proporción a festivales de música clásica.

Pero aun así le recuerdo mi querido amigo que si en un festival donde llega a nuestra mente las grandes obras a nivel mundial de este género y de compositores como BACH, BEETHOVEN, MOZART, VIVALDI, música antigua, música sacra, opera entre otras, y el despliegue de asistentes es mayoritario, donde la boletería se vende en su totalidad, es porque está sucediendo un fenómeno de aceptación por este género, por lo tanto no veo viable que a las personas que nos encanta este género y aquellas que por primera vez incursionan en él, no podamos tener la oportunidad de presenciar las mejores interpretacione s de los mejores músicos a nivel mundial, simplemente por ese impulso errado de un nacionalismos desorientado en una cátedra tercermundista de complejidad.
Tenga en cuenta y obviamente se que también lo ignora, que el presupuesto asignado a las Gobernaciones y Alcaldías, a nivel Nacional está incluido los gastos generados en las ferias y fiestas de las poblaciones más los festivales que con todo respeto le recuerdo en este corto comentario
Usted como profesor de una de las Universidades más respetadas y reconocidas del país, debería construir sobre lo que se hace y no sobre lo que se ignora, y lo invito a que de manera activa participe y comparta con sus alumnos esta pequeña listica que le deje.
Por último respeto sus gustos musicales, lo que no comparto es que ataque de esta manera la pluralidad en el gusto musical y que se dé cuenta, que a pesar de transcurrir tantos años de haber llegado a nuestra humanidad estas hermosas obras, aun y para dolor de muchos, varios días antes del inicio de un concierto de MUSICA CLASICA del nivel del Festival de Cartagena o del presentado en la temporada de semana santa (Bogotá es BEETHOVEN), no lograra encontrar cupo para asistir, solo escuchara una voz que dice. BOLETERIA AGOTADA.

Néstor López Luna
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Rosa María Ramírez M
0 # EcologistaRosa María Ramírez M 27-10-2013 12:17
La música colombiana es bella sea clásica o en cualquier género. Amo a Colombia: a nuestra música, folclor, tradiciones y a mis paisanos porque saben apreciar el valioso tesoro que es nuestro país. Felicitaciones a todos los músicos.
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Michael lopez
0 # InformacionMichael lopez 22-06-2015 14:37
Juan Sebastian


Buenas tardes.

actulamente estoy haciendo un maestria en politicas publicas, y quiero hacer mi tesis, sobre un programa de musica que viene desarrollando un pueblo que se llama gutierrez, el cual formo un banda, y ha ganado premios nacionales, mi idea es medir el impacto de ese programa en el pueblo.

me llamo mucho la atencion su parrafo de "Qué pasaría si en Batuta no se formaran niños y jóvenes en música sinfónica sino en bandas papayeras, en grupos de carranga, en charangas, en estudiantinas o chirimías, por ejemplo?".

me gustaria saber si ud conoce a nivel mundial, ejemplos de desarollo de una region a travez de la musica, o estudios de politicas publicas musicales.

muchas gracias
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