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Director: Roman Polanski
Guión: Roman Polanski y Robert Harris, basado en la novela de Robert Harris The Ghost.
Actores: Ewan McGregor (el escritor oculto), Kim Cattrall (Amelia Bly), Olivia Williams (Ruth Lang), Pierce Brosnan (Adam Lang).
Año: 2010
Reseña escrita por Víctor Manuel Robledo
Cuando, en días recientes, el ex-Primer Ministro británico Tony Blair llegó a Dublin para promover las ventas de su autobiografía, "A Journey: My Political Life", fue recibido por una furiosa multitud que coreaba la consigna: "Blair, asesino" y le lanzaba huevos y botellas de plástico. En la película de Roman Polanski, El escritor oculto, rodada hace aproximadamente tres años, hay escenas casi idénticas, lo cual lleva a pensar si esta película no estará destinada a seguir anticipando más de un acontecimiento en el inmediato futuro de Blair. Éste, de hecho, se vio forzado a cancelar un gran evento publicitario en Londres y comentó que no deseaba someter a sus amigos y admiradores a una experiencia tan desagradable e intimidante como la de Dublin. Uno de los editores lo consoló con este argumento: "El hecho de que lo odien no quiere decir que el libro no se vaya a vender", una frase muy parecida a la que el "ghost writer" le dice a Adam Lang, nombre del ex-Primer Ministro en la película. Lang vive en una isla en Massachussets, recluido en una lujosa mansión, propiedad del editor de sus memorias, y difícilmente puede asomar la cabeza por fuera de ella sin encontrarse con un grupo de enardecidos manifestantes que quieren cobrarle las mentiras con que llevó a su país a una guerra ilegal contra Irak. La preocupación mayor de Lang es la perspectiva de ser juzgado por la Corte Penal Internacional, acusado de crímenes de guerra, una posibilidad que también pesa sobre Tony Blair.
La película de Polanski, The Ghost Writer, está basada en la novela The Ghost, de Robert Harris, best seller publicado en 2007. Harris perteneció a un círculo muy próximo a Blair y conoció de cerca las intimidades del poder durante su mandato. El primer encuentro ocurrió en 1992. Por entonces, recuerda Harris en una entrevista publicada en The Guardian, Blair era "un hombre sensible y todavía parecía un miembro de la raza humana". El rompimiento definitivo entre los dos se debió a "la loca decisión de atacar a Irak, paso final del colapso que acabó con la independencia de la política exterior británica". De ahí salió el impulso para escribir la novela, según la versión del autor. Éste reconoce que el afán del público por leerla como un roman à clef (novela en clave) no es injustificado, pues las situaciones y los personajes no son pura ficción, nacida exclusivamente de la imaginación del novelista. Sucede lo mismo con la película, que sigue paso a paso el argumento del libro. Polanski, director y, en colaboración con el mismo Harris, co-guionista, logró en su adaptación un thriller político interesante y entretenido, aunque no del todo fácil de seguir en cada detalle de la historia, pues mucha letra menuda pasa rápidamente por delante de los ojos del espectador, y si a veces se capta, no siempre se retiene en la memoria.
La historia, en la novela, está narrada en primera persona por el escritor fantasma. En la película, todo está visto desde esa misma perspectiva. Se inicia con la imagen de un ferry que llega a puerto. Cuando los automóviles desembarcan, se ve que hay uno detenido y sin conductor. En la toma siguiente se muestra el cadáver de un hombre en la playa. Hay un corte y la acción se traslada a Londres, donde un escritor escucha las razones de su representante para aceptar el trabajo de re-escribir, como ghost writer, las memorias del ex-Primer Ministro de Gran Bretaña, Adam Lang. El autor del primer borrador, Mike McAra, había aparecido muerto, al parecer ahogado, en una playa de Nueva Inglaterra, muy cerca a la casa del editor Rhinehart. La línea central del argumento sale de aquí. Lentamente al principio, con un ritmo cada vez más rápido, el nuevo escritor se dedica a seguir las pistas de su antecesor y va descubriendo, pieza por pieza, las pruebas de que fue asesinado por alguna razón, sin duda relacionada con las memorias que había redactado. Uno de los aciertos de Polanski, y del actor Ewan McGregor, es la manera como este personaje, sin nombre en el relato, un hombre joven y algo ingenuo, no convencido de su talento ni de la importancia de su oficio, se mueve en el sofisticado ambiente de Lang, de la inteligente esposa y de la asesora y amante, personas que saben mucho más que él sobre los temas de los que debe escribir, y que parecen guardar secretos que son la clave de lo que verdaderamente interesa para la biografía del ex-Primer Ministro. También es notable la atmósfera física que acompaña, casi todo el tiempo, la acción: un cielo brumoso y gris que se ve por los vidrios de los grandes ventanales, un clima lluvioso, un aire de aparente calma que vela una amenaza difusa.
Los detalles que componen el thriller se van acumulando y provienen casi todos de indicios proporcionados por el manuscrito de McAra. Lo primero que descubre el nuevo ghost writer es el teléfono de Richard Rycart, antiguo Secretario de Relaciones Exteriores de Lang, destituido luego por éste, y ahora su acérrimo enemigo político. Luego, el nombre de Paul Emmett y una serie de fotografías en las que éste aparece con Lang. Aunque visita a Emmett y lo interroga al respecto, la incógnita de esta relación, igual que la de McAra con Rycart, no se revela de inmediato. Más adelante, tras una búsqueda en Google de los datos personales de Emmett, encuentra que se trata de un agente encubierto de la CIA, desde la época en que era estudiante y compañero de Lang en Cambridge. Un nuevo dato resulta más revelador todavía: Emmett pertenece a la nómina de Hatherton, un grupo que tiene intereses en la industria del armamento y en la guerra contra el terrorismo. No solo el jet privado en que viaja Lang es de Hatherton, sino que el sondeo en internet le da acceso a una información sorprendente: un avión de Hatherton fue utilizado en el secuestro de cuatro sospechosos de terrorismo, que fueron llevados a diferentes países para ser interrogados y torturados por agentes de la CIA, delito del que el propio Lang está acusado por complicidad.
La intriga parece aclarada y el escritor fantasma se comunica con Rycart para contarle sus hallazgos. La conclusión de Rycart es que esa relación temprana con un agente académico de la CIA fue lo que llevó a Lang a la política, una actividad que antes no le interesaba, y lo que explica su rápido ascenso. Rycart dice entonces una frase que es como el meollo político de la novela de Harris y de la película de Polanski: "Mencione una decisión de Lang como Primer Ministro, una sola, que no haya sido tomada para favorecer los intereses de los Estados Unidos". En la entrevista queda muy claro, por lo demás, que McAra había traicionado a Lang y trabajaba en coordinación con Rycart. Éste le pide al escritor que le permita ver el manuscrito, pues supuestamente en las primeras páginas se encuentra cifrado el secreto que McAra no alcanzó a revelarle. En la penúltima escena de la película, el ghost writer descifra el jeroglífico armado por McAra con los comienzos de párrafo del primer capítulo. La revelación le da un vuelco a todo el sentido de la trama.
Algunos críticos han opinado que con esta película, Polanski alcanzó de nuevo el nivel de sus grandes realizaciones de los años setenta. Otros consideran esa opinión exagerada, pues The Ghost Writer, no obstante ser una buena película, no está a la altura de, por ejemplo, Chinatown, una verdadera obra maestra. Lo cierto es con The Ghost Writer logró algo no muy infrecuente en el cine actual: un relato capaz de atrapar, por el suspenso de la historia, la atención de un público amplio y, al mismo tiempo, de interesar, por su entramado político, a un público más exigente. Queda, de todas maneras, la duda de si gran parte del placer que produce esta película no se deriva de su referencia a un personaje notable de la actualidad, que resulta castigado simbólicamente en la pantalla, por crímenes que muchos esperan ver juzgados y penalizados en la realidad. En tal caso, el porvenir de la obra cinematográfica estaría en riesgo de compartir el olvido inexorable en que caerá el personaje real, una vez salga del ámbito de interés de los medios masivos que hoy lo tienen en el centro de la atención.
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