| Hemos llegado, pues, al punto en que el primer ministro Berlusconi denuncia públicamente un plan subversivo para derrocarlo y reemplazarlo con alguien "no elegido por el pueblo". En otras palabras, un golpe justo en el corazón de la Europa democrática.
Es como un epílogo a las aventuras de Berlusconi, culminación de quince años de tensiones continuas introducidas a la fuerza en el debate público italiano, para mantener a este desventurado país en la temperatura emotiva que conviene a un populismo que sólo puede dominar las instituciones desafiándolas. Esta es la imagen dramática de Italia que el hombre más rico y poderoso del país lleva hoy consigo a los Estados Unidos, al encuentro con Obama.
Asistimos al drama de un líder que después de quince años no ha logrado transformarse en un hombre de estado, ni siquiera después de haber alcanzado tres veces el favor popular. Este hombre tiene consigo los votos, las cifras, los fieles, pero no la paz, la seguridad del liderazgo, la tranquilidad que transforma el poder en responsabilidad.
En realidad, como es evidente para todo italiano sensato, no hay ni habrá ningún golpe. Hay en cambio un rápido declive de un liderazgo que no ha sabido convertirse en cultura política sino que se ha encerrado en la contemplación de su dominio, creyendo reemplazar el Estado por un individuo, el gobierno por el control, la política por el poder absoluto y carismático. Hoy ese poder toca el límite de su autosuficiencia.
Berlusconi siente que ha perdido la chispa, esa capacidad que tenía de transformar todo acto en un espectáculo. La tragicomedia de los tres días ítalo-líbicos de la visita de Gadafi a Roma ha demostrado que las leyes de la política no son las de un show decadente.
Sobre todo, Berlusconi entiende que la fábula de una aventura siempre victoriosa se ha interrumpido, simplemente porque los italianos, que antes sólo miraban, ahora han comenzado a verlo como es; ya no se contentan con escucharlo, sino que lo juzgan. Empiezan a ver desnudo al rey.
Incapaz de hablarle de verdad al país, de enfrentar las preguntas que se le hacen, de asumir la respondabilidad de sus comportamientos, reacciona elevando las apuestas para arrastrar, en su tragedia personal, las instituciones y el Estado. Reacciona amenazando. Si el emprendedor campeón del mercado invita a los industriales italianos a no hacer publicidad en los diarios que lo critican, es porque él cree que su destino y el del país son uno solo.
Y, algo no visto en el mundo occidental, incluso la prensa italiana, prisionera del nuevo conformismo, ha preferido hablar de otra cosa, como si no estuviese en juego la libertad del discurso público que forma la opinión en toda democracia.
En realidad, la amenaza de Berlusconi recae, ante todo, contra sí mismo, al revelar su inestabilidad, su miedo. Se puede estar de acuerdo con él cuando dice que hay que temer lo peor. ¿Qué vendrá después de la denuncia del golpe de estado? ¿Cuál será su próximo paso? Pues si hay una amenaza subversiva, todo le estará permitido, todo será lícito: ¿cómo utilizará, entonces, los servicios de inteligencia y los otros aparatos del Estado contra los presuntos "subversivos"? ¿Qué controles y garantías quedarán en momentos considerados de emergencia por el Cavaliere?
Que cada uno juzgue a dónde podrá conducir este uso privado y violento del poder estatal por parte de un hombre que, como sabemos, es capaz de todo, incluso de transformar la crisis de su liderazgo en una tragedia para el país.
Repubblica.it. Il Cavaliere e il suo fantasma. Ezio Mauro, director de La Repubblica, 14 giugno 2009
TANTO VENENO, TANTAS SOSPECHAS
El viejo romance entre Silvio Berlusconi y los italianos navega hacia un final impredecible. El Noemigate abrió las alcantarillas hace un mes y medio, las fotos prohibidas de Antonello Zappadu ilustraron el ambiente, y hoy el fango rebosa sin censura por todas partes menos por una: el expresivo silencio de las televisiones controladas por el primer ministro, más conocido tras la desafortunada frase de su abogado, como el "usuario final".
Tras años de silencio, algo muy profundo parece haber cambiado en Italia. De repente, la lluvia contra Berlusconi es continua. Algunos periódicos citan a Calígula, otros a Nerón, a Fellini, a Petronio. Berlusconi, paralizado, no deja de repetirlo: "Es todo basura, pero yo soy experto en basura. Limpié la de Nápoles, limpiaré también ésta".
No será fácil. La simpatía que producían hace solo unos días sus chistes y sus bravatas, su casi milagrosa impunidad judicial, su desprecio por todo tipo de reglas está dando paso a un recelo y un descontento crecientes. El viernes, el primer ministro buscó darse un baño de masas en un mitin cerca de Milán. Fue recibido con silbidos y pancartas que decían: "Soy una mujer, no una velina". Furioso, Berlusconi respondió a las protestas diciendo: "Sois solo unos pobres comunistas, unos analfabetos de la libertad".
En las huestes del centro derecha empiezan a surgir voces que exigen más explicaciones y menos insultos al adversario. Pocos creen ya en las conspiraciones de las togas rojas. El argumento suena gastado ante la fuerza de los hechos.
Aunque Berlusconi se dice seguro y determinado, su silencio no infunde confianza. Ya ni sus más fanáticos seguidores fantasean con que logre salir indemne de eso que los obispos, siempre poéticos, definen como "tanto veneno, tantas sospechas".
Según fuentes diplomáticas, Berlusconi ha buscado la solidaridad de varias cancillerías extranjeras. Pero el desconcierto es mayor que la comprensión. Lo indica la relevancia dada al Sexgate en muchos medios estadounidenses ("Clinton, perdónanos", ironizó John Stewart), o la anécdota narrada por Jacques Chirac sobre su visita chez Berlusconi en la que éste presumió de la calidad de las nalgas que se habían sentado en su bidé.
EL PAÍS. La rebelión de las 'velinas' cerca a Berlusconi. Miguel Mora. Roma - 21/06/2009
ESTO YA NO ES UNA DEMOCRACIA
La tercera elección de Silvio Berlusconi es una mala noticia para italia, para Europa y para la democracia. El líder de la coalición "Popolo della Libertà" se las arregló para asegurar una clara mayoría en las dos cámaras en la elección general del 13 de abril de 2008.
La selección de su gabinete parece menos importante que su despreocupación por el interés público y la integridad del Estado. Carece de relevancia sugerir cualquier cambio, dada la determinación de Berlusconi de ignorar los procedimientos constitucionales, confundir sus intereses privados con los de la nación y consentir la cultura de la ilegalidad que ha oscurecido su mandato. De hecho, gran parte del estancamiento económico de Italia se debe al poder del crimen organizado y de los carteles privados, mientras las soluciones de Berlusconi consisten en dar luz verde a la evasión fiscal y al poder de los clanes de la mafia. A este respecto, la situación en la que se encuentra Italia al tomar Berlusconi el poder por tercera vez es peor que cuando se comenzó en 1994.
La realidad es que los italianos han encomendado la estabilidad de la nación a un "líder fuerte", preparado para abusar del poder que se le encomendó y para buscar (en alianza con los sectores post-fascistas y xenofóbicos) soluciones autoritarias a los problemas de Italia, lo cual sugiere que esta elección marca una profundización de la crisis del país.
La legitimidad del Estado italiano ha quedado hondamente cuestionada. "Lo que queda de la política en Italia", dice el periodista Alvaro Ranzoni, se ha reducido a "una manera de dar y recibir favores de toda clase y en todos los niveles. Esto no es una democracia como la que conocemos en Europa, sino algo similar a lo que ocurre en América del Sur".
La relación entre Berlusconi y su viejo amigo Vladimir Putin, primero en felicitar al Cavaliere por su victoria, será digna de observación. Ellos tienen mucho en común: obsesión por la concentración del poder, dependencia con respecto a aliados políticos que tienen conexiones con la mafia, desprecio por las normas constitucionales y una voluntad firme de satanizar y deslegitimar a sus opositores.
La elección de Silvio Berlusconi es suficientemente mala, pero lo peor está por venir.
Open Democracy News Analysis. Italy's hour of darkness. Geoff Andrews. 17 - 04 - 2008
TODO SE ACEPTA, TODO SE TOLERA
"Los empresarios no deben hacer publicidad en medios de comunicación que cantan cada día la canción del pesimismo". Esta es la "doctrina Berlusconi" sobre el libre mercado. Estos son los "consejos de compras" que el gran Empresario de Italia imparte a sus colegas. El hombre que soñaba con ser la Thatcher, que se autocelebraba como "el único alfil de la economía liberal" en 1994 y como "el verdadero misionero de la televisión comercial en Europa" en el 96, hoy concibe las relaciones entre productores, clientes y usuarios, no como un contrato sino como un chantaje.
Las palabras de la cabeza del gobierno en el palco industrial y financiero de Santa Margherita Ligure son un dramático ejemplo de su visión del poder, de su concepción técnicamente totalitaria de sus funciones. El razonamiento que presentó a los jóvenes industriales fue realmente vergonzoso: "Necesitaríamos no tener cada día una izquierda y unos medios de comunicación entonando la canción del pesimismo. También vosotros deberíais hacer algo más: no dar publicidad a los que adoptan estos comportamientos". En la óptica distorsionada del Cavaliere, la publicidad no es un instrumento de la libre competencia económica sino un arma que se utiliza selectivamente en la batalla política, se distribuye según la fidelidad del medio y sirve para castigar a quienes no están de acuerdo con su gobierno.
La paradoja es que quien sostiene esta tesis es, al mismo tiempo, el propietario de Mediaset (una de las mayores concesionarias italianas) y accionista (a través del Tesoro) de las principales empresas públicas y semi-públicas del país.
Una palabra sobre los empresarios. Otra vez hay que constatar que cuando el Cavaliere lanzó su enésimo anatema, de los jóvenes y ancianos de Confindustria no se levantó una sola protesta, sino lo contrario, aplausos y aprobación.
Si existiera, de verdad, una clase dirigente responsable y consciente de su papel, debería reaccionar. Pero, al contrario, calla o manifiesta su acuerdo.
Y otra palabra sobre las así llamadas autoridades administrativas independientes, encargadas de tutelar la libertad de concurrencia y de defender el derecho a la información. Sólo en un país en el cual se están desnaturalizando peligrosamente los mecanismos de pesos y contrapesos puede suceder que frente a ciertas vilezas ideológicas no haya órganos de vigilancia capaces de cumplir con su propio deber.
Domina el silencio-asentimiento en la Italia berlusconizada. Todo se acepta, todo se tolera.
Repubblica.it. Il premier e i consigli per gli acquisti. June 14th , 2009. Massimo Giannini.
CUANDO EL PODER POLÍTICO Y EL EMPRESARIAL SE REÚNEN
La casa editora Einaudi rechaza el nuevo libro del escritor y premio Nobel, porque contiene algunos juicios muy severos sobre Berlusconi. El autor define al premier como "delincuente" y "corruptor", y lo parangona con un "capo mafioso".
Einaudi no publicará la traducción italiana del libro de José Saramago, autor presente con veinte títulos en el catálogo de la casa editora de Turín. La nueva obra contiene juicios cortantes sobre Silvio Berlusconi, propietario de Einaudi. Así, en un cierto punto del texto, Saramago escribe: "Ya que he sido publicado en Italia por Einaudi, de propiedad de Berlusconi, supongo que le habré hecho ganar algunos pesos", una gota en el océano de su inmenso patrimonio, que él habrá utilizado "para pagarse los cigarros, suponiendo que la corrupción no sea su único vicio". El sentimiento de los italianos por el Cavaliere, continúa Saramago, "es indiferente a cualquier consideración de orden moral". Por lo demás, "en la tierra de la mafia y de la camorra, ¿qué importancia puede tener el hecho probado de que el primer ministro sea un delincuente?"
El libro salió a finales de abril en Portugal, patria del escritor, y en España. Se titula, en las respectivas lenguas, "El cuaderno", como el blog que el octagenario Saramago tiene en Internet, y está compuesto de los textos publicados en la red entre septiembre de 2008 y marzo de 2009.
En Italia se recuerda un precedente similar, hace pocos meses, cuando otro autor de Einaudi, Marco Belpoliti, terminó por trasladarse a la casa editorial Guanda con su libro "Il corpo del capo", en el cual el capo era siempre Berlusconi. Es cierto que ningún editor en el mundo publicaría textos que hablen mal del dueño de casa. Pero ningún editor del mundo tiene un dueño tan molesto.
El premio Nobel concluyó que "debe ser duro vivir cuando el poder político y empresarial se reúnen. No envidio la suerte de los italianos, pero al final está en la voluntad de los electores mantener este estado de cosas o cambiarlo"
L'espresso, 28 maggio 2009. Al rogo Saramago, di Mario Portanova
UNA COSA LLAMADA BERLUSCONI
No veo qué otro nombre le podría dar. Una cosa peligrosamente parecida a un ser humano, una cosa que da fiestas, organiza orgías y manda en un país llamado Italia. Esta cosa, esta enfermedad, este virus amenaza con ser la causa de la muerte moral del país de Verdi si un vómito profundo no consigue arrancarlo de la conciencia de los italianos antes de que el veneno acabe corroyéndole las venas y destrozando el corazón de una de las más ricas culturas europeas. Los valores básicos de la convivencia humana son pisoteados todos los días por las patas viscosas de la cosa Berlusconi que, entre sus múltiples talentos, tiene una habilidad funambulesca para abusar de las palabras, pervirtiéndoles la intención y el sentido, como en el caso del Pueblo de la Libertad, que así se llama el partido con que asaltó el poder.
Desde hace años la cosa Berlusconi viene cometiendo delitos de variable aunque siempre demostrada gravedad. Para colmo, no es que desobedezca las leyes sino, peor todavía, las manda fabricar para salvaguarda de sus intereses públicos y privados, de político, empresario y acompañante de menores. Y en cuanto a los patrones morales, ni merece la pena hablar, no hay quien no sepa en Italia y en el mundo que la cosa Berlusconi hace mucho tiempo que cayó en la más completa abyección. Este es el primer ministro italiano, esta es la cosa que el pueblo italiano dos veces ha elegido para que le sirva de modelo, este es el camino de la ruina al que, por arrastramiento, están siendo llevados los valores de libertad y dignidad que impregnaron la música de Verdi y la acción política de Garibaldi, esos que hicieron de la Italia del siglo XIX, durante la lucha por la unificación, una guía espiritual de Europa y de los europeos. Es esto lo que la cosa Berlusconi quiere lanzar al cubo de la basura de la Historia. ¿Lo acabarán permitiendo los italianos?
ELPAIS.com. La cosa Berlusconi. JOSÉ SARAMAGO. 06/06/2009
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