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LEXICÓN
Lunes, 19 de Octubre de 2009 05:00
El estreno de la nueva película de Steven Soderbergh, The Informant!, ha vuelto a atizar el debate sobre un tópico recurrente y acerca del cual se ha escrito profusamente: la legendaria animadversión del mundo del cine contra las grandes empresas, sobre todo en los Estados Unidos. 

La revista "The American, Journal of the American Enterprise Institute" hizo en 2007 una selección de la diez mejores películas sobre este tema que en la terminología convencional en inglés se denomina "business movies". Los comentarios previos del autor del artículo, David Robinson, al respecto son muy ilustrativos de la relación entre el cine de Hollywood y el tema de las guerras internas y externas de las empresas por  la supremacía en los mercados:

"Cuando The American se propuso escoger las diez mejores películas de negocios de todos los tiempos, buscamos tres cualidades: 1) que fueran grandes películas; 2) que fueran descripciones relativamente realistas del mundo de los negocios; 3) que mostraran una actitud no abiertamente hostil al capitalismo tal como lo conocemos y amamos los norteamericanos. No fue fácil encontrar películas que cumplieran con esos tres requerimientos. Hollywood tiende a adoptar una visión amargada y activamente contraria al mundo de  los negocios. De hecho, el hombre de empresa es uno de los villanos favoritos del cine norteamericano". Robinson menciona títulos más o menos obvios como Tiempos modernos de Chaplin, The Magnificent Ambersons de Orson Wells, Wall Street de Oliver Stone, The Manchurian Candidate y Syriana, entre otras.

EL INFORMANTE

La película de Soderbergh, The Informant!, fue titulada en España El soplón, tal vez porque El informante ya había sido utilizado como título en español para una película anterior, The insider, gran éxito de taquilla y de crítica, dirigida por Michael Mann y protagonizada por Al Pacino, Russell Crowe y Christopher Plummer.

La sinopsis del argumento de The Informant!, tal como aparece en la página web oficial del film, dice así: "Whitacre, un ejecutivo con un porvenir brillante dentro de la macroempresa Archer Daniels Midland (ADM), en el área de la industria agrícola, se convierte en un soplón. Mientras informa al FBI de la conspiración de su empresa para controlar los precios a nivel multinacional, Whitacre se contempla a sí mismo aclamado como héroe y objeto de un ascenso. Pero antes de que suceda eso, el FBI necesita pruebas, así Whitacre se presta con entusiasmo a llevar una grabadora oculta en su maletín, y se imagina que es algo así como una especie de agente secreto".

En su esquema básico, The Informant! se parece a The Insider, pero la de Soderbergh es una comedia, mientras la de Michael Mann es un drama serio, sin la más mínima intención de restarle gravedad e implicaciones morales y políticas al asunto. Soderbergh acababa de terminar sus dos películas sobre el Che cuando comienza a rodar "The Informant!", el paso de un mito de la revolución a un mito contemporáneo, acorde con los tiempos de Madoff y la globalización, como bien lo señala uno de sus reseñadores, Jordi Revert, en la revista española de cine "La Butaca". Es una "comedia sofisticada" que al parecer hace reir a muy pocos y deja más bien desconcertada a la mayoría del público. "Marc Whitacre, el protagonista, es un personaje fascinante: si en una escena parece un simple chupatintas, en la siguiente sospechamos que, tras ese exceso de ingenuidad, se esconde un brillante estratega. Soderbergh edifica toda una trama de malévolas corporaciones internacionales", dice Revert, pero lo hace ante todo para ponerla al servicio de un personaje que oscila "entre el ser desubicado y el maquinador, entre la compulsividad y la premeditación".

El guión de la película es una adaptación del libro "The Informant: A True Story", del periodista Kurt Eichenwald, quien cubrió para el New York Times la noticia sobre el proceso judicial contra la firma Archer Daniels Midland, iniciado en 1993, por conspiración para controlar el precio de la lisina en el mercado internacional. Tres altos ejecutivos de la ADM fueron sentenciados a prisión en 1999. Dos años antes, la empresa había sido multada con 100 millones de dólares, la suma más alta hasta entonces por un delito contra la legislación anti-trust en los Estados Unidos. Mark Whitacre, vicepresidente de ADM e informante del FBI en la investigación del caso, se vio también envuelto en líos judiciales por malversación de fondos.

Archer Daniels Midland Company, una de las más grandes empresas agro-industriales de los Estados Unidos, tiene en operación más de 270 plantas en el mundo. Sus ganancias para el año fiscal 2008 fueron de 69.8 billones de dólares. Los subsidios agrícolas que ha recibido del gobierno federal han sido objeto de debates y fuertes críticas. Según investigaciones del "think-tank" conservador "Cato Institute", el 43% de las ganacias anuales de ADM provienen de productos fuertemente subsidiados por el gobierno. Cada dólar que gana ADM en operaciones relacionadas con el maíz le cuesta al consumidor diez dólares y cada dólar que gana por operaciones relacionadas con el etanol le cuesta al contribuyente 30 dólares. En 1994, El New York Times denunció que la política de la administración Clinton con respecto al etanol era poco más que un regalo, políticamente motivado, a los productores de maíz y, especialmente, a Archer Daniels Midland Company. Las contribuciones de ADM a las campañas políticas del Congreso tienen mucho que ver con los programas gubernamentales de protección y subsidios, sobre todo al etanol, que les cuestan a los consumidores cerca de tres billones al año. (Datos tomados de la correspondiente página de Wikipedia).

La película comienza con esta frase: "Aunque basada en una historia verdadera, algunos personajes son ficticios y ciertos diálogos han sido dramatizados. Ahí está". El "ahí está" es como una advertencia de no tomarse la comedia demasiado en serio. Sin embargo, a pesar del tono farsesco, la película se apega hasta en los detalles al relato de Eichenwald. En una entrevista reciente, en la "National Public Radio", la entrevistadora Lianes Hansen le preguntó a Eichenwald: "¿Puedo preguntarle algo acerca de la película? El escándalo Archer Daniels Midland destruyó personajes, arruinó reputaciones, le hizo daño al FBI, varias personas fueron encarceladas: ¿por qué la película se ha comercializado como una comedia?". La respuesta de Eichenwald es interesante: "Si usted lee el libro, la historia es seria. Y la historia que se cuenta en la película es seria. Pero, generalmente, la gente me dice que cuando lee el libro se ríe mucho. Hay pasajes tan absurdos, que uno no puede dejar de reír a carcajadas. La gente siente instintivamente que estas cosas son materia de risa. Pero le puedo asegurar algo: no hay nada en la película que no esté en el libro. Es la historia real".

¿POR QUÉ LAS GRANDES EMPRESAS TIENEN UNA CARA TAN FEA EN EL CINE?

En la entrevista antes mencionada, Kurt Eichenwald dice: "Estuve en el New York Times casi veinte años. Escribí sobre fraudes empresariales prácticamente todo ese tiempo. Cuando comencé, pensaba que eso duraría máximo 18 meses. Pero cada fraude conducía a otro y a otro y a otro. Ya sabe, mientras exista un sistema en que la gente pueda hacer dinero mediante el fraude, pues habrá fraude".

Larry E. Ribstein, profesor de derecho en la universidad de Illinois y, según su curriculum en la página web de esa universidad, autor de varios tratados que son guías en los temas legales relacionados con las corporaciones y el mercado, formula esta pregunta: "¿Por qué las grandes empresas tienen una cara tan fea en el cine?" Ribstein mantiene un blog en el que se ocupa, con frecuencia, de la relación entre el cine y los negocios, vale decir, del subgénero cinematográfico llamado "business movies", y ha escrito varios ensayos al respecto, en los que enfoca el asunto de manera muy distinta a la de Eichenwald, como puede verse en la siguiente cita:

"El capitalismo ha traído mucha riqueza a amplios sectores de la sociedad estadounidense, incluidos los directores de cine, guionistas y actores. Uno no debería sorprenderse si ocasionalmente alguna película critica el capitalismo o muestra el drama de la opresión del desvalido y de su eventual triunfo económico. Pero ¿por qué el capitalista tiene que ser siempre el villano?", pregunta Ribstein. Es irónico, según él, que el cine, como parte que es del mundo del "big business", se ataque a sí mismo. Su hipótesis es curiosa: los directores de cine, dice, no odian tanto el capital sino a los capitalistas que lo controlan. No les interesa tanto la clásica lucha entre el capital y el trabajo, sino la figura del empresario como protagonista en la lucha por la riqueza y el poder, y como sujeto moral del gran pecado capitalista, tema de tantas películas de Hollywood: la codicia.

EL PACTO FÁUSTICO

El aspecto fundamental del conflicto entre el cine y el capital, según Ribstein, tiene que ver con la tensión entre la intención del artista y las pretensiones de la empresa que invierte el dinero para la producción y distribución de la película. La imagen del empresario que aparece en el cine es un reflejo de esa tensión. Las películas, al contrario de otras artes, tienen que recuperar el dinero de la inversión y para esto necesitan de grandes audiencias. En otras palabras, cada película está obligada a ser, ante todo, un éxito de mercado antes que un éxito en términos artísticos.

Este conflicto se expresa con frecuencia en declaraciones verbales o en escritos de los mismos directores de cine. Es más o menos célebre la afirmación de Don Siegel: "Yo soy una prostituta. Trabajo por dinero. Es la manera americana. Una vez le dije a Godard que él tenía algo que yo deseaba: autonomía. Él replicó: Y usted tiene algo que yo deseo: dinero". La respuesta de Godard es irónica, quizá cínica, pero apunta sin pudor a la ambigüedad de la relación entre arte y negocio en el cine. Sydney Pollack, el director de The Firm, éxito de taquilla, con Tom Cruise y Gene Hackman, aseguró que "la economía es el factor más inhibitorio para un director a la hora de hacer su película". Y Mel Brooks: "en el negocio del cine es importante entender la naturaleza del dinero y cómo se navega en esas aguas peligrosas, entre arrecifes y tiburones, donde tiene lugar el encuentro del arte y el dinero".

Como escribe el mismo Ribstein, los directores de cine que buscan financiar sus proyectos deben hacer un pacto fáustico con el cual aceptan ceder su "alma artística" cada vez que ésta interfiera con la rentabilidad.

WALL STREET

El caso de Oliver Stone, sobre todo en su película Wall Street, no es el del director que odia al capitalista y no al capitalismo, afirma Ribstein. Stone es un anticapitalista y eso resulta obvio en Wall Street, ante todo en ciertos diálogos y discursos de su protagonista Gordon Gekko, interpretado por Michael Douglas: "el uno por ciento más rico de este país posee la mitad de la riqueza de nuestro país", "Yo no soy creador de nada, yo poseo", "no serás tan ingenuo como para creer que vivimos en una democracia, ¿o sí, Buddy? Es el libre mercado". No se trata simplemente de una dramatización, dice Ribstein; es un mensaje profundamente sentido por el director.

Si los empresarios permiten que un director como Stone exprese su resentimiento en sus películas, opina Ribstein, es porque no les importa o porque no tienen opción. El mensaje anticapitalista de Wall Street, de todas maneras, no afecta las ventas. Incluso si hubiera razones para preocuparse con el contenido, habría que balancearlo frente a los costos de intervenir en el guión y entrar en controversia con un director famoso y ganador de un Oscar.

Sin embargo, es el mismo Ribstein quien asegura que "esta película ha jugado un papel importante en la literatura jurídica" y que "Gordon Gekko ha sido mencionado en cerca de sesenta artículos del Westlaw's Journals and Law Reviews, lo cual no es sorprendente si se tiene en cuenta que su guión penetra mucho más hondamente en las entrañas del negocio financiero que cualquier otra película".

Hay una frase de Gekko en Wall Street que ha pasado a ser una consigna del mundo financiero, probablemente una de las más famosas que haya fabricado el cine de Hollywood en toda su historia: "la codicia es buena" ("Greed is good"). El historiador Joseph A. Palermo, en un comentario reciente sobre la actualidad de la película de Stone, dice que desde los días de la administración de Reagan, la ética del "greed is good" predomina en la cultura de los negocios en Estados Unidos y rige soberana en Wall Street: "vivimos todavía en una época en que Gordon Gekko, un personaje de ficción, nos muestra mejor la verdad acerca de lo que realmente sucede hoy en el mundo financiero que todos los cotorreos de la CNBC o las tonterías editoriales de Businessweek o del Wall Street Journal" (Joseph A. Palermo. AIG and the Undeserving Rich. The Huffington Post. March 23, 2009).

El mismo Palermo trae a colación una curiosa encuesta del American Film Institute sobre "los cincuenta villanos más destacados de la historia del cine", en la cual ocupa Gordon Gekko el vigésimo cuarto lugar, por encima de Freddy Krueger y del conde Drácula.

En otro artículo reciente, también dedicado a medir la vigencia de Wall Street, el crítico de cine Owen Gleiberman dice que la real filosofía de Gekko es la metafísica de la liquidez sobre la cual construyó su imperio: "El dinero no se hace ni se pierde, simplemente se transfiere. Es como la magia". La escena ocurre en el apartamento del magnate, en un diálogo con su joven discípulo Buddy. Gekko le muestra uno de sus cuadros, una amenazante monstruosidad verde y negra: "Esta pintura la compré hace diez años por sesenta mil dólares. Hoy podría venderla por seiscientos mil. La ilusión se ha vuelto real". Es magia. Gleiberman afirma que la película de Stone no muestra simplemente cómo los financistas de Wall Street estaban acaparando la riqueza del país sino algo que hoy se ha hecho mucho más claro: estaban creando una realidad alternativa, que no tardaría en quebrarse y caernos encima a todos (Wall Street: What it still has to tell us. Entertainment Weekly, Mar 28, 2009)

EL HÉROE POSITIVO

"Con urgencia se necesita: héroe pro-capitalista para película". Aunque suene un poco ridículo, el mensaje aparece literalmente al final de un artículo en la revista conservadora Freeman. Lo firma Edward W. Younkins y se titula "Cinema and the Capitalist Hero" (June 1998, Volume 48, Issue 6). El texto comienza así: "Al hombre de negocios no le ha ido bien en el cine. Ha sido atacado con frecuencia por destruir el orden comunitario basado en la igualdad. El cine ha lamentado la preocupación del hombre de empresa por el éxito material y el dominio de las grandes corporacione sobre la vida de la gente. Sin embargo, algunas películas presentan una imagen más favorable, incluso heroica, enfatizando las posibilidades de la vida en una sociedad libre, la ética inherente a la naturaleza del capitalismo y la fuerza y autosuficiencia del empresario laborioso".

Younkins hace su propia lista de películas que presentan un héroe empresarial positivo. Son obras secundarias, casi todas excluidas de los diccionarios e historias del cine, con excepción de dos: El hombre del traje blanco (1952) y Tucker: el hombre y su sueño (1988), de Francis Ford Coppola, ambas interpretadas por otros críticos de cine, en contextos menos parciales, como críticas al capitalismo y al orden empresarial. El de Tucker es un caso representativo: el héroe no es propiamente un empresario sino un visionario inventor que intenta fabricar el automóvil perfecto. La película, basada en un caso real,  lo retrata enfrentado a los intereses de las tres grandes firmas productoras de automóviles, y la moraleja que busca Younkins termina siendo de signo contrario. Se ha dicho que en Tucker buscó Francis Ford Coppola una biografía simbólica en la que quiso representar su propia vida: la búsqueda de la independencia creativa, la necesidad para ello de financiar sus propios proyectos sin depender de otros, el fracaso de su sueño casi utópico, dadas las condiciones de la industria del cine.

Quizá el verdadero héroe capitalista del cine haya que buscarlo de otra manera y quede perfectamente retratado en El ciudadano Kane (1941) de Orson Wells. No se trata del ciudadano ejemplar ni del empresario compasivo y decente. Es la historia del megalomaníaco convertido en magnate y de la gran empresa como sueño de poder ilimitado que concluye con la gran caída. Su personaje encarna la individualidad tiránica, cuya soberbia lo hace creerse por encima de toda ley y más allá de todo límite, pero que al final se vuelve prisionero de su propia culpa, del fracaso y la desilusión. En un comentario de esta película escribió Borges: "Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esa mala palabra".

LA LISTA DE FORBES

La revista "Forbes" publicó su lista de las diez mejores "business movies". Son éstas:

Citizen Kane (RKO Radio Pictures, 1941) Orson Welles

The Godfather: Part II (Paramount, 1974) Francis Ford Coppola

It's a Wonderful Life (RKO Radio Pictures, 1946) Frank Capra

Network (MGM-United Artists, 1976) Sidney Lumet

The Insider (Touchstone Pictures, 1999) Michael Man

Glengarry Glen Ross (New Line Cinema, 1992) James Foley

Wall Street (20th Century Fox, 1987) Oliver Stone

Tin Men (Touchstone Pictures, 1987) Barry Levinson

Modern Times (United Artists, 1936) Charlie Chaplin

CODA

Antes de volverse el producto de grandes compañías, con inversiones cuantiosas en cada largometraje, las pequeñas productoras de los comienzos podían darse el lujo de exhibir cortometrajes de bajo costo y desarrollar temas controvertibles de orden político y social, con escasos riesgos económicos. Una de estas películas, titulada Why? (1913), produjo una conmoción por su tema y sus ideas. En ella se mostraba una revuelta de trabajadores en contra de las empresas  y los patrones. El héroe de la historia era un inmigrante que tenía un sueño de venganza contra las élites empresariales que esclavizaban al obrero sacando ventaja de sus necesidades. La película se divide en tres partes. En uno de sus episodios aparecen  trabajadores y patrones enfrentados a tiros, y termina con un episodio en el que los insurrectos prenden fuego a un sector de Manhattan. La imagen final de la película muestra el edificio de Woolworth todavía en llamas, con lo cual se viola una de las normas ideológicas de la narrativa: el final debe traer el castigo ejemplar de los villanos y el triunfo de los buenos.  "Why?" se vio como una celebración del anarquismo. En lugar de restaurar la ley y el orden, la película dejaba abierta la posibilidad de que los insurrectos tuvieran de su parte la razón y la justicia. (Kay Sloan. "Front Page Movies", en Movies and American society, 2002, pp. 46-47).

  David Jiménez
 

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