Edición semanal lunes 17 de julio de 2017

Violencia y criminalidad tras la implementación de los acuerdos de paz

Policía Nacional

Katherine Aguirre Se dice que la delincuencia viene en aumento, pero los datos muestran una disminución generalizada. Los datos también muestran que hay regiones, hay tipos de delitos y hay motivos para ciertos rebrotes de criminalidad, que por supuesto exigirán medidas especializadas.

Katherine Aguirre Tobón*

Esta desazón que no nos deja vivir

Expresidente y ganador del primer puesto, Álvaro Uribe Vélez.

Omar Rincón Nunca habíamos estado mejor: menos violencia, mayor estabilidad, mejores políticas públicas, más diversidad. Pero parece que cuando desaparece la guerra y debemos ser un país normal no sabemos cómo hacerlo. Peor todavía: son las élites quienes fomentan la desazón y los ciudadanos del común quienes ponen la sensatez.

Omar Rincón*

La crisis de seguridad en Medellín: confusión e incertidumbre

Comuna en Medellín.

La captura del secretario de seguridad ha despertado el debate sobre la incidencia política de organizaciones criminales, así como sobre el proyecto en curso de sometimiento de delincuentes a la justicia. ¿A quiénes beneficia realmente este proyecto?

Max Yuri Gil Ramírez*

La Región Hídrica del río Bogotá: por una cultura anfibia

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Páramo de Guacheneque donde se encuentra el nacimiento del río Bogotá

Gustavo Wilches-Chaux

De cara a los desafíos del cambio climático y a la eventual carencia de agua, Bogotá y toda Colombia deben reorganizarse en torno de sus ríos para re-conocernos como lo que una vez fuimos y siempre debimos ser: una cultura anfibia.

Gustavo Wilches-Chaux*

Artículo único: Miren el agua, respeten el agua, aprendan del agua.

Ley orgánica para la gobernanza del agua

Un concepto-herramienta

El “Grupo de Agua y Territorio” de la Gerencia de Planeamiento y Control de la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Bogotá, al cual pertenezco, se ha dedicado a reflexionar sobre el concepto-herramienta de la Región Hídrica del Río Bogotá:

  • Es un concepto porque propone reconocer el territorio a partir de la manera como el agua lo ha venido conformando y ordenando, y como resultado conjunto de procesos naturales y decisiones humanas.
  • Y es herramienta porque permite encarar de manera práctica una serie de desafíos actuales, regionales, nacionales y globales. No en vano afirmaba Albert Einstein que nada resulta tan práctico como una buena teoría.

El reconocimiento del territorio como Región Hídrica no implica necesariamente crear una nueva entidad ni  sustituir las instituciones y autoridades con jurisdicción sobre el territorio. Al contrario: todos los actores institucionales y sociales de la región resultarán fortalecidos al entenderse como partes de esa “telaraña” de interacciones hídricas donde- como en todo sistema complejo- el “todo” es mayor que la suma de sus partes, mientras que cada parte no solamente conserva y refuerza su autonomía e identidad, sino que es un resumen cualitativo del “todo”.

Interconexiones hídricas

Esta mirada es la aplicación de la lógica fractal a la gestión del territorio y del agua. También es la lógica de la naturaleza: el “todo” se fortalece en la medida en que se fortalece  cada una de las partes, y el fortalecimiento del “todo” se refleja en cada uno de sus componentes.

La Región Hídrica de Bogotá es el resultado de la interacción entre procesos naturales, ligados a la formación de las cordilleras colombianas, de los valles interandinos, de la Sabana y de la cuenca del río Bogotá, con otros procesos desencadenados por decisiones humanas, especialmente aquellas tomadas durante los últimos 50 años, que se han materializado en la “cuenca construida” que hoy constituye un componente tangible e importante de la región.

De esa “cuenca híbrida” (natural + construida) forman parte embalses, tuberías, estaciones de bombeo, plantas de tratamiento, redes de distribución, canales, redes de alcantarillado y, en general, toda la infraestructura necesaria para captar agua, potabilizarla y llevarla a Bogotá y a los municipios de Cundinamarca a los cuales la Empresa de Acueducto les suministra agua potable.

De los procesos naturales forman parte también las aguas subterráneas, los intercambios atmosféricos (portadores de aguas atmosféricas, cuyo flujo constituye otra riqueza de la región) y, por supuesto, el clima que cada vez se consolida con más fuerza como un actor que debe ser tenido en cuenta en las decisiones humanas.

El eje central de la Región Hídrica es, por supuesto, el río Bogotá. Vale la pena recordar que tanto la Sabana como el río deben su nombre al territorio muisca gobernado por el Zipa de Bacatá. Es decir, la ciudad no se apoderó de la Sabana, sino que primero existió Bogotá-Bacatá y mucho después apareció la ciudad.

El río Bogotá en su paso por el corregimiento de Briceño en Cundinamarca.
El río Bogotá en su paso por el corregimiento de Briceño en Cundinamarca.
Foto: Wikimedia Commons

Cobertura de la Región Hídrica

En un estudio para la Empresa de Acueducto adelantado por el Instituto Quinaxi, bajo la dirección de Ernesto Guhl, se propusieron tres criterios para determinar la extensión de la Región Hídrica:

  1. Uno ecosistémico, que tiene en cuenta la estructura ecológica de la cual depende el ciclo hidrológico;
  2. Otro hidrográfico, que identifica los distintos flujos de agua en el territorio a través de la cuenca natural y de la cuenca construida;
  3. Y uno político-administrativo que cruza los otros dos con la división política actual, la cual sin duda es parte importante de la realidad.

A partir de esos criterios se identificaron como parte de la Región Hídrica 45 municipios de Cundinamarca situados sobre la cuenca del río Bogotá, de los cuales 19 pertenecen a la “cuenca alta”, 10 a la “cuenca media” (a la cual también pertenece Bogotá) y 16 a la “cuenca baja”, que llega hasta la desembocadura del río en el Magdalena, en Girardot.

También se consideraron como parte de la Región siete municipios situados sobre las cuencas de los ríos Chuza, Blanco Norte y Guatiquía (tributarios del Orinoco), que le aportan agua al Sistema Chingaza, de los cuales cinco pertenecen a Cundinamarca y dos al departamento del Meta. A través de ese sistema llega nada menos que el 75 por ciento de las aguas que abastecen a Bogotá y a los ya mencionados municipios a los cuales la Empresa de Acueducto provee de agua tratada.

La decisión de construir ese sistema se tomó con mirada visionaria a finales de los años 1970, cuando Bogotá apenas se acercaba a 2 millones de habitantes. Hoy se calcula que la población pasa de 9 millones, gran parte de los cuales procedemos de otras regiones del país.

Ventajas de la red

El concepto-herramienta “Región Hídrica” no tiene como único objetivo garantizar el agua para esta región que genera el 31,5 por ciento del PIB y que concentra el 20 por ciento de la población colombiana, sino fortalecer los territorios que la abastecen de agua, y de aquellos de la “cuenca baja” que de una u otra manera resultan afectados negativamente por las aguas residuales generadas en las “cuencas alta y media” del río Bogotá.

La Región Hídrica, entendida como red de ecosistemas, de entidades territoriales, y de cuerpos y dinámicas del agua, ofrece una serie de ventajas para encarar de manera conjunta desafíos de distintos orígenes, ligados unos a la variabilidad climática y al cambio climático, y otros a procesos económicos, políticos y sociales.

Los efectos crecientes del cambio climático y los del acuerdo de paz que hoy avanza en La Habana compartirán un mismo escenario territorial. La paz “sostenible” va a depender de que los acuerdos no se realicen solo entre seres humanos, sino de que pactemos la paz con los ecosistemas, con los suelos y con el agua.

El concepto-herramienta de la Región Hídrica puede contribuir a ese propósito, como también al desarrollo de la Región Administrativa de Planeación Especial (RAPE) Región Central, por medio de la cual se asocian los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima, y Bogotá Distrito Capital, alrededor de unos objetivos económicos y sociales y de una visión común: consolidarse “como un territorio con equilibrio social, económico y ambiental, culturalmente diverso y globalmente competitivo e innovador” en 2030.

La RAPE permitirá establecer relaciones de solidaridad, equidad y reciprocidad entre Bogotá y las regiones que la nutren de bienes y servicios.

Otros procesos en marcha que pueden aprovechar las ventajas de este concepto-herramienta incluyen la obligación que tienen 19 entidades públicas y 46 municipios de Cundinamarca, así como varias empresas del sector privado, de dar cumplimiento a la sentencia del Consejo de Estado de marzo de 2014, donde figuran órdenes concretas y perentorias para  la descontaminación del río Bogotá.

El río Bogotá en su paso por la urbe capitalina.
El río Bogotá en su paso por la urbe capitalina.
Foto: La Especie Urbana - Gustavo Wilches Faux

Cultura anfibia

El Instituto Humboldt acaba de presentar, conjuntamente con el Ministerio de Ambiente, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) y el Fondo de Adaptación, los “Avances en la identificación de humedales de Colombia”, un estudio que indica que en cerca de 30 millones de hectáreas del territorio colombiano “manda el agua”.

Esto equivale a más de una cuarta parte de nuestro territorio continental, e incluye una porción importante de la Región Hídrica del río Bogotá. Esa gran parte de Colombia se deberá reconocer como multiétnica, pluricultural y anfibia, y si de verdad queremos adaptarnos al cambio climático, el principal desafío es construir una cultura anfibia para el siglo XXI.

Las raíces de esa cultura se encuentran en regiones como aquella que fue territorio de los zenúes, algunos de cuyos herederos todavía siguen vivos y vigentes en las comunidades anfibias de La Mojana y el Bajo Sinú. También los muiscas fueron una cultura anfibia y fue su territorio, precisamente, la Sabana del Zipa de Bacatá.

El concepto de Región Hídrica del río Bogotá que surge de ese mismo territorio es un paso concreto hacia la construcción de esa cultura anfibia del siglo XXI, la cual tiene que dar respuesta a los requerimientos de convivencia pacífica entre las dinámicas del agua y la ciudad más grande de Colombia. De hecho, al área metropolitana más grande de Colombia.

El papel de la Empresa de Acueducto

El Grupo de Agua y Territorio se ocupa por supuesto de entender la función de la Empresa de Acueducto de Bogotá en la Región Hídrica, a partir de las siguientes consideraciones:

  1. Como escribe Marino Tadeo Henao, “en el derecho colombiano el agua no puede considerarse un commodity” es decir, una simple mercancía. El agua es una forma de la naturaleza, un ser viviente que ha ordenado el territorio desde mucho antes de que existiéramos los humanos y que reclama sus derechos por las buenas o por las malas.
  2. El acceso al agua en la cantidad y con la calidad necesaria para ejercer el derecho a la vida es un derecho humano que no puede depender de las leyes del mercado.
  3. La Empresa de Acueducto es de carácter público y como tal forma parte del patrimonio colectivo de la región.

En este contexto, el Acueducto sería una especie de interfase que conecta los ecosistemas que ofrecen el agua y sus servicios ambientales derivados, con los usuarios titulares del derecho al agua, sin la cual resulta inconcebible la vida.
 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace. Este artículo no expresa una posición oficial de la empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Bogotá.

twitter1-1@wilcheschaux

 

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Comentarios  

Sua García
0 # De acuerdoSua García 02-10-2015 22:49
Gracias a que la empresa de Acueducto es pública y de todos, se logra ver el agua de una manera diferente a un "producto en el mercado", si no como un elemento que hace parte vital para la supervivencia del los humanos y de los demás seres vivos que habitan este planeta, hay que acordarse de TODOS. Desde que Fals Borda abordo el tema de la cultura anfibia en bajo magdalena se dio un acercamiento a la relación de los cuerpos de agua como un territorio y parte de nuestra territorializac ión. Pasar de la teoría a la práctica, el reto para una relación armoniosa con el entorno, otros seres, de manera sostenible y en camino hacía la PAZ.
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