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Yecid CalderonEn el mes de la diversidad sexual es pertinente esta reflexión que muestra que no se deberían separar las reivindicaciones de género y sexualidad de las reivindicaciones  políticas, de clase o de raza. 

Yecid Calderón*

Un entramado de exclusión

En este mes se han realizado varias actividades políticas, artísticas académicas y celebratorias en torno a la diversidad sexual en nuestro país. Sin duda, este sigue siendo un tema controversial a pesar de que llevamos casi cincuenta años de lucha reivindicatoria por el reconocimiento de aquellas sexualidades que divergen de las conductas sexuales normativas. Sin embargo, muchas de las supuestas polémicas en torno al asunto carecen de fundamentos pues los argumentos esgrimidos, de parte y parte, no están respaldados por estudios sociales avanzados sobre el tema.

Como nuestra sociedad se organiza a partir de complejos entramados de poder y resistencia, es preciso analizar las estructuras de poder y dominación, así como los ejercicios de exclusión y violencia dentro de esas estructuras, para tener una idea más completa del problema. Pero sabemos que en el centro del asunto se encuentran los cuerpos y las subjetividades, es decir, los organismos desde los cuales se erige una manera de consciencia, una manera de ser, una identidad.

Esta identidad o manera en que el sujeto se entiende a sí mismo se construye a partir de valores de clase y género, o de acuerdo a las facultades del cuerpo (personas en condiciones de discapacidad, por ejemplo) y de la sexualidad. El poder moviliza las condiciones en las que se ubican los cuerpos en el espacio social y en los que se construye su identidad.

Es claro que en Occidente el racismo y el clasismo atraviesan nuestras prácticas de convivencia cotidiana. Del mismo modo son patente las prácticas machistas, homofóbicas, transfóbicas y lesbofóbicas. Esto quiere decir que en los cuerpos se entrelazan diversos marcadores de opresión: raza, clase, género, facultades del cuerpo y sexualidad.

Estos marcadores se vinculan y entrelazan en una red que se actualiza en cada contexto particular. Por ejemplo, se puede ser una mujer que ejerce la dominación frente a un hombre por razones de clase. También puede encontrarse un homosexual privilegiado que ejerce el poder sobre un heterosexual que no tiene tales privilegios. O se puede ver a una lesbiana sin clase que sea racializada (ya sea por ser de piel negra o ser indígena) siendo dominada por otras mujeres heterosexuales de la misma condición social y de raza. La situación aquí es la complejidad del ejercicio de poder y de las prácticas de resistencia.

En este orden de ideas se puede afirmar que en las luchas emprendidas por los grupos LGBTI no se suele tener en cuenta la complejidad de los marcadores arriba señalados. Es decir, en muchos movimientos sociales se sigue pensando de manera “falogocéntrica”. Esta palabra alude al hecho de que el lenguaje sigue dando privilegios al género masculino, puesto que han sido los hombres los dueños de la palabra en la historia. Por ejemplo, no existe madre de la lengua castellana, ni inglesa, ni alemana, solo padres. Es a esa dominación de género a la que se alude cuando se habla de “falogocentrismo”.

Pensar falogocéntricamente es querer reducir lo complejo a lo simple, considerar que tan solo por ser homosexual ya se es oprimido en todas las esferas y contextos, cuando hemos visto que esto se matiza según la clase o la raza. Por eso es preciso reconocer que la reivindicación por la diversidad sexual no puede darse sin ir de la mano de la reivindicación social, de la lucha por la dignidad humana en todos los sentidos.

El engaño de la “ideología de género”

Manifestaciones en contra de la homofobia.
Manifestaciones en contra de la homofobia.  
Foto: Secretaría Distrital de Integración Social

Por otra parte, también se pueden identificar las falacias de las actitudes y discursos de los que se oponen a la reivindicación por la diversidad sexual. Ciertas clases y élites conservadoras responden a los discursos sobre la diversidad sexual apoyándose en una moralidad que ejerce su propia violencia y apela a la tradición y a las “buenas costumbres”.

Pero sabemos que su discurso es doblemoralista y que, en vista de la erosión causada por el mal uso de los valores que defienden, intentan mantener el orden del que depende la opresión estructural de raza, clase y género. De ahí viene su reacción y su engreimiento moral cuando usan palabras como “respeto”, “familia”, “verdad”, entre otras, sabiendo que los más flagrantes desconocedores de esos valores son las mismas élites que los defienden.

Por ejemplo, han acuñado señalamientos que apelan al desprestigio, como la famosa “ideología de género”, para defenderse de la reivindicación de la diversidad sexual. Estos grupos, en su temor de perder los privilegios que les han correspondido por generaciones, incurren en una enunciación insólita e imposible.

Decir “ideología de género” es muy confuso y ambiguo. Si analizamos las palabras que la conforman en su sentido más crítico nos damos cuenta de que, en efecto, el género, tanto como la raza, la clase y la sexualidad, se construye desde ideologías. Quienes señalan a los homosexuales, lesbianas, personas transgénero o incluso personas en condiciones de discapacidad como autores de una supuesta “ideología de género” incurren en una contradicción porque estos grupos y estas personas, justamente, han hecho todo lo contrario: deconstruir, desmontar y resignificar el género.

Estas personas han mostrado al género como una ideología ya que, por ejemplo, se nace hombre pero se transita a ser mujer o viceversa. Este tipo de acciones son el desmontaje fehaciente de la ideología que ubica a los cuerpos en coordenadas de realización erótica y sexual más compleja que la binaria (hombre y mujer) propuesta por la heterosexualidad. La ideología limita y constriñe a los cuerpos para que obedezcan a unas prácticas de exclusión favorables a sus ejercicios de poder.

Ideología, según Carlos Marx y Federico Engels, significa falsa consciencia. Y la falsa consciencia es no darse cuenta de quién se es realmente. Es decir, si un es obrero defiende los intereses del patrón tiene falsa consciencia, está ajeno, alienado de sí mismo. Eso es ideología o falsa consciencia.

En este caso hay una falsa consciencia e ideología cuando, impugnados sus privilegios e intereses, los más conservadores practican una hipócrita moral para presentarse como rectores de valores y principios que, a estas alturas, ya no se sostienen por sí mismos.

Un futuro diverso

Mujeres lesbianas
Mujeres lesbianas
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá 

Para cambiar esta situación se necesita más que discurso. Se necesitan prácticas de respeto, reconocimiento y corresponsabilidad social. Una de ellas sería dejar que las personas expresen libremente su sexualidad, siempre y cuando no estén vulnerando los derechos de otros. Se trataría de ser, justamente, sujetos con capacidad moral, entendida esta no como la suscripción a una serie de valores establecidos sino como la facultad de dar cuenta de uno mismo.

Por lo pronto, pensar el poder y las prácticas de opresión, exclusión y violencia en estructuras de dominación como las nuestras, requiere mucho más que la posibilidad de expresar la sexualidad y exigir respeto por ella. Se trata de algo más complejo que tiene que anudar la raza, la clase, el género y las condiciones de capacidad física.

Pensar las prácticas de opresión desde un solo marcador, como la sexualidad, es volver a cerrar las brechas y los senderos del reconocimiento. Se precisa pensar la complejidad de esas estructuras de dominación para evitar caer en los errores en los que incurre buena parte de la población LGBTI cuando construye su comprensión del poder, pues, algunas veces se reproducen las mismas prácticas racistas, clasistas, sexistas o misóginas.  Estas prácticas de exclusión son propias de una sociedad que mantiene sus constantes discriminaciones y violencias.

 

* Filósofo de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Filosofía Política de la Universidad Autónoma de México. Docente e investigador en Filosofía Política y Filosofía del Arte. 

 

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