Suscríbase

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Uno de los incendios masivos en el estado de California, en Estados Unidos.

Gustavo WilchesEn qué consisten El Niño y La Niña, por qué el problema seguirá agravándose, por qué no basta sólo con repetir las medidas o construir obras de emergencia, por qué es urgente redefinir la gestión territorial, por qué la paz será un gran paso adelante.     

Gustavo Wilches-Chaux*

Los cambios del clima

La variabilidad es una condición esencial del clima porque el tiempo atmosférico está cambiando permanentemente, a veces en cuestión de horas, a veces en cuestión de meses o años.

El clima, entendido como una característica relativamente duradera de un territorio, incluye variables de temperatura, precipitación, humedad, brillo solar y otras que, en condiciones normales, permanecen más o menos estables durante largos períodos. Esas condiciones en su mayoría dependen, entre otros factores, de las características topográficas y de la altura promedio sobre el nivel del mar de un territorio.

De modo pues que, por ejemplo, en Bogotá podemos estar “sintiendo calores” inusuales, o presenciado lluvias en las fechas no tradicionales, pero no podríamos afirmar que la Sabana se haya convertido en lo que conocemos como “tierra caliente”. En otras palabras (como lo expliqué en Aguaceros y goteras) el clima es como la personalidad que identifica a un individuo y el tiempo atmosférico es como su estado de ánimo en un momento particular.

Pese a que el cambio está en la esencia del clima, convencionalmente se ha adoptado el concepto de “cambio climático” para describir el proceso de auto-ajuste que están llevando a cabo los sistemas concatenados o interrelacionados de la Tierra (geósfera, atmósfera, hidrósfera, criósfera y biósfera) en respuesta a las alteraciones que los seres humanos hemos hecho de la composición de la atmósfera, a la contaminación de los océanos y a los cambios en los usos del suelo, entre otras formas de deterioro de la integridad y diversidad de los ecosistemas.

El cambio climático es un proceso global de largo plazo que se viene gestando desde hace muchas décadas y cuyas manifestaciones se han vuelto cada vez más evidentes. En Colombia (y en toda la Región Andina) una de las expresiones evidentes de este fenómeno es el retroceso de los casquetes glaciares de las altas montañas. Esos casquetes, junto con el hielo de los polos, forman parte de la criósfera, que es la dimensión de la hidrosfera que incluye al agua congelada.

Entre El Niño y La Niña

Tarde lluviosa en Bogotá.
Tarde lluviosa en Bogotá.
Foto: Gustavo La Rotta Amaya

Los fenómenos de El Niño y La Niña son, respectivamente, las fases cálida y fría del patrón climático conocido como ENOS (El Niño Oscilación Sur), y son expresiones de la variabilidad climática. El Niño, bautizado así por los pescadores peruanos, ocurre en la época de Navidad y produce una elevación de temperatura de las aguas del Pacífico que ahuyenta la pesca y trae sobre la zona costera lluvias de intensidad excesiva.

Muchos de los territorios que entre 2010 y 2012 estuvieron afectados por inundaciones hoy están siendo azotados por los efectos de la sequía extrema.

Posteriormente se bautizó como La Niña al fenómeno inverso de enfriamiento de las aguas del Pacífico, el cual genera, al igual que El Niño, alteraciones en el clima global. En algunas partes, como en la costa peruana, El Niño produce fuertes precipitaciones y grandes inundaciones, mientras en Colombia causa sequías como la que estamos viviendo en este momento. La Niña tampoco se manifiesta de la misma manera en las distintas regiones del planeta.

El Niño y La Niña son expresiones de la variabilidad climática que pueden o no estar cambiando en su cobertura, intensidad y periodicidad por el cambio climático. Aunque yo creo que sí, nadie puede asegurar con certeza que el recrudecimiento de estos fenómenos se deba al cambio climático y no sea una manifestación “normal” o exacerbada de la variabilidad.

Simulacro del futuro

Cada día es más evidente que, como consecuencia del cambio climático, lo que hasta hace poco era “excepcional” se está convirtiendo en la nueva “normalidad”. Puede decirse que fenómenos como La Niña de 2010-2011 y El Niño de 2015-2016 son un simulacro general de lo que nos tocará vivir como esta nueva “normalidad”.

Por ejemplo, hace pocas semanas las instituciones colombianas tuvieron que responder de manera simultánea al desafío de atender las consecuencias de la sequía (que incluyen desabastecimiento de agua, incendios forestales y reducción y pérdida de cosechas) y a las inundaciones y deslizamientos en otras regiones del país. Hoy sigue vigente la necesidad de atender a los retos climáticos por ausencia de lluvias en unos lugares y por exceso en otras regiones o ciudades.

El drama de los llamados “desplazados ambientales” será una consecuencia cada vez más frecuente y compleja de esta pérdida de habitabilidad de los territorios como reflejo del cambio climático y de los conflictos por acceso al agua y a suelos productivos capaces de ofrecer una mínima seguridad alimentaria. Este tema es especialmente complicado en Colombia debido a la presencia en el territorio de una gran cantidad de minas antipersonal, como ya tuve ocasión de examinarlo en esta misma revista.

¿Qué hemos aprendido?

Un equipo de expertos –y no propiamente “ambientalistas radicales”- conformado por el Banco Mundial para evaluar las causas y consecuencias del desastre desencadenado por La Niña 2010-2011, llegó a las siguientes conclusiones en el informe publicado en 2012:

-  Entre 1950 y el 2011 han ocurrido 15 episodios de El Niño y 13 de La Niña. Aunque la temporada de lluvias asociada con La Niña 2010-2011 puede considerarse como el que mayores pérdidas para Colombia, otros episodios, como La Niña de finales de 2008 y principios de 2009, tuvieron efectos muy similares al último registrado.

-  El riesgo de desastres sigue aumentando, más por la inadecuada gestión territorial, sectorial y privada, que por factores externos como el cambio climático. Si bien la variación en el clima es una tendencia clara en los últimos años, no se puede concluir que esta sea la causa del aumento del riesgo en Colombia, como sí lo son factores como:

a)  El aumento de la exposición y la vulnerabilidad causadas por el uso inadecuado de los instrumentos de planificación y desarrollo territorial,

b)  La degradación del suelo,

c)  La omisión de las acciones requeridas para reducir y controlar el riesgo en desarrollo de las actividades productivas, o

d)  La falta de corresponsabilidad del sector privado.

Tras la inversión billonaria que efectuó el Estado a raíz del desastre invernal de La Niña, (y que en efecto sirvió para conjurar en ese momento una parte importante de sus manifestaciones externas) muchos de los territorios que entre 2010 y 2012 estuvieron afectados por inundaciones hoy están siendo azotados por los efectos de la sequía extrema.

Es necesario preguntarse entonces si todo el esfuerzo fiscal, institucional y social fortaleció la resiliencia o capacidad de los territorios (incluyendo ecosistemas, comunidades e instituciones) para ajustarse oportunamente a los efectos climáticos, o si las obras de infraestructura de distintas escalas que se llevaron a cabo simplemente actuaron sobre los síntomas sin transformar positivamente las causas del desastre.

El paso más importante que está dando Colombia hacia la adaptación para el cambio climático es el proceso de paz.

Si una persona debe acudir reiteradamente al gastroenterólogo porque sufre episodios de diarrea intercalados con episodios de estreñimiento, no puede quedar tranquila con que le suministren alternativamente “corchos” y laxantes de manera indefinida.

El Niño 2015-2016 está dejando en evidencia algo que también quedó claro tras La Niña en 2012: ni el Sistema Nacional Ambiental (SINA), ni el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo (que nació con el Decreto 919 de 1989, hoy fortalecido con la Ley 1523 de 2012), que son las principales herramientas institucionales que tenemos para enfrentar el cambio climático, han logrado que el desarrollo del país avance de manera armónica con las naturaleza de los ecosistemas colombianos.

Un síntoma preocupante consiste en que los únicos proyectos que el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 considera como de Interés Nacional Estratégico –PINES- son aquellos de “alto impacto en el crecimiento económico y social del país”. Esto va en la misma línea del CONPES 3762 de 2013, que estableció nueve criterios para determinar si un proyecto tiene o no ese carácter, ninguno de los cuales incluye ni proyectos de gestión del riesgo ni de adaptación al cambio climático ni de afianzamiento de las comunidades en sus territorios.

Esto parece confirmar que la adaptación al cambio climático y la gestión del riesgo se conciben como un “airbag” que se instala en el timón del carro para que se infle a la hora de un choque, mientras que los presupuestos ordinarios del desarrollo se siguen invirtiendo en “aguardiente pa´l chofer”.

La Niña de 2010-2011 y el actual Niño confirman que resulta imperioso redefinir las prioridades de desarrollo, como vengo diciendo en Razón Pública desde comienzos de 2012.

Clima de paz

Ganado muerto por falta de agua en La Guajira.
Ganado muerto por falta de agua en La Guajira.
Foto: Agencia Prensa Rural

Hace 17 años el huracán Mitch azotó el istmo centroamericano y causó muy graves daños. La mayor parte de ellos se produjeron cuando Mitch ya se había “degradado” a tormenta tropical, debido a que su poder destructivo no radicó tanto en la velocidad de los vientos como en la cantidad de lluvia que portaba, así como en la trayectoria que determinó su prolongada permanencia sobre el territorio afectado.

La magnitud del desastre causado se debió a la gran vulnerabilidad del territorio en países que llevaban una década de guerra, lo cual redujo su capacidad para resistir los efectos de este fenómeno hidrometeorológico extremo.

De allí que el paso más importante que está dando Colombia hacia la adaptación para el cambio climático es el proceso de paz. Si se tiene conciencia efectiva de que no basta con hacer la paz entre actores humanos sino que hay que involucrar al agua, a los suelos, a los ecosistemas y a la biodiversidad como actores activos del posconflicto, seguramente estaremos en mejores condiciones para enfrentar los desafíos del cambio climático.

Posdata:

Me ha alegrado mucho saber que “oficialmente” se descarta esa presunción errónea según la cual “Colombia es el tercer país más vulnerable del mundo al cambio climático” .

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.
twitter1-1@wilcheschaux

 

Escribir un comentario

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia)con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Que incorporen contenido racista, sexista, homofóbico o discriminatorio por razón de nacionalidad,sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad.
4. Que hagan directa o indirectamente apología del terrorismo o de la violencia.
5. Que apoyen diferentes formas de violación de derechos humanos.
6. Que incluyan contenidos o enlaces que puedan ser considerados como publicidad disfrazada, spam o pornografía.
7. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Ximena Ordóñez
0 # EstudianteXimena Ordóñez 14-10-2015 12:00
La mayor parte de los riesgos son causados por obras que hace el Estado por la falta de planificación, vocación de servicio y compromiso son el pueblo. En los Estados no deben permitir que el "desarrollo" esté sobre el bienestar real de la comunidad.
En Bogotá, en el barrio El Cortijo (Engativá) la CAR, SDA, Ministerio de ambiente y la EAB quieren destruir una reserva natural de 113h, que tiene un humedal y un bosque, para construir la Planta de Tratamiento El Salitre. Una obra que no descontaminará el río Bogotá pero dañará los ecosistemas que lo integran.
La reserva además está ubicada en el valle de inundación del río.
En el humedal viven especies endémicas de la Sabana y recibe especies migratorias del norte y del sur de Ámérica. www.facebook.com/.../
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Angelusyba
0 # AgradecimientoAngelusyba 23-02-2016 06:40
Querido profe, como siempre mil y mil por sus aportes!
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

Especial radiografia de la corrupción IX

El Valle del Cauca (segunda parte): política y corrupción en las ciudades

Cali, Colombia.

Javier DuqueEn treinta años han sido investigados –y a veces condenados– por corruptos más de veinte alcaldes y una gran cantidad de funcionarios de las grandes, medianas y pequeñas ciudades de un departamento que tiene fama merecida de pujante y de moderno.  

 Javier Duque Daza*

Compartir

Con tus redes sociales

Esta semana en Razonpublica