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El movimiento de Puerta del Sol sigue, se transforma, hace metástasis, porque estos jóvenes españoles están cargados de razones, de adrenalina y de esperanza. Y además son muchos. Ya no caben en un sistema oxidado que los excluye. ¿Se traducirá toda esa indignación en poder político real más allá de este verano?
Sus pancartas y eslóganes lo dicen casi todo:
- El pueblo unido funciona sin partidos.
- Millones de parados y ninguno callado.
- Si votas lo de siempre, te joden igualmente.
- ¡Manos arriba, esto es un… contrato!
- Si el aire fuera un banco, lo habrían rescatado
- ¿Por qué manda el mercado, si yo no lo he votado?
- Menos procesiones y más manifestaciones.
- No hay rebeldes sin causa, hay causas para rebelarse.
- Tenemos la solución: ¡banqueros a prisión!
- Un hipotecado es un esclavizado.
- Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por el culo?
- Menos recortes sociales, más recortes militares.
- Ley de extranjería para la reina Sofía.
- Izquierda y derecha, corrupción a toda mecha.
- ¿A quién quieres engañar? Yo también puedo pensar.
- Más educación y menos corrupción.
- El pueblo si no lucha, los políticos no escuchan.
- Esto no es una crisis, es una estafa.
- No nos mires, únete.
- Pienso, luego me indigno.
- Más empleo fijo y menos crucifijos.
- Si no nos vais a dejar soñar, no os vamos a dejar dormir.
- Me sobra demasiado mes al final del sueldo.
- Nuestros sueños no caben en sus urnas.
- Yo también estoy indignado: ¿follamos?
Festivos, irreverentes y multicolores, los indignados están sacudiendo a España y ya se asoman en París, en Berlín, en Lisboa, en Praga, en Budapest o en Atenas para expresar la protesta y la esperanza de los millones de jóvenes que han dejado de caber en el sistema (“no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”, se lee en otra pancarta).
Su indignación tiene blancos muy precisos: los banqueros que causaron la crisis, el mercado que los está destruyendo, los políticos y los partidos de todos los pelambres, la Iglesia, la monarquía, lo que suene a viejo.
Sus esperanzas son más difusas y se parecen a las de París en el 68:
- la imaginación al poder
- espacio para los sueños
- seamos razonables: ¡exijamos lo imposible!
- pienso, luego estorbo…
o tal vez más atrás, las de París en 1789: liberté, égalité, fraternité.
Pero no en vano son jóvenes educados y por eso en asambleas callejeras y en votaciones vía web han venido adoptando una especie de programa o plataforma política. “¡Democracia Real Ya!” –el nombre más o menos oficial del movimiento– tiene una doble implicación sustantiva: que la democracia política es democracia participativa y que sin democracia económica no hay democracia política.
De aquí se sigue una lista de propuestas concretas y, digamos, realistas, como pedir
- que los muy viejos se jubilen para darles trabajo a los más jóvenes,
- que las viviendas se puedan devolver en pago de las hipotecas,
- que se subsidie a las empresas que creen empleos formales,
- que aumenten los impuestos para los ricos,
- que se regule mejor la banca,
- que se restrinja el uso de carros particulares,
- que se renuncie a la energía atómica,
- que el Ejecutivo no intervenga en la escogencia del Tribunal Constitucional,
- que regresen las tropas de Afganistán,
- que haya voto preferente o circunscripciones unipersonales,
- que se nacionalicen los bancos rescatados por el fisco, o
- que se ponga un impuesto a las transacciones internacionales (la llamada “tasa Tobin”).
Estas propuestas corresponden muy bien a la base social del movimiento de los indignados: al ¡45! por ciento de los jóvenes españoles que hoy están desempleados, a los estudiantes que no ven futuro (“limpio tu coche con mi diploma”) a los trabajadores precarios, los “mileuristas” que tienen que apañárseles con salarios de hambre (“Violencia es cobrar 500 euros”), a los migrantes latinoamericanos, euro-orientales y africanos que están siendo expulsados, a profesores universitarios y amas de casa que no dan abasto. Se parecen a Mayo del 68. Pero no se parecen porque son más concretos, más pedestres y menos soñadores. Se parecen a los jóvenes que tumban gobiernos en el mundo árabe. Pero no se parecen porque en España no existe una dictadura. La derecha los teme por iconoclastas y la izquierda los rechaza porque no son comunistas ni son anti-consumistas. Son jóvenes que no caben.
- Su mérito es haber re-descubierto la política.
- Su trasfondo es la insostenibilidad ya irremediable del Estado Benefactor en una Europa que hace años dejó de ser competitiva.
- Su desafío es llegar al poder para cambiar las cosas –“Tenemos Sol, ahora la luna”. Y esto supone lanzar candidatos o entrar en el juego contra el cual protestan y que viene a hacer el único realmente posible y efectivo: el de las elecciones, el de la vieja, pero insustituible, democracia representativa.
* El perfil del autor lo encuentra en este link.
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Hernando Gómez Buendía*
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