La gran ironía: el racismo en la presidencia de Obama

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

el presidente Barack Obama dando un discruso

Sandra Borda

Una pesada herencia de esclavitud, apartheid legal, estereotipos, miedos, desigualdad y abundancia de armas se conjugan con un presidente paradójicamente maniatado por ser negro para agravar la crisis en Estados Unidos.

Sandra Borda G.*

El contraste

Cuando Barack Obama llegó a la presidencia de Estados Unidos, muchos optimistas -de allá y de aquí- se apresuraron a afirmar que el fin del racismo en ese país estaba cerca y algunos incluso empezaron a hablar de una sociedad post-racial.

La cosa no era para menos: se trataba del primer presidente negro en la Casa Blanca y en una sociedad donde el dominio racial blanco se había sostenido por décadas a través de mecanismos formales e informales, vedados o explícitos.

Sin embargo, paulatinamente fue quedando claro que a pesar de la presidencia de Obama, la cuestión racial estaba lejos de resolverse. Por el contrario persisten las formas de discriminación que no por sutiles son menos contundentes y efectivas.

Si bien hoy hacen parte del pasado las leyes conocidas bajo el nombre genérico “Jim Crow” -que en Estados Unidos regulaban la segregación racial en lugares públicos hasta mediados del siglo XX - su legado de discriminación y dominación racial es ahora más  palpable que nunca.

Las muertes de varios ciudadanos afroamericanos desarmados a manos de policías en desempeño de sus funciones, y la impunidad que implicaron los juicios en cada una de estas instancias, demuestran que el problema racial en Estados Unidos sigue vivito y coleando.

Dimensiones de la discriminación

No importa de qué tema se hable o de a qué lugar del país se haga referencia, la raza es un predictor clave de qué tan bien le va a la gente en Estados Unidos. Esta es una de las conclusiones incontrovertibles de los estudios sobre discriminación racial en ese país. Los ejemplos abundan:

- A las personas negras se les ofrece (y aceptan) salarios más bajos que a los blancos;

- Los blancos tienen mayores ingresos porque están concentrados en ocupaciones gerenciales, profesionales o ejecutivas, mientras los negros e hispanos trabajan frecuentemente en el sector de servicios y se concentran en labores con salarios muy bajos;

- El acceso a la educación de calidad es diferenciado de acuerdo con el origen racial de las personas;

- La proporción de estudiantes negros expulsados o suspendidos por el sistema escolar es más alta que la de estudiantes blancos;

- Según el Bureau of Justice Statistics, la probabilidad de que un afroamericano  vaya a la cárcel durante su vida es 32 por ciento, mientras la de un blanco es  6 por ciento;

- Los negros reciben en promedio sentencias un 10 por ciento más largas que las de los blancos por cometer exactamente los mismos delitos;

- En Nueva York el 80 por ciento de las requisas policiales se les practican a negros y latinos, mientras que solo un 8 por ciento de la población blanca es sujeto de estas prácticas. 

- Y sigue un triste etc., porque la lista es interminable.

En semejante escenario de discriminación estructural, los casos de Trayvon Martin, Michael Brown, Eric Garner y tantos otros han vuelto a poner sobre la mesa el debate alrededor de la cara más peligrosa y más fea de la segregación: la del papel de la Fuerza Pública en la aniquilación del otro en razón de su raza.

Para entender este fenómeno, el análisis tiene que ir más allá de la discriminación material y examinar el alcance de la discriminación cultural o inmaterial.

Protestas en Nueva York por el asesinato de Eric Garner cometido por oficiales de la policía.
Protestas en Nueva York por el asesinato de Eric Garner cometido por oficiales de la
policía.
Foto: Event Photos NYC

El componente cultural

Como herencia de la esclavitud y de la segregación institucionalizada a lo “Jim Crow”, la imagen del hombre negro ha sido construida o y definida socialmente como la de un ser inferior, y demonizada mediante mitos como la “irracionalidad” o la “brutalidad” de esta “raza”, entendidas en un contexto de viejos o nuevos estigmas como el de “matones de cuadra” (thugs en inglés) sin ninguna educación.

Como sugiere Eternity Martis, el hombre negro se ha convertido en la representación de la violencia en Estados Unidos y la cultura pop -en la televisión, el cine, la música y demás- solo  ha contribuido a reforzar esta percepción.

El hombre negro, como sujeto asociado constantemente con el atraco, la venta de drogas, la violación y otros delitos, se encuentra vulnerable e inmune frente a una Fuerza Pública que se alimenta de esos mismos miedos, exacerbados por una sociedad donde el  miedo al “otro” y la sensación de ser amenazado son tan prevalentes.

Así las cosas, las tensiones son enormes y es difícil superar los prejuicios en la interacción cotidiana entre personas o grupos de distintas razas. Y si el tema de la posesión de armas se suma a esta ecuación, el asunto se complica todavía más.

Armas y discriminación racial

Uno de los argumentos más interesantes y -más serios- a raíz de los asesinatos recientes de jóvenes negros desarmados, fue el que propuso Matt Yglesias en la página web Vox.

Yglesias sugiere que, en el primer mundo, Estados Unidos es el lugar donde ocurren  más muertes debidas a disparos de policías (409 durante el 2012, último dato disponible, seguido por Alemania con apenas 8 muertes). Sin embargo las sociedades europeas han sufrido problemas de discriminación racial incluso más profundos que Estados Unidos: por lo tanto, la explicación puede tener más que ver con la tenencia de armas por parte de civiles que con las tensiones raciales como tales.

Según Yglesias, una población civil excesivamente armada produce más muertes de individuos desarmados a manos de policías, debido a dos razones fundamentales:

1. Los policías tienen que estar en alerta ante la cada vez más alta probabilidad de estar haciendo frente un individuo armado. Eso hace que sus protocolos de actuación ante los sospechosos tengan más probabilidad de acabar en el uso de la violencia armada.

2. Si los civiles están cada vez mejor armados, la Policía también tiene que estarlo y esto lleva a más frecuencia de situaciones letales como la de Michael Brown en la ciudad de Ferguson (estado de Misouri).

Si a lo anterior se añade el sesgo contra las minorías étnicas a la hora de adelantar requisas policiales, la consecuencia inevitable viene a ser una alta tasa de ciudadanos afroamericanos desarmados asesinados por la Policía.

Hombres negros libres ejercen su derecho al voto en Nueva Orleans en 1867. Pintura antigua
Hombres negros libres ejercen su derecho al voto en Nueva Orleans en 1867.
Foto: Wikimedia Commons

La encrucijada de Obama

La combinación de los factores antedichos ha llevado a Estados Unidos a un callejón cuya salida parece ser muy estrecha. El liderazgo de Obama en la materia ha sido más bien parco y -como jefe de toda la nación- se ha visto obligado a proponer un discurso conciliador pero algo tibio.

El presidente ha reconocido los miedos, las angustias y la ira de ambos lados del espectro racial y político, y ha llamado a la calma, pero ha evitado mostrar algún nivel de indignación por lo que una buena parte del país interpreta como formas descarnadas de discriminación y de dominio blanco sobre un grupo racial minoritario y altamente vulnerable.

Pero no tiene alternativa: Obama ha sido juzgado de manera insistente (cuando no obsesiva) como uno de los presidentes más divisivos y polarizantes en Estados Unidos y se le acusa de no haber lograr el consenso bipartidista (así este sea imposible a todas luces). Y las muertes de ciudadanos negros desarmados en manos de la Policía no pueden ser usadas por él para profundizar divisiones de las que ya se le acusa injustamente.

Obama mismo ha sido objeto de discriminación cuando se le ha acusado de no ser ciudadano estadounidense o cuando se dice que es musulmán, y ni en esas ocasiones cedió a la tentación de polemizar con sus contradictores.

Ahora que están en juego las elecciones presidenciales y la posibilidad de que los demócratas se queden en la Casa Blanca, tampoco lo hará y ello tiene muy molestas a las organizaciones que defienden los derechos de la minoría afroamericana en Estados Unidos.

Como sugiere Ezra Klein, después de una administración y media, la Casa Blanca ha aprendido que, por mucho que lo intente, Obama no puede construir puentes que curen las divisiones existentes en la sociedad de Estados Unidos. Al contrario, cualquier cosa que haga o deje de hacer está inevitablemente destinada a profundizar estas diferencias.

Tristemente, la llegada de un presidente negro a la presidencia de Estados Unidos hizo poco por superar las múltiples formas de segregación racial en ese país, y más bien contribuyó no solo a hacerlas más difíciles sino a poner en evidencia el largo y complicado camino por el que tendrá que caminar la gran potencia si quiere superar su problema más endémico.

 

* Directora del Centro de Estudios Internacionales (CEI) y profesora asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes.

 

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Comentarios  

fifa1966
0 # Confundiendo las cosasfifa1966 20-12-2014 11:48
Si bien hay una discriminación por el color de piel a la hora de escalar socialmente tambien hay una criminalidad mas alta entre los afroamericanos. Los casos publicitados como asesinatos raciales han sido enfrentamientos donde los sospechosos de una u otra forma se han resistido al arresto o han realizado acciones amenazantes, no eran ciudadanos del común pasando por ahi. Creo que esas personas no solo lo mejor de los afroamericanos y defender el fin del racismo con base a ellos simplemente ratifica los estereotipos que se tienen sobre las personas de una u otra raza. Hay mucha diferencia entre el caso de Rosa Parks al de Michael Brown y creo que están pecando los defensores de la igualdad al tratar de equiparar situaciones tan dispares bajo el rotulo de racismo.
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