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Campesinos colombianos

Monica  HernandezEste libro explica cómo la llegada del capitalismo a los territorios campesinos puede cambiar –muchas veces para mal– la vida y las relaciones sociales de quienes habitan estos territorios. ¿Cómo ocurre este cambio? ¿Cuáles pueden ser sus efectos?

Mónica Hernández*

Land´s End: Capitalist Relations on an Indigenous Frontier
Tania Li
Duke University Press
2014

El fin de la tierra

“No queremos campesinos presos. Queremos campesinos propietarios” declaró hace casi un año Miguel Samper Strauss, director de la Agencia Nacional de Tierras, a uno de los periódicos de circulación nacional.

El director hacía referencia a los programas que ofrecen alternativas de comercialización a los campesinos que participan en el mercado de hoja de coca y otros cultivos ilícitos. Pero dejando a un lado el posible análisis sobre la economía de esos cultivos, la idea de un país de “campesinos propietarios” merece ser objeto de una más seria reflexión en Colombia.

El fin de la tierra: relaciones capitalistas en una frontera indígena, el libro de Tania Li, ofrece varios elementos útiles para dicha reflexión. Este texto plantea “el fin de la tierra” en un doble sentido: como la extinción o agotamiento de un recurso productivo, pero también como un recurso que tiene un objetivo, un fin.

Tierra y capitalismo

Portada del libro: Land´s end: Capitalism relations on an Indigenous frontier.
Portada del libro: Land´s end: Capitalism relations
on an Indigenous frontier.
Foto: Universidad de Toronto

La riqueza etnográfica del texto, las historias que ayudan a la autora a sustentar sus argumentos, permite ver el modo como los habitantes de las tierras altas de Sulawesi, Indonesia abandonaron las prácticas tradicionales de producción y de manejo de las tierras para acoger prácticas capitalistas.

Después de haber tenido acceso a tierras comunales, a la posibilidad de cultivar dichas tierras y de participar en mercados, algunos habitantes decidieron acogerse a un modelo capitalista competitivo. Este modelo los integraba, al menos idealmente, en la modernización capitalista de la nación mediante el reconocimiento de la propiedad privada, la producción comercial y la mercantilización de las relaciones laborales.

La transformación de las relaciones tradicionales en relaciones capitalistas ha sido ampliamente analizada. Los efectos de estas transformaciones han sido puestos en evidencia por estudios antropológicos que dan cuenta de sus impactos sobre la vida cotidiana de las personas.  Pero lo más valioso del texto de Li es la descripción detallada que hace del momento en el cual ocurre la transformación de dichas relaciones. La autora nos acerca a las historias cotidianas y a las sutiles modificaciones en el orden social que permiten consolidar las relaciones capitalistas y los sistemas competitivos donde ya es posible manejar la tierra como un fondo común, con ingresos potenciales para todos los miembros de la comunidad.

Así se acabó la tierra como recurso para esta población de Indonesia: por medio de la división de predios que se llevó a cabo para convertirlos en propiedad privada. También mediante la compra y acumulación de predios por parte de los nuevos propietarios que los usaron para aumentar la producción que vendían en el mercado.

Pero la tierra como recurso también se acabó en la medida en que los habitantes empezaron a verse entre sí como triunfadores o perdedores en estas nuevas relaciones, como exitosos emprendedores o como individuos incapaces de tomar decisiones de negocios. Fue para estos últimos para quienes la tierra llegó a su fin porque no lograron erigirse como propietarios, como los propietarios que reclama el director de la Agencia Nacional de Tierra en Colombia.  

Propietarios y trabajadores

Miguel Samper Strauss, Director de la Agencia Nacional de Tierras
Miguel Samper Strauss, Director de la Agencia Nacional de Tierras
Foto: Agencia Nacional de Tierras.

En estas nuevas condiciones la tierra se convirtió en un signo de prestigio. La capacidad de adquirir nuevos predios permitió también ejercer la agricultura comercial que producía  más ganancias para  destinarlas a modificar las viviendas, adquirir más bienes de lujo y, en general, a proyectar una imagen distinta ante la comunidad.

La jerarquía que se fue consolidando en las relaciones entre habitantes de la montaña y habitantes de las costas muestra el fin de la tierra como recurso.

La autora se esfuerza en demostrar que las relaciones capitalistas no ingresaron en esta comunidad como una imposición externa. Li argumenta que antes de que se arraigara la competencia propia del capitalismo, se habían establecido relaciones de mercado, propiedad privada de la tierra y venta de mano de obra.

No obstante, estos no necesariamente eran recursos que circulaban libremente de acuerdo con las presiones del mercado. En efecto, quienes producían excedentes para el mercado tenían ganancias, pero solo al extenderse el régimen de competencia los campesinos   buscaron maximizar estas ganancias por medio de una producción más eficiente.

Los títulos de propiedad, que buscan encerrar porciones de tierra, volverla estática y cuantificable, provocaron un cambio profundo en las relaciones de las comunidades que acabó por afectar a todos sus habitantes. Algunos se mantuvieron en pie, mientras otros adoptaron modos precarios de vida, donde a veces ni siquiera su fuerza de trabajo les servía para sostenerse.

Estos últimos no fueron reconocidos ni siquiera por los activistas de movimientos sociales apoyados por organizaciones no gubernamentales y por agencias de cooperación internacional. Los etiquetaron como individuos perjudicados por sus propias decisiones equivocadas, pero no como sujetos que podrían hacer parte de proyectos de desarrollo alternativo.

En este punto, Li reta la imaginación antropológica con respecto a la construcción de identidades diferenciadas que nos permitan dejar a un lado la idea tradicional de campesino o de sujeto étnico y que nos ayuden a entender qué significa realmente ser habitante rural y ser propietario en el campo.

En conclusión, el libro de Tania Li propone una interesante reflexión acerca de las transformaciones que provoca el capitalismo en las relaciones y en la vida de las personas. Como ella misma afirma, su interés es mostrar un punto exacto en el tiempo, el punto en el que dichas modificaciones ocurren.

Pero el interés no es únicamente servir de testigo del momento del cambio. La autora se concentra deliberadamente en el hecho de que para algunos este proceso de transformación tiene consecuencias nefastas que no se resuelven con el paso del tiempo.

 

* Estudiante de Geografía en Rutgers University. New Jersey, Estados Unidos.

 

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