Edición semanal lunes 14 de agosto de 2017

Estados Unidos y su propio problema de drogas

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Drogas psicoactivas

Ricardo VargasLa idea de responsabilizar a los países productores (y que Pence seguramente viene a repetir), está tomando fuerza en Estados Unidos y nos haría volver a la mano dura. Pero las estadísticas indican que el quid de la cuestión hay que buscarlo allá.    

Ricardo Vargas M.*

Presupuesto General de la Nación 2018: ¿ajuste exitoso y repunte en marcha?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Análisis presupuestal para el 2018.

Jorge EspitiaCon las cifras en la mano aquí se muestran el impacto recesivo del presupuesto, su inflexibilidad, la insuficiencia de la última reforma tributaria, la magnitud del compromiso con la paz… y la necesidad de una nueva y verdadera reforma.

Jorge Enrique Espitia*

¿Excarcelación masiva de delincuentes?

(Tiempo estimado: 4 - 7 minutos)

Presos en Colombia.

Carolina VilladiegoJuan Sebastián HernandezEsta medida -que sin duda causa alarma y crea problemas- ayudará a mitigar los daños que produce la incapacidad del Estado para prestar este servicio básico. Seis precisiones necesarias sobre una Ley que ha sido muy mal entendida.  

Carolina Villadiego Burbano* - Juan Sebastián Hernández*

Córdoba: clientelismo, poderes regionales y construcción estatal

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

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Alcalde de Montería, Marcos Daniel Pineda García.

Julian BarbosaEl clientelismo es la base de la relación entre los colombianos y el Estado local o nacional. Y las élites respectivas son los intermediarios. Este libro aborda un fenómeno que apenas suele denunciarse como expresión de realidades más profundas.  

Julián Barbosa*

Poderes regionales, clientelismo y Estado: etnografías del poder y la política en Córdoba, Colombia
Gloria Isabel Ocampo
Odecofi-CINEP
2014

Una perspectiva diferente

El libro Poderes regionales, clientelismo y Estado: etnografía del poder y la política en Córdoba, Colombia de la etnóloga Gloria Isabel Ocampo es un buen recurso para comprender las relaciones entre el Estado central, regional y local.

Gracias a un trabajo riguroso sobre fuentes primarias –principalmente entrevistas a líderes políticos y sociales– y secundarias, así como a una extensa revisión de la bibliografía acerca de la teoría del Estado, poderes y región, este libro rompe con las interpretaciones tradicionales del Estado.

Esto se debe a que entiende que dentro del Estado existen poderes paralelos que, como consecuencia de formas de sociabilidad política propias de cada territorio, complementan –y a veces sustituyen– a las instituciones locales.

Ocampo muestra cómo gracias a los votos que pueden aportar los departamentos se realizan negociaciones entre el centro nacional y las regiones para el manejo de los presupuestos y de la burocracia. Uno de los elementos más interesantes del texto es no quedarse en la denuncia de los políticos corruptos, sino mostrar cómo funcionan las relaciones de poder entre el Estado y las regiones.

La autora expone diversas caras del clientelismo. Por ejemplo explica cómo este resuelve necesidades urgentes de los territorios a la vez que asegura la supervivencia política y económica de los políticos. El clientelismo es, entonces, una forma de dialogar con el Estado, de lograr derechos y de acceder a los recursos estatales.

Los escenarios que muestra el libro sirven para entender el Estado más allá de sus instituciones. El Estado es un “sistema de flujo de poderes” por el cual luchan partidos y poderes legales e ilegales en los territorios. Más allá de quedarse con las definiciones monolíticas, Ocampo sostiene que el clientelismo, la violencia y las lógicas territoriales no deben ser vistas como anomalías sino como el resultado de procesos históricos, de la manera como los territorios se han ido inscribiendo en el Estado-Nación.

Poder, élites y clientelismo

Bernardo Miguel Elías, “Ñoño Elías”.

Bernardo Miguel Elías, “Ñoño Elías”.  
Foto: Senado República de Colombia

El clientelismo es la base de las relaciones entre el Estado y la sociedad. Las redes de poder construidas por las élites y el clientelismo con sus intercambios desiguales (entre élites y clientes) delinean el juego de poder en los territorios. De acuerdo con el estudio, en Córdoba las élites son complementos y sustitutos del Estado y, al mismo tiempo, una expresión del sistema político colombiano.

El clientelismo es, una forma de dialogar con el Estado, de lograr derechos y de acceder a los recursos estatales.

Es importante señalar que el contexto histórico y económico es uno de los factores que determinan los procesos de construcción del poder político. En Córdoba, por ejemplo, como resultado de la economía hacendataria se instauró un orden privado en donde se produjeron sociabilidades que llevaron a la formación de élites regionales y de sus respectivos subalternos en el marco de una economía asimétrica. La hacienda en Córdoba tuvo que articularse con los intereses de los “letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales”. Eso inmediatamente produjo un escenario de negociación obligada entre el Estado y esos actores.

Según Ocampo, el ejercicio de construcción del poder político está íntimamente ligado a la consolidación de las élites económicas. En Córdoba el poder económico está en la ganadería, el comercio y la agricultura industrial. Como resultado de la construcción del departamento sostenido por esas actividades económicas apareció la clase política local, que es quien sirve de intermediario entre el Estado y la población. Esa clase política heredó las prácticas del patronazgo agrario y del caciquismo, lo que la llevó a realizar prácticas clientelistas usando la burocracia y los recursos del Estado a cambio de votos.

Un elemento que debe ser tenido en cuenta es que Ocampo documenta que esas prácticas de la política local, y la clase política que las realiza, son irrelevantes para Bogotá. A las élites del centro solo les importan los electores locales, grandes o pequeños, en coyunturas políticas específicas, como la época de elecciones.

Para reforzar su argumento la autora toma como ejemplo el municipio de Sahagún, en donde “la función, los significados y los usos de parentesco y la localidad” hacen parte de la política regional. A pesar de los problemas socioeconómicos de ese territorio, de él han salido importantes jefes de la política departamental y nacional, y el municipio ha tenido un nivel de abstención bajo comparado con el del resto del país. No es coincidencia que los congresistas que tuvieron mayores cuotas en los cupos indicativos fueron Ñoño Elías y Musa Besaile, procedentes de este municipio y con las más altas votaciones en el departamento de Córdoba.

Una práctica arraigada

Plaza cultural de Córdoba.
Plaza cultural de Córdoba. 
Foto: Wikimedia Commons 

Pero, ¿qué hace que esos jefes locales sean tan poderosos y se mantengan en el poder? Ellos tienen acceso al Estado y a sus recursos, de modo que pueden distribuir los bienes y las oportunidades. El clientelismo se vuelve legítimo a los ojos de los ciudadanos si el político es capaz de resolver sus problemas cotidianos. La conducta del político importa poco si este logra cumplir y movilizar recursos para su clientela. En ese sentido, los criterios de legitimidad son diferentes y varían de acuerdo con las circunstancias.   

Por otra parte, los poderes regionales tienen una relación muy particular con el poder central. Ellos no son más corruptos que los políticos de Bogotá. Tampoco son antagonistas en el proceso de construcción del Estado. Al contrario, hacen parte del proceso, participan en la institucionalización de las regiones y en la articulación con el Estado, incluso si en ocasiones son rivales en escenarios locales.

El ejercicio pleno de la autonomía territorial implica un equilibrio entre las regiones. Sin embargo en Colombia el Estado distribuye a partir de “fundamentos político-geográficos”, y por esa razón se presenta el desequilibrio. El centro depende del poder electoral de los jefes regionales. Quien más votos tenga, mayor capacidad de negociación adquiere. ¿Por qué Chocó, Putumayo, Caquetá y Guajira están menos articulados con el Estado? Porque estos territorios tienen menos votos para los políticos en Bogotá.

La conducta del político importa poco si este logra cumplir y movilizar recursos para su clientela. 

Además de lo anterior, la autora analiza la irrupción del paramilitarismo en el departamento. Para ella, su aparición no trajo desorden. Al contrario, las prácticas de lo que llama “para-Estados” resultaron ser miméticas del Estado: los paramilitares fueron percibidos como complementarios o sustitutos del Estado. Sin embargo, el análisis de este fenómeno puede ser discutido por el uso de conceptos como el de parapolítica, más cercano al periodismo, que podría simplificar la discusión acerca de las disputas del poder político y la presencia de actores armados en la región.

Más allá de las reflexiones sobre el clientelismo, los poderes regionales y el Estado, el estudio de Ocampo es pertinente porque ayuda a comprender nuestro sistema político. Para esto es necesaria la mirada local y regional, sumada a una perspectiva histórica, pues las lógicas de poder de los territorios se han acomodado y reproducido en las instituciones estatales nacionales (como ocurrió en el caso del paramilitarismo).

Los escenarios regionales son entonces una parte fundamental del Estado colombiano. Córdoba es un ejemplo y Ocampo es contundente al respecto: “Córdoba no representa una excentricidad de la política ni lo contrario de lo que debe ser el Estado sino, más bien, expresa características de lo que es el Estado y permite captar sus condicionamientos, sus límites y sus dinámicas”.  

La aproximación que propone la autora convierte su libro en una lectura obligada para entender el caso colombiano, pues es en lo local donde se manifiestan lo que ella llama las fisuras, las desviaciones y las declinaciones del poder y del Estado.

Córdoba es una muestra de que el poder no ha cambiado desde el siglo XIX. El paramilitarismo y el uribismo son la expresión de viejas disputas por el poder regional. Después del “desorden” de ese período, a punto de entrar a la segunda década del siglo XXI, puede verse que en Córdoba el Partido Liberal y el Partido Conservador mantienen su vigencia y están en manos de las familias de los fundadores de comienzos del siglo XX. Ha pasado un siglo y hemos sido testigos del proceso de modernización del Estado: pero a pesar de eso las prácticas clientelistas siguen tan vivas como antes.

 

* Investigador del Centro de Pensamiento www.AlaOrilladelRío.com, historiador y politólogo de la Universidad de los Andes, magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional, docente de la Universidad de San Buenaventura.

 

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