RazonPublica.com - Para saber en serio lo que pasa en Colombia

Umbral electoral y coaliciones en Colombia: de la atomización partidista a la existencia de dos polos

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Yann Basset razonpublicaLa democracia colombiana necesita claridad y para eso deben existir dos grandes polos que compitan por los votos. Para eso es necesario mantener el umbral electoral y prohibir las coaliciones oportunistas. Un argumento riguroso y polémico.

Yann Basset*

Umbral electoral y minorías

El debate sobre el aumento del umbral electoral del 2 al 3 por ciento para Senado y la posibilidad de permitir coaliciones en las elecciones legislativas para llegar a ese umbral, está basado en argumentos oportunistas:

  • Las fuerzas políticas amenazadas con perder su cuota en los cuerpos legislativos protestan porque consideran que la medida aplastará a las minorías.
  • Los que se sienten a salvo, aunque no lo digan, ven con buenos ojos la posibilidad de recuperar estas cuotas de las fuerzas minoritarias. 

Los lamentos de las minorías políticas parecieron encontrar eco y apoyos entre varios analistas, y hasta la propia Corte Constitucional esta semana aceptó estudiar la demanda contra el aumento del umbral interpuesta por el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA). 

¿Pero qué tan perjudicial sería en realidad la desaparición de las minorías políticas? En este artículo argumento que no necesariamente lo es, que el umbral puede constituir un nuevo avance hacia un sistema de partidos representativo, y que el remedio de las coaliciones habría podido tener o tendría consecuencias desastrosas.

 

Partidos grandes y representativos

El aumento del umbral es en realidad una continuación de las reformas políticas que Colombia ha venido adoptando desde 2003 y que apuntan a construir un sistema representativo de partidos. 

Como Felipe Botero explicó hace poco en Razón Pública, las reformas en efecto ayudaron a tener partidos grandes, pero no por eso fuertes. Su funcionamiento interno deja mucho que desear, pero al menos tienen el mérito de existir. Atrás quedó la extrema atomización del final del siglo pasado, cuando la representación política se volvió sencillamente ilegible por la proliferación de etiquetas que no significaban nada para los electores. 

Ahora la pregunta es ¿Cómo hacer para que estas organizaciones grandes se vuelvan  representativas y encuentren la confianza de los electores? 

 

No es por el lado de las ideologías

Algunos piensan que la coherencia o identidad de los partidos necesita que cada uno de ellos defina de manera más precisa su ideología o sus programas. La intención es loable, pero me temo que esta vía conduzca directamente a la decepción, porque apunta hacia un modelo de partido que probablemente ya desapareció en todo el mundo: el partido de masas. 

Los conocedores de los sistemas políticos de América del Norte o de Europa reconocen que la coherencia de los partidos contemporáneos no siempre es evidente. Esto no significa que debamos contentarnos con partidos puramente oportunistas, que cambian de orientación en forma imprevisible o que diseñan sus propuestas al calor de las encuestas del momento. Sencillamente hablamos de partidos formados alrededor de grandes líneas o principios orientadores, lo cual les da flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios en el medio donde actúan.

Por eso no hay que cifrar demasiadas esperanzas en el aumento de la disciplina ideológica. El remedio para la falta de identidad de los partidos debe buscarse por el lado del sistema de partidos más que dentro de cada partido. 

yan basset democracia bipolar electores elecciones
Reformas implementadas desde el año 2003
apuntan a un sistema partidario representativo.
Foto: Globovisión

 

Un sistema de dos polos

¿Qué es un sistema representativo de partidos? Para ahorrarnos discusiones bizantinas, convengamos en que “representatividad” significa que la gran mayoría de los electores  sientan cierta identificación con un partido del sistema. Para que esto ocurra, el sistema en su conjunto tiene que funcionar de manera razonablemente coherente y previsible, y lo que da esta coherencia y previsibilidad es la existencia de dos polos – uno mayoritario o de gobierno y el otro de oposición, para que puedan alternarse en el poder. 

Lo anterior no necesariamente significa bipartidismo, sino una frontera claramente identificable entre dos grandes bloques: el que apoya el gobierno de turno, y el que le hace oposición.

En la actualidad esta frontera dista de ser clara. El partido Verde, el Partido de Integración Nacional (PIN) y, en menor medida, el Partido Conservador, vacilan entre las dos posturas, mientras otras fuerzas minoritarias como el MIRA parecen reacias a ubicarse de uno u otro lado. 

La bipolarización supone ciertas condiciones básicas: 

· La frontera tiene que ser estable. La figura de las coaliciones suele ser una manera de borrar esa frontera para una elección específica o en un contexto especial. Puede ocurrir así que una fuerza política apoye al gobierno nacional al mismo tiempo que en ciertos municipios o regiones hace alianza con los partidos adversos a ese gobierno. O que la lista de unidad entre los socios de la coalición acabe por incluir nombres de adversarios  en la campaña o en la administración pasada. Y así por el estilo.

Este tipo de enredos confunde al elector bastante más que la real o aparente   incoherencia programática o ideológica. La identidad de un partido se define con más claridad por sus alianzas que por sus propuestas.

· La frontera tiene que permitir la alternación. Si los mismos partidos se encuentran siempre del mismo lado de la frontera, en efecto no existe la capacidad del elector para elegir es decir, para premiar y castigar.

Estas dos condiciones configuran un sistema de partidos que funciona como tal y que puede suscitar la identificación del electorado a través de la experiencia acumulada, más que a través de promesas y discursos de coyuntura.

La existencia de dos polos es la clave de la representatividad en la mayoría de las democracias modernas. Colombia está todavía lejos de este funcionamiento bipolar, aunque debemos mirar también el vaso medio lleno. Pero preocupa que todas las propuestas formuladas  para “salvar a las minorías políticas” representan un retroceso.

 

Las minorías no tienen que ser partidos

Derogar o reducir el umbral - que aún en 3 por ciento es inferior al que existe en otros países- significaría defender las minorías a costa de la bipolaridad del sistema de partidos.

Esto puede justificarse a nombre de una representación específica para minorías religiosas o étnico-culturales, cuyos intereses son difíciles de negociar en la esfera política. Por eso donde existen grandes divisiones nacionales o étnico-culturales (como en Suiza), la democracia puede tener un funcionamiento no mayoritario. 

Pero ese no es el caso de Colombia --ni de la gran mayoría de los países—donde los intereses de aquellas minorías pueden ser garantizados por otras vías -en particular la vía jurídica-, y donde ellas pueden adquirir peso y visibilidad si se inscriben en uno de los dos bloques.

Esto empezaba a ocurrir en Colombia cuando el sistema se acercó más a la bipolaridad,  durante el segundo gobierno de Uribe (2006-2010):

· Los intereses de agrupaciones cristianas tendieron a acercarse a la coalición de gobierno mediante congresistas afines dentro del Partido Social de Unidad Nacional; 

· Una parte de la representación indígena se acercaba a la oposición a través del Polo Democrático. 

 

¿Y la izquierda?

Por su parte las minorías propiamente políticas -en particular los varios movimientos u organizaciones de izquierda- parecen ser simplemente una contradicción en los términos.  El propósito de un partido político es llegar al poder. Si no tiene vocación mayoritaria y se complace en una actitud de minoría, se trata de un grupo de presión y no de un partido político. 

Sin lugar a dudas la izquierda tiene un espacio que ocupar en el sistema de partidos de Colombia, pero para lograrlo debe asumir la vocación mayoritaria que a menudo le hace falta, y organizarse como un partido de gobierno. Es cierto que la persecución que ha sufrido a lo largo de la historia no ayudó, pero se trata de superar esta época.

 

Coaliciones momentáneas

Por otra parte, permitir coaliciones para una elección específica es la manera más segura de borrar la polarización y confundir a los electores. 

Desde este punto de vista, la experiencia de las elecciones locales de 2011 parece muy negativa. Florecieron los afiches de campaña donde al lado de la foto en grande de un candidato a alcalde o gobernador, aparecía un puñado de pequeños logos de partidos reunidos en las combinaciones más improbables. Parecía que hubiéramos retrocedido a los años 1990, con sus partidos personales de nombres exóticos que aparecían y desaparecían en función de las necesidades electorales. 

Autorizar esta figura para los cuerpos colegiados, el lugar más natural para  la actuación de los partidos, daría al traste con la reforma política de 2003. No acabaría solo con la  posibilidad de un sistema bipolar, sino con los partidos. 

 

Hacia la bipolarización

El camino que nos falta es largo y es arriesgado. Cuando se está negociando la paz, tal vez no sea conveniente quemar etapas y sea preferible conservar cierto margen para un funcionamiento consensuado, no polarizado, del sistema.

Las críticas más serias en contra del umbral apuntaron a ese hecho. El gobierno Santos y su gran coalición de “Unidad Nacional” dieron reversa al proceso de polarización de la época de Uribe, en parte porque Santos le apuntó a la tradición y al facilismo, en parte con la intención más loable de lograr la paz.

No obstante me parece que sería inconveniente perder el objetivo. El desafío es lograr una dosis adecuada de bipolarización para que la ciudadanía se sienta representada dentro del sistema de partidos, sin que esto degenere en una amenaza de retorno a la violencia política. 

Finalmente, se trata de aprender a gestionar pacíficamente el pluralismo. 

 

* Profesor y director del Observatorio de Procesos Electorales de la Universidad del Rosario Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

twitter1-1@yannbasset 

Escribir un comentario

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia)con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Que incorporen contenido racista, sexista, homofóbico o discriminatorio por razón de nacionalidad,sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad.
4. Que hagan directa o indirectamente apología del terrorismo o de la violencia.
5. Que apoyen diferentes formas de violación de derechos humanos.
6. Que incluyan contenidos o enlaces que puedan ser considerados como publicidad disfrazada, spam o pornografía.
7. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Compartir

Con tus redes sociales

Esta semana en RP