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Cali y el Valle vienen sufriendo un proceso avanzado de desinstitucionalización. Las elecciones pasadas estuvieron llenas de sorpresas. Una mirada de cerca al mapa político no permite sin embargo el optimismo, ni suponer que la crisis de gobernabilidad haya sido superada.
Desinstitucionalización de la política local
Mientras, en términos de alcaldías y gobernaciones, el Partido Liberal dominó en el conjunto del país, en el Valle del Cauca se produjo un fenómeno distinto: el Partido Social de Unidad Nacional (“U”) logró un total de once alcaldías y el Partido Conservador obtuvo otras ocho, de modo que estas son hoy las dos fuerzas políticas que predominan en el departamento.
Sin embargo, a mi manera de ver, lo más interesante es lo que sucede en el resto de los municipios: en el Valle del Cauca ha venido produciéndose un fenómeno de desinstitucionalización de la política, de suerte que – durante las dos últimas elecciones locales – ha surgido un número importante de movimientos ciudadanos que apoyan candidaturas espontáneas y ajenas a los partidos tradicionales, tanto en los municipios como en el departamento.
Para el período de gobierno que arranca en 2012, en el Valle triunfaron siete nuevos movimientos cívicos independientes y dos movimientos cívicos de nivel nacional. Municipios como Candelaria llaman la atención, pues para la Alcaldía no se presentaron candidatos de ningún partido político, sino que compitieron solamente aspirantes respaldados por distintos movimientos cívicos.
De otro lado, la fuerza política que respalda los proyectos del Partido de Integración Nacional (PIN) y del Movimiento de Inclusión y Oportunidades (MIO), obtuvo dos y cuatro alcaldías respectivamente, para un total de seis alcaldías. Sin embargo, no hay que olvidar que precisamente fue esta fuerza política la que impuso y ha demostrado que la desinstitucionalización de la política y la proliferación de partidos o movimientos “desechables” sí paga.
El abanico de nombres exóticos aún no se olvida: ADN, AFROVIDES, PIN, MIO, etcétera. Lo importante es el mensaje: en el Valle es posible y quizás deseable llegar al poder sin el aval de un partido político tradicional. Pues finalmente, el Partido Liberal obtuvo apenas tres alcaldías, Cambio Radical dos, el Partido Verde una y en tres municipios funcionaron las coaliciones.
Una derrota del gobierno nacional
Resulta interesante contrastar el resultado en las municipales con el de las elecciones para la gobernación del Valle.
Como se recordará, el gobierno nacional apostó todas sus fuerzas a la candidatura del Partido Liberal en cabeza de Homero Giraldo, así muchos se preguntaran por qué no había apoyado la candidatura del Conservador Ubeimar Delgado. Viendo los resultados, esto hubiese sido más sensato.
Pero el momento político de ese entonces era otro, y en Palacio se estaba apostando a un gran resurgimiento del Partido Liberal en todas las regiones. Aquí encajan el nombramiento de Rafael Pardo como ministro, justo después de las elecciones, y el paulatino llamamiento de líderes liberales a integrar el gobierno Santos, en lo que a todas luces parece una estrategia reeleccionista que busca apalancarse en la fuerza de la maquinaria liberal (ahora sí, aceitada).
Escándalos y escándalos
Si en otros departamentos algunos alcaldes “electos” intentaron posesionarse desde la cárcel, en el Valle del Cauca varios de estos nuevos funcionarios tienen serios raparos concernientes a la financiación de sus campañas y a algunas inhabilidades presuntas.
Aquí debo recordar que durante el periodo pasado, el Valle del Cauca fue el departamento con mayor número de alcaldes destituidos, y que ad portas de las últimas elecciones fueron destituidos los alcaldes de Buenaventura y de Yumbo, sin olvidar la suspensión del alcalde de Cali por parte de la Procuraduría, cuando ya habían pasado las elecciones de 2011.
Para comprender la política local sería preciso analizar también las elecciones a la Asamblea Departamental y, por supuesto, las de Concejos Municipales. Tal análisis no cabe en este escrito, pero adelanto algunas observaciones
En el Valle ya comienza a hablarse de presiones sobre el Concejo de Buenaventura desde la cárcel de Barranquilla, con el fin de bloquear la gobernabilidad del alcalde liberal (palo para el MIO) y de incidir en nombramientos de los organismos de control, escenario que podría estarse repitiendo en otros municipios del departamento.
Igualmente, es interesante notar la manera como el gobernador Useche (MIO) ha venido nombrando a algunos de los candidatos perdedores del MIO en alcaldías, como es el caso de Héctor Copete, candidato perdedor a la alcaldía de Buenaventura.
Las fuerzas que representa Useche no solamente jugaron en las elecciones locales con nombres propios como MIO, PIN o AFROVIDES, sino que se aliaron con otros partidos o fuerzas políticas como es el caso del excandidato a la alcaldía de Cali por el Partido Conservador (Milton Castrillón), quien en Cali obtuvo una importante votación y soterradamente apoyó la candidatura de Useche.
En el caso de municipios como Palmira o Jamundí llaman también la atención las relaciones sostenidas por el candidato a la gobernación con candidatos de partidos como Cambio Radical o la U. Estas relaciones se desprenden del lugar que ocupa el Valle en la política nacional y de los nexos entre el actual gobernador y Vicepresidente Angelino Garzón, más el apoyo del sector empresarial vallecaucano al proyecto de mediano y largo plazo del presidente Santos.
Cali y el Valle ¿por fin al mismo ritmo?
En cuanto a la alcaldía, la preocupación por el tema de la seguridad obliga a concebir a Cali como un departamento o distrito especial y debe conducir a la adopción de políticas bien coordinadas para enfrentar el gran reto de las Bandas Criminales, la guerrilla y el narcotráfico que mantienen aquí sus operaciones.
La posesión del alcalde Guerrero ha despertado grandes expectativas entre los caleños. Públicamente ha expresado sus propias dudas ante el reto de convertirse en el alcalde más popular (obtuvo la victoria en el 95 por ciento de las comunas de Cali).
En cuanto a la administración departamental, no había comenzado siquiera cuando surgieron los escándalos en torno a posibles inhabilidades y al intento del candidato perdedor de boicotear jurídicamente la victoria de Useche. Superados por ahora estos escollos, Useche enfrenta las miradas del país entero por sus nombramientos en la administración departamental y en relación con sus primeras decisiones de gobierno, que comienzan a marcar distancia con el gobierno interino saliente.
En cuanto a los nombramientos, ya se han levantado unas cuantas cejas con nombramientos más políticos que técnicos y en algunos casos, la sombra de Barranquilla podría estar gravitando.
Una de las decisiones más difíciles que ha de tomar el gobernador concierne al tema de las vigencias futuras, que permite vislumbrar un problema de cronopolítica en el particular estilo vallecaucano, pues fue el intento de Abadía de perpetuar su poder, seguido por el intento de Lourido de deshacer en un tiempo limitado y con un poder limitado un asunto que finalmente alcanzaría a Useche.
En efecto. Las finanzas del departamento fueron muy seriamente comprometidas por las vigencias futuras que aprobó el destituido gobernador Abadía. El gobierno interino de Lourido trató de conciliar dichas vigencias con las firmas contratistas en el brevísimo tiempo que tuvo para resolver semejante problema fiscal, jurídico y político. El gobernador entrante atacó en su campaña la conciliación de dichas vigencias, oponiéndose así al gobierno interino, pero olvidando quiénes fueron sus autores. Y ahora el asunto está en el aire.
*Politólogo. Director Carrera Ciencia Política de la Universidad Javeriana Cali. Coordinador Misión de Observación Electoral Valle del Cauca.
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