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RazonPublica.com

El Ministerio de Protección Social, otro huevito que se rompe

(Tiempo estimado: 8 - 15 minutos)

ivan jaramilloAl nuevo Ministerio de Salud le toca acabar con el negocio para que exista salud y el nuevo Ministerio del Trabajo le toca generar negocios para acabar con el desempleo.

Iván Jaramillo Pérez

0001Excelente pero no 

El Ministerio de la Protección Social, MPS, pasará a la historia como una “bonita idea” o, mejor, como una “excelente idea”… que no funcionó. Desde su tumba Juan Luis Londoño estará preguntándose qué pasó, y seguramente estará intentando regresar con alguna explicación o una buena defensa. Así era él.

¿Cómo no va a ser por lo menos “hermosa” la idea de hacer un “Sistema de Protección Social” que garantice la tranquilidad integral y universal a toda la población ante los riesgos de desempleo, vejez, enfermedades de cualquier índole, cesantías, problemas profesionales, protección laboral y formación para el trabajo?

Pero dado que el concepto de seguridad social clásica se quedó corto, la teoría de la “Protección Social” ha pretendido ir más allá e incorporar bajo su tutela el Régimen Subsidiado de Salud, incluyendo los riesgos económicos de las enfermedades de alto costo, así como la pensión mínima para quienes coticen, la promoción social para niños, madres y ancianos, las cajas de compensación, las ayudas económicas a los ancianos indigentes, la garantía de alimentación para niños en las escuelas, la salud pública colectiva… etcétera, etcétera.

¿Qué pasó?

Sin negar que en todos estos campos hubo algunos avances, debe reconocerse que algo pasó, pues en las postrimerías del gobierno de Uribe los colombianos del “Estado de opinión” dijeron que los dos primeros problemas del país son el desempleo y la salud. Es decir, que el núcleo de los conflictos está en las dos grandes responsabilidades que en principio tuvo el MPS, producto de la fusión de los antiguos ministerios de Salud y Trabajo.

No es raro que el desempleo como problema haya desbancado del primer lugar a la inseguridad y la violencia en las prioridades de los colombianos. Pero es por lo menos curioso que la salud, que en las antiguas mediciones ocupaba un modesto quinto o sexto puesto, haya pasado al segundo lugar.

El derecho no es todo

Aparte de sus múltiples problemas, a la salud le ha pasado lo que le ocurre a los alcaldes cuando llegan a un municipio sin agua. La población les exige acueducto para todos. Cuando tienden los tubos, les dicen que el agua está muy sucia y contaminada. Entonces ponen filtros. Y cuando al fin logran que sea de buena calidad, los usuarios se quejan porque la tarifa es muy alta o porque los técnicos dicen que financieramente no es sostenible.

Esto significa que en administración pública la cobertura universal de los servicios es necesaria más no suficiente, que la calidad exigida por el usuario siempre será inferíos a la que se espera y que la eficiencia económica y sobre todo la sostenibilidad financiera son un complemento indispensable para que la obra quede completa.

Por eso no es raro,

1. Que los problemas de acceso efectivo a los servicios de salud sean hoy más importantes que la universalidad del derecho formal (casi todo el mundo tiene seguro);

2. Que los indicadores bajos de salud pública sigan en abierta contradicción con los indicadores altos del aseguramiento;

3. Que el acceso a los beneficios no contemplados en el Plan Obligatorio de Salud, No-POS, se convierta en algo más controvertido y deseado que el POS mismo; y

4. Que la tutela para unos pocos sea más importante que el carné para todos.

El otro panorama de la salud

Pero el problema estructural del sistema de salud parece estar definitivamente en el modelo de mercado impuesto bajo los principios de la competencia regulada, la cual dio quizá todo lo bueno que estaba en capacidad de ofrecer:

- Ampliación en la cobertura del régimen contributivo, y

- Mejoría en el acceso a condiciones más confortables de hotelería y quizá de atención al cliente (de hecho la medicina pre pagada perdió terreno).

Valió la pena incorporar a más de la mitad de la población sin capacidad de pago, o con menor capacidad, a un sistema de mercado en el aseguramiento subsidiado, en donde el pobre tiene al menos parcialmente la opción de escoger y adquiere conciencia de su derecho a los servicios de salud, sustituyendo la visión asistencialista del Estado, que predominaba cuando sólo había hospitales públicos ante los cuales mendigar.

Igualmente es destacable que la introducción del mercado en salud haya arrastrado hacia el sector varios puntos del PIB público y privado y sustituido en gran medida los gastos de bolsillo de los usuarios. La magnitud de estas cifras es un punto alrededor del cual los autores todavía no se ponen de acuerdo.

¿Primero la renta?

Lo grave de mezclar mercado y salud es que los actores: dirección, aseguramiento y oferta (Direcciones Técnicas, DT- Empresas Prestadoras de Salud, EPS- Instituciones Prestadoras de Salud-IPS) perdieron de vista los incentivos para buscar salud y en cambio se dedicaron a buscar rentabilidad o en el mejor de los casos “sostenibilidad”. De otra parte los usuarios comienzan a confundir el derecho a la salud con el derecho a demandar prestaciones cada vez más sofisticadas y muchas veces innecesarias. Hoy más que nunca se ve que la Ley 100 no es una ley de salud sino de administración competitiva y rentable de prestaciones.

Al principio las EPS se habían conformado con que el “negocio” del aseguramiento en sí no fuera muy lucrativo, pero se insertaron en un grupo económico con una periferia de medicinas pre−pagadas, farmacias, laboratorios, clínicas, roperías, parqueaderos y servicios hoteleros que garantizaban la alta rentabilidad del grupo, que era lo que importaba.

El No−POS y lo perverso

Sin embargo, en los últimos cinco años descubrieron el lucrativo “negocio” del “No-POS” que consiste en estimular en los pacientes una idea según la cual los servicios y medicamentos no contenidos en el POS, por lo general más costosos, son los mejores y necesarios, y que se deben exigir mediante tutelas. De esa forma, las EPS usan los tratamientos que les permiten ahorrarse el costo tipificado en el POS, contenido en la Unidad de Pago por Capitación, UPC, y de paso cobrar al Estado finalmente el exceso de los tratamientos y medicamentos del “No−POS” inducido.

Es un doble negocio con un incentivo perverso. Lo catastrófico de la “Emergencia Social” fue el intento de criminalizar a los médicos sindicándolos de explotar el “No−POS” para cubrir y salvar el “negocio” de los que sí saben cómo funciona.

El estímulo a los médicos

Al nuevo Ministerio de Salud, que quizá quede en manos de la muy loable y experta Beatriz Londoño, le corresponde una tarea tan titánica como la que se propuso Juan Luis Londoño en su momento. Pero ahora, precisamente, se trataría de volver a dirigir al Ministerio de Salud hacia la búsqueda de salud.

Si no fuera posible revertir el incentivo del mercado (avalado por el artículo 48 de la Constitución Nacional) al menos se podría tratar de hacer partícipes a los médicos de sus beneficios, para premiarlos a cambio de que encuentren las medidas preventivas y/o los tratamiento más eficaces y menos costosos que produzcan salud y hagan sostenible el sistema, o bien, limitar la competencia a las entidades sin ánimo de lucro y/o a las instituciones públicas.

El trabajo y los semáforos

Ahora bien, no se necesita ser un experto en el tema para saber que el Ministerio del Trabajo nunca fue el ministerio de la “Generación del Empleo”, menos aún cuando se fusionó con el de Salud en el Ministerio de la Protección Social. Con ironía se dice que los ministros fueron los abogados del aumento de la burocracia, y que muchos de ellos fomentaron la extensión de la red de semáforos por los cuatro empleos periféricos que generaban.

El Ministerio fue siempre una oficina de quejas y reclamos de los trabajadores asalariados y tuvo funciones que habrían correspondido mejor a una bien organizada Superintendencia del Trabajo.

Tal vez hubiera podido fomentar el sindicalismo y las relaciones justas entre empleados y empleadores, pero la reciente historia de la persecución y muerte de sindicalistas le restó méritos a esa posible función.

El poder del más fuerte

Lo más grave es que con la ayuda del antiguo Ministerio del Trabajo o con la activa colaboración del reciente Ministerio de la Protección Social, en el país se ha puesto en marcha un proceso perverso, disfrazado bajo el nombre de “flexibilización laboral”, que consiste en terminar con el asalariado permanente, convirtiéndolo en trabajador ocasional, en muchos casos sin relación laboral directa con el empleador. En este sistema se le contrata mediante intermediarios, como las empresas o cooperativas de trabajo asociado y las agencias de trabajadores temporales.

Se trata de procesos de des-salarización o des-laborización, como se les ha llamado, que abaratan costos y facilitan la administración del desempleo ocasional, al que se ha dado en llamar con una horrible palabra: “friccional”. Por lo general, las prestaciones y la seguridad social del trabajador quedan entre paréntesis, y es él quien debe correr con todos los riesgos o contratar en condiciones de inferioridad.

Uribe y sus cortinas de humo

Esas políticas se justificaron en el momento del auge neoliberal con el afán de “generar más empleo”. Pero con ellas ocurrió exactamente lo contrario. En parte quizá porque la política era una cortina de humo para cubrir despidos por ajustes en las nóminas, y porque, además, al gobierno Uribe se le ocurrió la “brillante idea” de estimular tributariamente la sustitución del trabajo por el capital, en otras palabras, la fuerza laboral por la tecnología importada. Y para ayudar todavía más, el gobierno le echó leña al fuego con la disputa fronteriza, que castigó las ventas de la industria nacional, la cual, en forma “flexible”, tradujo los resultados del conflicto en mayor desempleo.

El resultado ha sido un escenario grotesco, quizá no previsto por los analistas, de crecimiento económico sin generación de empleo, que contradice todas las teorías del desarrollo según las cuales “cuando hay más comida en la mesa de los nobles, se genera trabajo en las cocinas, y las migajas que caen y las sobras que quedan alimentan el hambre de la plebe”, doctrina por cierto aplicada al pie de la letra en el desastrado capítulo de Agro Ingreso Seguro.

Desempleo ocasional

El desempleo es de dos clases: ocasional o permanente. El ocasional se genera cuando el trabajador cambia de empleo o cuando la recesión económica arroja parte de la fuerza de trabajo competente, calificada o semi−calificada, al paro provisional, que durará hasta tanto se reactive el mercado. Este es el desempleo que generalmente registran las variaciones estadísticas y los indicadores de tasas de participación y de ocupación. Son quizá los dos millones y medio de desempleados que reportan las encuestas.

Desempleo permanente

Pero además hay un desempleo permanente, representado básicamente por los cuatro millones de desplazados del campo a la ciudad, quienes por cultura, idiosincrasia, limitaciones psicosociales, incapacidad técnica o ruptura del tejido social están en el “rebusque” pero no tienen capacidad de buscar empleo urbano formal, aparte de que, si lo encuentran, no logran adaptarse al mismo. En consecuencia, esos desempleados no pueden ser absorbidos por el llamado mercado laboral formal.

Desempleo histórico

A estos “nuevos pobres” se suman los “pobres históricos” que en las ciudades o en el campo pertenecen a una pobreza heredada.

De ellos forman parte los 6 o 7 millones de personas más pobres y vulnerables de Colombia, que en un 70 por ciento habitan en las ciudades y que tienen tal falta de capacidad y tal nivel de marginación psicosocial que si compiten por los puestos lo hacen en condiciones de desventaja.

En muchos casos esas personas ni siquiera buscan empleo, ni están en condiciones de conseguirlo o de adaptarse a un empleo formal. Inclusive a veces no son capaces de competir por los subsidios del Estado o de participar en programas de capacitación o asistenciales. Estos son los candidatos naturales al “rebusque”, al “otro sendero”, distinto de la inserción en el mercado laboral ordinario.

Un ministerio, tres vice ministerios

Para estos dos grupos de población desplazados y pobres extremos- se ha diseñado en los últimos años una política llamada de “generación de ingresos” que busca ayudarles en el desarrollo de microempresas, de trabajos por cuenta propia, de microcréditos y eventualmente de proyectos asociativos. Para ello se ha buscado contar con el apoyo de organismos asesores y financieros, como los “bancos de pobres”, creados por los gobiernos municipales y departamentales, la cooperación internacional o la empresa privada dentro de sus programas de responsabilidad social empresarial.

Es en este contexto donde deberá operar el nuevo Ministerio del Trabajo, seguramente a cargo de Mauricio Santamaría, que tal vez tenga inicialmente dos vice ministerios:

- Uno de relaciones laborales para los 18 millones de personas que trabajan formalmente o que pueden o quieren ubicarse dentro del universo formal;

- Y otro para buscarle empleo a los dos millones y medio de desempleados que están en paro forzoso pero que tienen capacidad de aspirar a un empleo formal, quizás por el mecanismo especial del “primer empleo” y en general con la ingeniosa idea de otorgar incentivos a los empresarios pagando sus contribuciones parafiscales con descuentos sobre el IVA.

Ahora bien, será necesario además crear un tercer vice ministerio para coordinar y desarrollar los diversos programas de “generación de ingresos” para los diez millones de pobres históricos y nuevos pobres, con el fin de que estas políticas les abran un camino, primero con proyectos de supervivencia (fortaleciendo los negocios familiares ya existentes), y luego con la creación de asociaciones que les permitan crecer e insertarse en mercados justos que les garanticen que puedan sostenerse.

Al comienzo muchos negocios familiares o de microempresarios serán informales, pero poco a poco, gracias a una adecuada asesoría, podrán mejorar su calidad y acceder a la formalización con apoyo de mecanismos institucionales, y cooperación internacional y del sector privado.

En resumen, al nuevo Ministerio de Salud le toca acabar con el negocio de la salud para generar salud, y el nuevo Ministerio del Trabajo debe generar negocios para ayudar a acabar con el desempleo.



 

Comentarios   

Alvaro de Jesús
0 #6 Alvaro de Jesús 06-09-2010 18:50
El frívolo negocio de la salud, ha convertido a los colombianos en limosneros de sus derechos, pero esa es la ecuación de un pueblo conforme y arrodillado, prefiere lamentarse que exigir, a cambio, lo que deberían recibir por el esfuerzo de toda una vida, se lo cambian como se antoja al burócrata de turno, ya es bien sabido que la oportunidad para que un sistema de salud sea para la salud, es paradojicamente una utopía, entre tanto seguiremos los limosneros esperando las migajas de la mesa de los señores feudos, y reeligiendolos por la eternidad.
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Eduardo Sáenz Rovner
+1 #5 Eduardo Sáenz Rovner 25-08-2010 15:53
El autor de la columna, un contador, participó en la Ley 100 (adefesio de César Gaviria y Juan Luis Londoño) que reventó la salud y las pensiones de los colombianos mientras le entregaba una billonada al capital financiero. Me imagino que los antiguos gaviristas (algunos con ropaje gaviromockusian o y muchos de ellos columnistas de este medio) no ven la hora de conseguir contratos, asesorías, puestos, con los ministros Mauricio Santamaría y Beatriz Londoño, defensores a ultranza de "profundizar" la Ley y seguir enriqueciendo a los bancos.
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EduardoSáenzRovner
+1 #4 EduardoSáenzRovner 24-08-2010 00:37
Saulo José. Este "simple empleado" ha sido profesor en Harvard y en UCLA. Además me eduqué (pregrado, maestrías y Ph.D.) sin un centavo de universidades y/o fondos colombianos. Afortunadamente no me "eduqué" en uno de esos típicos garajes en los que estudian los colombianos de visión cerrada y provincial como usted, y que además se esconden en el anonimato. No me diga que usted "creó empresa",¿Empre sas dee las típicamente "colombianas" y que tan buena y merecida fama criminal les han dado en el mundo? Las reglas de juego son para todos y para cumplirlas. Durante los últimos 20 años las reglas van en una sola dirección. Tengo todo el derecho del mundo a reclamar (así reclamar en Colombia sea peligroso con tanto intolerante matón), y, aún más, tengo todo el derecho a tener una vejez tranquila en el mundo civilizado y no en un país salvaje y criminal como Narcolombia.
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LUIS ALFREDO RUIZ
+2 #3 LUIS ALFREDO RUIZ 23-08-2010 18:58
RESPETADOS SEÑORES,
NUESTRA FAMELICA MEMORIA,PRETEND E OLVIDAR QUE UN AULICO, CASI QUE LLEGANDO A COMPLICE, (COBRO, CON ESTE TEMA XXX SUMAS) DEL PLURALIMSIO ESTRUCTURADO Y DAN SINCONDICIONAL DEL DR LONDOÑO , ES QUIEN SUSCRIBE EL ARTICULO. CABE LA PRESGUNTA, EL DIABLO HACIENDO OSTIAS?, EN EL PASADO EL SISTEMA ERA UNA PANACEA , AHORA, ES UNA ANTIPODA DE LO DESEABLE....QUE ASESORES TENEMOS? ... DR. JARAMILLO, CUAL ES LA VERDAD? NO DESEO MORIR EN LA IGNORANCIA... Y MENOS AUN, CREYENDO QUE LOS MEDICOS FORMULABAN COLGATE PARA GANARSE UN DINEROOO... ESTA ULTIAM FRASE ME PARECE HACERSELA ESCUCHADO EN UN CLASE EN EL CEADS...
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Saulo José
0 #2 Saulo José 23-08-2010 16:01
Buena Tarde. Don Eduardo, ya que por lo visto usted no ha llegado más lejos que ser un simple empleado a la espera de su pensión, no le eche la culpa al país. Aqui somos muchos que hemos creado empresa y esperamos llegar a nuestra vejez muy bien posicionados. Mire mejor si el atrasado o recostado es usted, no? Ahora, si usted está esperando a pensionarse para irse a vivir a otro país, creo que no ha pensado muy bien las cosas. Usted no está obligado a estar aqui mientras se cumple su edad de jubilación. Si usted ya tiene todas sus semanas cotizadas, puede irse tranquilamente y luego venir a cobrar su pensión. Pero le sale más caro el pasaje!
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EduardoSáenzRovner
0 #1 EduardoSáenzRovner 23-08-2010 12:19
Gracias a Juan Luis Londoño (quien merecidamente arde en los infiernos) por haberme aumentado la edad de pensión en 7 años. Con el cambio de las reglas de juego (la seguridad jurídica es para el capital no para el trabajo) estoy condenado a permanecer 7 años más en Narcolombia, republiqueta atrasada y corrupta.
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