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La belleza: ¿una meta imposible de alcanzar o nuestra realidad no aceptada?

(Tiempo estimado: 12 - 24 minutos)
La belleza: ¿una meta imposible de alcanzar o nuestra realidad no aceptada?

miss universo

Acaba de terminar un nuevo episodio de Miss Universo. La señorita México reinará sobre las galaxias y las constelaciones. Lo hará a partir del viejo concepto de belleza femenina, que parte de los estereotipos generados en los cuentos infantiles. Pero hoy la mujer, y la belleza, son otra cosa.

La belleza se ha transformado en un tema central en diferentes foros debido a su asociación a problemáticas de salud pública como los trastornos alimentarios en adolescentes (bulimia, anorexia) y a las recurrentes cirugías plásticas.

La Organización Panamericana de la Salud conjuntamente con la Asociación Mundial de Sexología reunieron a una serie de expertos y expertas, quienes emitieron una importante declaración que considera a la salud como un derecho básico y define los derechos sexuales y reproductivos. Entre estos destacan el derecho a la libertad sexual, la equidad, el placer, la información basada en el conocimiento científico y a la autonomía, integridad y seguridad del cuerpo tanto de hombres como de mujeres.

Este derecho a la autonomía nos permite a todos y todas decidir qué hacer con nuestros cuerpos.

Es frecuente hacer énfasis en los factores psicológicos como determinantes principales de nuestras decisiones en relación a la belleza de nuestros cuerpos. De allí que vamos a considerar en un principio cómo las necesidades afectivas insatisfechas en la infancia y la adolescencia nos pueden conducir a emprender acciones trascendentales para nuestro cuerpo y nuestra salud integral.

En nuestro desarrollo psicológico es fundamental el amor y la aceptación incondicional de las figuras parentales, pues de ello depende la aceptación de nuestra personalidad e incluso de nuestra imagen corporal. Es frecuente observar en adolescentes bulímicas y anoréxicas grandes dificultades para aceptarse y amarse tal y como son, pues en oportunidades han vivido en familias sobrexigentes o sobreprotectoras, que concentran en la alimentación y la imagen social sus conflictos emocionales más importantes.

El Dr. Llamil Kauak K. cirujano plástico español considera que para realizar una cirugía estética es necesario captar con certeza que la insatisfacción de las personas está basada en una visión coherente de su apariencia. No debe tratarse de una queja puramente emocional, con una visión distorsionada de sí mismo/a, o perseguir un fin distinto que no depende en la realidad de este cambio de apariencia o de forma. Ve como fundamental abordar el aspecto psicológico, pues se trata de un cambio permanente del cuerpo con importante influencia sobre la autoestima e importantes transformaciones en su identidad.

Sin embargo, estas decisiones no sólo suelen estar basadas en nuestras necesidades individuales, sino que son influenciadas tanto por la sociedad y la cultura sin que en muchas ocasiones nos percatemos.

Definición de Belleza

La belleza es entendida según el Diccionario de la Real Academia Española como:

Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas.

Mujer notable por su hermosura.

De acuerdo a una investigación realizada por Montaño (2001), denominada Mujer, belleza y psicopatología y presentada en la Revista Colombiana de Psiquiatría, la belleza conforma una parte universal de la experiencia humana y se ha comprobado que la observación de la misma genera placer a los sentidos e incrementa las probabilidades de apareamiento. La sensibilidad a la belleza es proporcionada por estructuras cerebrales filogenéticamente determinadas así como por elementos de tipo sociocultural. Según esta autora, los atributos estéticos han sido propuestos de manera diferente según el momento histórico que se esté viviendo, no obstante, la alternativa de tener al alcance diversos medios de comunicación tanto impresos como audiovisuales ha difundido y complicado el concepto de estética femenina, ya que se han creado modelos de belleza inalcanzables y la mujer se ha sometido a duros métodos de modificaciones de su imagen corporal con la intención de perseguir ese modelo ideal de belleza.

Como puede observarse en la estas definiciones, la cualidad de la belleza en nuestra sociedad se espera que sea personificada por las mujeres, mientras que los hombres deben aspirar a poseer mujeres que la personifiquen según Maricarmen Bañuelos (2002). Por tanto, es posible afirmar que la belleza femenina es la que el hombre ha deseado a lo largo de la historia, una visión androcéntrica, desde la óptica del pintor, del fotógrafo, del esposo, del amante, del hijo.

Evolución de los cánones de belleza de la mujer

Siguiendo una investigación realizada por Ramón Pérez Parejo quien pretendía explorar las modificaciones en el ideal de belleza a lo largo de la historia y publicada en el año 2006, se propone que los cánones de belleza han variado como respuesta a asuntos de índole económico y social; por ejemplo, las mujeres ricas de antaño debían mostrarse gordas con la intención de hacer ver que no tenían por qué trabajar y que comían abundantemente.

En la actualidad, en los países desarrollados, se piensa que la obesidad es una especie de epidemia que provoca miles de muertes debido a enfermedades derivadas del exceso de peso, por tanto esta no es una idea comercial. Lo que hoy tiene éxito y se vende es un cuerpo delgado, ágil y esbelto que demuestre a los demás que puede consumir alimentos escogidos y tiene tiempo suficiente para ir al gimnasio o hacer deporte. Siempre ha habido motivos ocultos detrás de cada prototipo de belleza: si se quiere incrementar el índice de la natalidad el ideal de belleza se forma con caderas anchas y pechos grandes; si se quiere ostentar la condición de clase social dominante se muestra la gordura en tiempos de hambruna o crisis; si se quiere mostrar cuidado de la imagen, selección de alimentos, exaltación de la juventud y tiempo libre para cuidarse físicamente se muestra un cuerpo con unas dimensiones de 90-60-90 con cabellos rubios y aspecto frágil, o cuerpos delgados, casi infantiles; si se quiere mostrar dinamismo, fortaleza física, aventuras y exploraciones varias se presenta un cuerpo más musculoso y una tez más curtida.

Según Lipovetsky (citado por Montaño, 2001), los atributos estéticos de la mujer han sido vistos desde diferentes enfoques de acuerdo al tiempo en que se han observado. Este autor propone la existencia básica de tres períodos sociohistóricos que él mismo denominó primera, segunda y tercera mujer. Cuando hacemos referencia a la primera mujer estamos hablando de aquella que se desarrolló desde la antigüedad hasta el período del Renacimiento, en donde la belleza femenina estuvo apreciada como sinónimo de tentación y maldad. La imagen de la segunda mujer se observa en la época comprendida entre el Renacimiento y el siglo XIX en donde la mujer fue vista como el bello sexo, como el ícono de la suprema beldad. Finalmente, la tercera mujer, es aquella que observamos en la actualidad, desde el siglo XX y que pretende encontrar un punto de igualdad con los hombres.

A continuación se presentan algunas de los ideales de belleza más característicos que se han manifestado en la historia.

Prehistoria

En esta época tan remota ya es posible apreciar cierta preocupación por la belleza, comprendida ésta como fertilidad. Las esculturas y grabados muestran figuras femeninas voluminosas e incluso deformes que de una forma u otra reflejan la preocupación por la permanencia y continuidad del grupo a través de la reproducción. Uno de los ejemplos que hacen alusión a este interés incipiente por la belleza y el cuidado de la feminidad es la Venus de Grimaldi. Los productos con los cuales disponía la mujer prehistórica se limitaban a la arcilla, tierras de pigmentos colorantes o toscos productos elaborados a partir de grasas de animales.

Egipto

En el antiguo Egipto, se trataba la belleza con un gran cuidado en cuanto al uso del maquillaje, el uso de pócimas, baños y demás tratamientos que debían embellecer a las reinas, y que por tanto eran imitados por sus cortesanas. El uso de esta forma de adorno corporal era expandido incluso en los cadáveres reales, ya que los egipcios eran fervientes creyentes de la vida después de la muerte y de que preservar el cadáver sería imprescindible para el muerto. Incluso el antiguo Egipto nos dio dos íconos de belleza clásicos, Los rostros, e historias, de Nefertiti y de Cleopatra. Por otro lado, la realeza egipcia tenía también esclavas que se especializaban en la belleza de sus amos; esta costumbre sería replicada en Roma más adelante.

Grecia

En el mundo griego la belleza de las personas era algo bastante importante pues no solo incluía el cuidado del maquillaje, sino también el cuidado del cuerpo, las proporciones del cuerpo y demás factores. Pero a diferencia de los egipcios los Griegos extendían la necesidad de ser físicamente bellos a todos los estratos sociales. La mayor atención la prestaban al cuidado del cuerpo. Los cánones de belleza griegos no toleraban ni la grasa ni los senos voluminosos. Era necesario cultivar el cuerpo para conseguir la perfección estética que consistía en, además de tener senos pequeños y fuertes, poseer un cuello fino y esbelto y los hombros proporcionados. El color de la piel debía ser pálido, ya que esto era reflejo de la pasión.

La preocupación por una figura corporal hermosa fue seguida y extendida por los romanos quienes se ocupaban de tener baños públicos para el cuidado cotidiano de su cuerpo. La cosmética, en Grecia, vivió un momento esplendoroso, sobre todo en la utilización de los aceites. Estos se extraían de flores y se empleaban además de en estética, en los actos religiosos, deportivos y eran empleados en la cotidianidad. Los aceites perfumados se aplicaban después de los baños o de los masajes y se elaboraban de muchas flores distintas, de rosas, de jazmines, tomillo, etc., y su fabricación se concentraba en Chipre, Corinto y Rodas. El cabello se cuidaba con esmero y se elaboraban tintes también con extractos naturales.

Además se tienen noticias de las modas que muchos romanos seguían para ser considerados hermosos, como cuando llegaron los primeros esclavos germanos de cabello rubio, enseguida muchas romanas se trataron de teñir el cabello con tintes naturales para parecer rubias y exóticas.

Roma

Durante la época del Imperio Romano, la preocupación por la estética corporal constituyó una verdadera obsesión. Tanto hombres como mujeres atesoraban fórmulas de cosméticos y se depilaban y peinaban por igual. A diferencia de la cultura griega y debido a las influencias obtenidas a través de las conquistas no existía un ideal único de belleza. Un ejemplo de ello lo consistió en el deseo de las romanas en tener una cabellera rubia lo cual se desarrollaron numerosas fórmulas para modificar el color. Las mismas sobresalen por el especial cuidado que dedicaban a sus tocados, característicos por ser sofisticados y barrocos. La popularización del baño llegó llegó al extremo de edificar, en Roma, los conocidos baños de Caracalla, con capacidad para 1.600 bañistas o los aun mayores baños termales de Diocleciano que podían acoger simultáneamente a 3.000 bañistas. Solo en el siglo IV había en Roma 900 establecimientos de baños termales.

Edad Media

En la Edad Media, las calamidades que azotaban el continente europeo como las invasiones bárbaras, las epidemias y las guerras internas hicieron que la higiene corporal pasara a un segundo plano, y con esta también el cuidado estético. Por lo general los caballeros, nobles y plebeyos huían al baño frecuente. Pero más avanzada la edad media el contacto con el mundo oriental originado con las cruzadas hizo que al menos la realeza tomara el uso de aceites, baños y demás productos de belleza, estos era usados sobretodo por las damas. Luego, con el advenimiento de los perfumes tanto mujeres como hombres pudientes trocaron el baño por las fragancias que ocultaban el olor corporal producido por su falta de baño.

Renacimiento

En el renacimiento se recobraron muchos de los valores de la Grecia clásica, y entre ellos la higiene y la idea de la belleza, especialmente la femenina. Es entonces cuando reaparecen y se difunden los tintes para el cabello y otras formas de maquillaje. Además, siguiendo el espíritu de la época, se escribieron múltiples tratados acerca de cómo preparar ungüentos embellecedores.

Este interés por el cuidado del cuerpo iría en progresivo aumento hasta el siglo XVIII cuando la revolución francesa hizo que el modelo de las decadentes reinas europeas fuese menos deseable. Entonces aparecieron modas que sustituían las pelucas y además formas de estética femeninas para dar paso, por un tiempo, a mujeres con comportamientos más parecidos a los que eran costumbre en el hombre, como el consumo de tabaco y una actitud más desenfadada y descuidada. Luego, la realeza en l reto de Europa volvió a su costumbre de pelucas, visitas a los balnearios y gruesas capas de maquillaje, pero más para esconder sus enfermedades provenientes de una mala higiene personal y de dietas desbalanceadas.

Oriente

En el oriente, como China, India y Japón, el maquillaje y el cuidado corporal eran de suma importancia, al punto de tener antiguas tradiciones y manuscritos en los que se detallan instrucciones para el decorado y cuidado del cuerpo con perfumes, tinturas y polvos. Las mujeres debidamente arregladas y que seguían las pautas de belleza características de su época dentro de estas culturas servían aún hoy ocurre de esa manera, de inspiración para artistas e inclusive se vincula a las creencias y prácticas religiosas. Estas costumbres se extendían a los hombres.

Modernidad/ Post-modernidad

El surgimiento y masificación de medios de comunicación radioeléctricos, visuales y audiovisuales, así como el consecuente auge de la publicidad han jugado un rol de vital importancia en los cambios del canon de belleza observado en los últimos cien años. Tal vez esta sea la razón por la cual los fenómenos de moda y tendencia del vestir y el maquillaje varían con mucha más rapidez e incluso se fusionan para dar lugar a nuevas tendencias. Ejemplos de esta cambiante situación son los íconos de Hollywood como es el caso de Marilyn Monroe o Sofía Loren, quienes durante la década de 1950 fueron imágenes admiradas y modelos a seguir por sus atributos físicos caracterizados fundamentalmente por sus curvas pronunciadas. No obstante, es posible apreciar que a partir de los años 70, el estereotipo de belleza de la mujer se fue inclinando hacia figuras menos redondeadas y un cuerpo más estilizado. La concepción de una figura delgada evolucionó progresivamente, llegando al punto de popularizar durante los años 90, la masificación de un concepto casi extremo, en donde se pone en peligro la salud tanto física como psicológica de las mujeres, debido a que aquellas que desean ser delgadas más allá de su propia integridad hacen cualquier cosa para lograrlo, lo que además se evidencia en este siglo XXI en donde el boom de las cirugías estéticas es indudable y con ellas muchas mujeres ven la oportunidad de retocar las partes de su cuerpo con un criterio que generalmente está enmarcado en un concepto de belleza publicitado en la imagen de célebres modelos, figuras de la actuación y cantantes.

Ana Lucia Jiménez B. (2001) hace un rastreo histórico de los distintos criterios de belleza femenina que hemos construido, y los clasifica en dos concepciones: tradicional y moderna. Para la tradicional la hermosura física carece de un valor particular, dado que, se la relaciona con la fecundidad y con el pecado. En este triunfo de la estética femenina, se refuerza el estereotipo de mujer frágil y pasiva e inferior en mentalidad, y por ello mismo, destinada a los trabajos del hogar y al cuidado de los hijos. Esta autora colombiana considera que este estereotipo empieza a cambiar en el Siglo XX, en el centro de la problemática social y económica que generaron la dos guerras mundiales, en el cual la mujer comienza a ganar terreno en el medio laboral, al tiempo que continúa atendiendo el hogar y los hijos, una vez termina su jornada fuera de casa.

Ahora bien, en la concepción moderna, la belleza femenina es un rasgo distintivo de la mujer con relación al hombre, en cuanto a gestos, palabras, modales y comportamientos.

La posmodernidad, nuestra época actual, se caracteriza por romper los límites ideológicos, sociales y culturales de los estereotipos de belleza humana. Por ejemplo, se han roto los límites naturales en las cirugías estéticas, cuidados faciales y corporales, que suponen el triunfo sobre los defectos físicos, el sobrepeso y la vejez. A ello se suma el momento democrático que vive el acceso a los tratamientos que nos permiten superar la edad, alcanzar el peso ideal y estar bellas según nuestros patrones culturales al alcance de diversas clases sociales, por lo que poco a poco estos tratamientos empiezan a ser aceptados como valores deseables.

El estereotipo de mujer está mediado por la moda. Esta última definida por las élites económicas y sociales. Pues la moda, está manejada a nivel de mercado mundial de acuerdo a los intereses de poderosas corporaciones. En el diario últimas noticias la psiquiatra Rincón sostiene que en Europa y Estados Unidos los parámetros irreales de belleza femenina han sido puestos por los "grandes" de la moda y éstos terminaron fomentando la anorexia y alejando cada vez más los patrones tradicionales (Ultimas Noticias, 21 de noviembre de 2006)

Nos sometemos a variaciones en nuestra vestimenta, en nuestro estilo, e incluso en nuestro cuerpo de acuerdo a la estandarización global de la representación de la mujer. Dicha estandarización se observa en las llamadas revistas femeninas como Cosmopolita, Vanidades, Vogue, Marie Claire, entre otras.

Así autoras como M. Bañuelos consideran: “…el aspecto externo de las cosas y personas ha desplazado en importancia a los demás valores, y la estética, entendida como una realidad de mil caras, volátil y efímera, se ha convertido en un paradigma de la posmodernidad.”

Las mujeres somos las más afectadas, si bien en la actualidad el mito de la belleza también perjudica al hombre, las mujeres aún que pueden ser despedidas por su aspecto físico considerado poco adecuado, no conseguir trabajo, y no encuentran pareja, o por el contrario cuando son consideradas bellas les resulta difícil demostrar su valía intelectual, profesional y personal. Aún peor, permanecen los valores culturales que afectan la idea que las mujeres tenemos sobre nosotras mismas que nos conducen a la discriminación, indefensión, a ser víctimas de abusos. La dignidad de las mujeres ha estado supeditada al espejismo del poder de la belleza.

Pero como sostiene Bañuelos, M. “…no hay sumisión más difícil de superar que la que se impone una misma”.

A través del proceso de aceptación de los estereotipos y expectativas sociales, nosotras mismas nos imponemos ser más delgadas y provocativas para lo cual debemos comprarnos ropa elegante y cara, cosméticos costosos, torturarnos con largas horas de gimnasia, cirugías riesgosas y largas horas de hambre voluntaria. Quizás en este aspecto nuestro estado es peor al de nuestras antepasadas no liberadas. Lo cual se evidencia en las mujeres venezolanas quienes casi sin considerar el estrato social al que pertenecen hacen grandes esfuerzos por ser físicamente atractivas, a lo cual se une la necesidad de ser económicamente independientes y competitivas (ejemplo de ello es la gran expectativa que se tiene cuando hay concursos de belleza de carácter internacional y tenemos participantes venezolanas en ellos).

Aceptamos los mensajes dados por los medios de comunicación masivos, por nuestros padres o madres, por nuestras compañeras/os, amigas/os, parejas, mensajes que exaltan el adelgazamiento, tanto que para muchos/as jóvenes ser alto/a, delgado/a y joven es un mandato aceptado y autoimpuesto.

La cultura y por tanto nuestra noción de belleza es aprendida desde muy temprano en la infancia, no sólo porque estamos expuestos a los modernos medios de comunicación como internet o la televisión, sino que desde la antigüedad las familias y las escuelas utilizan los cuentos infantiles como un instrumento de socialización y de transmisión de los estereotipos de género, es decir, nos dicen qué significa ser mujer y ser hombre dentro de nuestra cultura occidentalizada.

En Venezuela se han realizado varias investigaciones relacionadas a este mismo tema del género y la belleza en los cuentos infantiles, entre ellos la publicada por Desireé Ochoa, Maryiri Parra y Carmen Teresa Garcia de la Universidad de los Andes (2006). Estas autoras hacen un análisis de los cuentos clásicos empleados en la Educación Inicial, encontrando que una de las características con las que debe contar una niña o una mujer según estos cuentos es con la belleza, además de otras como la obediencia, ternura, la envidia y la dedicación a las actividades del hogar. Mientras al hombre se le asigna un papel activo, de valentía, fuerza, inteligencia, competitividad y dominio sobre la mujer.

Por ejemplo: En La Bella Durmiente del Bosque ella es hermosa, pasiva, angelical y virtuosa para las artes. “Las hadas comenzaron a conceder sus dones a la princesita. La primera le otorgó el don de ser la persona más bella del mundo, la siguiente el de tener el alma de un ángel, la tercera el de poseer una gracia admirable en todo lo que hiciera, la cuarta el de bailar a las mil maravillas, la quinta el de cantar como un ruiseñor, y la sexta el de tocar toda clase de instrumentos musicales a la perfección”.

El príncipe es valiente, fuerte, aventurero, arriesgado: “el joven príncipe se sintió enardecido; creyó sin vacilar que él pondría fin a tan hermosa aventura; e impulsado por el amor y la gloria, resolvió investigar al instante de qué se trataba.

Apenas avanzó hacia el bosque, esos enormes árboles, aquellas zarzas y espinas se apartaron solos para dejarlo pasar: caminó hacia el castillo que veía al final de una gran avenida adonde penetró, pero, ante su extrañeza, vio que ninguna de esas gentes había podido seguirlo porque los árboles se habían cerrado tras él. Continuó sin embargo su camino: un príncipe joven y enamorado es siempre valiente”.

Toda esta visión de lo que significa ser hombre y ser mujer es aprendida mediante la educación escolar y familiar desde los primeros años de nuestra vida.

Por tal motivo, estas autoras proponen a las autoridades universitarias crear materias obligatorias donde se plantee una educación contra todo tipo de discriminación, procurar que los cuentos infantiles empleados por los y las docentes no sean estereotipados, que en ellos mujeres y hombres puedan desempeñar diversos roles tanto en el hogar como en el trabajo, que se tenga en cuenta la individualidad y la diversidad social. Y mientras se empleen estos cuentos clásicos hacer un análisis creativo con niños y niñas que reduzca la discriminación que transmiten.

Sin lugar a dudas, que la belleza y el sentido de la estética que siempre nos acompaña abarcan desde lo personal, cultural y social, hasta lo económico. Sin perder de vista la libertad de cada uno/a de elegir en relación a nuestro propio cuerpo, su aspecto físico, nuestra salud integral y nuestra capacidad para aceptarnos y querernos tal y como somos.

Referencias Bibliográficas

Alario, Ma Teresa. Nos miran, nos miramos. Sobre género, identidad, imagen y educación. Departamento de Historia del Arte, Centro de Estudios de Género de la UVA.

Ausiró Nature.(2007). Historia de la belleza. Recuperado el 22 de mayo de http://www.ausironature.com/pagina_nueva_7.htm

Diccionario de la Real Académia Española

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=belleza

Bañuelos Madera, Carmen (2002) La influencia de la moda en el cambio social de los valores estéticos y corporales. Departamento de Ciencia Política y Sociología. Universidad Carlos III de Madrid.

Jiménez, Ana Lucía. (2000) Figuras, temas y valores en la publicidad impresa en revistas colombianas. Universidad Autónoma de Occidente, Cali, Colombia.

(http://www.eca.usp.br/.../GT 17 paulo tarsitano/ana lucia jimenez.doc)

Montaño, I. (2001) Mujer, belleza y psicopatología. Revista Colombiana de Psiquiatría. (30). 4. 1-6. Recuperado el 20 de mayo de 2007 de
http://www.psiquiatria.org.co/php/docsRevista/174620mujer.pdf

Alario, Ma Teresa. Nos miran, nos miramos. Sobre género, identidad, imagen y educación. Departamento de Historia del Arte, Centro de Estudios de Género de la UVA.

Pérez, R. (2006). El canon de belleza a través de la Historia: un método de Descripción de personas para alumnos de E/LE. Recuperado el 26 de mayo de 2007 de
http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/canonbe.html

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Comentarios   

0 # EduardoSáenzRovner 30-08-2010 22:43
En país de feas la reina es Rey.
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0 # Mireya Aldana 01-09-2010 19:44
Excelente recomendado en una época en la cual la mujer tiene un rol distinto e importante en la sociedad... pero algunas no parecen darse cuenta y en otros casos las empresas de concursos mueven tanto dinero que no les importa afianzar enfermedades como la anorexia e imágenes de la mujer como un objeto tonto.
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0 # INGENIERO 16-09-2010 23:43
ME GUSTARÍA QUE ALGUIEN PROFESIONAL COMO YO QUE HE TRABAJADO 10 AÑOS EN ESTE MALDITO PAÍS COLOMBIA INTENTE SOLICITAR UNA VISA A USA O COMO LO TRATAN A UNO EN EL MUNDO POR SER COLOMBIANO??????

SIN TENER VÍNCULOS O ROSCA COMO DICENNNN JAJJA
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