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Se necesitan otras historias y otras voces para entender el conflicto

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Mujeres víctimas del Conflicto Armado en Colombia.

Françoise RothAunque hemos avanzado bastante, hay todavía muchos mitos en la historia escrita y en las memorias no oficiales. Aquí, una reflexión bien pertinente para evitar los estereotipos en el proceso de reconstruir nuestra verdad – y en especial la verdad de las mujeres-.

Françoise Roth*

Otra oportunidad para la memoria

Este 5 de abril el presidente Santos firmó el decreto-ley que crea la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

Entre otras tareas, la entidad tendrá a cargo “ofrecer una explicación amplia de la complejidad del conflicto (…), en especial en sus aspectos menos conocidos”. Estas son tareas complejas, no solo por razones políticas sino por los filtros explícitos e implícitos que se utilizan, consciente e inconscientemente, para construir “la verdad” y explicar el tan complejo, prolongado y doloroso conflicto que ha vivido Colombia.

Sabemos que la historia es selectiva como varias veces -para el caso colombiano- nos ha recordado la historiadora María Emma Wills. ¿Qué sabemos de los conflictos pasados? ¿Con qué lente son analizados los hechos de violencia? ¿De qué violencia se trata? ¿Por qué la historia se interesa en ciertos acontecimientos y deja otros en el olvido?

Estas preguntas y otras me persiguen a mí particularmente por la historia de mi familia, en especial la de mi abuela. Durante la Segunda Guerra Mundial numerosos hombres de la región de Alsacia (nordeste de Francia) fueron reclutados a la fuerza por el Ejército alemán, llevados a los frentes de guerra y obligados a dejar atrás a sus familias. Las mujeres quedaron a cargo del cuidado de los niños y las niñas, de los ancianos y las ancianas, y de todos los asuntos de la vida local.

Hay mucha literatura sobre la Segunda Guerra Mundial, pero poco sabemos sobre la vida cotidiana de aquellas mujeres, forzadas a vivir en pueblos ocupados por fuerzas extranjeras. ¿Cómo se desarrolló esa cohabitación? ¿Cómo controló la fuerza ocupante a los habitantes de esos pueblos?

Sus historias, como las de la gran mayoría de las mujeres de otros conflictos, no fueron atendidas, no fueron escuchadas. Esos fragmentos de la vida social, sucedidos lejos del campo de batalla, han sido removidos de la memoria. Conocemos poco sobre los horrores, las traiciones, las valentías y los heroísmos que tuvieron lugar en esos pueblos. El relato oficial no incluyó esas historias, grandes o pequeñas, tanto por razones explícitas como por motivos implícitos.

Oímos, registramos solo las voces de algunas de las personas que hacen y viven la guerra: los protagonistas que se ajustan a la experiencia tradicional o esperada de la dinámica bélica. Sin embargo, las lógicas y manifestaciones de un conflicto no son solo las del campo de batalla y alta política. También hay dimensiones individuales y cotidianas de incertidumbre, sufrimiento, resentimiento y coraje, entre muchos otros aspectos ignorados. ¿Alguien se ha preguntado cómo influyeron esas mujeres alsacianas rurales en la derrota local del Ejército alemán? Quizá poco, quizá mucho. Solo queda intuirlo porque la historia escrita no las tuvo en cuenta.

La selectividad y la parcialidad de la historiografía son comprensibles- y en efecto son inevitables- pero esas historias, íntimas y esenciales, no deberían quedar en el olvido, pues son cruciales para entender las dimensiones humanas y la complejidad de los conflictos.

¿Qué relatos escuchamos?

Actos violentos durante la Segunda Guerra Mundial
Actos violentos durante la Segunda Guerra Mundial
Foto: Wikimedia Commons 

En su reflexión autobiográfica Sálvate, la vida te espera, el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik resalta las dificultades que sufrió durante muchos años para contar su experiencia en la guerra como un niño judío perseguido. Su historia de la guerra se basaba en representaciones de la violencia a partir de la mirada de un niño de seis años. Su relato era muy distinto de las historias contadas; no había quién lo oyera. Pregunta incisivamente Cyrulnik: “¿por qué será que un alma herida solo puede contar lo que su contexto es capaz de escuchar?”.

Sobre la base de prejuicios y filtros de percepción guiamos muchas de esas voces hacia lo que queremos escuchar, o hacia lo que estamos en capacidad de oír. Ignoramos o descartamos otras narraciones, otras historias, porque no encajan en los esquemas dominantes. Es más fácil tachar las historias desconocidas o diferentes como parciales o sesgadas antes que reconocer otros marcos de percepción o abrir los oídos a perspectivas que ponen en duda lo que creemos saber. Son muchas las razones para descartar esos recuentos complementarios de la cotidianeidad de los conflictos.

Colombia ha avanzado mucho en la inclusión de voces históricamente silenciadas en el relato de la guerra, incluyendo las de las mujeres, los grupos étnicos y raciales y las personas sexualmente diversas. Existe cierta conciencia sobre las implicaciones de lo individual en la construcción de lo colectivo. No obstante, el camino por recorrer es largo, en particular porque los relatos que circulan se enmarcan en modelos o marcos interpretativos tradicionales que acaban por revalidar ciertos mitos.

Los mitos de la guerra

Violencia contra la mujer  en Colombia.
Violencia contra la mujer  en Colombia. 
Foto: Defensoría del Pueblo 

Cyrulnik se refiere a esos mitos que las sociedades introducen a la historia para facilitar la asimilación de los eventos traumáticos. Apunta que “cuando una experiencia colectiva es agotadora, cuando la situación social es difícil, cuando el mundo íntimo es desesperado, el mito nos junta y da un sentido a nuestro sufrimiento”.

Si bien esos mitos ayudan a combatir la desolación, también bloquean mensajes incómodos o poco habituales. Están repletos de tradiciones y preconcepciones que dan lugar a “verdades” –a menudo parciales, a veces quiméricas– que determinan las preferencias sociales a tal punto que ciertos relatos son sistemáticamente ignorados hasta reducir el registro de ese sufrimiento y del conocimiento que tenemos sobre el mismo.

Algunos de esos mitos están presentes en la narración sobre el conflicto armado y el sufrimiento en Colombia.

-El primero consiste en considerar que se puede separar fácilmente la violencia del conflicto armado de la que fue cometida en otros contextos. El conflicto armado dio lugar a ciertos hechos y determinó algunos comportamientos, pero la demarcación entre los diferentes contextos y las variadas dinámicas violentas es más gris de lo que se supone. Sin embargo, la aproximación normativa y legalista en Colombia desconoce esa realidad, refuerza el mito de la dicotomía y traza un camino equivocado para el ejercicio práctico de la reconstrucción de la guerra.

La violencia en el conflicto armado tiene particularidades pero no se puede estudiar como un fenómeno aislado del contexto social más amplio. Asimismo, la determinación de si un caso tiene o no relación con el conflicto armado puede ser a menudo arbitraria y artificial.

-Otro de los mitos se teje alrededor de los papeles supuestamente asumidos por los hombres y las mujeres durante los conflictos armados. Es un lugar común asignar a las mujeres posturas pacifistas y a los hombres una disposición guerrerista. Aunque este enfoque sea evidentemente simplista, cumple un papel significativo en la interpretación de la violencia. Para resistirlo, tendríamos que explorar, por ejemplo, el papel de hombres y mujeres en la generación, el desarrollo y la prolongación de los conflictos en sociedades sometidas a procesos de militarización.

Tendríamos que explorar la amplia y diversa gama de reacciones de los hombres a la guerra, y no dar por sentada su masculinidad agresiva como única expresión. Desafortunadamente, la invocación del enfoque de género en el estudio del conflicto armado, en vez de ampliar el espectro de perspectivas y enfoques, a veces resulta en la difusión de contra-mitos simplistas que no contribuyen a comprender la complejidad del comportamiento social durante los conflictos.

-El abordaje de la violencia sexual en el marco del conflicto armado colombiano también ha estado plagado de varias de esas verdades rígidas. Obviamente, se debe reconocer el hecho de que, después de años sin ser nombradas, hay espacio ahora para que algunas de esas historias sean narradas y escuchadas.

No obstante, su invocación puede dar lugar a una percepción reduccionista de las dinámicas de violencia en la guerra. La violencia sexual no resume el sufrimiento de las mujeres en la guerra. Sus vivencias y sus historias son más complejas. Vale la pena cuestionarse y cuestionarlas de manera mucho más abierta sobre lo que les pasó durante el conflicto, y no solo enfocarse en la violencia sexual. ¿Cuántas de ellas murieron, fueron desaparecidas, torturadas o desarraigadas? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué papeles asumieron durante el conflicto?

Además, la violencia sexual no solo afectó a las mujeres; los hombres también fueron víctimas de ella. Este es un aspecto que apenas ahora se está teniendo en cuenta.

Las fronteras entre la violencia sexual ocurrida en el conflicto armado y la que tiene lugar fuera de ese contexto son ambiguas. Estudiar la violencia sexual en el conflicto armado como un fenómeno aislado de otras manifestaciones de violencias distorsiona nuestra comprensión del comportamiento humano y limita nuestra capacidad de responder a sus causas, analizar sus consecuencias y tomar medidas preventivas.

Para terminar regresaré a la reflexión inicial: las mujeres alsacianas que padecieron la ocupación, entre ellas mi abuela, no encontraron personas capaces de recibir su relato. Vale la pena que exploremos, sin preconceptos y sin relatos preestablecidos, lo que pasó en Colombia, en particular con las mujeres. Ojalá seamos capaces de escuchar esas voces, aunque no cuadren en los “mitos” que construimos o en lo que queremos escuchar.

 

* Consultora e investigadora

@FrancoiseRoth

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Comentarios  

Patricia
0 # Sra.Patricia 08-06-2017 10:01
Pido perdón a los lectores, porque no encontré referencias en español, pero a proposito de las mujeres que "se quedaron":

fr.wikipedia.org/.../...

Es una historia maravillosa de amor y ganas de vivir.
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