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El proceso de paz con el ELN en el nuevo gobierno

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Guerrilleros del ELN

Boris DuarteLas declaraciones del presidente Duque y de los cabecillas del ELN dan a entender que los diálogos podrían proseguir. ¿Cómo podrían avanzar las negociaciones?

Boris Duarte*

Una luz de esperanza

Tras posesionase como presidente, Iván Duque parece haber dejado de lado el discurso maniqueo que durante años ha sido el de su partido. Parece que el nuevo gobernante ha decidido enfrentar las complejidades del escenario político colombiano y reconocer las necesidades e intereses de los múltiples sectores que lo componen.

Con ello no quiero decir que Duque abandonará los controvertidos principios de su partido político, pero sí que deberá reconocer que muchas de las polémicas propuestas que lanzó en campaña, como las de ‘hacer trizas’ el acuerdo de Paz, dar de baja al ELN mediante la violencia y unificar las cortes, enfrentarán una ardua oposición no sólo en el Congreso, sino en la opinión pública. el escenario internacional y el ámbito académico.

Una de las declaraciones de su discurso de posesión parece indicar que el nuevo presidente ya comenzó a hacer ese reconocimiento. Me refiero al anuncio de que su gobierno procederá a revisar juiciosamente los últimos 17 meses de conversaciones con el ELN. Tanto en la forma como en el fondo, este anuncio es contrario a los mensajes de campaña donde pedía levantarse de la mesa de negociación de Quito y arremeter con toda la capacidad ofensiva de la fuerza pública contra esta guerrilla.  

Le recomendamos: El ELN tiene todo por perder en la guerra, o todo por ganar en la mesa.

Además de ese anuncio, el presidente invitó a los países acompañantes, a la ONU y a la iglesia a participar en la evaluación del proceso con el ELN, lo cual debe ser reconocido como un gesto de interés en la negociación.

Duque deberá reconocer que muchas de las polémicas propuestas que lanzó en campaña, enfrentarán una ardua oposición no sólo en el Congreso, sino en la opinión pública. el escenario internacional y el ámbito académico. 

Por otra parte “Pablito”, comandante del Frente de Guerra Oriental y miembro del Comando Central del ELN, reapareció en los medios y el día antes de la posesión de Duque ratificó la voluntad de paz de la organización a la que pertenece. A su turno, el jefe negociador de esta guerrilla, Pablo Beltrán, confirmó que el Comando Central quiere seguir adelante con la negociación.

Como gesto de paz, los dos jefes guerrilleros anunciaron la pronta e incondicional liberación de los cuatro uniformados y dos civiles que tienen en su poder desde el pasado 3 de agosto. Mediante estos anuncios, el ELN está buscando una interlocución más directa con el presidente Duque.

Aunque el futuro de la negociación con el ELN aún es muy incierto, las señales enviadas por el gobierno y la guerrilla representan una pequeña luz de esperanza para avanzar hacia la conclusión de la guerra. A partir del análisis cuidadoso del panorama actual, es posible arriesgar algunas predicciones sobre lo que está por suceder en el futuro cercano.   

Paz al menor costo posible

Integrantes del ELN
Integrantes del ELN
Foto: Emisora cultural del Huila

Desde el intento fallido de llegar a una paz negociada con las FARC en el Caguán (1998 a 2002), la estrategia de los gobiernos ha consistido en desarmar la insurgencia al menor costo posible. Cuando esto no se ha conseguido, se ha intentado reducirla hasta límites funcionales, negando sus razones políticas de lucha y cerrando nuevas alternativas políticas con vocación de poder.   

Así sucedió bajo las dos administraciones posteriores a Pastrana, aun cuando la táctica haya sido, en un caso, la guerra (Uribe) y, en otro, la paz (Santos). En los dos casos, el gobierno se valió de una matriz mediática parcializada y claramente contrainsurgente para deslegitimar las acciones guerrilleras.

Actualmente la situación no es muy diferente y, aun cuando varios sectores rechazan el regreso a la guerra y respaldan la continuación de los diálogos con el ELN, es claro que Duque llega al gobierno con un capital político importante y, además, con una posición muy dura frente a las supuestas concesiones que el gobierno de Santos le hizo a las FARC.  En el mejor de los casos –y esperemos que así sea– el objetivo del nuevo gobierno será demostrar que el uribismo sí puede hacer un proceso de paz sin concederle a la guerrilla más que los beneficios del viejo modelo: Desarme, Desmovilización y Reinserción, el DDR.

Puede leer: La negociación sin Restrepo ¿aceleración o estancamiento del diálogo con el ELN?

He dicho en el mejor de los casos porque creo que con las excusas de “salvar la patria”, de “evitar convertirnos en una segunda Venezuela” y de “recuperar a Colombia del estado en que Santos la dejó”, el gobierno podría conquistar el respaldo de una sociedad tradicional y conservadora como la nuestra y de sectores importantes de las Fuerzas Armadas.

Para justificar la ofensiva militar, el gobierno podría decir que está evitando el costo de una negociación con una guerrilla que, si bien ha crecido en los últimos meses, no es ni la sombra de lo que política y militarmente llegaron a representar las FARC en su momento.

Por su parte, aunque sin renunciar a su proyecto político ni declararse derrotado, el ELN debe entender que la prolongación de la guerra es mucho más costosa para él que para el Estado, entre otras razones, porque no tiene los recursos para generar el capital simbólico necesario para legitimar su apuesta política.

Como cada vez les resulta más difícil justificar el alzamiento armado como la única posibilidad de resistencia y/o de acceso al poder, los insurgentes han intentado reestablecer vínculos con la opinión, la comunidad internacional y los sectores populares que dicen representar. Paradójicamente, los fusiles son su mayor estorbo para cumplir este objetivo. El acierto de las FARC consistió en aceptar esta realidad hace casi seis años y proceder por eso al abandono de las armas. Aunque en el caso del ELN ha habido más demora, la conclusión será la misma.

Desde esta perspectiva, es posible afirmar que la paz y el reconocimiento de las causas de la violencia nunca han sido los objetivos reales de la élite política, y, por ende, ahora que el panorama es mucho más favorable para el gobierno que para el ELN, será la presión de la sociedad civil puede ayudar a inclinar la balanza en favor de la solución negociada y retornar a la guerra.

Pero si el ELN no avanza en su decisión de dejar las armas e intentar sus objetivos por los medios no violentos, estará asumiendo el riesgo de enfrentar la mayor ofensiva militar de su historia.

El proceso en perspectiva

Presidente de la República Iván Duque
Presidente de la República Iván Duque
Foto: Twitter- Iván Duque

Una de las principales dificultades que tendrá el proceso con el ELN será el antecedente de incumplimientos en los acuerdos con las FARC, especialmente en lo referente al reconocimiento político.

En esta edición de RP: Las encrucijadas del Acuerdo de Paz.

Para el ELN podrían resultar desesperanzadores los retrasos en el proceso de reincorporación de las FARC, y por eso sus voceros ya han manifestado que serán mucho más acuciosos en los detalles a la hora de firmar un acuerdo para garantizar que los acuerdos se cumplan después de dejar las armas.

Esto, sin duda, podría prolongar el tiempo de la negociación. Para evitar que el proceso fracase por esta vía, el ELN podría exigir que el papel de los países garantes y de los observadores internacionales sea mucho más protagónico.

Ahora bien, si el gobierno tiene éxito con su propuesta de reforma constitucional para que el narcotráfico y el secuestro dejen de ser reconocidos como delitos conexos con el delito político, el ELN tendrá aún más reparos para proseguir con la negociación, pues sus acciones han sido financiadas por este tipo de actividades ilícitas. Esta reforma sería un golpe mortal para el proceso.

Si el ELN no avanza en su decisión de dejar las armas e intentar sus objetivos por los medios no violentos, estará asumiendo el riesgo de enfrentar la mayor ofensiva militar de su historia.

Si bien Duque ya no exige la concentración de las unidades guerrilleras para continuar con el proceso, ha limitado su oferta de paz al modelo del DDR, el cual únicamente concede beneficios jurídicos (principalmente rebaja de penas) a cambio del desarme.

Seguramente, si la negociación continua, el gobierno podría aceptar la participación política del ELN en el Congreso, pero a cambio exigiría modificaciones sustanciales en la agenda, por ejemplo:

  • Exclusión de temas fundamentales como el modelo económico y el sistema político, y
  • Definición de tiempos precisos para la negociación, para que no se extienda más de tres años.

Finalmente, el nuevo gobierno deberá tener en cuenta que el ELN ha logrado fortalecerse militarmente en algunos territorios donde las FARC tenían una presencia importante.

Como resultado, esta organización dejó de ser exclusivamente colombiana para convertirse en una guerrilla binacional. Del otro lado de la frontera el ELN no solo tiene su retaguardia estratégica, sino que cuenta con el apoyo del gobierno venezolano. Por lo tanto, si las cosas no cambian en el país vecino, el ELN aspirará a muchos más que los beneficios jurídicos del DDR.

*Politólogo y docente de la Universidad Nacional, miembro del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional.

             

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