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Paz y política exterior: las particularidades de Santos y la realidad con Iván Duque

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Presidente Iván Duque.

Giovanni MolanoComo sus predecesores, Santos vinculó las relaciones exteriores con el proceso de paz.Pero con Duque no sabemos si su política exterior tiene la construcción de la paz como uno de sus objetivos.

Giovanni Molano Cruz*

Balances y perspectivas

En la perspectiva de los balances que se hacen a los gobiernos que concluyen, en Razón Pública se ha destacado la coherencia de la política exterior de Santos, mientras a Duque se le ha sugerido que hacer. Pero la mirada histórica sobre la paz y las relaciones exteriores permite colorear un poco más la política exterior de Santos y contextualizar la incertidumbre que para la paz en Colombia se está sintiendo con Iván Duque.

Paz y relaciones exteriores

Aunque desconocido en sus detalles, actores y configuración, el vínculo directo entre construcción de paz y política exterior es de vieja data.

  • Belisario Betancur invirtió capital diplomático y político en la solución negociada de las guerras centroamericanas al tiempo que fue el primer presidente en reconocer las FARC como un interlocutor político en un proceso de paz.
  • Virgilio Barco, siguió la desarticulación entre factores externos y violencia nacional, abrió embajadas y consulados en Asia, África y Oceania, sentó las bases actuales de la política económica exterior, profundizó las relaciones con Cuba, respaldó los procesos de paz centroamericanos y logró un acuerdo de paz con el M-19.
  • César Gaviria innovó con la instalación en Venezuela y México de negociaciones de paz, al tiempo que reforzó la cooperación militar y policial con Estados Unidos y obtuvó preferencias arancelarias en ese país y en la Unión Europea (UE) en nombre de la “lucha contra la droga”.
  • Ernesto Samper, en medio de sus tóxicas relaciones con Estados Unidos, buscó negociar la paz con las FARC y ELN y para ello encontró apoyo en México, Venezuela y Alemania.
  • Andrés Pastrana fusionó la política exterior con la diplomacia por la Paz en sus relaciones con la Estados Unidos, la UE y órganismos multilaterales.
  •  Álvaro Uribe, en nombre de la paz, canalizó recursos de cooperación internacional mediante conferencias multilaterales, exploró acuerdos con las Farc y el ELN y negoció el desarme y la desmovilización de paramilitares con el respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En cada caso la política de paz estuvo atada a las relaciones internacionales, particularmente con América Latina, Europa y Estados Unidos. El gobierno Santos (2010-2018) no fue la excepción.

Cooperación y apoyo de Estados Unidos y Europa

Firma de los Acuerdos de Paz con las FARC.
Firma de los Acuerdos de Paz con las FARC.  
Foto: Presidencia de la República

Santos defendió la solución negociada al conflicto armado con las Farc desde una diplomacia política y económica que obtuvo resultados concretos de cooperación, y la exitosa gestión de las relaciones exteriores regionales y extraregionales.

Sin atender las críticas de algunos gremios y sectores de la oposición, su gobierno impulsó y firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Apoyo para la paz y TLC fueron los objetivos de su primer embajador en Washington.

La administración Santos promovió habilmente a Colombia como potencia regional.

De la administración democrata de Obama, Santos obtuvo además el respaldó a los diálogos de La Habana y la continuación de la ayuda financiera, la cooperación militar y policial. A diferencia de procesos anteriores de paz -cuando Washington formalmente apoyó las negociaciones de paz pero en la práctica mantuvo su agenda anticomunista, antidroga o antiterrorista-, el gobierno Obama asumió un compromiso político  y designó un enviado especial, Bernie Aronson, quien en sus labores por la paz de Colombia se reunió con Nicolás Maduro.

Con la UE, el gobierno Santos también firmó un TLC, que confirmó a Colombia como el cuarto socio comercial para exportadores europeos y a la UE como segundo socio comercial del país. La UE también nombró un enviado especial para el proceso de paz en Colombia, Eamon Gilmore, y en 2016 creo un Fondo Fiduciario para el Pos-conflicto en Colombia de 90 millones de euros. Entre 2010 y 2018, la característica de la cooperación de la UE con Colombia fue la misma que se instauró en 2002: ayuda técnica y financiera para fortalecer condiciones sociales, económicas, territoriales y culturales para la paz, mediante el apoyo a actores locales.

Respaldo político y diplomático de América Latina

En América Latina Santos también presentó la paz con las Farc como una clave para solucionar el problema del narcotráfico. Con sus homologos fronterizos estableció además prioridades de cooperación bilateral: con Perú combate a la minería ilegal, con Ecuador promoción del desarrollo fronterizo y eliminación de la violencia, con Venezuela batalla contra el contrabando, con Panamá interconexión eléctrica, y con Brasil desarrollo, inversiones y seguridad.

De toda América Latina y el Caribe, el proceso de paz recibió apoyo y cooperación política y diplomática. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, desde su creación, en 2011, expresó su apoyo a la salida negociada del conflicto armado. Y la Unasur, en 2015 envío a José Bayardi como su comisionado para el proceso de paz de La Habana.

En los diálogos de La Habana se destacaron Chile y Venezuela, como acompañantes, y Cuba que fue garante. En México, Enrique Peña Nieto, desde su posesión en 2012, fue solidario con el proceso de paz de Santos, a diferencia de Felipe Calderón, quien nunca se expresó al respecto.

En 2016, Brasil creó un “Grupo de Amigos por la paz de Colombia”. Argentina y Uruguay tuvieron iniciativas similares. El mismo año, Ecuador y Brasil confirmaron su intensión de cooperar en los acuerdos de paz con el ELN. Y en 2017, observadores militares de Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay y República Dominicana verificaron el proceso de dejación de armas de la guerrilla FARC.

Ningún liderazgo regional

Políticas exteriores
Políticas exteriores
Foto: Centro de Estudios Aeronáuticos

La administración Santos promovió habilmente a Colombia como potencia regional. Su gobierno, junto con Guatemala y México, fortaleció una demanda latinoamericana de revisar las políticas de guerra contra la droga. Fue protagonista en la consolidación de la Alianza del Pacífico y en 2017 y 2018 tuvo la imagen más positiva de presidentes latinoamericanos.

Pero Santos no fue un líder regional. Su gobierno contribuyó, con otros cinco países, a paralizar la Unasur; la organización regional que avanzó con cooperación en seguridad, salud, defensa y el tema de las drogas, y que en su momento fue espacio de resolución de conflictos políticos y violentos, nacionales e internacionales, de Suramérica.

En las presidencias pro-tempore de la Comunidad Andina, el mandato Santos se limitó a aceitar la inercia burocrática. La desidia brilló en su gestión de las fronteras cuyo climax fue la crisis con Ecuador por el asesinato en abril de 2018 de periodistas de ese país en territorio colombiano. Y el desatino caracterizó su tratamiento al diferendo limitrofe con Nicaragua.

Una vez concertados y firmados los acuerdos de paz, Santos desperdició el capital político y comunicativo que había acumulado en las relaciones con el régimen de Maduro y no presentó ninguna iniciativa para encabezar un proceso latinoamericano que ayudara a detener la escalada de la crisis política, económica, social y humanitaria venezolana.

Un presidente fiel a su clase

La coherencia entre los objetivos y los logros de la política exterior de Santos se ciñeron, en el discurso y la práctica, a la tradición según la cual el alineamiento del país a Washington siempre favorece los objetivos y el desarrollo de nuestra agenda exterior.

Aunque Santos, tomando las palabras de Franklin Delano Roosevelt, aseguraba que no le disgustaba la idea de pasar a la historia como “traidor de su clase”, en materia de política exterior no la traicionó, le fue fiel.

Desde sus inicios su gobierno confirmó la alianza con Estados Unidos, en Washington reforzó el argumento de que la paz de Colombia favorecería el fin del problema de las drogas. Y con este país restableció los Diálogos de Alto Nivel en Seguridad. Además, concretó la asociación de Colombia a la OTAN, donde el peso pesado es Estados Unidos.

La paz en un mundo turbulento

Migración de personas venezolanas hacia Colombia.
Migración de personas venezolanas hacia Colombia.  
Foto: Personería Santiago de Cali

Santos dejó un exitoso acuerdo de paz con las FARC y una estable economía nacional. Pero la cooperación extranjera para la construcción de la paz en Colombia no tiene un horizonte promisiorio.

El gobierno Duque inicia en un mundo integrado económicamente pero políticamente turbulento, donde predomina la volatilidad de gobernantes inmersos en atender sus problemas nacionales.

Venezuela es una bomba de tiempo, y no solo por la crisis humanitaria que acompaña a su masiva emigración.

Donald Trump se presenta como adalid del proteccionismo y su gobierno no escatima esfuerzos para minar espacios multilaterales globales y regionales. El Plan Colombia, que ahora se llama Paz Colombia, llegó este año disminuido en sus guarismos.

La UE, que está desbordada por crisis políticas o de gobernabilidad, no cambiará su condición de ser proveedor de flujos de cooperación y asistencia financiera sin ser un actor político.

En América Latina también es sombrío el panorama de la cooperación para la construcción de la paz en Colombia. Argentina y Brasil atraviesan delicadas crisis económicas y políticas respectivamente. México, a juzgar por los discursos del candidato López Obrador donde no trató temas latinoamericanos o de política internacional- no presentará en el futuro próximo ninguna iniciativa regional.

Una bomba de tiempo

En la frontera con Ecuador impera una disidencia de las FARC, vinculada con grupos de delincuencia y narcotráfico y en colusion con la realidad política, social y económica de la zona.  Mientras Venezuela es una bomba de tiempo, y no solo por la crisis humanitaria que acompaña a su masiva emigración.

Desde Washintgon y Bogotá, casi de manera simultánea, ya se ha comenzado a discutir, y legitimar con el discurso, una intervención militar.

El despropósito fue apoyado incluso, de manera entusiasta y ante centenares de venezolanos desesesperados y en profunda vulnerabilidad social, por el Secretario General de la OEA. Y de manera tácita por el gobierno Duque que no firmó la declaración del Grupo de Lima en contra de cualquier intervención militar en el vecino país. Duque se manifestó, pero de último y para matizar las afirmaciones de su embajador en Washington quien no descarta una intervención militar.

Lo cierto es que del lado venezolano abundan sectores civiles, políticos y armados seducidos por una acción militar contra el régimen de Maduro. Y en Colombia -además de disidencias de las FARC, otros grupos armados ilegales, crimen organizado, narcotráficantes, delincuentes y el senador Uribe Vélez- creo también son numerosos los sectores políticos y militares que estarían fascinados al oir tambores de guerra.

¿Paz y política exterior en el gobierno Duque?

A juzgar por sus acciones del último mes, el gobierno Duque estaría profundizando la alianza con Estados Unidos, copando espacios europeos para promover sus interéses políticos y económicos y concertando mediante canales diplomáticos las relaciones comerciales y políticas con sus pares latinoamericanos.

Pero el problema, grueso y de fondo, es que hoy no sabemos si la política exterior del gobierno de Ivan Duque tiene como uno de sus objetivos la implementación de la paz en Colombia.

* Profesor en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.

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