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Por Hernando Gómez Buendía

Turismo negro en Medellín: ¿plata o plomo?, ¿memoria o reparación?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Barrio Pablo Escobar.

Camilo TamayoLas autoridades se limitan a prohibir el turismo asociado con Pablo Escobar por ser una “apología del crimen”. Pero el deber del Estado es promover activamente una memoria responsable sobre este tramo de la historia colombiana.

Camilo Tamayo Gómez*

EafitUna cruzada moral

Hace unas semanas, las autoridades de Medellín clausuraron temporalmente la casa museo Pablo Escobar, pues no contaba con la documentación requerida para brindar este tipo de servicios de turismo.

"Bienvenidos a nuestro museo, bienvenidos a nuestra historia". Así saludaba a los visitantes Roberto Escobar, administrador del lugar y hermano del famoso narcotraficante. Los turistas pagaban alrededor de 40 dólares (120.000 pesos colombianos) para conocer la “versión de su historia”, que por ahora no será repetida durante un tiempo.

¿Por qué es problemática esta cruzada moral de la Alcaldía de Medellín para borrar de la ciudad todo recuerdo asociado con Pablo Escobar? ¿Qué implica este intento de simplificar la figura compleja del exjefe del Cartel de Medellín y presentarlo como una escueta expresión del delito y la criminalidad? ¿Cómo leer estos asuntos a la luz de narrativas más complejas y menos maniqueas?

Tanatoturismo, entretenimiento y construcción de memoria

Pablo Escobar
Pablo Escobar
Foto: Wikipedia

En 1996, el profesor A.V. Seaton utilizó por primera vez el término “tanatoturismo” (thanatourism) para aludir a la práctica turística de visitar lugares cuyos rasgos distintivos son la muerte o la violencia y que, por ser abiertos al público, pueden ser    considerados como una forma de patrimonio histórico.    En ese mismo año, los profesores    Malcom Foley y John Lennon acuñaron la expresión “turismo negro (dark tourism) para dar cuenta de un tipo de turismo que implica visitar sitios asociados con la muerte, la tragedia y el horror.

Según estos autores, el “turismo de sufrimiento” no es para nada nuevo. Como ejemplo mencionan la tradición de asistir a la ejecución o decapitación pública de los reos condenados —costumbre de origen romano que se mantuvo durante la Edad Media)—, pasando por prácticas más antiguas como la visita a las catatumbas de Roma, o más contemporáneas, como los tours a los campos de concentración de la Alemania Nazi o el museo de los crímenes genocidas en Camboya.

El tanatoturismo, igual que los narcotours, son expresiones culturales que dan cuenta de periodos históricos particulares

Pero ¿los “narcotours” asociados con Pablo Escobar pueden ser considerados como una forma de tanatoturismo? ¿O son escuetas expresiones de apología al delito? La respuesta tiene varios matices.

Le recomendamos: De tour, narco-tours y otras especies extrañas: la encrucijada de cómo narrar nuestros fantasmas

El primer matiz pasa por entender que la figura de este antiguo narcotraficante está permeada, como ningún otro personaje colombiano, por las narrativas del espectáculo. Y esto implica que las consideraciones morales queden en un segundo plano. En otras palabras, la cultura del entretenimiento, sobretodo audiovisual, ha hecho de Pablo Escobar un objeto de consumo. Los narcotours, museos y materiales promocionales son apenas expresiones naturales del capitalismo, que buscan atender una demanda de las audiencias por productos que brindan gratificación. Sin consumidores no hay mercado, “sin tetas no hay paraíso”.

El segundo matiz se sitúa en el plano de la estética. El tanatoturismo, igual que los narcotours, son expresiones culturales que dan cuenta de periodos históricos particulares de violencia o maldad de las sociedades. No son invenciones arbitrarias, sino que de algún modo corresponden a la realidad.

Querer eliminar de la memoria colectiva de Medellín lo que significa la figura de Pablo Escobar (destruyendo el edificio Mónaco, cerrando muesos apologéticos, o condenando los narcotours) es no querer afrontar una discusión pública que es mucho más compleja y donde la administración municipal habría de ser el primero de los interlocutores:     

¿Cuáles fueron las condiciones sociales que permitieron engendrar un personaje como Pablo Escobar? ¿Qué responsabilidad tiene el Estado? ¿Por qué provoca tanta admiración su nombre, por ejemplo, en Instagram y Facebook? y, sobre todo, ¿cómo vamos a construir narrativas de memoria, particularmente desde el punto de vista de las víctimas, que nos ofrezcan visiones más profundas y menos sensacionalistas?

Puede leer: Narcolombia: la banalización de la cultura narco

El tercer matiz consiste en la necesidad de ir más allá de esa visión simplista, y muchas veces arropada bajo un falso manto moral de afectar la “buena imagen” de la ciudad. ¿Se ve afectada la imagen de Berlín cada vez que un turista asiste al Museo del Holocausto? ¿Visitar lugares asociados con Escobar es síntoma de “perspectivas enfermas”, como dijo el exministro de Defensa Luis Carlos Villegas?

Hay que dejar de lado los lugares comunes y debatir públicamente sobre cuáles han sido los efectos de la cultura de la ilegalidad y el crimen para esta ciudad, qué aprendizajes se pueden derivar del pasado para crear herramientas discursivas que superen ese tipo de cultura y puedan ofrecer desde el turismo una mirada más compleja, y menos banal sobre lo que significó ese periodo de la historia de Colombia.

Basta con ver alguno de los nueve tipos de narcotours que ofrece la empresa Medellín Transporter para constatar el grado de banalización al que ha llegado la representación turística de Escobar.

El legado narrativo de Escobar

Hacienda Nápoles
Hacienda Nápoles     
Foto: Wikimedia Commons

Pablo Escobar fue producto de su época y de su realidad social.

En una ciudad que hoy se encuentra controlada por “los combos” y es presa de la extorsión, con altos grados de desigualdad, y donde el crimen es el poder de facto en varias partes del territorio, es imposible que esa narrativa e imagen romántica de antihéroe del ex capo no se refuerce aún más gracias al turismo negro.

En otras palabras, si queremos que no haya narcotours, turismo tóxico o turismo sexual en Medellín, hay que empezar por cambiar nuestra realidad social, pues estas expresiones de turismo, por controversiales que parezcan, solo son reflejo de la realidad que las autoridades no quieren reconocer. No se trata entonces de “cuidar” el city branding de la ciudad, señores de la Alcaldía de Medellín, es más un complejo asunto de reality testing.

Sin embargo, uno de los problemas principales de los narcotours, museos apologéticos del delito y demás formas de turismo negro consiste en ser expresiones de la comercialización de la muerte, lo cual tiene serias implicaciones éticas.

¿ Se ve afectada la imagen de Berlín cada vez que un turista asiste al Museo del Holocausto?

Los turistas que asisten a sitios como Auschwitz, el Centro de Memoria del Genocidio de Ruanda o el Parque de la Paz de Hiroshima tienen, en su gran mayoría    conocimiento profundo sobre lo ocurrido en esas sociedades, de modo que las visitas despiertan sus sentimientos de empatía y respeto por las víctimas.

Pero en el caso de Medellín no existen ni la sensibilidad estética ni el conocimiento político desde el gobierno municipal para reflexionar públicamente sobre la memoria de Escobar. Por eso la administración se limita a demoler o clausurar cualquier sitio público que evoque su presencia o a condenar a la hoguera a los turistas que asisten a alguno de los más de cuarenta narcotours que ofrece la ciudad.

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El reto para la administración pública es claro: ¿qué tipo de iniciativas de memoria, en perspectiva turística, son los más adecuados para narrar, representar y enseñar asertivamente la época del Cartel de Medellín en clave pedagógica y de reparación simbólica para las víctimas?

La gran acogida que ha tenido el turismo negro en esta ciudad se da, entre otras cosas, porque no hay una oferta institucional que le haga contrapeso y que aborde estos temas desde una narrativa oficial.

Ojalá algún día el Museo Casa de la Memoria de Medellín asuma esa responsabilidad y haga algo al respecto. Por el momento hay una buena noticia: esta institución oficial de memoria comparte con la casa museo Pablo Escobar la misma puntuación de 4,5 en el popular sitio de turismo Tripadvisor.

La competencia, pues, arranca nivelada.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad EAFIT. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

**Doctor en Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad de Huddersfield (Reino Unido), coordinador de la Especialización en Comunicación Política de la Universidad EAFIT.

 

 

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Comentarios  

Betty Martinez
0 # Sociedad CorruptaBetty Martinez 06-12-2018 09:57
Tiene usted toda la razón profesor Tamayo, resulta increíble que en pleno siglo XXI todavía existan mentes retrógradas que desde los cargos más altos del estado pretendan cercar la historia para posicionar visiones de mundo sesgadas y totalmente amoldadas a sus intereses. No quieren que desde la razón ilustrada comprendamos que el narcotráfico en Colombia no es solo Pablo Escobar, sino que el fue unos de los exponentes de una sociedad corrupta desde los albores de la república.
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