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Por Hernando Gómez Buendía

BACRIM: el poder y las sombras del paramilitarismo

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Cesar-AlarconQuiénes son, dónde están y qué ha pasado con las mal llamadas “bandas criminales emergentes”. Este eufemismo encubre un mal diagnóstico: así no puede resolverse el problema.

César Alarcón Gil*

El poder de las palabras

En uno de los textos más brillantes de Pierre Bourdieu sobre la relación entre el lenguaje y el poder, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos, el autor destaca los efectos que provoca el uso de ciertas palabras para comprender los fenómenos sociales.

 
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El proceso de desmovilización paramilitar culminó con el desmonte oficial de aquellos grandes bloques que constituían la red de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Foto: movidaoriental.wordpress.com
 

El lenguaje es el vehículo para la fijación de sentido. Y en esta fijación, el emisor del mensaje juega un papel fundamental: para Bourdieu, unos pocos actores sociales — y en especial los que hacen parte del Estado — tienen la capacidad de emitir discursos performativos es decir, discursos que crean las cosas al nombrarlas.

Por consiguiente, no es lo mismo que el Estado hable de bandas criminales emergentes (BACRIM) — como las denominó artificiosamente el gobierno anterior — que hablar de grupos neo–paramilitares: una diferencia fundamental que deja de ser una entrada anecdótica en el diccionario para convertirse en un reto práctico frente al control efectivo del orden público.

2003-2006: evolución de las redes, mantenimiento de los roles

El proceso de desmovilización paramilitar culminó con el desmonte oficial de aquellos grandes bloques que constituían la red de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Los funcionarios del momento lanzaron las campanas al aire: mediante arengas ante los medios de comunicación y los representantes de la comunidad internacional anunciaron el fin del paramilitarismo, como si por decreto todos los integrantes de estos grupos hubieran abandonado las armas, de manera que automáticamente también debían desaparecer sus prácticas y sus costumbres.

La realidad indicó que el desmonte había sido parcial e incompleto. Bajo las siglas de las AUC existía toda una constelación de agentes sociales con motivaciones diversas y con intereses dispares y comunes al mismo tiempo, dependiendo de la región observada.

Los recursos derivados del tráfico de drogas se convirtieron en la correa de transmisión que permitió la subsistencia de varias redes a las cuales se les pondría un nuevo nombre, pero que funcionaban de manera casi idéntica a los grupos paramilitares, oficialmente declarados extintos. 

Si bien hubo una desmovilización efectiva de algunos miembros de la cúpula de las AUC, numerosos mandos medios y bajos nunca dejaron de operar. Muchos de ellos no estaban interesados en hablar de paz. La lógica económica era preponderante, aunque no única: traficantes “pura sangre”, exguerrilleros, policías y militares comenzaron a figurar con mayor frecuencia dentro de estas “nuevas” organizaciones delictivas. El nombre inventado por el propio gobierno colombiano fue el de bandas criminales emergentes.

2006 – 2010: cismas, sofismas y recomposiciones

La cúpula de las AUC mantuvo una fuerte relación con algunos de los mandos medios y bajos no desmovilizados. Se dio paso a una forma de liderazgo que descansaba sobre tres ejes:

  • por un lado, los excomandantes Castaño, Los MellizosDon BernaMacaco y Don Mario;
  • por otro lado, los grupos asociados con dos bandos en pugna dentro de la organización narcotraficante del Norte del Valle, a saber, Los Machos y Los Rastrojos.
  • A ellos se sumaron figuras como alias Cuchillo y Daniel el Loco Barrera.

Eventualmente fue surgiendo toda una miríada de grupos armados bajo distintas denominaciones y con diversas lealtades. La extradición de los exjefes paramilitares en mayo de 2008 despejó el camino para un escenario que se había ido configurando lenta pero inexorablemente: relaciones de cooperación y de confrontación altamente fragmentadas con una supremacía en permanente disputa.

 
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Bajo las siglas de las AUC existía toda una constelación de agentes sociales con motivaciones diversas y con intereses dispares y comunes al mismo tiempo.
Foto: latinamericanstudies.org
 

Para 2008 se creó la Unidad Nacional de Descongestión y Apoyo contra las Bandas Criminales dentro de la Fiscalía General de la Nación, pero poco pudo hacer frente a la complejidad del fenómeno al que se enfrentaba.

La relación de los elementos de las “bandas criminales” con agentes insertados en los cuerpos de fuerza pública osciló entre la complicidad y la confrontación. Más allá de las capturas sistemáticas de algunos de sus líderes y operadores, fueron saliendo a la luz pública alianzas non sanctas entre policías y militares con miembros de estas organizaciones y también ciertas coaliciones con prominentes políticos locales y regionales: un esquema muy parecido al de las AUC. En los departamentos de Antioquia, Córdoba, Chocó y el Valle del Cauca este fenómeno fue particularmente notable.

¿Realmente quiénes son?

Una pregunta reiterativa es: ¿quiénes integran estos grupos criminales? Diversos analistas sugieren que los niveles bajos de la organización o sea “la tropa” está formada por primo–delincuentes, ex guerrilleros, ex policías, ex militares y por supuesto, ex paramilitares. En este nivel, los desmovilizados tienen una participación acotada que incluso puede verse diluida frente a las de los otros grupos mencionados: se estima que entre el 7 y el 10 por ciento son excombatientes.

No ocurre lo mismo con las personas que ocupan alguna posición de liderazgo. Según estadísticas de la Policía Nacional, de los 63 jefes de estos grupos, capturados entre 2006 y 2011, al menos el 53 por ciento fueron miembros o mandos medios de las AUC.

  • Personajes como Pedro Oliverio Guerrero (a) Cuchillo exjefe del frente Guaviare de las AUC se convirtió en el jefe del Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC). Este grupo, que opera en los Llanos Orientales se encontraba asociado con Daniel “El Loco” Barrera.
  • Arnulfo Sánchez González (a) Pablo — exmando medio del frente Wayúu de las AUC (Bloque Norte) — trabajaba para Rodrigo Tovar Pupo (a) Jorge 40, extraditado a Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico.
  • Daniel Rendón Herrera (a) Don Mario, hermano de Freddy Rendón Herrera (a) El Alemán, creó las Autodefensas Gaitanistas de Colombia que operaban en el Urabá antioqueño y se convirtieron en la banda de “Los Urabeños”, aparentemente sumando a Henry de Jesús López Londoño (a) Mi Sangre;
  • Maximiliano Bonilla (a) Valenciano formaba parte del equipo de seguridad y traficaba con drogas bajo encargo de Diego Fernando Murillo Bejarano (a) Don Berna; una trayectoria similar fue protagonizada Erickson Vargas Cardona (a) Sebastián.

La información disponible sugiere además que estas organizaciones han buscado bajar su perfil para no llamar la atención del gobierno nacional, pero no siempre han tenido éxito. La confrontación entre Sebastián y Valenciano por el control de la célebre Oficina de Envigado en el Valle de Aburrá, alcanzó tales proporciones que todo el país se enteró de los más mínimos detalles.

 
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Traficantes “pura sangre”, exguerrilleros, policías y militares comenzaron a figurar con mayor frecuencia dentro de estas “nuevas” organizaciones delictivas.
Foto: noticiasbunker.blogspot.com
 

Las estrategias y el modus operandi varían según la región e incluso dentro de un mismo departamento o una misma ciudad. Ya sea en entornos urbanos o rurales, estas organizaciones buscan auto–preservarse y expandirse, empleando estrategias que trascienden por mucho la amenaza armada.

Son múltiples y variadas las relaciones que mantienen tanto con la sociedad como con los políticos regionales, a quienes pueden cooptar, impulsar, desterrar o asesinar. El control del territorio es fundamental: pueden simplemente hacer presencia o convertirse en auténticos reguladores de un orden social paralelo a las leyes que trata de imponer con dificultad el Estado colombiano.

Ocultos tras un nombre

Desde la extradición colectiva y repentina de alias Don Berna y de otros exjefes de las AUC — el 13 de mayo de 2008 — se ha producido una carrera frenética por descabezar a las “bandas emergentes”:

  • Daniel Rendón Herrera (a) Don Mario fue capturado el 15 de noviembre de 2009 en el Urabá antioqueño;
  • (a) Cuchillo fue asesinado el 25 de diciembre de 2010;
  • Arnulfo Sánchez (a) Pablo fue detenido el 15 de noviembre de 2010 en Bogotá;
  • Maximiliano Bonilla Orozco (a) Valenciano, fue capturado en Venezuela el 28 de noviembre de 2011;
  • Erickson Vargas (a) Sebastián, fue capturado el 8 de agosto de 2012 cerca de Medellín;
  • Daniel “el Loco Barrera” fue capturado en Venezuela el 18 de septiembre de 2012;
  • Henry López (a) Mi Sangre fue detenido en Buenos Aires el 31 de octubre de 2012.

Uno a uno, los líderes transitorios de las denominadas bandas criminales emergentes han ido cayendo, y duran cada vez menos tiempo en la cúpula de sus respectivas organizaciones. A cada captura o muerte de estas cabecillas, las han seguido momentos de crisis y de violencia en sus espacios de operación.

El “paro armado” decretado en enero de 2012 tras la muerte de Juan de Dios Úsuga David (a) Giovanny, — líder de Los Urabeños — puso en jaque a las autoridades y a la población civil en diversas regiones de Magdalena, Antioquia, Chocó, Córdoba, Sucre y Bolívar. Este paro prefiguró los tiempos que estaban por venir: organizaciones fragmentadas y peligrosas, pero con un enorme poder de fuego y habiendo desarrollado intensos procesos de aprendizaje político.

Se cometió un error fatal al negar oficialmente el carácter político de estos grupos y decretar el nacimiento de otros exclusivamente delictivos, como si no hubieran recorrido previamente una curva de aprendizaje: para enfrentar efectivamente a las BACRIM será necesario un diagnóstico correcto, empezando por su nombre.

* Maestro en Estudios México–Estados Unidos de la Universidad Nacional Autónoma de México, y miembro de la Cátedra UNESCO sobre transformaciones políticas y sociales en materia de drogas ilegales.

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