facebook   twitter   youtube 

Calentamientos globales y climas para la paz

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Protestas en París en el marco de la Conferencia del Cambio Climático de las Naciones Unidas.

Gustavo Wilches-ChauxEn París se habla del calentamiento global en un ambiente de guerra, y en Colombia  queremos acabar el conflicto sin cambiar el modelo ambiental. En ambos casos es preciso entender que no habrá paz sin un modo distinto de relación con la naturaleza.

Gustavo Wilches-Chaux*

Cumbre climática en un mundo enrarecido

La Conferencia Mundial sobre Cambio climático (COP21) que comienza este lunes en París no solamente constituye un desafío para Francia, sino para todo el mundo occidental, especialmente después de los  ataques terroristas en París, Beirut y Nigeria, y el atentado contra un avión ruso en octubre.

Estos sucesos dispararon la respuesta armada por parte de Occidente y dieron pie a la declaración de Hollande: “Francia está en guerra”. Aun así la COP21 debe proceder, porque cambiarla de sede o aplazarla sería una victoria para el terrorismo que no se puede aceptar.

Sin alterar la agenda formal de la cumbre, los que sí deben cambiar son “el espíritu” y el enfoque de la conferencia. Más allá del obligado “minuto de silencio” y de las también obligadas condenas al terrorismo, la COP21 debe propiciar una reflexión muy seria sobre la necesidad de un cambio cultural global.

Crisis de civilización

En efecto: el cambio climático es el síntoma de una crisis profunda de la civilización y de un modelo de vida que ya no es exclusivo de Occidente ni del capitalismo neoliberal. Gobiernos que se dicen anti-capitalistas y anti-neoliberales se han convertido en campeones del “extractivismo”, con todo lo que eso implica en cuanto a destrucción de ecosistemas y comunidades, y en practicar un antropocentrismo que niega los derechos de las demás formas de vida sobre la Tierra.

El cambio en la cultura implica modificar patrones de consumo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, utilizar “energías limpias” y medios de transporte de bajo impacto ambiental. Pero ante todo obliga a redefinir la función de nuestra especie en la Tierra: el reto nuestro no es “salvar el planeta” -que se está salvando por sí solo- sino asegurar la posibilidad de que la especie humana siga formando parte de él. Y esto significa renunciar a nuestra condición de plaga.

El reto nuestro no es “salvar el planeta” -que se está salvando por sí solo- sino asegurar la posibilidad de que la especie humana siga formando parte de él. 

Seguramente en la COPP21 estarán presentes (o se harán sentir) el papa Francisco y el Dalai Lama, lo cual es muy importante porque una de las causas de la crisis es precisamente la división tajante entre la vida espiritual y el desarrollo material. Quienes toman las decisiones económicas dicen respetar los llamados de estos líderes espirituales, pero están al servicio de prioridades a menudo incompatibles con la salud planetaria.

La COP21 debe reconocer que el clima es una dimensión inseparable de la paz y que el calentamiento del planeta desencadena tensiones que podrían conducir a una tercera guerra mundial. Si el actual cambio climático tuvo raíces en la Revolución Industrial, el ambiente guerrerista es un producto de la falta de diálogos mutuamente respetuosos y no utilitaristas entre cosmovisiones y civilizaciones; diálogos que llevan siglos sin establecerse de manera adecuada. El terrorismo islámico es una patología terminal que en gran medida surge de ahí.

Un síntoma de la crisis de Occidente es el hecho de que buen número de jóvenes vinculados con los grupos extremistas islámicos provengan de familias no musulmanas francesas, inglesas, belgas y de otras nacionalidades europeas. ¿Por qué la rica cultura occidental es incapaz de entusiasmar a muchos de sus jóvenes con proyectos de vida y deja abiertos los espacios para que sean reclutados por quienes promueven aventuras de exterminio o de autodestrucción?

Si no aborda con crudeza esta pregunta, en la COP21 se estarán intentando tomar decisiones para un mundo que no es el real. 

Colombia, la paz y las ZIDRES.

Campamento de minería ilegal en el departamento de Antioquia.
Campamento de minería ilegal en el departamento de Antioquia.
Foto: Agencia de Prensa Rural

Desde hace mucho tiempo en Colombia venimos insistiendo en que no basta con pactar la paz entre actores humanos, sino además con la naturaleza: paz con los ecosistemas, con el clima, con el agua, con la biodiversidad.

Aunque un aporte indudable del gobierno Santos al fortalecimiento del territorio colombiano frente al cambio climático es el proceso de paz, resultan preocupantes varias “iniciativas” que vienen avanzando y que demuestran que buena parte del Estado y de la sociedad apuntan en otra dirección.  Mientras un sector del Estado intenta “gestionar riesgos” y evitar desastres, otros sectores parecen dedicarse precisamente a crearlos, pensando seguramente que podrán liberarse de responsabilidad cuando afirmen que los desastres son “naturales”.

Así por ejemplo, Juan Pablo Ruiz  explica el peligro del proyecto de ley sobre las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social (ZIDRES), según el cual ‘los territorios declarados como ZIDRES serán sustraídos automáticamente y para todos los efectos de la Ley 2ª de 1959 y modificarán en todo lo pertinente los Planes de Ordenamiento Territorial […] de los municipios vinculados”. Esto se hará –dice Ruiz- para favorecer el desarrollo agroindustrial en el piedemonte llanero y amazónico. De cuya integridad, dicho sea de paso, depende el clima de la región andina colombiana.

La Ley 2 de 1959 es una norma pionera de la conservación ambiental en Colombia y, como explica Julio Carrizosa, es el fundamento  de “los parques nacionales establecidos antes de diciembre de 1974. Las condiciones y la descripción legales de las ZIDRES permitirán que la colonización empresarial destruya esos bosques sin que puedan intervenir ni las autoridades locales ni el Sistema Nacional Ambiental”. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) está intentando eliminar esta cláusula del proyecto de ZIDRES, porque ella implicaría la condena a muerte de muchos ecosistemas colombianos. Ojalá tenga éxito.

A los funcionarios públicos que promueven el proyecto de ley hay que recordarles que podrían estar incurriendo en el delito de prevaricato por “transgresión de preceptos constitucionales”, como establece el artículo 79  de la Carta.  

Reforma agraria en zonas de protección

En ese mismo artículo Juan Pablo Ruiz advierte que “el acuerdo de La Habana sobre Reforma Rural Integral se basa en la titulación de baldíos nacionales (reservas forestales) a campesinos sin tierra”. Esto implicaría realizar la aplazada reforma agraria, pero no sobre suelos de vocación productiva, sino a costa de segmentos importantes de la estructura ecológica que garantiza la resiliencia y viabilidad integral del territorio.

Una reforma agraria en esas zonas afectaría en primer lugar a los mismos campesinos “beneficiarios”: los bosques tropicales son ricos gracias a la biodiversidad, particularmente del suelo hacia arriba, pero los suelos solamente son ricos mientras la selva se extienda sobre ellos. La experiencia de muchas generaciones de colonos prueba sin duda que tras unas pocas cosechas que agotan la fertilidad acumulada a lo largo de siglos, el suelo queda totalmente empobrecido y sin posibilidad de recuperación natural. A los campesinos no les queda opción distinta que seguir avanzando sobre más bosque natural.

Destruidos los ecosistemas que les otorgan resiliencia, los territorios se convierten en zonas de alto riesgo. Condenar a familias campesinas a vivir en ellos y de ellos sería una acción criminal.

Colombia para los jóvenes

El papa Francisco publicó la encíclica Laudato Si’ con el propósito de influenciar la COP21.
El papa Francisco publicó la encíclica Laudato Si’ con el propósito de influenciar la COP21.
Foto: US Papal Visit

Pero hay gérmenes de esperanza a lo largo y ancho del territorio nacional.

Desde hace años existen en Colombia programas dedicados a fomentar el espíritu empresarial y otras cualidades entre los jóvenes, pero el compromiso de la cultura debe ir más allá, como ocurre con movimientos como la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente, que trabajan activamente en defensa de todas las las expresiones de la vida en distintas regiones del país.

Mientras un sector del Estado intenta “gestionar riesgos” y evitar desastres, otros sectores parecen dedicarse precisamente a crearlos.

Entre los procesos más importantes que adelantó la Administración Petro en  Bogotá se cuentan Jóvenes en Paz y otros que buscan crear o fortalecer espacios donde los  niños, niñas y jóvenes vulnerables encuentren oportunidades reales para convertirse en militantes de las causas de la vida.

La Cruz Roja, entre otros organismos no gubernamentales, avanza hacia convertir las redes de jóvenes voluntarios en gestores de una transformación cultural que nos permita convivir con el cambio climático. Esta educación incluye habilidades para el manejo del riesgo, la gestión ambiental y la construcción de condiciones locales para que pueda germinar la semilla de la paz.

La implementación efectiva y masiva del servicio ambiental, como alternativa al servicio militar obligatorio, abre nuevas posibilidades para la juventud, particularmente la del campo. Este puede ser otro dividendo ambiental del acuerdo de paz.

Niños, niñas y jóvenes que ingresen a una orquesta o a una banda musical como las que promueven la Red de Bandas Distritales y el programa Batuta, son miles de candidatos menos para incorporarse a bandas criminales o a grupos armados.

Clima y paz

Un estudio reciente de Naciones Unidas confirma que el 90 por ciento de los desastres registrados en el mundo durante los últimos 20 años son de origen hidro-meteorológico, es decir, relacionados con el clima y el agua.

La principal e irrenunciable medida de adaptación de Colombia al cambio climático es conservar nuestra riqueza natural, pues si ella se destruye no podrá reemplazarse… ni nos será posible construir una paz duradera. Estaremos condenando a las futuras generaciones a nuevas y más complejas formas de violencia y de guerra y a nuevos desplazamientos y desgracias.

Así como en la COP21 no se puede hablar de clima sin hablar de paz, en Colombia no se puede hablar de paz –y menos intentar construirla- sin tener en cuenta el clima y los demás factores de los cuales depende que la paz pueda arraigarse y prosperar.

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil  del autor, haga clic en este enlace.

 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Fernando Meza Ayala
0 # re-evoluciónedu caFernando Meza Ayala 01-12-2015 00:13
Por change.org propuse presionar a los Gobiernos con el apoyo solidario y fraterno de Colombia, Perú, Brasil y Venezuela la Creación del Corredor Biológico y la Reserva de la Amazonía como Despensa Ecosistémica del Agua y Pulmón del Planeta que reduciría real y efectivamente los Gases Efecto Invernadero para el Futuro, si queremos tener Futuro en el Planeta.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

Esta semana en Razonpublica