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Guerrilleros indultados: un anuncio que no se supo hacer

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Eduardo AlvarezEl indulto para 30 guerrilleros presos fue tan mal transmitido a la opinión que acabó por servirle a los opositores del proceso, en lugar de aparecer como el paso decidido hacia la paz que en realidad significa este indulto.   

Eduardo Álvarez Vanegas*

El pasado 22 de noviembre la Oficina del Alto Comisionado publicó el comunicado del indulto a los 30 guerrilleros de las FARC.

Problemas de disonancia

El indulto concedido a 30 guerrilleros de las FARC por parte del gobierno nacional fue mal presentado ante la opinión pública.

Por eso se perdieron los mensajes centrales que el gobierno y las FARC querían transmitir con su comunicado del pasado 22 de noviembre, y en cambio ganó fuerza la posición de los sectores contrarios al proceso de La Habana.  Y en todo caso quedó en un tercer plano la discusión sobre  ventajas y desventajas que podía traer esta medida.  

Todas las organizaciones deben tener coherencia y consistencia en la manera de comunicar, informar y divulgar sus mensajes centrales (el indulto, en este caso). Si no lo hacen así, corren el riesgo de confundir al público, de incumplir sus propósitos, y de no convencer a quienes la acompañan o rodean de que sus metas estén siendo cumplidas.  

Pue en La Habana hay una organización – la mesa de negociación- que da a conocer sus acuerdos a través de comunicados conjuntos que, en teoría, son el medio convenido entre las partes para difundir sus mensajes.

El mensaje central fue divulgado e interpretado de manera distinta por el gobierno y por las FARC. 

Pero el modo de informar sobre el indulto muestra que en realidad hay dos organizaciones que confunden a la sociedad colombiana, porque el mensaje central fue divulgado e interpretado de manera distinta por el gobierno y por las FARC. Algo similar a lo ocurrido con el acuerdo sobre justicia transicional, que fue seguido por lecturas  y reacciones contradictorias de cada una de las partes.

¿Acaso esa experiencia ayudó a reducir la disonancia? Aunque el indulto fue otro gesto de confianza por parte del gobierno, para las FARC se trató de “un gesto humanitario, de sensatez, que puede ser el comienzo del reconocimiento de las justas reivindicaciones enarboladas por los prisioneros políticos a lo largo de muchos años y una medida de des-escalamiento del conflicto, dentro de las muchas que deberán adoptar las partes para la generación de confianza y el logro de la reconciliación”.

Para el gobierno el indulto fue un subproducto, una muestra o un mojón adicional en el camino de construcción de confianza, como es connatural a los procesos de negociación. Pero para las FARC fue un vehículo más para reeditar sus mitos fundacionales, esta vez encarnados en el sufrimiento de sus “presos y prisioneros políticos”. Ahí radicaría la “sensatez” del gesto: en reconocer el carácter político – y más aún, heroico- de su lucha.

Más allá de sus alcances jurídicos, el indulto habla además del lugar que  ocupan en la negociación los discursos emocionales que cada parte enarbola (en este caso, las FARC con mayor intensidad) y de los beneficios y dudas que genera.

Las dudas

Después del anuncio del indulto los guerrilleros presos en distintas cárceles del país levantaron su huelga de hambre.
Después del anuncio del indulto los guerrilleros presos en distintas cárceles del país
levantaron su huelga de hambre.
Foto: Defensoría del Pueblo

No son pocas las dudas que ha despertado este indulto:

  • ¿Se trata de una medida para acelerar el proceso, de manera que Santos pueda cumplir su promesa de firmar el acuerdo a más tardar el 23 de marzo de 2016?
  • ¿Será que las FARC recibirán el indulto como una parte del des-escalamiento – ¿o como  un reconocimiento de su historia? - al mismo tiempo que se avanza en las discusiones sobre un cese al fuego bilateral y definitivo?
  • Y puesto que el indulto fue concedido a guerrilleros de las FARC encarcelados, ¿se trata de  encontrar  nuevos caminos para la (re)integración y (re)socialización de personas cuyas vidas han transcurrido entre la guerra y la cárcel?
  • ¿Es el indulto una forma de llegar al punto medio entre las partes ante la imposibilidad de que el gobierno de Estados Unidos se lo conceda a ‘Simón Trinidad’?
  • ¿Cómo reciben el indulto las organizaciones de víctimas y por qué algunos sectores lo rechazan debido a que, según informa la Defensoría del Pueblo, las FARC han incurrido en acciones armadas aun en el marco del cese unilateral?
  • ¿Por qué el gobierno y las FARC no le han contado más al país acerca de los perfiles de estas 30 personas, obviamente reservando sus identidades?
  • ¿Por qué tan poca información sobre un asunto que demanda mucha claridad y que refuerza la idea de quienes temen que el acuerdo desemboque en la impunidad para los guerrilleros?
  • ¿Por qué en las disposiciones que acompañan al indulto no se hizo ninguna referencia a medidas de reparación y contribución a la verdad en el marco del proceso de “reincorporación” del que serán sujetos estas 30 personas?
  • ¿Cómo se recibe esta medida en medio del debate de la crisis carcelaria del país?
  • ¿Son los 30 indultados y los otros 106 miembros de las FARC los únicos posibles sujetos de gestos humanitarios?
  • ¿Qué relación tiene – o no tiene- este indulto con el anuncio al mismo tiempo histórico y traumático sobre la Jurisdicción Especial de Paz que se conoce pero no se conoce? 

Los opositores

En medio de ese escenario abigarrado, la forma como se divulgó y la manera en que las partes interpretaron el indulto añadieron al ruido y alimentaron las reacciones de quienes ven en el proceso de La Habana una claudicación del Estado ante un grupo terrorista – y para completar, a una semana de los atentados de París que revivieron la “guerra sin cuartel” del mundo entero contra los terroristas-.     

Todo esto sin contar las noticias locales que antecedieron al anuncio del indulto: horas después de que el presidente Santos enviara a su hermano para acelerar el proceso, días después de que los guerrilleros de las FARC levantaran la huelga de hambre que realizaban en varias  cárceles de Colombia, semanas después del acuerdo sobre búsqueda de personas desaparecidas, y en medio de los anuncios del fiscal sobre la revisión de las amnistías concedidas al M-19.

Aunque en el comunicado se dijera expresamente que ninguno de los guerrilleros indultados estaba recluido por delitos graves, el procurador Ordoñez se apresuró a advertir que los indultos no pueden aplicarse a crímenes atroces, secuestro ni terrorismo.

Otros sectores vieron en el indulto un “chantaje”, la “liberación de terroristas”, una oportunidad para que los guerrilleros “regresen a la máquina de terror” o una forma del presidente Santos de llevar “el terrorismo a la política mientras que el mundo se alinea en su contra”. Estos sectores tienen incluso la capacidad de incluir y de usar de modo muy mezquino en su retórica los atentados del 13 de noviembre (un hecho que Mauricio Jaramillo analiza en esta misma edición de la revista). 

Motivo de optimismo

Delegación de Paz de las FARC.
Delegación de Paz de las FARC.
Foto: FARC E-Paz

En semejante clima no ha quedado espacio para asimilar los mensajes que acompañaron el indulto, un hecho que – así despierte dudas- bien podría ser visto como una prueba piloto en pequeño de lo que será apagar la máquina de guerra de las FARC.

Hay que acordar una estrategia de comunicación que reduzca los mensajes cruzados

Este indulto ciertamente presenta dos elementos que, de avanzar, serían pruebas de fuego sobre la ejecución de los acuerdos incluidos en el punto sobre fin del conflicto en la agenda de La Habana:

  • Un primer elemento es el proceso de reincorporación con “el fin de garantizarles apoyo psicosocial, acompañamiento para su estabilización familiar, comunitaria y social, acceso a la educación y posibilitar (sic) su formación para el trabajo”.

Si bien no hay claridad acerca de si este proceso estará a cargo de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), el indulto puede ser un buen piloto para  diseñar medidas de reintegración mientras la mesa avanza en la definición del programa,  en especial para personas que han estado entre dos mundos no propiamente favorables para la reincorporación a la vida civil: la guerra y la cárcel.

  • Un segundo elemento se refiere a la adecuación de “unos patios especiales dentro de las cárceles a los que serán trasladados los miembros de las FARC-EP detenidos o condenados, para facilitar el estudio de su situación jurídica, personal y familiar, como medida de preparación para su futura reintegración a la vida civil”.

Aunque esta medida puede causar malestar entre los “presos políticos” que no pertenecen a las FARC e incluso entre los militares que hoy están en las cárceles,  sentaría un precedente sobre las capacidades para garantizar la reintegración a la vida civil, extramuros y sin fusil y uniforme, con plenas garantías para su seguridad, un aspecto sensible para los negociadores de las FARC por razones históricas (el exterminio de la UP) y del presente (la permanencia del paramilitarismo).

Por todo lo aquí dicho es lamentable que la manera de anunciar el indulto haya inducido más preguntas y dudas que respuestas y certezas.

El grupo de negociadores parece no haber entendido todavía un asunto fundamental:  hay que acordar una estrategia de comunicación que reduzca los mensajes cruzados que aprovechan los opositores del proceso, y de manera que los colombianos tengamos más  elementos de juicio sobre las ventajas y bondades de este proceso.

 

* Coordinador del área de dinámicas de conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz. Magister en antropología socio-cultural de la Universidad de Columbia y politólogo de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

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