facebook   twitter   youtube 

La derrota en el plebiscito: ¿cuáles fueron los errores del gobierno?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Problemas del narcotráfico, involucrados directamente con los grupos armados de Colombia.

Eduardo LindarteAnte la falta de pedagogía adecuada, muchos votantes se enfrentaron a la pregunta del plebiscito desde sus propias interpretaciones, prejuicios e insatisfacciones. Aquí, una mirada sicosocial sobre lo que ocurrió “aquel 2 de octubre”.*    

Eduardo Lindarte**

Universidad ManizalesHay que entender

“La sabiduría llega al atardecer”. Este epigrama clásico significa que un momento histórico solamente se comprende cuando el haya concluido. Y esta idea viene a ser confirmada por el plebiscito del pasado domingo, cuyos resultados nadie se esperaba.

Por eso importa tratar de comprender en serio esos resultados en vez de conformarse con las caricaturas.

Frente a las múltiples lecturas que por estos días han circulado en los medios, aquí, modestamente, voy a sugerir una lectura algo más matizada: una basada en la construcción de la subjetividad de los votantes, por una parte, y de la interacción de esta con variables estructurales y coyunturales, por otra parte.

Los pecados del proceso

Friedrich Hegel, filósofo Alemán.
Friedrich Hegel, filósofo Alemán. 
Foto:  Wikimedia Commons

A lo largo de todo el proceso de La Habana los tiempos políticos corrieron en contra del gobierno. Mientras que las FARC podían darse el lujo de esperar -recurriendo, por ejemplo, al narcotráfico para mantener a sus cuadros y a su tropa- el gobierno estaba sometido a los tiempos electorales. Es más: apenas en los últimos meses o día del proceso se resolvieron los temas más álgidos, justamente bajo la presión del tiempo, lo cual sugiere que el gobierno pudo verse obligado a una postura más blanda para salvar y completar el Acuerdo (en las reuniones entre Enrique Santos y Timochenko, como ha explicado el director de esta revista).  

Como se decía que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, a lo largo de más de cuatro años circuló muy poca información. Pero además de esto:

  • Los acuerdos estaban escritos en un lenguaje pesado y de difícil acceso para la mayoría.
  • Tan solo una proporción muy pequeña de la ciudadanía estaba en capacidad  (i) de leer y comprender sus 297 complejas páginas (o aún alguno de los resúmenes disponibles) y (ii) de entender plenamente su significado e implicaciones.
  • El plebiscito fue convocado con tan solo 33 días de anticipación.
  • La pedagogía – en el mejor de los casos- fue incompleta y de dudosa cobertura o calidad.
  • Peor aún: a lo largo  de todo el proceso hubo poca o ninguna participación de la ciudadanía y casi no existió la retroalimentación efectiva desde fuera de la mesa de La Habana (Eduardo Aldana profundiza en este punto en esta misma edición de Razón Pública).
  • Tampoco ayudó que la mayor parte de la pedagogía -y más todavía, de las campañas-  apelaran a las emociones e intereses de cada bando, de modo que tanto la pedagogía como las campañas se convirtieron en prédica para los ya creyentes o en intento de conversión de paganos.
  • Con todas estas circunstancias, el muy largo período anterior al Acuerdo se convirtió en un criadero muy fértil para las dudas, las suspicacias y el escepticismo acerca del proceso.

También por eso muchos votantes probablemente descartaron la información para enfrentar el plebiscito a partir de sus propias impresiones, apreciaciones, ignorancia, percepciones y prejuicios.

Importa comprender en serio esos resultados en vez de conformarse con las caricaturas. 

La sicología social nos dice que la opinión se moldea a partir de apreciaciones y percepciones personales, unidas a la comunicación de redes familiares, de amistad, de trabajo y con personas consideradas líderes de opinión. Los mensajes externos se incorporan solamente en la medida en que dan resonancia y refuerzan lo anterior

Como se llegó al NO

El largo proceso de negociación permitió hacer casi invisibles muchos otros aspectos y actores del conflicto y concentró toda la atención sobre las FARC.

De manera especial, la remoción del grueso del paramilitarismo organizado hace años permitió minimizar la visibilidad de este conjunto de actores. Y los casos de falsos positivos han sido presentados casi siempre como conductas excepcionales y erráticas de individuos en vez de prácticas más o menos sistemáticas.

A su vez, el proceso de asesinatos, desplazamiento y apropiación de tierras campesinas por parte de diversos actores al amparo del conflicto ha sido menos visible para las grandes mayorías, aunque muchos (incluyendo un magistrado de la Corte Suprema) se han beneficiado de estas prácticas.  

Al dirigir la atención hacia las FARC, las personas (según su edad) se concentraron en su larga carrera delictiva; además, su actitud arrogante durante la negociación no ayudó, como tampoco lo hizo la autosuficiencia de parte del gobierno.

La gente no se enfocó en el deseo de terminar el conflicto sino en castigar a los “culpables” del mismo es decir, a las FARC y al ELN. Sin negar que estos han sido los actores centrales del conflicto, la mayoría de la gente no tuvo tiempo o espacio mental para apreciar los beneficios y oportunidades que implicaría la terminación de ese conflicto. Estos beneficios incluirían desde el ahorro de vidas humanas y de generaciones traumatizadas y embrutecidas hasta la posibilidad de hacer que las áreas rurales dejen de ser espacios de muerte, destrucción y sufrimiento para convertirse en ámbitos de producción, desarrollo y bienestar.

Por tanto, sin contexto ni comprensión apropiados, un sector importante de la ciudadanía parece haber moldeado su voto a partir de:

  • La resistencia al cambio ante un escenario de intensa presión a favor del Sí.
  • Un sentido de injusticia por la asimetría entre la responsabilidad que asumía el Estado y la que asumían las FARC en el Acuerdo. A pesar de su historial de delincuencia, los guerrilleros irían a recibir beneficios económicos que el ciudadano del común no recibe, mientras sus jefes no sufrirían mayor pena y tendrían representación política garantizada. Todo esto se percibía como un premio injustificado dentro de un pacto de impunidad inaceptable.
  • La impresión de derroche y altísimo costo del proceso y del posconflicto, agravada por la crisis económica y por el hueco fiscal.
  • La impresión de peligro político por la posición en que irían a quedar las FARC, particularmente si en la práctica no renunciaban del todo a utilizar sus recursos o si mantuvieran una participación encubierta en el narcotráfico, y utilizaran su poder de intimidación en el escenario político. Aunado a ello estuvo el temor de que la jurisdicción para la paz pudiera ser manipulada en contra de sus enemigos.
  • Para un número más reducido de votantes también pesaron las dudas sobre las rigideces, sobrecarga y multiplicidad de los mecanismos establecidos en los acuerdos como limitaciones a las posibilidades de gobernanza.
  • Finalmente es posible que entre muchos votantes prevaleciera la sensación de descuido y abandono por parte del gobierno en temas importantes como la reforma de la salud y de la justicia, así como de la promoción del crecimiento económico, que no avanzaron mucho durante los dos períodos presidenciales. Irónicamente, los logros en materia de vías y vivienda podrían haberse atribuido más a su ejecutor directo, Germán Vargas Lleras, que a las virtudes del gobierno de Santos. Y los logros en educación pudieron haberse contaminado por las actuaciones controversiales de la ministra Gina Parody.

Democracia y encuestas

Campaña electoral de Donald Trump en Estados Unidos.
Campaña electoral de Donald Trump en Estados Unidos. 
Foto: Wikimedia Commons 

El plebiscito colombiano parece ser una demostración más de cómo los esfuerzos denodados de las elites políticas para encauzar los debates y decisiones populares en un sentido determinado (lo que en inglés se conoce como “framing” o “enmarque”) no bastan para salvar la brecha entre los discursos “oficiales” y las apreciaciones y percepciones individuales de los votantes (como ha pasado en el Brexit o en la campaña de Trump en Estados Unidos).

La pedagogía – en el mejor de los casos- fue incompleta y de dudosa cobertura o calidad. 

En estos casos la presión o el estigma percibidos por las personas en el discurso oficial las inclina a no revelar sus preferencias reales en las encuestas de opinión. Si esto es un rasgo  estructural de nuestros tiempos, las encuestas resultarán cada vez menos indicativas de los designios reales de los electores. Con ello se abre una mayor brecha entre el discurso público y el pensamiento privado. A menos que se produzcan innovaciones correctoras para los sondeos, cada vez habrá más incertidumbres por la imprevisibilidad de los resultados.

En síntesis, los votantes actuaron de acuerdo con sus propias experiencias y posibilidades de entendimiento con respecto a los acuerdos, ante la dificultad, falta de contextualización y escasez de tiempo para procesar mensajes complejos. Así, para mal o para bien, los colombianos manifestaron su independencia y criterio propio.

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

** Economista de la Universidad Nacional, M.A en Sociología de Kansas State University, Ph.D. en Sociología de la Universidad de Wisconsin,  docente y consultor a comienzos de la vida profesional, técnico y consultor de organismos internacionales en el medio, y actualmente docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales.

 

 

Escribir un comentario

Agradecemos a los investigadores, académicos y profesionales que contribuyen con sus artículos, declaraciones y caricaturas inéditos para ser publicados en la Revista Razón Pública. Los autores son responsables de sus ideas y de la presentación de los hechos en este documento.

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia) con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Esta semana en Razonpublica