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Estrategias para superar la “plebitusa”: ¿olvidar o volver a intentarlo?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Marchas a favor del proceso de paz por parte de la ciudadanía en Colombia.
 

Juan Fernando LondoñoDespués del 2 de octubre algunos piden desconocer los resultados y otros hablan de continuar con unas negociaciones ampliadas que se cierren con otra gran votación. ¿Cuál es la mejor opción en este momento de confusión y desajuste institucional?

Juan Fernando Londoño*

La plebitusa

La gente en la calle llamó “la plebitusa” a la sensación de haber perdido luego de haberlo dado todo por una buena causa debido a una paradoja del destino, pues nadie en las filas del Sí cree que realmente ganó la opción de la guerra, sino que perdió la propuesta del Acuerdo Final.

Esa sensación en el alma de los ciudadanos se refleja también en las instituciones y dinámicas políticas del país, porque lo ocurrido el domingo 2 de octubre es un cataclismo de inmensas proporciones que afecta las dinámicas democráticas, la gobernabilidad del país y, por supuesto, las posibilidades de la paz.

Los problemas de la democracia

Jornada electoral por el plebiscito.
Jornada electoral por el plebiscito. 
Foto: Policia Nacional de los colombianos

La democracia es un acto de fe en los ciudadanos, pero la verdad es que las élites nunca han creído mucho en los ciudadanos. Por eso cada avance democrático es una pieza de poder que se le arranca a los privilegiados: el derecho a elegir gobernantes, la universalización del voto, la votación de las mujeres, el derecho a votar para decidir y no solo para la escoger quien ha de decidir, etc.

Pero luego del plebiscito las tendencias oligárquicas y restrictivas de la sociedad colombiana han tomado un nuevo aire. Parece que consultarle a los ciudadanos ha sido, es y seguirá siendo un tabú en nuestro país. Incluso hay voces democráticas que ahora recogen banderas y creen que es mejor hacer las cosas en el Congreso, aunque muchas de esas mismas voces hayan criticado la corrupción y la falta de representatividad de nuestra clase política.

En las urnas se expresó el país que somos.

Claro, la evidencia es contundente: Uribe fracasó en su referendo y Santos, luego de aprender todas las lecciones de aquella derrota, también fracasó en su plebiscito. Pero olvidan que una paz del tamaño de la que se negoció en La Habana, una paz con reformas, hubiera empezado un tortuoso camino con un piso muy débil si no se hubiese sometido a refrendación popular.

Se olvida también que los procesos de paz anteriores fueron simples desmovilizaciones, sin pactos para modificar la estructura de nuestro Estado. Por ello era importante que esta paz, que se diseñó para remover las condiciones que perpetúan nuestra violencia, fuese refrendada en las urnas.

Y en las urnas se expresó el país que somos. El mismo que se manifestó en la pasada elección presidencial y que está dividido en dos:  

  • Aquellos que consideran razonable realizar concesiones y valoran la paz como una oportunidad para las reformas, y
  • Aquellos que no consideran aceptable las concesiones o tienen mucho que perder con las reformas que vendrían como consecuencia del actual proceso de paz.

18 por ciento de ciudadanos de un lado y 18 por ciento del otro. Esa es la Colombia que piensa, actúa y vota.

La gran paradoja de esta situación es que el Acuerdo contenía una promesa clara de reformas para transformar la política y propiciar unas relaciones de poder distintas. Sin embargo, por ahora esto no será posible, a menos que venga un nuevo Acuerdo y una nueva votación. No hay otra forma de salir de este lío que volver a votar, sea en un nuevo plebiscito o en otro tipo de mecanismo: la votación popular solo puede ser reversada por otra votación popular.

Los retos para esa nueva votación serían varios, y el primero es intentar que salga más gente a votar. Al parecer, el 2 de octubre los votantes del No fueron muy activos y muchos del Sí se quedaron esperando a que les pagaran el bus o les aseguraran el tamal. Porque ese 10, 15 o 20 por ciento adicional que solo se expresa cuando una maquinaria los moviliza también contará para una futura elección.

Y el casi 50 por ciento restante, ese que no vota y que no cree que la democracia, es el que nos lleva a pensar que habría que instaurar, en el mediano plazo, el voto obligatorio, durante de dos o tres elecciones para tratar de que asimilen que también son ciudadanos y deben ejercer sus derechos.

El nuevo conflicto

Aunque se dice que los ciudadanos no leyeron los acuerdos o que fueron manipulados, lo cierto es que en la elección del plebiscito se expresaron dos visiones de país comandadas por dos tipos de élites.

Por una parte estaba la élite reformista, encabezada por el presidente Santos, que sabe que el contenido de los acuerdos no son meramente un mal necesario, sino una oportunidad para modernizar el país, principalmente en la relación con el campo y la economía política del agro.

De otro lado está la élite tradicional, ligada a una visión reaccionaria y temerosa de los cambios, liderada por el expresidente Uribe, dispuesta a imponer justicia a sus adversarios pero incapaz de aceptar las faltas propias. Y dispuesta a defender sus privilegios y el statu quo que representa.

La idea de “mejorar los acuerdos” puede congregarlos a todos en teoría pero, en la práctica, será difícil conciliar estos intereses, pues este propósito significa cosas distintas para estas visiones enfrentadas:

  • Por una parte, para el gobierno significa poder ajustar contenidos que debido a los afanes del presidente por cerrar el Acuerdo y presentar pronto una reforma tributaria quedaron con imprecisiones y puntos débiles frente a la opinión. Pero en ningún caso significa modificar la estructura acordada.
  • Para el otro bando mejorar los acuerdos significa justamente lo contrario: desmontar la estructura acordada. Esto es, que no haya modificaciones a la estructura del agro en Colombia, que la justicia sea aplicada solo para los guerrilleros y que no haya participación de la guerrilla en las estructuras de gestión diseñadas para la implementación del Acuerdo.

El posplebiscito

Procesos de paz en Colombia.
Procesos de paz en Colombia. 
Foto: Facebook Juan Manuel Santos

Los procesos de paz realizados hasta ahora han sido inofensivos para el establecimiento y por ello han consistido exclusivamente en desmovilizaciones de los miembros de los grupos armados ilegales. En este proceso, por primera vez, se pusieron sobre el tapete las condiciones que afectan los intereses cómodamente establecidos en esta Colombia desigual e inequitativa.

Por eso resulta ingenuo (si no fuera tan cínico) que se proponga una amnistía para los guerrilleros rasos mientras se resuelven los otros puntos. Como si los otros puntos no fueran justamente la contraprestación para renunciar a la acción armada de un ejército que, pese a su escaso tamaño, ha sido capaz de poner en jaque la capacidad del Estado para ejercer el monopolio de la fuerza en su territorio.

No hay otra forma de salir de este lío que volver a votar.

Hasta ahora el uribismo había hecho una campaña que le permitiera posicionarse en el frente de la carrera para 2018, pues el alcance de sus propuestas va mucho más allá de las posibilidades que implica una renegociación del Acuerdo: devolver las políticas públicas a los tiempos de la seguridad democrática y la confianza inversionista, y garantizar la libertad para sus colaboradores sancionados y la impunidad para quienes no lo han sido.

Ahora el dilema de Uribe no es menor: si se mantiene en la línea dura ya descrita será imposible que haga parte del Acuerdo Final. Por otra parte, si modifica sus posturas y opta por esquemas más flexibles perderá credibilidad ante quienes lo han apoyado.

¿Cuál será el Uribe del posplebiscito? ¿El que actúa con pragmatismo como en tiempos de su presidencia y entiende que la paz no es posible sin concesiones? ¿O el Uribe opositor que considera que el Acuerdo y la paz son un peligro para Colombia?

El capítulo final de esta historia está por escribirse. El Nobel de paz para el presidente Santos le da más fuerza para buscar alternativas que garanticen la paz, pues no se trata ya solo de su legado para la historia, sino de su credibilidad como líder internacional.

Mientras tanto, la sociedad seguirá expectante para ver cuál es el próximo escenario para medir fuerzas: un nuevo plebiscito o las elecciones de 2018.

 

* Exvice ministro del Interior. Director del Centro de Análisis y Asuntos Públicos.

 

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Comentarios  

Juan Guevara
0 # SuperficialidadJuan Guevara 10-10-2016 21:05
Superficial el análisis que se hace. Limitar el fenómeno del No a un asunto politiquero y partidista de Uribistas y Santistas es irresponsable y no ayuda a consolidar un acuerdo con las FARC ni mucho menos para lograr mecanismos de pacificación del país. Afirma lo que denuncia , la creencia que el pueblo colombiano es incapaz de una decisión razonada, su decisión es producto de la ignorancia y su abstención es por irresponsabilid ad. No se le ocurre pensar que el resultado es producto de la insatisfacción por la propuesta o por las alternativas que se le han sometido a su consideración.
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