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El Nobel de Santos: luces y sombras

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Juan Manuel Santos, presidente de Colombia y ganador del premio Nobel por la Paz en el 2016.

Wiliam_Duica

¿Qué ganó Colombia y que ganó la paz con el premio a Juan Manuel Santos? ¿Qué tan merecida, que tan calculada y qué tan importante fue esta distinción? ¿Cómo cambiará el escenario nacional con este galardón internacional?

William Duica*

 

Noticia de la semana

El pasado viernes despertamos con la noticia de que el presidente Santos era el nuevo Premio Nobel de la paz. El anuncio fue sorpresivo porque según toda la prensa nacional e internacional ya estaba definitivamente descartado de la lista de nominados.

Los anteriores habían sido días cargados de emociones: rabias, tristezas, gritos, llantos, silencios, antorchas… Pero sobre todo pesaba en el alma la patética imagen del “video-selfie” de Uribe, con esa actitud tan poco espontánea que le caracteriza, llamando a Presidencia a pedir una “citica”. ¿Cuánto de la realidad política de este país quedó captada en ese “inocente” registro?

La semana parecía traerle a Santos un golpe cada día:

  • El No había ganado el domingo anterior;
  • El lunes recibió el desplante de Uribe que no quiso asistir a Palacio para exponer sus argumentos;
  • El martes las FARC dijeron que se devolverían a sus campamentos;
  • El miércoles se congregaron miles de jóvenes “arrepignados” (nunca se supo si estaban arrepentidos o indignados) a pedir una segunda oportunidad;
  • El jueves Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña por el No, “sorprendió” con sus declaraciones explosivas acerca de que la campaña había sido deliberadamente basada en mentiras y desinformación;
  • Y en medio de esa turbulencia, finalmente llegó el viernes con la noticia del Premio Nobel.  

Es curioso que, en contraste con semejante cantidad de sucesos noticiosos, sea  indudable que el Nobel para Santos fuera y es la noticia de la semana. A la noticia misma hay poco que comentarle, pero digo que es curioso porque lo que haya que decir cambia dependiendo de si la mirada se hace desde las graderías internacionales o desde la arena nacional.

¿Merecido o no?

Para la comunidad internacional el reconocimiento es incontestable pues, como dice la declaración del Comité Noruego del Nobel, se trata de premiar al presidente de la nación “por sus grandes esfuerzos para finalizar la guerra civil de más de 50 años en Colombia”.

Pero en la arena nacional no faltan las dudas. Hay quienes consideran inmerecido el galardón porque Santos ha sido un hombre de guerra que produjo los más importantes golpes militares a las FARC. Lo que habría que ver es si desde la perspectiva internacional el personaje galardonado es el ministro de Defensa de Uribe o el actual presidente de Colombia.

Lo importante no es que Santos se ganara el Nobel, sino que se llegue a un acuerdo de paz. 

Es cierto que la mayoría de las personas e instituciones que han recibido el Premio lo han hecho resistiendo pacíficamente en contextos de violencia y guerra. Pero hay casos, como el de Shimon Perez y Yasser Arafat, de personas que han tenido que enfrentar la guerra y no se puede decir que no hayan trabajado por la paz. Se trata de hombres marcados por la dualidad guerra-paz que han sido laureados con el Nobel por su empeño en lograr soluciones negociadas a los conflictos.

Desde esta perspectiva parece que a la organización del Nobel le resultó encomiable que el presidente Santos persista en su esfuerzo sin caer en la tentación de dejar de ser un demócrata, respetando los resultados de una consulta plebiscitaria que podría no haber realizado.   

Otros afirman que es inmerecido el Premio porque el proceso de paz no ha culminado, o porque el Acuerdo de paz no fue refrendado por el pueblo colombiano. Es innegable que lo importante no es que Santos se ganara el Nobel, sino que se llegue a un acuerdo de paz. Pero aquí hay consideraciones que quizá se nos escapan en la perspectiva local.

En la proclamación del Premio, la vocera del Comité Noruego señaló la razón que lo justifica. Se trata de premiar los grandes esfuerzos por terminar una guerra civil “que ha cobrado la vida de más de 220 mil colombianos, así como desplazado a cerca de 6 millones de personas”. Esta es la mejor y única razón no solo para haber recibido el Premio, sino para persistir en los esfuerzos de llegar a un acuerdo.

¿Político o no?

Gabriel García Márquez premio nobel de Literatura en 1982.
Gabriel García Márquez premio nobel de Literatura en 1982. 
Foto: Wikimedia Commons

La otra fuente de comentarios fue el sesgo político del Premio. Sería ingenuo pedir que el Comité Noruego no tuviera una mirada política sobre lo que considera esfuerzos por la paz mundial. La misma Academia Sueca no oculta sus valores políticos, con frecuencia ligeramente situados al centro-izquierda. No se trata de hacer aparecer al Premio Nobel de paz como un premio apolítico o no comprometido con una cierta visión del mundo. No hay tal neutralidad. 

Es obvio que se trata de un claro respaldo al presidente Santos en medio del traspié que significa la derrota del Sí. Es posible incluso que se haya llegado a hacer el cálculo según el cual era mejor entregarlo a un presidente Santos derrotado democráticamente en las urnas, que a Santos y Timochenko como triunfantes negociadores ratificados por el pueblo colombiano. Pero aun si ese fuera el caso, esto está lejos de ser una intervención en la vida política interna de Colombia.

Martha Lucía Ramírez criticó que se usara la expresión “guerra civil” en la declaración oficial del Comité Noruego. “Aquí no hay guerra civil” se apresuró a decir la exministra en una emisora radial. Este es el eco de la tesis de Uribe que quiere hacerle pensar al país y al mundo que no estamos enfrentados a una insurgencia política.

La posibilidad de desvirtuar el aspecto político de las FARC es lo que les permite sostener la idea de que la nuestra es una sociedad que no necesita ninguna transformación. Esta es la lógica de quienes acaban por concluir que, más que esos acuerdos de La Habana, el país necesita retomar la política de seguridad ciudadana, como afirmó José Obdulio Gaviria el día que triunfó el No.

Justamente el respaldo político que recibe Santos con el Premio consiste en poner de presente ante la comunidad internacional que una cosa es pensar el proceso de paz en Colombia como un medio para desactivar a una banda de terroristas narcotraficantes, y otra es reconocer que el proceso de paz con las FARC implica una negociación entre dos concepciones distintas sobre lo que es una sociedad justa en el orden político, económico y social.

Por eso las razones enunciadas por la vocera del Comité Noruego tienen un profundo significado político no solo en el plano internacional sino en el nacional. Son un verdadero llamado a tomar conciencia de lo que estamos tramitando en Colombia.

¿Importante o no?

Finalmente, se ha discutido si este Premio es importante o qué tanto lo es. De nuevo, desde la perspectiva local puede parecer insignificante. El mismo viernes una de las preguntas que hacían insistentemente algunos periodistas era cómo va afectar el Nobel a las negociación entre Santos y Uribe.

Pero ¿realmente pensaban que Uribe tendría que dejar de vociferar cada vez que Santos le recordara que es el Premio Nobel de la paz? Nada de eso va a pasar. Ni Londoño (Fernando, no Rodrigo) dejará de pensar que el Comité Noruego del Nobel es una caterva de castro-chavistas que se auto-premian, ni José Obdulio dejará de pensar que el verdadero significado del triunfo del No es que el pueblo colombiano reconoce como su único líder político a Uribe, ni Ordoñez (no el humorista sino el exprocurador) dejará de pensar que el acuerdo de La Habana es para quitarle virilidad a la noble raza colombiana.

Sería ingenuo pedir que el Comité Noruego no tuviera una mirada política.

En eso no debemos llamarnos a engaños. Que el presidente Santos sea el Nobel de paz no da para tanto.

Pero esto tampoco quiere decir que sea algo insignificante. Cuando uno mira la lista de los Premios Nobel de paz desde 1901 hasta 2016, se encuentra con una gran cantidad de nombres que no significan nada para nosotros.

Pero cada nombre hace visible una lucha por la paz, y pone en la historia mundial una historia local: la niña pakistaní, la mujer japonesa, el colectivo de Túnez, el cura surafricano, la mujer indígena guatemalteca, el presidente colombiano… Todos ellos, con el reconocimiento adquirido por el Comité Noruego del Premio Nobel de la paz han ganado una importancia que seguramente no se limita a la dimensión de sus provincias nacionales.

La importancia de haber llevado al mundo una noticia de sus países, de sus comunidades, de hacer notar sus anhelos y esperanzas de que están esperando la solidaridad del mundo para superar las dificultades de la violencia y la guerra.

Recuerdo que cuando Gabriel García Márquez recibió el Nobel de literatura, el país pasó meses discutiendo si efectivamente había sido muy corroncho ir vestido de liqui liqui. Quizá, inmersos en nuestra provincia, perdimos de vista que lo importante era dimensionar el hecho de que la obra literaria de García Márquez estaba entrando oficialmente en el mundo de la literatura universal.

Hoy está bien que discutamos sobre nuestros problemas inmediatos y locales. Sin embargo, debemos tratar de destacar que la importancia del Nobel de Santos es que pone a la necesidad de parar el conflicto colombiano en el escenario internacional y que sitúa nuestra esperanza de paz en el orden de la historia. Una historia que ya no es solo nacional.  

 

* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

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Comentarios  

Patricia
+1 # Sig.raPatricia 12-10-2016 05:58
Obtuvo Obama el mismo premio. Dias después, el estado del galardonado, sin mucho temblor en el pulso bombardeó y bombardeó. Esperemos que el Doctor Santos se salga con la suya y que la suya sea la paz de los Colombianos. Un buen indicio de la noble intensión sería donar cada peso que acompaña al galardon.
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geovani francisco mo
0 # correcciongeovani francisco mo 13-12-2016 07:47
Muy interesante el artìculo y el anàlisis hecho por el autor me pareciò estupendo; la ùnica precisaciòn que si me permito hacerle, es la que los premios Nobel son entregados por la academia sueca y no Noruega. Alfred Nobel era sueco y por ende los premios se entregan en Estocolomo, por todo lo demàs apreciè el artìculo.
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