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¿Habrá paz?: panorama de una incertidumbre

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Presidente Juan Manuel Santos, en el pronunciamiento sobre el curso que tomará el proceso de paz en Colombia.

Andrés DávilaReuniones, propuestas, marchas, declaraciones y confesiones de todo tipo. Estas últimas semanas han tenido de todo. Sin embargo, si algo parece verse con claridad es la necesidad de una negociación política que se haga con celeridad y buena voluntad.   

Andrés Dávila*

Del triunfalismo a la frustración

Hace apenas tres semanas se llevó a cabo el plebiscito que pretendía refrendar el Acuerdo solemne entre el presidente Juan Manuel Santos y el comandante en jefe de las FARC, Rodrigo Londoño. Pero el triunfo del No por algo más de 55.000 votos creo una situación de incertidumbre que sigue sin resolverse. 

Con una abstención superior al 60 por ciento (que sin embargo está dentro del rango histórico en Colombia),  el resultado de la votación demostró la división del país en torno al proceso de paz y a los acuerdos de La Habana.

En un primer momento, el plebiscito dejó al presidente, a su gobierno y a la coalición de partidos adscritos a la Unidad Nacional en una situación de enorme debilidad política. Esta se hizo extensiva a otros sectores, partidos y movimientos que habían apoyado el Sí. Indudablemente, la confianza derivada de las encuestas y de los eventos simbólicos que se llevaron a cabo antes de las votaciones ahondó el sentido de derrota y la sensación de sin salida que se hicieron palpables en los días posteriores.

La ronda actual en La Habana es apenas la primera y seguramente no será la última.

Con todo y eso la reacción prudente del presidente y de los líderes de las FARC, así como la decisión de mantener el cese del fuego, dieron al menos un mensaje de tranquilidad.

El senador Uribe y varias otras figuras del Centro Democrático reclamaron para sí el inesperado resultado y se convirtieron en un actor con enorme capacidad de veto y al cual sería preciso incluir en cualquier intento de encontrar una salida.

Pero en los días posteriores al 2 de octubre se hizo evidente que el No tenía otros dolientes, y que no todos coincidían con las posiciones de Uribe y su partido: el expresidente Andrés Pastrana, el exministro Jaime Castro, la excandidata presidencial Martha Lucía Ramírez y el ex procurador Alejandro Ordoñez conformaron la gama variopinta de personalidades que habían ayudado a conseguir el triunfo del No, con el acompañamiento de pastores y figuras cercanas a las iglesias cristianas.

Lo sucedido llevó al país a una situación transicional, caracterizada por la incertidumbre en las reglas del juego y donde la única alternativa viable ha sido la negociación política. En eso hemos estado desde el 2 de octubre en la noche, con una seguidilla inagotable de sucesos que, en el momento de escribir este texto, intentan resolverse en una nueva ronda de negociación entre los enviados del gobierno y los líderes de las FARC en La Habana.

Bitácora de la incertidumbre

Expresidente y actual Senador, Álvaro Uribe en las jornadas de votación por el plebiscito.
Expresidente y actual Senador, Álvaro Uribe en las jornadas de votación por el plebiscito. 
Foto: Facebook Álvaro Uribe Vélez

Entre los hechos de estas semanas tan especialmente agitadas, me parece que deben destacarse:

  • Las reuniones del presidente con los diversos sectores del No, incluyendo el reencuentro con el expresidente Uribe.
  • Las movilizaciones masivas de distintos sectores en Bogotá y otras capitales para exigir que se destraben los acuerdos y se encuentra prontamente una salida  que garantice la paz. Estas movilizaciones le han dado fuerza al gobierno y le han permitido negociar desde una posición menos frágil.
  • La confesión inesperada de Juan Carlos Vélez sobre las estrategias engañosas que utilizó el Centro Democrático para inducir la votación por el No. Aunque ni el senador Uribe ni sus negociadores hayan hecho un mea culpa a este respecto, el suceso fue políticamente costoso para ellos y le devolvió algo de fuerza al presidente.
  • El comienzo de la fase pública de las negociaciones entre el gobierno y el ELN en Quito, lo cual suma un cuarto o quinto actor a una mesa ya bastante poblada. Este nuevo proceso de diálogo trajo un aire fresco al país.
  • La concesión del Premio Nobel de Paz al presidente Santos, que vino a confirmar el gran respaldo de la comunidad internacional al proceso y a la búsqueda de una salida que implique la desmovilización, desarme e ingreso a la vida política de las FARC.
  • La extensión del cese del fuego, primero hasta el 31 de octubre y después hasta el 31 de diciembre, con una declaratoria de Naciones Unidas que respalda tal decisión.
  • Finalmente, el gobierno presentó al Congreso su propuesta de reforma tributaria, un asunto que inevitablemente enrarece el ambiente y genera distanciamientos, en no pocos casos muy profundos.
Las urgencias de unos y otros son muy diferentes.

En estas dos últimas semanas se ha visto el juego político de todos los actores y se han ensayado varias fórmulas para establecer un nuevo diálogo que ahora debe incluir por lo menos a tres partes. Sin embargo y por ahora el gobierno ha asumido un papel de mensajero que lleva y trae propuestas y contrapropuestas.

Lo que está por resolver

Acuerdos realizados en la Habana, Cuba, por parte del Gobierno Nacional y las FARC-EP.
Acuerdos realizados en la Habana, Cuba, por parte del Gobierno Nacional y las FARC-EP.  
Foto: Wikimedia Commons

Como estamos en un momento transicional y de negociación, es imperativo resolver al menos los siguientes asuntos:

  • El alcance de las concesiones que todos tienen que hacer para llegar a una situación donde lo acordado pueda darse como un pacto aceptable para las partes. En tal sentido, la ronda actual en La Habana es apenas la primera y seguramente no será la última.
  • El mecanismo para darle viabilidad política y jurídica a lo acordado. Evidentemente, primero hay que encontrar la fórmula política y luego se le dará el empaque jurídico. Lo difícil es que no hay demasiadas alternativas en el menú. Es aquí donde se requieren creatividad, originalidad y, muy posiblemente, generosidad y grandeza de todas las partes. Los costos de pararse de la mesa son, para cualquiera de los involucrados, muy altos y ello parece matizar sus aparentes inamovibles.
  • Hay quienes piensan en un nuevo plebiscito que, a todas luces, parece una terca obsesión que llevaría a nuevos errores. Francisco Gutiérrez propuso una especie de “congresito”. Esto en principio parece difícil de lograr, pero ante la ausencia de otras opciones no sobraría examinar sus detalles. Otros han insistido en iniciar en el Congreso la aprobación de aquellos asuntos de los acuerdos que no parecen estar en entredicho. Incluso algunos representantes del Centro Democrático han presentado proyectos que buscan destrabar la situación.
  • No hay muchas opciones y por eso hay que buscar fórmulas novedosas o utilizar de forma novedosa los mecanismos ya existentes para encontrar la solución. Pero el mecanismo que se encuentre depende necesariamente de que haya primero un acuerdo político que comprometa a las partes.
  • La variable tiempo amenaza la búsqueda de salidas, aunque las urgencias de unos y otros son muy diferentes. Esta variable debe ponderarse respecto de otras consideraciones, como el margen de maniobra político, la incidencia de las movilizaciones ciudadanas, la presión de la comunidad internacional y, particularmente, del gobierno de Estados Unidos, que está sujeto al resultado de sus elecciones.

Espacio para la paz

Los últimos mensajes del gobierno y del presidente demuestran que se está haciendo un esfuerzo por reconducir el proceso y acelerar el hallazgo de una solución. Pero para muchos el límite es diciembre.

La experiencia nacional y comparada indica que el futuro del proceso depende de la negociación política en curso y en ello no debería haber restricción alguna que se pueda fijar de antemano, aunque es comprensible que el gobierno intente hacerlo. Por eso vale la pena considerar que, al menos por lo que se ha visto en la reacción ciudadana, todavía hay espacio para la paz.

La permanencia efectiva del cese del fuego es una muestra clara en tal dirección, aunque haya muchos riesgos y la situación de incertidumbre no permita pensar en una extensión indefinida de las condiciones actuales. Decir con certidumbre algo más parece, en este momento, imposible.

 

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

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