Chávez: un “popstar” difícil de contar

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Ex-presidente venezolano, Hugo Chávez.

Omar RincónEl coronel se convirtió en estrella de la política latinoamericana. Su nombre, su obra y su historia nunca dejarán conforme a todo el mundo. Por eso mismo, El comandante, a pesar de ser una serie de televisión muy bien realizada, no dejó feliz a nadie.

Omar Rincón*

El personaje

Chávez quiso ser y fue el eje de todo, según su mejor biógrafo y novelista, Alberto Barrera Tyska, quien escribió la biografía Hugo Chávez sin uniforme y la novela Patria o muerte. Fue “eje de la nación, de la historia, de la vida pública y privada de los ciudadanos” y también “se fue construyendo como personaje religioso (…) el redentor de los pobres y el mártir de los oprimidos”. 

Según Ignacio Ramonet, el periodista más famoso que militó en su causa, Chávez “representa al niño pobre latinoamericano” y fue “un presidente brillante”. El periodista Boris Muñoz dijo que tenía “un estilo en el cual él mismo es el medio y el mensaje” y que por eso “con Chávez manda el pueblo”, “Venezuela ahora es de todos” y “Chávez: el corazón de la patria” fueron frases para construir su mito. Y René Pérez, del famoso grupo de música latina Calle 13, en la entrega de premios MTV de 2009 nominó a Chávez como “mejor artista pop”. Ya sea para criticarlo o para alabarlo, Chávez es un personaje alucinante y maravilloso.

 Chávez es un fenómeno popular, pues llegó al poder desde abajo. Fue un gran político que ganó muchas elecciones y creó un movimiento nacional, un personaje que ya es historia y es referencia del discurso político latinoamericano. En lo narrativo, Chávez es tanto épica (del pobre que se toma el poder y se convierte en Robin Hood) como melodrama (ese hombre público que amó a su pueblo y se convirtió en parte del santoral popular), es una comedia (ese personaje que hacía del lenguaje y de la actuación un acto de ironía y desafíos transgresores) y una tragedia (tuvo la oportunidad de cambiar la historia de su país y terminó en el caos).

Ya sea para criticarlo o para alabarlo, Chávez es un personaje alucinante y maravilloso.

Y por ser todo esto en lo político y en la historia, es muy difícil hacer una serie de televisión, una película o una telenovela sobre él. Sin embargo, más desde el deseo que desde la conciencia televisiva popular, Sony y RCN decidieron hacer una serie llamada El comandante. Y fracasaron.

Mirada gringa, fracaso latino

Hugo Chávez, junto a Fidel Castro.
Hugo Chávez, junto a Fidel Castro. 
Foto: Gobierno Bolivariano de Venezuela

El comandante tiene como lugar de enunciación estética y política a Miami. Por eso huye del melodrama, de la comedia y de la épica y se concentra en la acción de buenos y malos. Es un discurso de exhibición moral de la “política” a lo gringo. Este hecho hace que el espectador que mira la realidad desde Latinoamérica no se identifique con la serie y por tanto huya de la pantalla.

Si se acepta que esta serie está hecha desde una visión gringa, se puede afirmar que está bien hecha para ellos: una realización trepidante en lo visual y con gran ritmo, atractiva en el juego de temporalidades entre presente y pasado, los buenos y los malos son claros, la pobreza es de cartón, la verdad está en el modelo de política representado por Estados Unidos.

Se aprecia y goza la actuación de Andrés Parra como Chávez, que está muy bien. Eso sí, vaya paradoja que el mismo actor represente a Escobar y Chávez, los dos patrones del mal a la colombiana. Las mujeres son bellas y el comandante es un gran semental. Las actuaciones en general se ven bien y los diálogos funcionan.

Pero contrario al comandante de televisión, el Chávez real es llanero, popular y un seductor caribeño. Su relato es de épica, su amor por el pueblo es de melodrama, su forma de hacer la política es de comedia y su final de tragedia y religión. Gústenos o no, Chávez fue un fenómeno político popular. Entonces, jugar a los efectos de pirotecnia gringa es muy falso. Olvidar el melodrama y perder la comedia es un atentando narrativo contra lo que fue Chávez como héroe popular. Y eso hace que la historia sea aburrida y expulse el goce del televidente, ya que en esa historia no nos reconocemos los latinos.

La serie también fracasa porque el momento sociopolítico del televidente latinoamericano no está para más Chávez. En Colombia, por lo menos, ya no queremos saber nada más de Chávez. Esa jerga uribista, propia de RCN, ya no nos interesa. Por eso su rating ha sido de tragedia: más bajo que el Minuto de Dios. El santo de los chavistas y el diablo de los antichavistas es un asunto venezolano, así como Uribe es nuestra tragedia nacional.

A todo esto se agrega que la serie estuvo muy mal programada por parte de RCN. Se puso El comandante frente a Sin tetas sí hay paraíso, cuando no hay nada menos sexy que Chávez (por lo menos para un colombiano) y nada más cercano para Colombia que las tetas. El comandante a esa hora y con ese enfrentado no seduce.

Como está contada, esta historia no deja contentos a los chavistas ni a los antichavistas.

La obsesión de RCN

Serie televisiva, creada por Sony y RCN, “Hugo Chávez, el comandante”.
Serie televisiva, creada por Sony y RCN, “Hugo Chávez, el comandante”. 
Foto: Wikimedia Commons

El tema más interesante de analizar es la obsesión de RCN por Chávez. Esta terquedad los ha llevado a fracasar en La Noche, que era un buen programa de análisis antes de convertirse en un pasquín dedicado a denigrar a Chávez que ya nadie quiere ver. Así mismo, ha contaminado de uribisimo y antichavismo sus noticias. Tanto que ya hay medio país que no se aguanta este insoportable periodismo de odio y militancia de la derecha. Y ahora, para rematar, le entregaron la ficción con El comandante. Y en todos los casos fracasan en rating.

Si se acepta que esta serie está hecha desde una visión gringa, se puede afirmar que está bien hecha para ellos.

Tal vez la ganancia sea en lo político o en lo comercial. Difícil saber por qué la Organización Ardila Lülle odia tan visceralmente a Chávez, hasta el punto de poner en peligro la rentabilidad de su mejor negocio: el canal de televisión. Tal vez Chávez atentó contra alguna transacción de este grupo en Venezuela, tal vez haya accionistas antichavistas, tal vez el amor por Uribe los enceguece en lo televisivo. El punto es que no es claro el porqué de este odio.

En todo caso, RCN sigue pensando el mundo desde su deseo político: que a los colombianos les interese su odio por Chávez y su amor por Uribe. Y fracasa en rating en ambos casos.

La obsesión de RCN con Chávez es similar a la de la revolución venezolana con su figura. Por eso lo ha elevado hasta convertirlo en la síntesis de todas las desgracias de la política y de la vida, y solo han logrado crear un personaje del que nadie quiere oír hablar. En Colombia la gente ya no lo aguanta: no es nuestro problema, no es nuestro destino.

Tal vez RCN deba abandonar su indignación por Chávez, o por lo menos dejársela a los venezolanos, y asumir su amor por Uribe y nominarlo a mejor artista pop.

 

* Director de la maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

@OmarRinconTV

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