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¿Qué son y qué deberían ser el maestro y la escuela contemporánea?

(Tiempo estimado: 4 - 7 minutos)

Profesoras y profesores del distrito.

Eduard BarreroLa crisis de la educación de hoy no se reduce al presupuesto o a las instalaciones escolares. La concepción misma de la escuela y del papel del maestro necesita revisiones de fondo para ponernos a tono con esta época. 

Eduard Andrés Barrera*

Elementos para el debate

En medio del paro de maestros que estamos viendo será de esperar que la educación fuera el tema del día en la agenda ciudadana y estatal para buscar soluciones a los muchos problemas que aquejan a la educación colombiana.

Y sin embargo estamos presenciando un show mediático que insiste en que estamos ante una “emergencia educativa”, porque si los maestros están en paro ¿qué hacemos con los ocho millones de niños y jovenes que no van al colegio?

En este espacio quiero plantear algunos elementos para el debate, que no pretenden abarcar el espectro completo de deficiencias por atender sino que buscan señalar la urgencia de que la escuela, como institución estatal, sea concebida como parte del proyecto político y social de un país que dice jugársela por la paz.

Para ellos la escuela no tiene problemas, es un problema.

No quiero detenerme en la coyuntura inmediata del paro de maestros que arrancó el 11 de mayo. Quiero mostrar la importancia de apreciar el papel de la escuela para llegar a soluciones de más largo plazo, y para esto abordaré tres temas:  

1) El problema de la escuela,

2) Los nuevos niños y jóvenes, y

3) La función del maestro.

Nuestras escuelas y niños

Colegio distrital en Bogotá.
Colegio distrital en Bogotá.  
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

La escuela pública contemporánea no solo enfrenta los problemas propios de su condición institucional, como escasez de presupuesto, déficit en infraestructura o baja remuneración l para la planta docente. Además se dice que la escuela  no prepara a sus alumnos para la vida real o que no tiene en cuenta las necesidades del mercado laboral.

Los críticos dicen que la escuela se ha vuelto incapaz de ofrecer a los jóvenes una  educación general amplia que los prepare para la vida como adultos, reduciendo todo a un tema de calidad y mediciones. Estos críticos tal vez nunca han pisado un salón de clase y abogan por una educación centrada en la idea de progreso. Para ellos la escuela no tiene problemas, es un problema.

Pero la escuela es un problema porque la mayoría no quiere verla como un escenario de múltiples conflictos culturales. Por ejemplo, en menos de medio siglo hemos pasado de la carta escrita que necesitaba timbre, sobre, cartero, asno o un avión para hacerla llegar a su receptor, al correo electrónico. Incluso muchos adolescentes ya no envían correos electrónicos porque lo consideran arcaico. Hay que esperar a que te contesten, dicen.

En cambio los nuevos niños y jóvenes son usuarios frecuentes de los dispositivos de mensajes instantáneos que obligan a quien está conectado a responder en el momento y a mantenerse en la pantalla y participar. Como dice Mariano Narodowski, la de hoy “es una cultura de pantallas procesadas por jóvenes hiperrealizados: los teenagers son screenagers”.

De esta manera la escuela del siglo XXI se enfrenta a un problema que desborda el ajuste salarial de los maestros. Los niños y jóvenes ya no leen como antes, de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, de principio a fin, de corrido y línea por línea. No le encuentran sentido a la historia contada como una secuencia interminable de sucesos inconexos y pueden encontrar como una gran amenaza las lecturas largas y sin imágenes.

Incluso consideran aburrido a aquel maestro que quiere dictarles clase, que habla demasiado o les pide memorizar cosas que no comprenden o que no tienen ninguna conexión con sus experiencias.

Las fuentes de formación más poderosas para los chicos son la televisión, el internet, los espectáculos, los videojuegos, el celular y otras experiencias ligadas al espacio comunicativo y a una cultura visual invadida por la publicidad y el comercio, en un medio urbano saturado de mensajes y de mercancías.

Las fuentes de formación más poderosas para los chicos son la televisión, el internet, los espectáculos, los videojuegos, el celular.

Estamos ante una infancia que experimenta grandes cambios y que se ha polarizado de manera bien definida en tensión con los medios y la visualidad. Según David Buckingham “por un lado están quienes defienden que la infancia como la conocemos está desapareciendo o muriendo y que los primeros culpables son los medios, en particular la televisión. (…) Por otro lado están quienes sostienen que en el uso de los medios de comunicación hay un creciente desfase generacional, que la experiencia que los jóvenes tienen de las nuevas tecnologías (sobre todo los ordenadores) está abriendo una brecha entre su cultura y la de la generación de sus padres”.

Maestros subvalorados

Estudiantes de colegio en Bucaramanga.
Estudiantes de colegio en Bucaramanga.  
Foto: Alcaldía de Bucaramanga

El problema de la escuela consiste en que no se le ha permitido hacer parte del proyecto político de lo contemporáneo y la solución inmediata ha sido llevarle tabletas o computadores supuestamente para que se actualice. Pero los que pueden ayudar a resolver r estos problemas, los maestros, no han sido reconocidos en su función social en el proyecto de país, ni su saber pedagógico ha sido exaltado.  

El maestro ha sido reemplazado por un profesional disciplinar cuyas funciones son la crianza y el cuidado, en lugar de cumplir su verdadera labor de abrir perspectivas, señalar tensiones y ampliar el horizonte.  

Por eso la figura del maestro debe ser resignificada y valorada como una autoridad social, no desde la idea de que la enseñanza es un asunto de control, sino de la educación como el instrumento clave para restaurar la sociedad.

El maestro no debe ser solo el facilitador del aprendizaje o el ejecutor de pasos de un manual. Tampoco debe ser el que debe cuidar a los niños mientras los padres van al trabajo. El maestro es alguien, como dice Gert Biesta, “que desempeña un papel central en la definición de aquello que es deseable desde el punto de vista educativo en cada situación concreta, en lo que respecta a los propósitos y a los medios de la educación (y aquí, medio debe comprenderse en el sentido amplio, no instrumental, es decir, como la forma en que se lleva a cabo la educación en cuanto a sus contenidos, procesos y relaciones)”.

 

* Diseñador Gráfico, Licenciado en Artes Visuales (Universidad Pedagógica Nacional), Maestrante en Estudios en Infancias (UPN), Docente Licenciatura en Artes Visuales UPN, Investigador Grupo interdisciplinar Mirada y Territorio Grupo de Estudios Didáctica de las Artes Visuales UPN, Investigador Principal Corporación Tajapü Cultura, Recreación y Ambiente.

 

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