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El doping: ¿delito, falacia o hipocresía?

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Ciclista acusado de dopaje, Chris Froome.

David Quitian¿A qué se debe y qué implica el uso de sustancias prohibidas por parte de los numerosos deportistas que en estos días han sido sancionados? ¿Cuáles fuerzas sociales hay detrás de estas prácticas?

David Quitián*

Socio-génesis del doping

El prohibir a la delegación rusa que compita en los Olímpicos de Invierno 2018, la detección de doping por parte del ciclista británico Cristopher Froome y la sanción por un año al futbolista peruano Paolo Guerrero por consumo de cocaína, son la punta del iceberg de una práctica común en el deporte de alto rendimiento: el uso métodos fraudulentos con el fin de obtener la victoria. Esta situación suscita muchas preguntas respecto de las causas del fenómeno.

En relatos que datan de tiempos homéricos se registra el uso de extractos de plantas, infusiones, comidas y rituales que ayudaban a los deportistas a vencer a sus rivales. Algunos alimentos como los testículos de animal, piel de sapo, ciertas especies de hongos y carnes dependían de la especialidad deportiva: la carne de cabra para saltadores, de toro para lanzadores y boxeadores y de cerdo para luchadores. Estos son apenas algunos ejemplos, citados por atletas de fama milenaria como el luchador Milón de Crotona.

Sin embargo hablar de doping antes del siglo veinte es un anacronismo, pues este concepto nace con el deporte moderno y es un correlato de su sofisticación. Así como los reglamentos deportivos buscan preservar la integridad de los adversarios en competencia, también procuran la  igualdad de condiciones entre los partícipes; objetivos que se sintetizan en el más alto principio del deporte moderno: el juego limpio.

El “doping económico” es más silencioso, eficaz y menos punible.

Este principio se plasmó en una serie de medidas para evitar desequilibrios en las competencias. Tal es el caso de la división en categorías -por sexos, rangos de edad, peso- y el de los  controles a las sustancias que atentaran contra la paridad de los deportistas durante sus disputas. 

Sin embargo esos controles son cada vez más insuficientes, dado que los desarrollos científicos y tecnológicos de las empresas deportivas y de sus laboratorios asociados van siempre uno o dos pasos adelante de los protocolos de detección y de la propia legislación deportiva. Conceptos como “doping tecnológico” y “doping genético” son dos nuevas modalidades sobre las cuales apenas ahora se está legislando y diseñando mecanismos de control.

No solamente se dopan los deportistas

Dopaje.
Dopaje. 
Foto: Pixabay 

Si en el mundo del deporte el doping es usado para mejorar el rendimiento, es válido preguntar qué tanto esa práctica es común entre todos nosotros ¿acaso no acudimos con frecuencia a diferentes métodos para mantener la buena salud y mejorar nuestro rendimiento? Los analgésicos, los psicotrópicos y los afrodisiacos son apenas algunos ejemplos.

Es común el uso de la cafeína para optimizar el trabajo, o el uso del alcohol, la nicotina o bebidas energizantes para relajarse y prolongar la resistencia en actividades cotidianas. Pero lo que importa aquí es que se trata de un elemento ético: el uso del doping está prohibido cuando está en juego un reconocimiento.

Las pruebas de orina efectuadas a estudiantes candidatos para becas en Francia para rastrear estimulantes días previos a los exámenes; la vigilancia de suplantaciones en convocatorias de empleo y en pruebas de admisión en universidades públicas son otros ejemplos de “doping civil”.

El “doping económico” es más silencioso, eficaz y menos punible. Cuando observamos quiénes obtienen las becas para estudios internacionales, los mejores empleos y más posibilidades de bienestar en sus vidas, concluimos que no siempre son aquellos provenientes de clases populares.

Allí se observa con todo vigor una expresión del mundo del deporte: el hándicap. Quienes nacieron con mejor hándicap tienen chances de conseguir sus propósitos. Por contraste, los que vinieron al mundo con marcador adverso, deben remar más y aun así, eso no garantiza la satisfacción de sus anhelos. 

Doping ¿causa y consecuencia del mercado?

Las razones que impulsan a una persona a sobrepasar a los demás valiéndose de procedimientos prohibidos pueden atribuirse a la mala educación, pero también a la perversidad del modelo económico que, al decir del sociólogo francés Pierre Bourdieu, modela una estructura estructurada estructurante: el habitus, que es la predisposición de la conducta hacia determinadas prácticas.

El capitalismo exhorta a la ganancia, al beneficio como fin último del acto económico y al neoliberalismo no le basta con ganar una vez, sino que persigue la aniquilación de la competencia.

Ante esa presión, ante la inhumanidad de pruebas que exigen altas dosis de dolor y sacrificio, los deportistas optan por el doping.

Así es como el panorama social adquiere fisonomía de hipódromo, es una carrera sinfín para ser el mejor y más exitoso. Letanía de padres para hijos que, replicando a Diomedes Diaz, educan a sus hijos para la excelencia y muy poco para la felicidad.  

Esta predisposición social se expresa con todo vigor en el deporte: exigimos campeones. Triunfar una vez no es suficiente, pedimos más. Ante esa presión, ante la inhumanidad de pruebas que exigen altas dosis de dolor y sacrificio, los deportistas optan por el doping, sea por el alivio a sus padecimientos o por la codicia de fama.

Rusia: la guerra fría que no se congeló

Junto a la seducción perversa del mercado, que es insumo de prácticas indeseables como las apuestas amañadas y los sobornos de gran escala (como el Fifagate), existen otros cantos de sirena que favorecen la corrupción del deporte mundial como la mezquindad ideológica de la geopolítica.

Al respecto basta echar una mirada a los titulares de prensa que suceden a la elección de ciudades para mega-eventos deportivos o el balance económico posterior de estos certámenes que siempre están salpicados por detenciones y procesos criminales a políticos y dirigentes deportivos en casos de corrupción. 

Prontuario que se añade al fomento del doping que hicieron los bloques políticos envueltos en la Guerra Fría. Allí se llevó el deporte a asunto marcial nacional: valía tanto un logro deportivo contra el rival político- ideológico, como un triunfo militar en las guerras periféricas. Tensión que llegó a su punto máximo con los boicots liderados por los Estados Unidos y la Unión Soviética en las justas olímpicas de Moscú en 1980 y los Ángeles 1984. 

Junto a la seducción perversa del mercado existen otros cantos de sirena que favorecen la corrupción del deporte mundial como la mezquindad ideológica de la geopolítica.

Existe una amplia literatura que al respecto como Los señores de los anillos: poder, dinero y doping en los Juegos Olímpicos modernos (1992) escrita por los periodistas británicos Andrew Jennings y Viv Simpson y Cómo se robaron la Copa (2001) del inglés David Yallop.

En esas investigaciones periodísticas se relata el aire contaminado que se respira en las multinacionales que regentan el deporte global, en donde los deportistas son vistos como sucedáneos de soldados y tratados como conejillos de indias en la prueba de sustancias prohibidas.

La pasada suspensión de todo el equipo de atletismo ruso que no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Rio 2016 y la reciente prohibición del Comité Olímpico Internacional- COI, para que la delegación rusa compita en los Juegos Olímpicos de Invierno Pyeongchang 2018 debe leerse en clave de geopolítica.

Froome ¿el nuevo Armstrong?

El uso del doping es relativo en la actualidad: desde las pruebas más simples a las más sofisticadas (como el “pasaporte biológico”), el objetivo del rastreo de sustancias se restringe en muchos casos a la cantidad ingerida más que a su consumo. En otras palabras, un miligramo adicional de cierta sustancia dirime entre un deportista limpio y uno dopado.

Esa relatividad, que puede condenar el exceso y no el consumo, ilustra la complejidad del asunto del que muchos se han librado lidiando -y calculando- sus ingestas, pero que también ha visto casos de injusticia como los episodios de Santiago Botero y María Luisa Calle que luego de largas luchas consiguieron limpiar su nombre ante sendas acusaciones de dopaje.

Ambiente de sospecha que llegó a las filas del equipo Sky con el reciente positivo de Chris Froome en la Vuelta a España que podría despojarlo de su título y reeditar la decepción de Lance Armstrong, quien edificó su invencibilidad sobre una torre de hipodérmicas y mentiras.  

La odisea de un Guerrero

Futbolista peruano, Paolo Guerrero

En el Perú no hay lugar para la duda, no importa si Paolo Guerrero es un esporádico consumidor de cocaína, el asunto es si la consumió en el partido crucial de su Selección ante los argentinos. El doping por sustancias prohibidas no parece tan definitivo en el fútbol como en otros deportes, ya que Perú regresó a un Mundial luego de 36 años de ausencia y el jugador tiene un rol de héroe nacional.  

La noticia tiene ribetes de asunto nacional, ha merecido pronunciamiento de personalidades políticas y deportivas del mundo y está a la espera del fallo de apelación ante la FIFA que tramitó el jugador que se quedaría sin jugar la Copa de Rusia 2018.

Palabras finales

En definitiva, el doping es asunto de bioética que remite al desplazamiento del cuidado y la salud personal y de la ética con los demás, al de la ganancia a cualquier precio que es susceptible de ser estimulada por el neoliberalismo económico. Sin embargo, el doping también es consecuencia de la geopolítica y expresa otras modalidades, igualmente perversas y más invisibles que las sustancias químicas. 

*Doctor en Antropología de la Universidad Federal Fluminense (Brasil), profesor de sociología de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) y miembro de la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos (Acord).

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