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Política, pasión y fútbol: elecciones y selecciones en tiempos de Rusia 2018

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Alocución del Presidente Juan Manuel Santos de agradecimiento a la Selección Colombia de Fútbol.

David_Quitin_razon_publica.jpg - 8.04 kBUn repaso de cómo el fútbol se ha convertido en una marca política y en tótem de la idiosincrasia colombiana.

David Quitián*

Dos eventos indisociables

Por estos días es difícil escapar de dos temas que encienden las pasiones y conciernen a todos los colombianos: la política y el fútbol, para ser más específicos: la elección presidencial y la selección nacional.

Estos dos temas son más cercanos de lo que parecen a primera vista: ambos ponen mucho en juego. Tanto el sufragio universal como las Copas del Mundo pueden considerarse como los rituales más trascendentales del último siglo.

​Tan importantes son los comicios en el ADN nacional que su desestabilización, impulsando la abstención activa, era el botín político reclamado por la insurgencia armada.

La proximidad entre los dos fenómenos se debe tanto a que el deporte tuvo su origen en la política como a la coincidencia de fechas en su realización.

Puede leer: Fútbol y política: ambos en cancha.

Votos y goles

James

James Rodríguez
Foto: Presidencia

El historiador Malcolm Deas advierte que las elecciones siempre han sido un evento de suma importancia para el pueblo colombiano, ya que sus resultados son decisivos para la vida cotidiana.

Durante las jornadas electorales entran en acción los elementos más distintivos de la idiosincrasia nacional: el patronaje clientelista, el ingenio popular, la alegría carnavalera y la malicia indígena. Tan importantes son los comicios en el ADN nacional que su desestabilización era el botín político que reclamaba la insurgencia armada. 

De igual manera, algunos eventos deportivos de gran impacto en la segunda mitad del siglo XX, como el torneo profesional de fútbol, la Vuelta a Colombia en bicicleta y las peleas de Pambelé, convocaron los viejos y los nueves elementos de la colombianidad, propiciando experiencias de comunidad imaginada, en los términos planteados por Benedict Anderson, a través de potentes mediaciones como la radiodifusión.

Estos episodios deportivos de alta carga simbólica, pensados como estrategia de pacificación, también desplazaron la violencia política del centro a la periferia del territorio, activando elementos de distinción social entre las propias élites, las camadas populares y entre las regiones, modelando así una noción distinta de bipartidismo.

Las participaciones del fútbol en política más que una anécdota o una desviación, debe verse como la materialización de la política por otros medios.

Este tipo de epifanías colectivas son definidas por la antropología como “hechos sociales totales”, los cuales expresan con potencia las identidades y alteridades que les dan a las comunidades un sentido, sean estas de aldeas, provincias o naciones.

Los hechos sociales totales se distinguen por su rara ocurrencia y por la dificultad de escapar de su influencia, es decir que cuanto más se les resista, más atenazan su imperio. Un ejemplo contemporáneo de estos momentos excepcionales fue la visita del Papa Francisco a Colombia, días durante los cuales todo giró en torno del pontífice; otros casos que ilustran ese concepto son los carnavales, las elecciones y más recientemente las participaciones de Colombia en los mundiales de fútbol.

Fútbol: política por otros medios

La Selección Colombia regresa a la Copa del Mundo y otra vez lo hace en medio del tenso ambiente de las elecciones presidenciales.

El panorama y los protagonistas son casi los mismos: dos proyectos políticos que dividen la nación en dos mitades y que reviven la polarización en clave de “guerra y paz”, dejando como única posibilidad de encuentro al equipo nacional masculino de balompié que conserva la base de jugadores del Mundial Brasil 2014 y mantiene como director técnico al argentino José Pékerman.

En medio de esta situación nos preguntamos con ironía futbolera: ¿está la sociedad colombiana condenada a la eterna repetición del mismo penalti? Interrogante que incluye la estrecha relación entre política y fútbol desde tiempos del Bogotazo y que señala la participación e influencia -indirecta- de la Selección Colombia en los diálogos de paz con las FARC y en los resultados electorales del 2014.

Este viejo vínculo, de naturaleza cambiante y compleja, operacionaliza el concepto de “institución cero”, acuñado por la antropóloga Simoni Guedes, para referirse a esa capacidad del fútbol para vaciarse de su contenido y prestar su estructura a otras instituciones, optimizando la difusión y la eficacia del mensaje.

El fútbol al ser fácil se universalizó rápidamente y se convirtió en una excusa para todo: desde vender desodorantes, cervezas y paquetes de televisión, hasta promocionar sistemas de gobierno y campañas políticas. Por eso, las participaciones del fútbol en política más que una anécdota o una desviación, deben verse como la materialización de la política por otros medios.

Otras evidencias de la politización del fútbol y de la futbolización de la política son:  

  • La renuncia del gobierno nacional a realizar el Mundial FIFA de 1986 en Colombia (que a la postre hizo México).
  • La prohibición de las transmisiones radiales y televisivas desde el Palacio de Justicia (tomado por el M-19) y la orden presidencial de transmitir en su reemplazo el partido de Millonarios contra Unión Magdalena.
  • La ola de muertes en los festejos y los posteriores efectos simbólicos y culturales de la victoria 5 x 0 ante Argentina en las eliminatorias de 1993.
  • La filtración de los narcotraficantes en los clubes y la Selección nacional que desembocó en estigmas internacionales (repetición de partidos, traslado de localías al exterior, sospecha de títulos, ingreso de equipos a lista Clinton) y en momentos dolorosos como la eliminación prematura de la Copa Estados Unidos 94 y el posterior asesinato de Andrés Escobar.  
  • La avanzada diplomática a la sede de la Conmebol, en Paraguay, para defender la sede de la Copa América 2001 en Colombia. 

De la polarización a la unión

Santos y Falcao

El presidente Juan Manuel Santos con Radamel Falcao.
Foto: Presidencia.

El fútbol es una dimensión más de la vida, integrada con otras que le dominan y le son subsidiarias. Ejemplos de ello son la construcción socio-histórica y cultural compuesta por hitos como la “era Maturana”, prolongada con Bolillo Gómez, que definió la última identidad de nuestro balompié, y momentos estelares como las clasificaciones a las copas de 1990, 1994 y 1998 y el título de la Copa América de 2001.

Esta identidad agotó la eficacia del “toque- toque” a partir de las eliminaciones de los mundiales del 2002, 2006 y 2010; tiempo del regreso de la pasión por la política y la mengua de la pasión futbolística. El doble periodo de Álvaro Uribe movió la atención de las audiencias nacionales de las mediocres eliminatorias a inusitadas transmisiones televisivas como “Operación jaque” y la sesión extraordinaria de la OEA convocada por el bombardeo en territorio ecuatoriano.   

Durante ese mismo periodo de exacerbación política y aridez futbolística (exceptuando la Copa Libertadores del Once Caldas en 2004) se cimentó una fanaticada por el nuevo caudillo nacional que no tuvo contrapesos deportivos. Este fue un tiempo de técnicos despedidos: Javier Álvarez, ‘Chiqui’ García, Jorge Luis Pinto, Reinaldo Rueda, Eduardo Lara y Leonel Álvarez.   

La sequía acabó con la doble llegada de Santos al gobierno nacional y de Pékerman al timón del seleccionado mayor. Con esta dupla regresó la euforia por la Selección, que tuvo como ingrediente adicional la asociación establecida entre ciertas acciones gubernamentales y la ascendente calidad de la selección nacional en las eliminatorias para Brasil 2014.

Encuentre en RP: Elecciones y mundial de fútbol ¿Relaciones peligrosas?

Durante este periodo, los diálogos de paz con la FARC tuvieron su mejor expresión: cada triunfo del equipo nacional contribuía a la retórica presidencial de la Unidad Nacional (nombre que distinguió a la bancada santista en el Congreso y eslogan de campaña en las elecciones de reelección). El optimismo creciente por las negociaciones de La Habana pudo ser a la vez causa y consecuencia de ese fervor popular por el tótem encarnado en la selección.      

En nuestro país, el fútbol es mucho más que un deporte y que la Selección connota dimensiones que exceden el campo de juego.

De las muchas imágenes que pueden ilustrar el papel que jugó la Selección Colombia en los diálogos de paz y en el resultado de las elecciones presidenciales del año 2014, sobresalen estos dos:

  1. La del recién reelegido presidente que pronunció su primer discurso, desde el atril de la Casa de Nariño, vistiendo la camiseta del seleccionado y
  2. La del equipo negociador de la FARC que, desde Cuba, en pleno Mundial de Brasil 2014, lució en varias declaraciones la casaca oficial del onceno nacional.  De esa forma, declararse hinchas tricolores significaba ubicarse del mismo lado; identificarse como parte del mismo equipo.

Fue así como la Selección Colombia obró para la guerrilla como un operador de nacionalidad.

Es de su interés: Colombia en Brasil, cuando la ilusión fue posible.

Antes del pitazo final

El futbol pudo tener cierta influencia sobre la victoria electoral de Santos contra Zuluaga (un día después del triunfo de Colombia sobre Grecia) y sobre la firma del Acuerdo con las FARC. También hay consecuencias que no fueron ignoradas por los recientes candidatos presidenciales que se disputaron el derecho a usar la Selección en sus campañas.

Juan Carlos Pinzón y Martha Lucía Ramírez emplearon metáforas de la Selección en su publicidad y Humberto de La Calle obsequió, en pleno debate televisado, camisetas del equipo patrio como señal de reconciliación.

Así mismo, los simpatizantes de Iván Duque y Gustavo Petro convocaron varios eventos con la consigna de llevarla puesta. Elementos que permiten concluir que, en Colombia, el fútbol es mucho más que un deporte y que la Selección connota dimensiones que exceden el campo de juego y los 90 minutos. 

*Doctor en antropología por la Universidad Federal Fluminense, integrante del Grupo de trabajo “Deporte, políticas públicas y sociedad” de CLACSO, profesor investigador de la Corporación Universitaria del Meta, integrante de ACORD, capítulo Meta.  

 

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