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Rusia 2018: el mundial que no para de sorprendernos

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Mascota del Mundial

David QuitianMessi y Ronaldo fueron eliminados el mismo día, Corea del Sur venció a Alemania y Rusia derrotó a España. Un análisis cuidadoso de la Copa Mundo más sorprendente de la historia del fútbol.

David Quitián Roldán*

Un mundial lleno de incertidumbre

Lo único cierto en esta Copa Mundo es que todo es incierto: varias selecciones favoritas ya están de regreso a casa y los dos jugadores estrella, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, se despidieron del mundial el mismo día. Así mismo, la inclusión de un sistema de vídeo asistencia para los árbitros, conocido como VAR por su sigla en inglés, está propiciando cambios en el juego que en cierta medida ayudan a explicar los resultados inesperados que se están dando en suelo ruso.

Cadena de sorpresas en las que el aumento de penalties sancionados, la cifra notable de goles marcados en el tiempo de reposición y la baja correlación entre porcentaje de posesión del balón y victoria son apenas algunos indicadores.

La geopolítica del mundial

Presidente ruso, Vladimir Putin en visita al estadio de Luzhniki
Presidente ruso, Vladimir Putin en visita al estadio de Luzhniki 
Foto: Kremlin

El mundial, como evento globalizado, motiva una diversa gama de comportamientos que escenifican desde folclores locales hasta tendencias internacionales. Entre tantas cosas, una de las actividades más repetidas en los últimos días es pronosticar resultados de partidos e intentar acertar la selección campeona. Así, desde las casas de apuestas más prestigiosas, pasando por los vaticinios de clarividentes y adivinos, hasta llegar a los juegos informales entre compañeros de trabajo y amigos, el acto de probar puntería en los marcadores es más que una simple moda.  

Pero apostar no es solamente cuestión de suerte. También implica tener una base mínima de conocimientos que guíe el olfato de las trivias y quinielas. Al respecto, basta echar una mirada al cuadro histórico de animadores y ganadores de la Copas Mundo, para irse formando una idea de las hegemonías y las subalternidades en el campo deportivo gobernado por la Fifa.

Lo único cierto en esta Copa Mundo es que todo es incierto: varias selecciones favoritas ya están de regreso a casa y los dos jugadores estrella, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, se despidieron del mundial el mismo día.

Lectura a priori que alcanza mayor profundidad al revisar con detalle el sistema balompédico mundial, al estudiar sus lógicas de mercado y sus dinámicas políticas. Escrutinio que empieza con el examen geográfico y demográfico del deporte de los guayos. 

Resulta significativo que el mapa del planeta fútbol incluya a Sudamérica como contraparte de las naciones del viejo continente: geopolítica del balón que explica porqué hasta las copas Corea-Japón de 2002 y Sudáfrica 2010 hubo certamen de la Fifa en continentes distintos al americano y europeo.

Ordenamiento balompédico que determina la asimétrica distribución de cupos para las distintas confederaciones y sus continentes representados. De esa manera, entre Europa, con 13 selecciones y Sudamérica con 5, se sobrepasa la mitad de los clasificados a los mundiales, según el actual modelo de 32 participantes; porcentaje que se redujo con respecto a mundiales previos en los que solamente había presencia de estas dos regiones y con el cambio de modelo de Copa Mundo (que en ediciones pretéritas tuvo 13, 16 y 24 selecciones compitiendo) en el que progresivamente se integraron otras zonas del planeta. 

Disminución de la presencia europeo-sudamericana que aún no soluciona la inequidad en la repartición de cupos; tal como se puede deducir con las cifras vigentes para la actual Copa: África apenas tiene 5 cupos de 54 federaciones nacionales que la integran; Asia 4,5 de 46; Centro América, Norteamérica y el Caribe 3,5 de 35 y Oceanía medio cupo de once equipos nacionales que componen esta federación. 

Sistema que también operó a nivel de clubes: en el antiguo torneo mundial sólo se enfrentaban los campeones de Conmebol y Uefa (confederaciones de Sudamérica y Europa, respectivamente) en la llamada Copa Intercontinental de Clubes. Situación que ha sido parcialmente corregida con la participación de campeones de otras confederaciones, en el actual Mundial de clubes de la FIFA; competencia en la que todavía se mantiene el privilegio de sembrar en semifinales a los ganadores de la Copa Libertadores de América y de la Champions League, previendo siempre una final entre ellos.

Desigualdad que, sumada a la confluencia de disputas de poder, incentivó proselitismos sustentados en promesas de distribución más benéficas para las regiones con menor representación en cupos, pero de mayor cantidad de votos. Modus operandi iniciado desde las épocas de majestad en la FIFA del brasilero João Havelange, del que Joseph Blatter -y ahora Gianni Infantino- son juiciosos aprendices. Razón por la que desde la Copa de 2026 (ya asignada a Estados Unidos, Canadá y México) habrá 48 participantes.   

Lionel Messi
El jugador argentino Lionel Messi.
Foto: Mirada Pública 

No siempre ganan los alemanes

Como la vida, los deportes entrañan grados de incertidumbre, de azar, que alimentan expectativas e ilusionan hasta a los que tienen menos chance de figurar. Este principio, de gran estima en el ámbito deportivo, es el que garantiza la democracia teórica del triunfo para todos los competidores; sin embargo, para hablar en concreto del mundial de fútbol, pocas naciones son las que tienen reales posibilidades de ver a su selección alzar la copa de campeón.

Grupo selecto de ocho países que hasta la Copa de 1998 eran apenas seis, tres por Sudamérica y tres por Europa occidental; a saber: Uruguay, Brasil, Argentina e Italia, Alemania e Inglaterra. Media docena de naciones que conformaban la hegemonía del balompié mundial. Luego de esa Copa de 1998 se integraron al club de campeones Francia y España.

Supremacía disputada copa tras copa, en el ritual cíclico reeditado cada cuatro años, que a la fecha ha visto vencedor en once ocasiones a selecciones europeas y en otras nueve a equipos nacionales del cono sudamericano. Sin embargo, es Brasil el más veces ganador, el pentacampeón (1958, 1962, 1970; 1994 y 2002), seguido de cerca con cuatro títulos por Italia (1934, 1938; 1982 y 2006) y Alemania (1954, 1974; 1990 y 2014); última selección que por su poderío cultural y deportivo le hizo decir al futbolista Gary Lineker la célebre frase que reza: “el fútbol es un deporte inventado por ingleses, de once contra once, en el que siempre ganan los alemanes”.

Enseguida de ese podio, están las naciones del Río de La Plata: Argentina (1978 y 1986) y Uruguay (1930 y 1950), cada una con dos títulos orbitales y con el honor compartido de haber disputado la primera final en el ya remoto 1930, cuando la sede fue la patria del “negro” Obdulio Varela, del “Príncipe” Enzo Francescoli; de Luis Suárez y Edinson Cavani.

Cierran el lote, las tres europeas que suman una estrella en su escudo: Inglaterra (1966), Francia (1998) y España (2010).

Del bar de los hinchas al VAR de la Fifa

VAR
El VAR.
Foto: Mirada Pública 

Contexto que nos ubica en la vigésima primera edición del mundial que tendrá como elemento determinante el VAR como sistema de apoyo remoto a la labor arbitral. Tecnología ya empleada, de forma diferencial, en otros deportes como el tenis, rugby, fútbol americano y baloncesto.

Puesta en escena que conjuga un doble concepto de coacción: el del “panóptico” definido por Michel Foucault como un sistema de autocontrol fundamentado en la estructura de vigilancia que no precisa presencialidad para manifestar su eficacia.

Con el VAR también se operacionaliza un segundo concepto: el ojo vigilante (de “gran hermano”), del tipo fabulado por George Orwell en su famosa novela 1984, que expresa la imposibilidad de escapar del control sistémico.

Como la vida, los deportes entrañan grados de incertidumbre, de azar, que alimentan expectativas e ilusionan hasta a los que tienen menos chance de figurar.

Conceptos que al ser materializados en jugadas consideradas como decisivas, ya están incidiendo en la configuración de una conducta de los futbolistas que evita la simulación y privilegia el ideal de justicia. De esa forma, ya se validaron goles que, con el arbitraje tradicional, se resolverían de forma equivocada, cuyo mejor ejemplo es el primer gol validado a Corea sobre Alemania, que inicialmente había sido anulado y que fue clave en la eliminación de los actuales campeones en la fase de grupos.

El penalti reversado a Neymar ante los costarricenses y el de Senegal ante Colombia, en primera fase, son otros claros ejemplos de las bondades de este tribunal televisivo que también tiene competencia para establecer cuándo se ha marcado un gol (valorando fueras de juego), si ha habido penalti o si una acción es merecedora de tarjeta roja.

Instancia que desplaza las discusiones de bar de los hinchas, para determinar si hubo o no penalti, a la evidencia casi inapelable de la cámara lenta operada por otros árbitros acuartelados (para esta Copa) en Moscú.   

Sorpresas en tiempo de reposición  

Cristiano Ronaldo.
Cristiano Ronaldo.
Foto: Twitter- Christiano Ronaldo

Sistema tecnológico que magnifica otra evidencia difícil de desconocer: el acortamiento de las distancias entre los participantes. Más que una desmejora de las llamadas “selecciones grandes”, ha habido una igualada de las selecciones de menor tradición, gracias a fenómenos como la globalización.

Por esa vía, además del adiós tempranero de Alemania y España (que vivió un episodio de “república bananera” con el cambio de DT a una semana del debut mundialista) a manos de “selecciones chicas”, se suma la ruidosa salida de Argentina, que devela la crisis sistémica de su fútbol, atizada por el vacío de poder creado por la muerte de Grondona y la rapiña de sus dirigentes que provocó la autogestión de los jugadores en plena Copa, que era esperable fracasara.   

Así transcurre el que la prensa está llamando el Mundial de las sorpresas… evento cuya fantástica trama parece escrita por el mismísimo León Tolstoi.

*Doctor en Antropología. Profesor, investigador de la Corporación Universitaria del Meta- Unimeta. Texto que hace parte del proyecto “El Mundial en mi ciudad: prácticas, rituales, performances y discursos animados por la Copa Rusia 2018”.  

 

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