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Redes sociales y construcción de ciudadanía en Colombia

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Neyla_Graciela_Pardo_RazonPublicaLa presión ciudadana canalizada por las redes sociales se convirtió en un tsunami de indignación contra Merlano. Un caso que ilustra los alcances y las limitaciones de las redes sociales en la construcción de nuevos ciudadanos en Colombia.

Neyla Graciela Pardo Abril * 

Presión ciudadana frente a cultura atávica

El “escándalo del senador Merlano” constituye un caso de estudio: al tipificarse una secuencia de acciones dolosas — de la que el hoy exsenador intentó justificarse — Eduardo Merlano intentó escapar a las consecuencias obvias de su comportamiento sobre la base de una supuesto legitimidad derivada del voto.


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El “escándalo del senador Merlano”:
en evidencia la pretensión de ciertos
actores políticos de considerarse por encima del sistema jurídico y normativo.

Foto: Procuraduría.
 

En realidad, puso en evidencia una tradición política en la que este patético personaje está inscrito: la pretensión de ciertos actores políticos de considerarse por encima del sistema jurídico y normativo que definen las directrices de la convivencia ciudadana, y que paradójicamente ellos mismos contribuyen a elaborar colectivamente en el Congreso.

Estos actores sociales favorecidos — amparados en diversos e impensables subterfugios y privilegios — conservan y heredan curules y maquinarias políticas, garantizando que el mapa y las relaciones políticas se mantengan incólumes.

Al focalizarse sobre la noción de “escándalo”, los medios masivos de comunicación enfatizaron la “conducta indebida” del hombre público, cuya investidura lo hacía aun más visible: violó normas básicas de conducta ciudadana — como el respeto a la vida y a la seguridad de quienes transitan por las calles — y apeló naturalmente a la práctica instalada en la cultura política colombiana del tráfico de influencias y del clientelismo, que afectan negativamente el ejercicio ciudadano responsable y desestimulan el acceso democrático a los escenarios de construcción colectiva.

A pesar de la cobertura espectacular del caso del exsenador Merlano, caracterizada por el énfasis de hechos subjetivos, las emociones de los personajes implicados en los acontecimientos que se representan mediáticamente y la focalización sobre los detalles más escabrosos de los sucesos, este caso generó una condena masiva que se materializó en parte gracias a la confluencia ciudadana en nuevos escenarios que permiten diálogos mayores y más verticales que los medios de comunicación tradicionales, si bien todavía están sujetos a ciertas restricciones.

La rápida condena formal es un síntoma de que los colombianos – desde distintos sectores y posiciones – estamos ejerciendo presión para elaborar nuevos puntos de referencia orientados a construir una cultura política y ciudadana axiológicamente sustentada en valores democráticos y en el principio de la solidaridad.

La construcción de foros de opinión, la crítica masiva a través de medios como Facebook Twitter, y la creación de grupos virtuales se constituyeron en mecanismos de presión que permitieron a los usuarios problematizar asuntos relacionados con el caso Merlano que los medios tradicionales no tematizaron, ni insertaron en sus agendas. 

Nuevo espacio social y nuevas formas de participación

Las modificaciones simbólicas y expresivas articuladas a los recursos propios de la Internet, del mundo virtual y, en particular, de las redes sociales, han generado potencialidades para llevar a cabo formas de participación que, desde los procesos comunicativos virtuales y globales, fomentan un nuevo espacio para el ejercicio ciudadano a través de la organización y distribución de conocimientos, percepciones y opiniones que pretenden transformar las relaciones sociales.

Aunque el acceso a Internet sigue siendo en Colombia un asunto de élites económicas y culturales, también se le puede atribuir la potencialidad de garantizar una mayor participación ciudadana, funcional a la redistribución de los recursos simbólicos necesarios para el ejercicio de la política. [1]

La emergencia de estos nuevos escenarios sociales ha venido contribuyendo a construir nuevas formas de cohesión social, en las que se ponen en juego acciones colectivas y subjetividades que se encuentran atravesadas por relaciones de sentido, en las cuales el componente ético puede constituirse en un catalizador de nuevas prácticas sociales.

Internet — y especialmente las redes sociales — ya constituye un espacio de diálogo virtual donde es posible movilizar idearios en torno a intereses múltiples, que eventualmente coinciden con causas políticas diversas.

Desde allí se visibilizan temas polémicos capaces de capturar la atención de los cibernautas, generando formas de participación virtual que, a su vez, pueden ser visibilizadas por los medios de comunicación tradicionales.

Más allá de los medios tradicionales

Los efectos mediáticos y sociales de las nuevas formas de la comunicación contemporánea incluyen ubicar en la agenda mediática asuntos que no son considerados por los medios tradicionales como relevantes e inducir respuestas de orden político, jurídico o ético por parte de las autoridades, a quienes compete emitir juicios y asumir responsabilidades y acciones frente a las problemáticas que proponen los ciudadanos. 


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La construcción de foros de opinión,
la crítica a través de Facebook y Twitter,
y la creación de grupos virtuales se constituyeron en mecanismos de
presión e indignación.

Foto: es.paperblog.com
 

La posibilidad de movilizar opiniones, pese a las restricciones de medios de comunicación como Internet, permite verificar en los discursos ciudadanos, a través de los juicios y argumentos que elaboran los usuarios, manifestaciones emotivas que sirven al propósito de consensuar puntos de vista y expresarse incluso mediante actos de descortesía que funcionan como cohesionadores de colectivos diversos para movilizar opiniones públicas en torno a prácticas que suscitan la desaprobación social.

Las formas como se configuran las subjetividades individuales y colectivas a través de las redes sociales, y sus formas de manifestación discursiva, ponen en tensión los valores de la democracia liberal, asociados con el respeto a la norma jurídica y con la creencia en una voluntad general vinculada con las directrices estatales.

Las subjetividades políticas se bifurcan entre la emotividad y la racionalidad a la hora de identificar conceptos cruciales para el ejercicio ciudadano como la libertad, la igualdad, la justicia y la tolerancia.

Las redes sociales y los demás espacios virtuales hacen posible ejercicios de denuncia ciudadana y de catarsis colectiva, que dislocan las racionalidades hegemónicas reforzadas y estabilizadas por los medios de comunicación tradicionales.

De la canalización a la manipulación

Subsiste peligro de la canalización de las formas de protesta social a través de redes virtuales, tal como lo ha definido Bauman cuando afirma la separación entre el plano de la realidad virtual y las instancias de la participación efectiva. [2]

Las redes sociales tienen un carácter efímero y veloz que en muchos casos impide que las personas se apropien y actúen en relación con los temas que circulan en la agenda pública. Los temas (como los trending topics de Twitter) adquieren un protagonismo temporal que se propaga viralmente y — una vez transcurrido un cierto tiempo — desaparecen, contribuyendo a invisibilizar los condicionamientos históricos, políticos y culturales de los problemas sociales que son referenciados, tal como ocurrió con la Ola Verde en 2010.

Aunque no hay estudios sistemáticos sobre los contenidos que circulan por las redes sociales en Colombia, es frecuente observar que las intervenciones que allí se presentan no tienen como objeto transformar las realidades sociales que generan las situaciones política, sociales y éticamente reprochables, y, por ende, no se ahonda en las causas estructurales de las problemáticas nacionales, para este caso relacionados con la corrupción de la clase política tradicional colombiana y el carácter súbdito-parroquial de la cultura política. [3]

En fin, la relativa apertura de los escenarios virtuales ha permitido una mayor accesibilidad a información y ha cualificado un poco más la participación de la ciudadanía en diversas dimensiones de la vida social, pero es necesaria la intervención directa de las autoridades públicas para hacer que estos medios sean más accesibles al conjunto de la ciudadanía y para inducir una cualificación de los procesos educativos en los que se ponga de manifiesto el papel central que juegan los medios de comunicación en la desestructuración o en la reproducción de realidades que obstaculizan o pueden promover la participación ciudadana.

En este sentido, la accesibilidad de la que hace alarde el gobierno actual debe ser acompañada de una estrategia deliberada de las propias autoridades para cualificar e incrementar los niveles de acceso a Internet y para potencializar la participación crítica de la ciudadanía en la labor mediática a fin de evitar una dictadura simbólica o la promoción de olvidos históricos.

* Profesora titular. Universidad Nacional de Colombia

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Comentarios  

Ricardog
0 # Ricardog 22-11-2012 10:26
Las redes sociales han abierto la posibilidad de construir la realidad noticiosa comparando fuentes, haciendo foros e intercambios entre los que los medios han considerado masa, a pesar de tener los mismos mecanismos para construir verdadera opinión pública, comparto el articulo y pienso que el fenómeno descrito puede ser confrontado con la abstención en Colombia, los gobiernos siempre han sido elegidos por quienes están interesados que, parece ser, ahora son opinión actuante. Este tipo de análisis es una necesidad, ver la realidad mientras esta sucediendo nos permite hacer parte de las cosas.
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