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Por Hernando Gómez Buendía

Ramón Hoyos: el pionero de los escarabajos

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Ramón Hoyos

David Quitián​Murió el deportista colombiano que fue el primero en ser reconocido como un “escarabajo”. ¿Cómo se ganó este apodo y qué representó este hombre en la historia de nuestro  ciclismo - y de nuestro nacionalismo-?

David Quitián*

Todos los honores

El ciclista Ramón Hoyos Vallejo no fue un dechado de técnica. Fue un deportista natural. Un campesino virtuoso que se encontró con su habilidad casi por azar.

El testimonio que le dio en  1955 al reportero Gabriel García Márquez, para su reportaje de 14 entregas en El Espectador, parecería el comienzo  de Cien años de soledad, cuando los gitanos muestran a los niños el hielo. Igual de perplejo quedó el pequeño Ramón cuando vio a un hombre montando en bicicleta, y esa fascinación le hizo pagar 20 centavos para alquilar por raticos una cicla destartalada, hasta que pudo dominarla.

Semejante aprendizaje le sirvió para obtener el segundo empleo de su vida: mensajero de un granero y, después, de una carnicería. De ahí a su primera prueba solo hubo un paso. Este fue el mismo libreto que repetirían sus dos más famosos sucesores: “Cochise” Rodríguez y “Lucho” Herrera, el primero mensajero de una droguería y el segundo de una floristería.

Hoyos logró tal seguidilla de victorias que su nombre parecía el apellido mismo del país.

Eso fue Ramón Hoyos: un pionero que escribió el guion para los “pedalistas del futuro”. El que probó la importancia de saber subir montañas (y también el temor a los descensos), el que impuso la tradición de ganarse varias Vueltas sucesivas a Colombia (en lo cual lo emularon “Cochise”, Rafael Antonio Niño, Herrera y Castelblanco).

Hoyos demostró que la polenta interna se debe confirmar en el vecindario continental (ganó la medalla de oro de los Panamericanos de México y fue campeón de la Vuelta a Puerto Rico, ambas en 1955). Y también fue uno de los pioneros de las participaciones nacionales en Europa (corrió en la Route de Francia en 1953, y en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 y de Roma 1960).

Además, fue el primer deportista de fama nacional. Cuando su imagen desgarbada apareció en competencia ya había ciclistas campeones, pero el reconocimiento de estos era esporádico y sus triunfos repartidos. En cambio, Hoyos logró tal seguidilla de victorias que su nombre parecía el apellido mismo del país.

Mariana Pajón durante una competencia de BMX.
Mariana Pajón durante una competencia de BMX.
Foto: yonolatengo

La guerra de las regiones

En forma de paradoja, aquella notoriedad de alcance nacional tuvo un componente de disputa regional entre Antioquia y Bogotá.  

Hablar del tiempo de esplendor del “Constellation”, el “Ascensor” o “Ramón Refuego” (algunos de los apodos que le pusieron al legendario ciclista) es referirse a una época estremecida por los ecos de “El Bogotazo”, signada por la pugna bipartidista y apaciguada por la dictadura de  Rojas Pinilla.

Hoyos, el campeón de Marinilla, ganó sus cinco Vueltas a Colombia entre el período del régimen militar y la transición civil al Frente Nacional: las ediciones de 1953, 1954, 1955, 1956 y 1958. Por eso es habitual encontrarlo en imágenes al lado del general quien, incluso, lo reclutó y lo puso a competir bajo los colores de las Fuerzas Armadas en la Vuelta de 1954.

Esa decisión del presidente Rojas debe entenderse como un acto dentro de una estrategia más general: unificar la nación antes polarizada por la disputa sangrienta entre liberales y conservadores, fragmentada en regiones aisladas por la falta de vías y desintegrada por la ausencia de un proyecto nacional consistente.

Por eso, la creación de la Vuelta a Colombia en 1951 puede leerse como un intento, desde el centro, de unificar la nación a través de una práctica corporal popular que conectaba física e imaginariamente al país en sus etapas mediante dispositivos eficaces como son las hazañas deportivas relatadas en la prensa y la radio.

Y el gesto de enrolar a Ramón Hoyos en el Ejército puede interpretarse como la confección de un símbolo ejemplarizante de la unidad nacional: el campeón Hoyos era colombiano por encima de ser antioqueño.      


Sin embargo, el resultado no fue satisfactorio: el ciclista, oriundo de la vereda La Cuchilla, casi siempre fue recibido a palos y piedras en las llegadas a Cundinamarca y a la capital. Ese apasionamiento popular se entiende como una “rivalidad por otros medios” (ya no de la política partidista) entre sus seguidores y los del otro ídolo de la década del cincuenta: Efraín el “Zipa” Forero, quien ganó la primera Vuelta a Colombia en 1951 y libró con Hoyos épicos duelos de carretera.

En el fondo, la rivalidad Ramón Hoyos-Efraín Forero era una disputa regional entre el centro y la provincia que connotaba aspectos políticos, económicos y culturales. Esta tensión desembocó en un encumbramiento de Antioquia como el “otro centro” del país, que fue apalancado, entre otras razones, por el contrapeso que esta región representaba al poder del fútbol bogotano de entonces y por su hegemonía en el ciclismo: hay que recordar que Antioquia mandó en la Vuelta a Colombia entre 1954 y 1968.

Las narrativas periodísticas de entonces se centraban en esos duelos en los que “la licuadora paisa” (conformada con otros pedalistas como Juan Antonio Isaza, Héctor Mesa, Honorio de la Rúa y Francisco Luis Otálvaro) derrotaba con frecuencia a sus contrincantes, entre los que estaban, además del “Zipa”, el francés José Beyaert (campeón de la Vuelta de 1952 y segundo en la de 1953) y el español José Gómez del Moral (ganador de la edición de 1957).

Las victorias paisas eran “cuestión de raza”, según le dijo el argentino Julio Arrastía Bricca, entrenador del equipo antioqueño, a Gabriel García Márquez. En este caso, la introducción del elemento “raza” agrega un nuevo condimento a la tensión centro- provincia, pues muestra la lucha por remarcar la identidad propia (regional) a partir del contraste y la diferencia con el “otro” (la otredad, en este caso: la capital Bogotá).

Este punto es interesante porque configura una marca identitaria que desde entonces es potente en el imaginario nacional: el de la “hegemonía paisa”, posibilitada por el poder político de la bancada antioqueña en el parlamento y los cargos ejecutivos que ocupan.

Además, en lo económico, se dice destacar por la tradición minera, la vocación agroexportadora y la prosperidad comercial y, en lo cultural, por la fuerza idiosincrática de su pueblo iconizada en sus arrieros, trovadores, culebreros, silleteros, así como por sus embajadas y consulados gastronómicos y su “hecho en Medellín”. 

Sin duda, esta hegemonía nunca decayó en lo ciclístico: “Cochise” Rodríguez, Santiago Botero, Marlon Pérez, María Luisa Calle y Mariana Pajón han encarnado la estirpe de sucesores del pedal antioqueño.

El ciclista Ramón Hoyos Vallejo.
El ciclista Ramón Hoyos durante los años cincuenta.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

El escarabajo

Sin embargo, hubo otra etiqueta identitaria, casi tan potente como la del predominio antioqueño, que Ramón Hoyos construyó con la fuerza de sus pedalazos, y que es la que distingue a los ciclistas colombianos en el exterior: la de escarabajos.

La anécdota de su origen es simpática y viene de su peculiar técnica para trepar cuestas: arrellanado en el sillín de la bicicleta y abriendo las piernas, en cada golpe de riñón, para impulsar la máquina carretera arriba. 

Este estilo, como lo narra nuestro nobel de literatura en las ya mencionadas crónicas, provocó las burlas del experimentado pelotón de ciclistas que lo tildaban de “chambón” y de “novato sin técnica”. También llamó la atención de los periodistas que cubrían la competencia, entre ellos un redactor de El Tiempo, Jorge Enrique Buitrago, quien lo bautizó como “El escarabajo de la montaña”.

Lo más curioso es que ese periodista, apodado “Mirón”, admitió tiempo después que realmente quiso llamarlo saltamontes y no escarabajo, y su equivocación originó el célebre sobrenombre que no solo designa el origen de nuestros ciclistas (como acontece con el de “cafeteros” para el fútbol), sino que remite a una capacidad única e irrefutable: su capacidad para escalar montañas sobre el caballito de acero.

El adiós de un grande

Con su muerte desaparece el último de una camada espontánea de deportistas, de los que fumaban en carretera e iniciaban competencias con bicicletas prestadas, a veces sin comer lo suficiente y muchas veces mal entrenados. Con él se va el primero de una generación de atletas formidables que introdujeron una mística respaldada por la naturalización de la bicicleta en la idiosincrasia andina y por el fervor popular por el ciclismo.

Los periodistas, especialmente los de la radio, quienes, al no poder seguirlo por trochas y caminos de herradura, “inventaban” la mitad de sus hazañas.

Se fue el “más antioqueño que la arepa” y el criado a punta de mazamorra (como le gustaba decir). Nos deja el que volcaba el pueblo a las calles y el que protagonizó los grandes duelos en carretera; aquel que incentivaba el ingenio de los periodistas, especialmente los de la radio, quienes, al no poder seguirlo por trochas y caminos de herradura, “inventaban” la mitad de sus hazañas con el estilo barroco e hiperbólico con que las conocemos hoy día.

Llega a la meta el primer campeón duradero del ciclismo nacional. Al que más buscaban  políticos y reinas de belleza para retratarse. Él era la auténtica vedette de la época, a la que le llegaban hasta 100 cartas diarias y tenía que esconderse en las calles para evitar el asedio de sus seguidores.

Se va el que quebró los records de su tiempo, ya todos superados en la actualidad menos uno: ganar 12 de 18 etapas de una Vuelta a Colombia. Va camino al Olimpo don Ramón Hoyos y, en su calidad de escarabajo, seguro lo hará trepando.


* ​Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​

@quitiman

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Comentarios  

Claudia Jiménez
+2 # comentarioClaudia Jiménez 01-12-2014 11:20
Un texto de encanto histórico.
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Alexander
0 # El paisaAlexander 12-08-2015 06:59
Se fue el mas grande ciclista colombiano de todos los tiempos ostentando aun un titulo 12 etapas ganadas de 18. Y creo que cabe decir también el record después de ganar una etapa con diferencia al segundo creo de 45 minutos no estoy muy seguro.
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