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Bartolomé De las Casas: salvador del alma de los indios y de los españoles

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

El encomendero, jurista, filósofo y sacerdote español Fray Bartolomé de las Casas.

El padre De las Casas combatió la ignorancia y la barbarie de sus coterráneos con la fuerza de la palabra y su genuina apreciación de los indígenas americanos. Homenaje al legado del fraile que hizo un poco menos atroz la conquista de América.

Ana María Ferreira*

Un cambio de hábito

Bartolomé De las Casas (1484-1566) vino a las Américas para hacerse rico. Le habían adjudicado una encomienda que incluía indígenas y tierras, el sueño de todos los conquistadores. El joven encomendero tomó los hábitos de los dominicos y la vida parecía fácil y llena de oportunidades. Pero había algo que no era por completo de su agrado, aunque ni él mismo sabía exactamente qué.

Dedicó el resto de su vida a defender las almas y los cuerpos de los habitantes originarios de América.

Una tarde de 1511, durante la misa, el padre Montesinos empezó a gritar a los feligreses, entre quienes se encontraba De las Casas. Montesinos no dejaba de llamarlos pecadores y mandó a todos los encomenderos al infierno. El predicador los condenó al fuego eterno por torturar y asesinar a los indígenas, los cuales, según este revolucionario, eran también personas, “iguales a nosotros”, dijo, “incluso con alma y sentimientos”: “¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís?”.

Montesinos predicó ante una audiencia hostil, la misma que pidió con éxito que fuera expulsado de América y enviado de vuelta España. Sin embargo, aquella tarde De las Casas entendió por fin lo que le disgustaba de su empresa. Bartolomé renunció a su encomienda y después de estudiar y reflexionar, dedicó el resto de su vida a defender las almas y los cuerpos de los habitantes originarios de América.

Portada del libro “Brevísima relación de la destrucción de las  Indias”, en su edición de 1552.
Portada del libro “Brevísima relación de la destrucción de las
Indias”, en su edición de 1552.
Foto: Wikimedia Commons

El fraile, el escritor, el defensor

El fraile De las Casas viajó varias veces entre la Península y las colonias, pero su trabajo más importante, o por lo menos el más efectivo, lo realizó en España, donde actuó como la conciencia o la piedra en el zapato de los reyes. Esta labor la llevó a cabo en varios frentes: directamente con los reyes, el príncipe y funcionarios de la corona; a través de las altas jerarquías de la Iglesia; desde la universidad; dentro de su comunidad religiosa; y, sobre todo, como escritor.

Uno de sus trabajos más importantes fue transcribir los diarios de Colón, labor que  realizó mientras trabajaba en la biblioteca del convento dominico en Sevilla, lugar al cual habían sido donados por Hernando Colón, hermano del almirante. Los diarios originales están desaparecidos, o sea que si no fuera por De las Casas no tendríamos registro autorizado de los hechos alrededor de 1492 y las primeras descripciones de ese momento único.

Sin embargo, uno de los episodios más llamativos de su batalla a favor de los indígenas americanos ocurrió entre 1550 y 1551 en la Universidad de Valladolid. De las Casas y su adversario, Juan Ginés de Sepúlveda, discutieron frente a un jurado y miembros de la élite intelectual española sobre la naturaleza de los indígenas y la legitimidad de la Conquista.

Aunque para ambos filósofos los indígenas eran seres humanos con almas que podían ser salvadas, para Ginés de Sepúlveda estos humanos eran inferiores, de modo que la Corona estaba en el deber de gobernarlos y adoctrinarlos.

Por su parte, para De las Casas la misión de la Corona era el pacífico adoctrinamiento en las enseñanzas del cristianismo, tarea relativamente fácil, ya que para el sacerdote los nativos americanos entendían perfectamente las nociones del bien y el mal e incluso tenían reglas de comportamiento acordes con el cristianismo. De hecho, argumentó que los americanos eran cristianos naturales.

El debate se puede resumir en que Gines de Sepúlveda decía que los indígenas eran idólatras que vivían en el pecado y Bartolomé De las Casas decía que eran gente buena que vivía bajo costumbres cristianas, incluso antes de conocer el cristianismo.

Esta sutil diferencia es el corazón del debate y está relacionada con un tercer elemento en discusión: la idea de una guerra justa. La guerra justa es un concepto de San Agustín, el cual comienza por reconocer que el asesinato y la guerra son intrínsecamente malos. Sin embargo  hay excepciones, hay tiranicidios legítimos y guerras justas, por ejemplo cuando un pueblo de cristianos es atacado por otro de distinta religión que pretende obligarlos a cambiar de creencias; en ese caso, dice Agustín, la guerra no solo es justa sino necesaria.

De este modo, es obvio que en el debate no solo estaban discutiendo la salvación eterna de las almas de los habitantes de América, sino tratando de probar si era justo asesinar a los indígenas o no, y también si los españoles podían salvar sus almas después de haber matado.

El sacerdote, jurista e historiador español Juan Ginés de Sepúlveda, rival de Fray Bartolomé de las Casas.
El sacerdote, jurista e historiador español Juan
Ginés de Sepúlveda, rival de Fray Bartolomé de
las Casas. 
Foto: Wikimedia Commons

La brevísima historia

Aunque la victoria de De las Casas fue más o menos reconocida, del debate no resultó  ninguna legislación a favor de los indígenas. Pero la autoridad moral, intelectual y política del sacerdote creció enormemente.

Bartolomé De las Casas escribió después decenas de libros, entre los que se cuenta la Brevísima historia de la destrucción de las Indias, que es por antonomasia la obra de este autor. Incluso hoy cuando se habla del legado del padre, casi siempre se está haciendo referencia a esta pequeña obra.

En el prólogo del libro, el padre De las Casas ataca frontalmente al príncipe Felipe II porque este es el segundo texto formal que le envía y todavía no tiene respuesta: “puede haber sido que, o Vuestra Alteza no las leyó, o que ya olvidadas las tiene”.

El libro también contiene una amenaza velada y una dura crítica, ya que el autor le dice (¿le exige?) al príncipe que sus funciones como monarca le obligan a ocuparse de todos sus súbditos, entre quienes se encuentran los indígenas americanos. Le dice además que los desmanes cometidos por los conquistadores en su nombre ponen en peligro el alma de los propios soberanos, ya que cuando los españoles piden permiso al rey para realizar “las dichas conquistas [estas] no se les podrían conceder sin violación de la ley natural y divina, y por consiguiente gravísimos pecados mortales, dignos de terribles y eternos suplicios”.

El texto de De las Casas propone, de manera muy cortés, que si bien Dios dio a España la gloria de la conquista de América, esta bendición implica una gran responsabilidad con los nuevos súbditos, e insinúa que ignorar esta realidad puede tener consecuencias eternas para el alma inmortal de los soberanos españoles.

El libro tiene una estructura muy sencilla: el título de cada capítulo es el nombre de un lugar en América y luego, en un par de páginas, el sacerdote describe las masacres y torturas a las que fueron sometidos los indígenas. También describe con nombres propios los soldados españoles que dieron las órdenes en cada acción militar.

El problema de la censura

Obviamente, la posición de Bartolomé De las Casas se volvió más y más problemática para la Corona y los encomenderos en América, de modo que sus libros fueron destruidos, censurados y prohibidos a ambos lados del océano.

La Brevísima fue publicada en 1552 por primera vez en Sevilla, y apenas en 1646 volvió a imprimirse en español en la ciudad de Barcelona, para desaparecer de nuevo y volver a reimprimirse en español en Londres en 1812 y en Bogotá al año siguiente, 260 años después de su primera edición.

Esta censura tiene otras connotaciones, ya que a De las Casas se le acusó de fomentar e incluso de inaugurar la “leyenda negra”. Los enemigos de la Corona española durante el siglo XVI, especialmente en los países protestantes, publicaron una enorme cantidad de textos denunciando las terribles condiciones de la conquista española y el texto del sacerdote,  en vez un cambio en la Corona española, sirvió para que los enemigos de España confirmaran las atrocidades del Imperio.

Tratando de probar si era justo asesinar a los indígenas o no, y también si los españoles podían salvar sus almas después de haber matado.

Desafortunadamente, la violenta conquista y el brutal proceso colonizador no se detuvieron, y la única o al menos la principal acción efectiva de la Corona fue prohibir la impresión de la obra de De las Casas.

Palabras que llegan hasta nuestros días

Cuando nos enfrentamos a textos o hechos históricos, siempre debemos tratar de ser conscientes de que estos se escribieron u ocurrieron en un contexto específico y de que quienes protagonizaron esas acciones veían el mundo y pensaban la realidad de una forma muy distinta de la nuestra.

Por eso, cuando yo pienso en los hombres que cometieron actos tan atroces en América, trató de comprender cuál era el mundo que veían. Pero con Bartolomé De las Casas es distinto: sus palabras, sus acciones, su forma de ver el mundo se parecen a la nuestra, no es necesario entenderlo en su contexto.

Fue un hombre que trató de entender lo que realmente estaba pasando, que vio a América y a sus habitantes como un lugar vivo, lleno de gente con cultura, creencias y sentimientos. La forma como vio y las palabras que escribió lo hacen actual, lo mantienen vivo. Sus palabras resuenan con la misma intensidad hoy que hace 500 años, porque nos explican que esa extraña sensación, esa incomodidad que a veces sentimos, se puede comprender y se llama injusticia.

 

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter1-1@annwenders 

 

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Comentarios  

David
-9 # Un taraoDavid 26-03-2016 07:05
Bartolomé de las Casas fue un tarado que ante el fracaso de su obra culpó a los encomenderos del mismo por exigir imposibles. Su venganza fue inventarse atrocidades y exagerar las que sí se cometieron.
Un loco para encerrar.
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