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El poder y los medios. El desencanto en la obra de George Orwell.

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

George Orwell


Ante la tragedia  - y la comedia- de quienes ejercen el poder en Colombia, y ante las noticias que los medios masajean o trivializan, esa evocación de una fábula y una novela presuntamente “futurista” del escritor inglés no dejará tranquilo a quien la lea.   

Ana Maria Ferreira

¡Trabajar día y noche, en cuerpo y alma, por el derrocamiento de la raza humana! Ese es mi mensaje, camaradas: ¡la rebelión!

George Orwell, La granja de los animales

Una vida marcada por las guerras

George Orwell (1903-1950) fue un ensayista incansable, un escritor políticamente activo y al mismo tiempo uno de los autores canónicos de la ciencia ficción. 

Orwell nació con el siglo, como ciudadano británico en la India. Su vida estuvo llena de lecturas, de viajes y, por supuesto, de la presencia inescapable de la Guerra. Sus experiencias como soldado en la Guerra Civil Española le dieron una claridad asombrosa sobre los acontecimientos de la época, y  desde entonces adoptó una posición contra el totalitarismo: “ninguna animal debe tiranizar a su propia especie”.  Esta consigna marcará la mayoría de sus obras. 

La II Guerra Mundial le sirvió para confirmar sus ideas y para ahondar esa suerte de desencanto que se respira en sus obras: “la respuesta a todos nuestros problemas se resume en estas dos palabras: el hombre”.  En Rebelión en la granja, Orwell afirma que el poder corrompe a quien sea, no importa que tan buenas sean sus intenciones: una vez en el poder, todos se convierten en cerdos. 

El totalitarismo de derecha en la Alemania de Hitler le produce tanta repulsión como el totalitarismo de izquierda en la Unión Soviética de Stalin.  En ambos casos, como se describe en la novela, los animales que sufren, los pequeños, los que no son tan astutos, los trabajadores, son las víctimas de las decisiones de una minoría.

Portada de la primera edición de Rebelión en la Granja, publicada en 1945.
Portada de la primera edición de Rebelión en la Granja, publicada
en 1945.
Foto: Wikimedia Commons

La novela y sus alegorías 

“Los animales inferiores de la Granja Animal trabajaban más y recibían menos comida que cualquier otro animal del Condado”.

En el capítulo inicial de La rebelión en la granja, Orwell describe una finca que bien podría estar situada en Inglaterra en una época imprecisa.  La granja funciona a duras penas debido al alcoholismo y al descuido de su dueño, los cultivos están sin recoger y los animales a veces pasan días sin comer. 

Ese relato aburrido se interrumpe abruptamente al encontrarnos con que  los animales piensan, sienten, sueñan y hablan.  Un cerdo, el más respetado e inteligente de los animales, al borde de la muerte les relata un sueño a sus congéneres sobre un futuro donde cada  animal es dueño de su cuerpo y sus productos, porque se han liberado del dominio del hombre, su enemigo, puesto que  él es “la única criatura que consume sin producir”. 

El cerdo piensa en la utopía del socialismo es decir, en  una granja donde todos son libres y donde todos disfrutan lo que produce la granja.  Pero los otros cerdos interpretan libremente (¿malévolamente?) y – después de unos momentos de celebrar y de aplaudir el sueño- acaban por convertirse en tiranos iguales o inclusive peores que los propios hombres.     

“La respuesta a todos nuestros problemas se resume en estas dos palabras: el hombre”.  

La rebelión en la graja es una metáfora sobre la corrupción del poder en el contexto de la II Guerra Mundial y de la Guerra Fría, de manera que cada personaje es una alegoría de una figura histórica.  El cerdo viejo y sabio es por supuesto Marx, con sus sueños de libertad y justicia social, mientras Stalin es el cerdo joven que tiraniza a sus hermanos utilizando de manera macabra el sueño del socialismo.  Cada animal puede ser un personaje específico, pero también la encarnación de una idea o de un movimiento político, como decir el viejo cuervo amaestrado que representa a la Iglesia y que promete al resto de los animales una vida paradisíaca después de la muerte.

Orwell crea una metáfora, una alegoría y también una parodia.  La historia de la granja parece  por momentos una fábula, pero es demasiado cruda, demasiado real, demasiado teñida por la desesperanza.  El autor fue un ferviente socialista, pero su posición política no lo cegó frente a las atrocidades del estalinismo, y por eso tuvo la lucidez y el coraje de proponer una mirada crítica sobre este proyecto, para él tan fallido como el capitalismo. 

Al mismo tiempo, la cruda realidad de la granja, la historia de los animales esclavizados por sus propios hermanos, no deja de ser profundamente vital y dinámica, es graciosa en tanto inadmisible.  Las situaciones muestran lo absurdo de nuestra realidad, la insensatez de las cosas que pasan bajo los gobiernos y que a fuerza de ser cotidianas, ya no nos sorprenden: las noticias de los periódicos se han vuelto rutinarias y nadie parece notar la dimensión trágica que muchas de ellas en realidad tienen.    

Portada de la primera edición de la novela 1984, publicada en 1949.
Portada de la primera edición de la novela 1984, publicada en 1949.
Foto: Wikipedia

Las noticias y la historia como invenciones

Y aquí entramos en otro aspecto fascinante de la obra de Orwell: su reflexión sobre los medios de comunicación y sobre las versiones-o manipulaciones- de la historia.

¿Quién cuenta la verdad sobre los acontecimientos? ¿Cómo es narrada la historia? Tanto en Rebelión en la granja como en 1984, novela publicada en 1949, un poder central controla la verdad, las noticias, la historia y las reglas; los aliados y los enemigos cambian según las necesidades de los gobernantes. 

Durante la II Guerra Mundial, mientras Orwell vivía en Inglaterra, su país fue enemigo de Alemania y Rusia; hasta que Alemania traicionó a Rusia, e Inglaterra se alió con Rusia en contra de Alemania.  Orwell vio con sus propios ojos como las noticias que mostraban un día a Rusia como el enemigo, al día siguiente la describían como un amigo incondicional.  También vio con sorpresa como los lectores, el público, creyeron lo que decían los periódicos y pasaron de odiar a los rusos a considerarlos sus mejores amigos.  ¿Qué dice esto sobre el lector? 

¿Qué nos dice aún hoy en día sobre el modo como consumimos las noticias? La pasividad de quienes leen las noticias es una condición necesaria para que se produzca la situación que Orwell describe en Rebelión y en 1984, "de modo que “la ciudadanía”, la “opinión pública” o las ovejas que balan las consignas que no entienden, son tan culpables como los cerdos que las publican".

La idea de aquel poder superior que todo lo vigila se sintetiza en la figura del Gran Hermano –una expresión que acuño  Orwell en 1984-, ese poder oscuro que centraliza y controla toda la información.  De hecho el trabajo de su protagonista, Winston Smith, consiste en corregir o cambiar los periódicos, libros y revistas viejos para que concuerden con el discurso cambiante del gobierno. De este modo, si una región como Oceanía estaba en guerra con Eurasia pero firman un acuerdo de paz, todos los documentos históricos se cambiaban para que estos países siempre aparecieran como aliados: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro” (1984). 

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Por su parte, en Rebelión en la granja, las reglas de la sociedad de animales cambian según las decisiones de los cerdos.  Al comienzo de la revolución, en la pared del granero se escribieron las reglas de la nueva sociedad, por ejemplo: “Ningún animal dormirá en una cama”. Pero a medida que los cerdos se van tomando el poder, dejan de trabajar y se mudan a la casa de los antiguos dueños de la granja; entonces una noche la regla se transforma en: “Ningún animal dormirá en una cama con sabanas”.  Y así pasa con todas las reglas; mi cambio favorito es el del séptimo mandamiento, que pasa de: “Todos los animales son iguales” a “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

El gobierno o las personas en el poder cambian la historia según su conveniencia, y el público - como consumidor impasible de las noticias - ni siquiera se detiene a pensar en lo absurdo de la situación. 

La escena final de la Rebelión en la granja es extraordinaria, es el momento dramático cuando el sueño del cerdo viejo se estrella contra la realidad.  Los cerdos invitan a cenar a los dueños de las fincas vecinas y para el evento utilizan las mismas ropas de los hombres, antiguos dueños y salen caminando en dos patas.  El resto de los animales mira con asombro está transformación que se agudiza después de la cena, cuando ya borrachos los hombres y los cerdos se sientan a jugar póquer y “lo que había ocurrido en los rostros de los cerdos era ahora evidente.  Los animales que estaban fuera miraban a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál era cuál”. 

Los hombres en el poder son unos cerdos, pero ¿solo en la novela de Orwell?, ¿solo en Europa durante la II Guerra Mundial?  Un día cualquiera, leo el periódico y pienso que si Orwell tuviera que narrar la historia de Colombia hoy en día, tal vez tendría que escribir exactamente la misma historia.
 

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter1-1@annwenders 

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Comentarios  

catalina hernandez
+1 # articulo de Orwellcatalina hernandez 30-03-2015 20:36
Excelente articulo que se conmueve con nuestra realidad política .La visión de Orwell es de impresionante aplicación en nuestro tiempo.
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