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Un tigre sin rayas: el ocaso de Falcao

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

El Presidente Santos le entrega al DT José Pékerman y al delantero Radamel Falcao.

David Quitián¿Qué pasa con Radamel Falcao García? Quien alguna vez fuera el símbolo y el orgullo del fútbol colombiano enfrenta un prematuro ocaso que lo ha dejado por fuera de la figuración internacional.  

David Quitián*

De la ilusión a la lesión

Difícil olvidarlo: el jugador de la camiseta 9 tomó carrera, en medio del silencio que se hizo en el país, pateó el penalti con su guayo derecho y corrió al tiro de esquina a celebrar el gol que significó el regreso de Colombia a un mundial, después de 16 años de ausencia.

Era su tercera anotación de aquel épico partido de eliminatorias, ante Chile, en octubre de 2013. También fue su último momento de gloria antes de la lesión que lo sacó de la Copa Mundo de Brasil y de la élite del balompié internacional.

Sin el samario la Selección parecía desamparada: no solo era el goleador del equipo patrio, sino su capitán y el jugador que encarnó la segunda generación dorada, desde aquella que empató con Alemania en Italia 90 y que le hizo 5 goles a Argentina, en las eliminatorias del Mundial Estados Unidos 1994.

Sin duda, Falcao era el futbolista más querido de la nación, el más buscado por la prensa, idolatrado por los niños, premiado por el Congreso y el mejor cotizado en el mercado de los derechos deportivos, que lo ubicaban, a finales de 2013, entre los cinco futbolistas más caros del momento. Todo parecía un cuento de hadas, el nombre de Falcao era sinónimo de éxito deportivo, orgullo nacional y facturación en euros.

El encanto duró hasta un choque con el defensa del modesto equipo Chasselay, en un juego de la Copa de Francia en enero de 2014. El dictamen médico estremeció al mundo futbolero y las reacciones en Colombia se expresaron en editoriales de periódicos y visita del propio presidente de la república a la clínica europea donde se le practicó la cirugía de su ligamento anterior cruzado.

Falcao y James: un proceso

El jugador colombiano James Rodríguez en un partido del Real Madrid contra el Villareal CF.
El jugador colombiano James Rodríguez en un partido del Real Madrid contra el
Villareal CF.
Foto: Castellón Confidencial

Que Falcao llegara a ser el máximo anotador de la Europa League en las ediciones 2010-2011 y 2011-2012, y a ser campeón en ambas con el Porto de Portugal y el Atlético de Madrid, anotando en las dos finales (incluida la histórica tripleta de la final del 2012), fue el resultado de un proceso de internacionalización del balompié colombiano, que cosechó los aprendizajes acumulados desde los tiempos de Higuita, Rincón, Valderrama y Asprilla.

Radamel Falcao y James Rodríguez sintetizan la madurez de un proceso de poco más de 60 años de fútbol profesional en Colombia. Conocer sus biografías es descubrir elementos que muestran la sofisticación de nuestro fútbol, expresada en proyectos de vida que se rigen  por una ética del trabajo abnegada que, sumada al talento, produjo una generación de futbolistas de élite que demostraron su valía en el pasado mundial y siguen ratificando su calidad en ligas de primer nivel.  

Radamel no es Asprilla, ni James es Valderrama; sin embargo sus vidas deportivas están profundamente vinculadas. Es imposible pensar el éxito de las nuevas camadas sin antecesores que abrieran el camino y sirvieran de referentes para los que venían detrás. Pero una diferencia entre los predecesores y los cracks actuales radica en que los padres de los primeros hicieron todo lo posible para que sus hijos no fueran futbolistas, mientras que los de hoy llegaron a empeñar sus patrimonios para verlos debutar en primera división y proyectaron la esperanza de que saltaran al otro lado del charco, o al menos llegaran a Argentina.  

Todo parecía un cuento de hadas, el nombre de Falcao era sinónimo de éxito deportivo, orgullo nacional y facturación en euros. 

Es revelador que Radamel García y Wilson Rodríguez, padres de Falcao y de James respectivamente, fueran futbolistas profesionales y que sus hijos hicieran todo el tránsito que lleva desde las categorías infantiles hasta las mayores: desde sus primeros años, su vida transcurrió en campos de entrenamiento y las canchas del país en las que se escenificaban los torneos de sus categorías.

Ese entorno privilegiado de fundamentación técnica, de aprendizaje táctico, de ritmo de competencia y de cultura futbolística forjó atletas de calidad a quienes les llegó el momento de ser fichados por clubes de la A y recibir llamados para defender los colores de selecciones nacionales pre-juveniles, juveniles y mayores.

¿Cómo se fabrica un futbolista?

Esa obediencia monacal del libreto deportivo hizo que Falcao rompiera el récord (todavía vigente) de debutar en el profesionalismo a los 13 años, en el club Lanceros de Boyacá. También explica su temprana venta, dos años después, al River Plate de Buenos Aires, con el que logró el campeonato en 2008.

Esto logros delatan la ilusión de sus padres, que desde el propio nacimiento asumieron con fervor la labor de convertir a su hijo en una estrella del deporte. Para la muestra un botón: ellos bautizaron al futuro goleador histórico de la Selección Colombia con nombre de jugador brasilero: Falcao (en alusión al gran volante Paulo Roberto Falcão). ¿Sabrían que Falcao no es nombre sino apodo y que traduce halcón?

Su historia es casi idéntica a la de su amigo, James Rodríguez, que sería su alma gemela en su estreno en torneos de Dimayor (con Envigado, a los 14 años), en su paso por la liga argentina (al Banfield, con el que levantó el título del 2009) y en su encuentro en el Porto de Portugal, donde –entre los dos- ganaron ocho títulos sumando copas nacionales y continentales.  

Ese tránsito de categorías menores, torneos aficionados, ligas profesionales, ingreso al mercado futbolero internacional por la vía argentina y posterior aterrizaje en Europa, pone en evidencia un plan que tuvo por objetivo la salvación económica de la familia -a través del éxito del futbolista fabricado desde la cuna-, pero también muestra la confianza en un camino que ya otros habían recorrido, así fuese con la espontaneidad propia del fútbol silvestre que hubo antes de Maturana y Marroquín.

Travesía con alto riesgo, llena de incertidumbres y con pocos cupos disponibles, que justifica los millones de euros que estos dos futbolistas facturan cada temporada. Sendero disponible para familias de clase media, porque los pobres deben trasegar otras rutas, aún más riesgosas, donde el capital corporal (talento, fuerza, resistencia) es el factor que compensa el déficit de capital cultural.

De esa clase media son también David Ospina, Santiago Arias, Abel Aguilar, Freddy Guarín y Juan Fernando Quintero; en tanto que Cristian Zapata, Pablo Armero, Juan Guillermo Cuadrado y Teófilo Gutiérrez (por apenas citar futbolistas que militan en clubes del viejo continente) pertenecerían al grupo de los que surgieron en condiciones menos favorables. Porque los factores de clase social, escolaridad y procedencia geográfica son determinantes que vale la pena no pasar por alto.  

La rodilla que disparó la tragedia

Hinchas colombianos durante la Copa Mundo 2014.
Hinchas colombianos durante la Copa Mundo 2014.
Foto: Wikimedia Commons

Este proyecto fabricó un jugador de excelencia, un delantero goleador, un centro-delantero formidable, un “auténtico tiburón de área”: un tigre, como finalmente lo rotuló la prensa (pasando por alto que ya tenía un mote animal estupendo: halcón).

Sin embargo ese proceso consiguió más de lo esperado: modeló un futbolista carismático, atractivo para la prensa y querido por las audiencias. Radamel se casó con su novia de juventud, la argentina Lorelei Tarón; no se escapaba de noche a las discotecas y hablaba de Dios en sus declaraciones.  Además apoyaba causas sociales con oenegés internacionales y prestaba sin costo su imagen para campañas públicas de prevención contra el uso de drogas y el exceso de velocidad en Argentina, España y Colombia.   

Era un “chico bueno”, con pinta de galán de Hollywood y demoledor en las canchas. No obstante, la horrible noche llegó una tarde de enero de 2014: se rompió la rodilla izquierda, y se quedó fuera del mundial que lo consagraría y que le tocó en turno a su alma gemela, el gran James, que sería el “pichichi” del certamen, anotaría el gol más bonito y sería convertido en héroe luego del juego ante Brasil.

El fútbol es un escenario de obsolescencia programada donde los ídolos son lapidados si no satisfacen las expectativas. 

Esa infortunada lesión le arrebató no solo la gloria del mejor mundial para los colombianos, sino también la confianza que tenía delante del arco. Desde entonces, el Tigre no consigue asustar a nadie y ya acumula dos fracasos en la Premier League: en los encopetados Manchester United y el Chelsea, en los que no ha salido de la banca.

Lo grave es que la insensible fugacidad del deporte de élite –en otras palabras, el mercado- no ha hecho excepciones con él: algún sector de la prensa especializada lo llama “exfutbolista”, los hinchas de la Selección ya no corean su nombre en los estadios (y piden que no lo convoquen) y ya no es carátula de los cuadernos escolares de principio de año.

Unos pocos, los más lúcidos, atribuyen el bajón del equipo patrio a la falta de un líder que lo comunique con el pueblo.

Quizá la equivocación del Manchester que puso “Flacao” en vez de Falcao haya sido una premonición; quizá el humor de los memes que explican su falta de vigor en las redes asociándolo con el corte de su pelo largo, no sean más que la ratificación de que el fútbol es un escenario de obsolescencia programada donde los ídolos son lapidados si no satisfacen las expectativas.

 

* Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​

@quitiman

 

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Comentarios  

Betty
+1 # Un país Des-FalcaoBetty 18-01-2016 11:09
Tiene toda la razón profesor Quitián, qué buen artículo,hay que tener en cuenta que la importancia de los deportistas de alto rendimiento en el imaginario social, es que se convierten en una extensión del mercado y por consiguiente del consumo, pero más allá de ello, también sus cuerpos constituyen la representación de la nación, así pues, las piernas de Falcao le pertenecen a todo el país y su lesión en una derrota de la autoestima nacional que fácilmente fue subsanada con la figura de James.
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fernando garcia orte
+1 # ocasofernando garcia orte 19-01-2016 05:07
Una lesión grave es suficiente par acabar con cualquiera, incluso Messi o RONALDO. Que hacer, salvo desearle suerte en la actividad que decida adoptar en lo sucesivo, porque como futbolista ya no tiene chance en este mundo salvaje y perversamente capitalista. Además ya no necesita dinero, es un hombre disciplinado y podrá vivir con sobrada holgura, estudiar lo que se le antoje, realizar obras de caridad, seguir como embajador de buena voluntad.
Tiene todo un mundo por delante y solo 30 años, la vida apenas empieza para él.Terrible sería quedar parapléjico o con una secuela motriz por una trombosis cerebral, de manera que sabrá reponerse de una adversidad grande si, por su profesión, pero sus opciones son infinitas para cosechar éxitos en otras actividades
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