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Julio Cortázar: con un pie acá, el otro allá, y la cabeza en otros lados

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

El escritor argentino Julio Cortázar.

Siempre joven, siempre juguetona y creativa, la obra del argentino Julio Cortázar es uno de esos lugares a donde siempre se vuelve para descubrir que nada ha dejado de ser tan asombroso como lo fue la primera vez.

Ana María Ferreira*

Necesitamos Cortázar

Este semestre estoy enseñando un curso sobre América Latina y después de un par de semanas de estar hablando de las dictaduras en el Cono Sur, la guerra sucia y las listas interminables de torturas y desapariciones en Chile y Argentina, pensé que mi clase requería un respiro de tanta tragedia. Solo tuve que pensar un minuto para darme cuenta de que todos necesitábamos una dosis de Julio Cortázar.

Julio Cortázar (1914-1984) fue un escritor argentino que nació por cosas del destino en Bélgica y murió por cosas de la vida en París. Cortázar pertenece a la generación del boom, ese grupo de escritores latinoamericanos que deslumbró al mundo con su ingenio, junto con Gabriel García Márquez (1927-2014), Mario Vargas Llosa (1936-) y Carlos Fuentes (1928-2012).

Rayuela

Julio Cortázar en 1967.
Julio Cortázar en 1967.
Foto: Wikimedia Commons

Los escritores del boom transformaron la literatura y pusieron a América Latina en los estantes de todas las librerías y bibliotecas del mundo. Sin embargo, mientras algunos de estos escritores exploraban con maestría la novela, Cortázar, en 1963 con Rayuela, decidió destruirla. Rayuela es la novela latinoamericana moderna, o posmoderna si prefieren, por excelencia.

Rayuela es la palabra qué utilizan en Argentina para el juego de la golosa y la novela, al igual que el juego, invita al lector a saltar. Rayuela es una novela que intenta expandir los límites de la escritura. Al Cortázar de esta novela no le gusta el tiempo lineal, no cree en las restricciones del tiempo y el espacio.

La novela está dividida en tres partes. La primera, “Del lado de allá”, transcurre en París; la segunda, “Del lado de acá”, en Argentina; y la tercera, “De otros lados”, está compuesta según el mismo autor, de los ‘capítulos prescindibles’ en los que hay digresiones sobre la literatura, la música y la propia novela, entre otros temas.

Muchas de sus historias evitan aclarar o darnos respuestas.

Estas tres partes, sin embargo, no necesitan ser leídas de forma sucesiva y es allí donde radica uno de los elementos más interesantes de esta novela/experimento. Al inicio del libro el mismo Cortázar le propone varias opciones a su lector, quien de repente se convierte en cómplice del escritor.

Una opción es que leamos la novela siguiendo un ‘tablero de dirección”, en el que la novela empieza en el capítulo 73, salta al 1, luego al 2, al 116 y así hasta llegar a los capítulos ‘finales”: el 58 y luego el 131. Pongo la palabra finales entre comillas ya que, por una parte, no son literalmente el final del libro y, por otra, si somos lectores juiciosos de Cortázar, la novela nos obliga a quedarnos atrapados saltando la rayuela.

Rayuela es una novela impresionante y, sin importar cómo decida usted leerla (de principio a fin, siguiendo sus propios instintos o quedándose solo con París o Argentina), con seguridad la experiencia será interesante e iluminadora.

Al igual que en Rayuela, en otras de sus novelas, como 62/Modelo para armar (1968), y también en la mayoría de sus cuentos, los finales no implican que las historian terminen. Muchas de sus historias evitan aclarar o darnos respuestas. Por el contrario, su obra está llena de finales abiertos que obligan al lector a quedarse pensando y muchas veces lo impelan a tomar una posición y decidir cómo quiere que termine una historia.

Literatura entre dos mundos

Los escritores del boom escribieron vehementemente, casi furiosamente, sobre la realidad. Sin embargo, Cortázar siempre tuvo un pie anclado en la magia y lo fantástico. La obra de Cortázar transita entre la realidad y lo desconocido, entre lo tangible y lo irreal; leer a Cortázar es una experiencia que mueve al lector entre este mundo y un otro que solo podemos entrever.

Muchos de sus cuentos empiezan como narraciones de sucesos aparentemente intrascendentes, normales, casi inocuos, y de repente todo se trastoca y las cosas dejan de ser lo que parecen o simplemente lo que nunca fueron. Algunos de sus cuentos y relatos son como esos sueños donde los protagonistas y objetos parecen familiares, pero al mismo tiempo hay una sensación de distorsión que lo permea todo.

En “Axolotl”, por ejemplo, el narrador es un hombre que visita el acuario diariamente para observar un pez, un axolotl. En los últimos párrafos del cuento este mismo narrador ve al hombre que una vez fue alejarse del acuario, dejándolo a él, el narrador, al otro lado del vidrio y convertido para siempre en un pez:

“Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí”.

Noquear al lector

La parte titulada “Del lado de acá” de Rayuela, se desarrolla en Argentina.
La parte titulada “Del lado de acá” de Rayuela, se desarrolla en Argentina.
Foto: Jesús Alexander Reyes Sánchez

En uno de sus ensayos sobre la escritura Cortázar dijo que “la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”; y Cortázar fue definitivamente un genio para dejarnos tendidos en el suelo con sus cuentos.

Un lector desprevenido puede frustrarse a veces al leer a Cortázar ya que no es tan fácil de aprehender. Es un escritor que nos hace pensar, nos hace imaginar posibilidades, nos obliga a trabajar arduamente como lectores.

Con mis estudiantes de este semestre leímos “Casa tomada”, que es un cuento en el que nunca sabemos qué pasa. Los protagonistas son Irene y su hermano, quienes viven en una casa enorme. Ellos son desplazados de su propia casa por una presencia que nunca es descrita. Nunca sabemos qué es o quiénes son los que se apoderan de la casa; solo sabemos que la pareja tiene miedo y que al final prefieren abandonar su amada casa antes que sucumbir a lo desconocido.

Cortázar siempre tuvo un pie anclado en la magia y lo fantástico.

El lector ve -al final del cuento- a la pareja de hermanos huyendo de la casa que ha sido tomada por unos ruidos, pero nunca sabemos de qué huyen, ni tampoco sabemos a dónde, ni por qué lo hacen. Después de leer y discutir el cuento en clase de lo único que podíamos estar seguros es de que algo raro le pasó a Irene y a su hermano, aunque nunca podemos saber exactamente qué.

Esa incertidumbre es una de las claves de la genialidad de Cortázar: ese no saber que puede incluso resultar angustioso, pero que al final se vuelve una experiencia fascinante. El lector tiene que dejar de buscar respuestas y debe darse cuenta de que a veces no hay nada que entender, a veces es mejor dejarse seducir por lo incomprensible. En la literatura, en el arte y muchas veces en la vida misma, no hay que buscar explicaciones sino que el placer está en no entender, en el viaje, en la lectura.  

En una metáfora desafortunada Cortázar dijo que había lectores hembras y lectores machos; aunque después se retractó, explicando que la diferencia que quería hacer era entre lectores pasivos que buscan respuestas y soluciones en la lectura, por oposiciones a los lectores activos, para quienes él está escribiendo. Estos son los lectores que quieren involucrarse con el texto, son los que participan de la historia, los que construyen con el autor el relato mismo.

No hacernos viejos

Yo no sé exactamente por qué, pero Cortázar en mi mente es siempre un hombre joven. Si bien tenía 70 años cuando murió, he visto pocas fotos de sus últimos años y siempre que intento visualizarlo pienso en un hombre de 30 o 40 años con un cigarrillo en la comisura de los labios, que probablemente está acariciando un gato. Creo que esta imagen tiene que ver con la vitalidad de escritura, con sus juegos.

En uno de sus textos, “Historias de cronopios y de famas” (1962), Cortázar reúne fragmentos, cuentos cortos, descripciones y también nos da algunas instrucciones. Mi favorita son las “instrucciones para subir una escalera”:

“Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie…”.

No se puede leer este fragmento sin sonreír. Hagan la prueba.

Hoy y siempre hay que inventarse cualquier excusa para leer a Cortázar; siempre hay que buscar excusas para jugar golosa; siempre hay que tener un pie del lado de acá y el otro del lado de allá.

 

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

twitter1-1@annwenders 

 

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Comentarios  

jair rivera rendón
+2 # destituladojair rivera rendón 16-04-2016 14:18
¡facinante! Me imagino a está profesora dictando su clase, como si fuera una novela. ¡magistral! Me evoca cuando intentaba leer al gran autor y no me era fácil, gracias.
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Ana Ferreira
0 # Gracias!!!Ana Ferreira 21-04-2016 15:23
Muchas gracias por tu comentario, me llega al corazón!!!!
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Edgar Sánchez
+2 # CortazarEdgar Sánchez 16-04-2016 20:09
Muchas gracias, la verdad escribe usted muy bien, se nota que es una gran docente.
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Ana Ferreira
0 # Gracias!!!Ana Ferreira 21-04-2016 15:23
Gracias mil!!!!! Es el mejor cumplido que me pueden hacer!!!!!
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