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Los retos de la política exterior colombiana

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Reunión de la Organización de Estados Americanos

Nuestra política exterior ha dependido siempre de los gobernantes de turno, pero para que Colombia pueda establecer un liderazgo en la región es necesario que esta política  empiece a ser abordada como un asunto de Estado y no apenas de gobierno*.  

Anaís Palacio Quejada**

Universidad ManizalesDos retos principales

Los retos que enfrenta la política exterior colombiana (PEC) son muchos, pero es posible identificar los problemas principales que tenemos en este momento.

La mayoría de los analistas de la PEC no dudan al afirmar que estos problemas están asociados con cuestiones tan importantes como la construcción y el funcionamiento de las instituciones del Estado. Las instituciones son necesarias para la construcción y apropiación de instrumentos que permitan mejorar la capacidad de responder a los fenómenos internacionales. Pero además de esto y por supuesto, los retos que enfrenta Colombia están relacionados con los cambios en la arena internacional.

¿Cuáles son entonces los retos de la PEC, cómo se relacionan unos con otros y cómo puede entenderse el panorama internacional de Colombia?

El reto interno

CIVETS.
CIVETS. 
Foto: Wikimedia Commons

En la historia de la política exterior colombiana se ha planteado la oscilación entre dos tendencias conocidas como respice polum y respice similia. La primera se refiere a la alineación con Estados Unidos y la segunda al fortalecimiento de las relaciones con los países vecinos.

Desde una perspectiva histórica es evidente que los diferentes gobiernos han combinado ambas estrategias. Es imposible decir que solo se han relacionado con Estados Unidos y que han olvidado las relaciones en la región o lo contrario. Colombia ha participado de manera insistente en la construcción y desarrollo de organismos internacionales regionales, así como también ha consolidado su relación con Estados Unidos.

Lo malo de este comportamiento es que depende por entero del gobernante de turno. Según sus valores e intereses personales, la política exterior de Colombia puede tender hacia construir una relación fuerte con los países vecinos o a dar prioridad a la cercanía con Estados Unidos. Por eso estas dos tendencias no logran dar cuenta del todo de la política exterior colombiana y es hora de considerar una tercera que tenga en cuenta los cambios internos y su relación con la política exterior: respice introrsum.

Respice introrsum se refiere a la necesidad de que en la PEC se tomen en consideración las instituciones del Estado de manera que se reconozca que las acciones realizadas en el ámbito internacional tienen relación con el mejoramiento institucional. Esta nueva lógica permite hacer frente a las normas estipuladas actualmente en la Constitución y a las reglas de juego que determinan la acción de las organizaciones.

La política exterior colombiana es fragmentada e improvisada.

Actualmente las etapas de formulación y ejecución de la política exterior carecen de coordinación para la entrada de nuevos actores, para incorporar otro tipo de análisis, para formular estrategias concretas con objetivos significativos, etc.

Si se observan las relaciones exteriores de Colombia se notará que el presidente es el protagonista en la toma de decisiones, aunque puede tener en cuenta a otras organizaciones, como el Ministerio de Relaciones Exteriores, el consejo de ministros, comisiones del Senado y la Cámara e invitados especiales de la academia y la sociedad civil.

Pese a ello, este tipo de organización institucional tiene problemas importantes porque:

  • Hay baja profesionalización de los funcionarios, tanto de carrera como de libre nombramiento;
  • La autonomía del sistema de política exterior con respecto al Ejecutivo es escasa, y
  • Todavía no hay una adecuada articulación con otros actores sociales.

Además, teniendo en cuenta la importancia de la descentralización, hoy más que nunca es urgente mejorar la participación de las administraciones departamentales y municipales que han empezado a ver la cooperación internacional como una herramienta de desarrollo. Con respecto a esto no hay ninguna hoja de ruta propuesta por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Como resultado de ese mal diseño institucional, la política exterior colombiana es fragmentada e improvisada, sin objetivo ni estrategias claras y mantenidas en el largo plazo. Por eso es tan urgente modernizar las instituciones para que nuestra política exterior sea una política de Estado y no de gobiernos.

El reto del pragmatismo

Los períodos presidenciales de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe son ejemplos de por qué es necesario cambiar el enfoque presidencialista de la política exterior colombiana. Bajo estos gobiernos ocurrió lo que la internacionalista Arlene Tickner denomina “intervención por invitación”.

Se entiende que el objetivo de la política exterior colombiana es posicionar los intereses del Estado colombiano según los lineamientos establecidos en la Constitución. Pero durante estos dos gobiernos Colombia asumió costos importantes por aceptar la injerencia de Estados Unidos y por dar prioridad a los intereses de ese país sobre los nacionales. En los ámbitos político, económico y militar Colombia perdió su capacidad de decisión y llegó a un alto nivel de dependencia que dificultaba al gobierno el cumplimiento de sus funciones constitucionales.

Por fortuna estamos ahora en un período de transición donde la PEC va más allá de la seguridad democrática y de la intervención de Estados Unidos. La estrategia de Juan Manuel Santos se ha concentrado en diversificar las relaciones con los demás países, además de contribuir a la solución de los problemas de la región. En este sentido, uno de los objetivos principales del gobierno Santos ha sido mantener un enfoque económico en la relación con los demás países. Este cambio marca un nuevo ciclo donde tal vez podremos superar la desafortunada situación de dependencia de Colombia.

Y sin embargo es necesario señalar que estos cambios en la PEC son solo de forma y no de fondo pues persiste el estilo presidencialista, que en este caso es moderado y mantiene un leve alineamiento con Estados Unidos, pero sin reformas importantes a los procesos internos.

Aunque se logró superar la intervención excesiva de Estados Unidos no se han resuelto otros problemas importantes. Uno de los grandes fracasos del gobierno Santos en materia internacional fue la pérdida de territorio marítimo por el fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Otro fracaso es no haber logrado integrar a Colombia en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).

Es imposible que podamos responder a los desafíos internacionales si no existen lineamientos, estrategias y acciones claras que vayan más allá del gobierno de turno. Los fracasos mencionados son evidencia de una actitud poco objetiva e irresponsable frente a la realidad internacional. La pérdida de territorio marítimo en San Andrés nos ha quitado oportunidades económicas porque ha restringido el acceso a bancos de pesca tanto industrial como artesanal.

Reto emergente: el liderazgo regional

Presidente Juan Manuel Santos, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Presidente Juan Manuel Santos, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 
Foto: Presidencia de la República 

Una pregunta frecuente entre quienes investigamos la PEC es si Colombia puede convertirse en un líder regional. Y la respuesta es que el liderazgo de Colombia depende de la coyuntura y de las medidas que tome el Estado para alcanzarlo.

Desde 2009 se habla del  CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica) como un grupo de países donde se vislumbra un potencial de crecimiento económico que les permitiría salir del subdesarrollo para convertirse en economías de punta. Las ventajas comparativas de estos países consistirían en la mano de obra barata, los bajos costos de producción, el crecimiento de los mercados internos y ahora, con el fin del conflicto interno, la estabilidad institucional que permitiría el avance de los procesos propios de una economía de libre mercado.

La estrategia de Juan Manuel Santos se ha concentrado en diversificar las relaciones con los demás países.

Esta posibilidad depende de un manejo adecuado de factores económicos y políticos sin los cuales el liderazgo de Colombia será imposible. Todavía deben resolverse problemas como la gran desigualdad, las tasas elevadas de desempleo, el privilegio a las políticas de confianza inversionista en detrimento del interés general, la corrupción, etc.

Por el momento, Colombia puede tomar el liderazgo en proyectos y organizaciones regionales dado que es un país importante en términos comerciales y que este tipo de instrumentos siguen vigentes para ampliar los escenarios de participación y decisión.

Finalmente, la llegada de Donald Trump no representa ningún peligro para Colombia pues es considerada un aliado en la región. La administración de Trump ha apoyado el proceso de paz y hasta el momento el TLC no se ha visto afectado y es improbable que lo haga. Esto es importante porque aunque Colombia representa solo el 0,8 por ciento del comercio de Estados Unidos, ese país recibe el 33 por ciento de nuestras exportaciones.

Los anteriores retos deben tenerse en cuenta para formular los objetivos y lineamientos que guiarán la política exterior colombiana. Pero lo más importante es tener en cuenta la necesidad de cambios institucionales que permitan que las decisiones que se tomen en materia de política internacional no queden en el aire o sean abandonadas por obedecer a los caprichos de cada gobierno.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad de la autora.

** Politóloga y magíster en Relaciones Internacionales, docente titular de la Universidad Autónoma de Manizales.

 

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