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Por Hernando Gómez Buendía

“Población no heterosexual”: un eufemismo que revela oportunismo político

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Marcha LGBTI.

Camila EsguerraEl término usado por el senador Uribe es un claro intento de ganar el apoyo de las colectividades LGBT para, paradojicamente, favorecer una agenda de odio en contra de sectores historicamente excluidos.

Camila Esguerra Muelle*

Nombrar es una forma de dar existencia

En días pasados el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez usó la expresión “personas no heterosexuales” para referirse a personas y colectividades de lesbianas, gais, bisexuales y trans –transgénero, transexuales, transformistas–, entre otros grupos con sexualidades no normativas. Esta expresión ha provocado un rechazo generalizado y ha sido vista como un retroceso en la lucha por el nombramiento y el reconocimiento que estas colectividades han dado en Colombia y en el mundo.

Se trata un eufemismo muy conveniente para evitar la asociación de su partido y su proyecto político con todo lo que no huela a heterosexualidad o a binarismo de género. Es decir, con todo lo que no encaje en la idea de que por naturaleza existen dos sexos y dos géneros y de que eso nunca ha variado en ninguna sociedad ni momento de la historia.

Pero si revisamos la historia de muchas sociedades prehispánicas, así como de otras en el mundo, se verá que la ordenación sexual y de género no era precisamente heterosexual ni binaria, es decir, no existían solo dos géneros.

Sí hay acciones públicas, la mayoría de veces para limitar la existencia de quienes no se ajustan a las normas de la heterosexualidad. 

Además, haber llegado a un consenso –precario y no exento de controversias– para autonombrarse como “sectores LGBT” ha sido un esfuerzo que ha costado sangre, lágrimas y vidas. Quien conozca mínimamente las luchas y la terrible y extensa historia de opresión y aniquilación contra las personas de estos sectores en Colombia y el mundo lo sabe. Encontrar una manera reivindicativa para autonombrarse hace parte de los enormes esfuerzos que ciertos grupos sociales han tenido que hacer a través de la historia para no ser eliminados ni simbólica ni físicamente.

También es cierto que Carlos Andrés Arango, uno de los firmantes de la carta de la “población no heterosexual”, dijo que usaron este término “porque en la reunión había personas de la comunidad LGBTI” y “personas con condiciones sexuales distintas”.

¿Por qué los líderes y lideresas firmantes de la carta creen que el proyecto político del Centro Democrático consideraría no solo a personas transgénero, lesbianas, bisexuales y gais, sino a “pansexuales, antisexuales, alosexuales y sapiosexuales”?

Por supuesto, estas personas tienen derecho a adherir a la campaña y al partido que les parezca. Lo que hay que aclarar es que no representan a la mayoría de personas y organizaciones LGBT, de personas intersexuales –a quienes estos líderes olvidaron– o de personas con identidades sexuales no normativas.

Paradojas

Jóvenes LGBTI.
Jóvenes LGBTI.
Foto: Intranet Orquesta Filarmónica de Bogotá

No es de extrañar que en Colombia se produzca lo que la teórica Jasbir Puar llamó homonacionalismo, que desde hace más de una década se ha visto en países como Estados Unidos, Alemania y Francia.

Este término lo acuñó para referirse a cómo ciertos grupos y partidos políticos admiten parcialmente las reivindicaciones de los colectivos LGBTI para conseguir el apoyo ciertos sectores de estas colectividades a sus agendas racistas y xenófobas. Para ilustrar esto basta recordar los caso de Marine Le Pen en Francia o de Donald Trump en Estados Unidos.

Estos partidos usualmente afirman que la sexualidad es un asunto privado, íntimo -como lo recalcó el senador Uribe en su corto video–, y que no hay problema con aceptar conductas homosexuales o expresiones de género trans siempre y cuando ocurran en el ámbito de lo privado. Con estas afirmaciones se oculta el hecho de que sí hay acciones públicas, la mayoría de veces para limitar la existencia de quienes no se ajustan a las normas de la heterosexualidad.

Un buen ejemplo, entre muchos, es la manera en que se ha usado la objeción de conciencia para limitar el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo, y es la forma que Uribe parece proponer en su video para finalmente hacer que no se acate la jurisprudencia que dice defender. 

En el caso de Colombia este homonacionalismo seguramente será usado para adelantar una agenda en contra de cualquiera que pueda ser considerado o, mejor, construido como enemigo público: migrantes, excombatientes de las guerrillas, líderes sociales, etc.

El homonacionalismo, el pink wash y la exacerbación del terror alrededor de la “ideología de género” y la “agenda gay” han sido estrategias inventadas por Occidente para promover la xenofobia y el racismo. También se han usado para justificar formas de neocolonización y para frenar las luchas de movimientos feministas, de mujeres y LGBTI.

El derecho de autonombrarse de las personas y grupos históricamente oprimidos y aniquilados es básico para su existencia social. 

Como explicaba en otro artículo, “los detractores de los acuerdos de paz y de las luchas sociales de mujeres y colectividades LGBTI arguyen que detrás de la “ideología de género” se esconde una agenda internacional para acabar con el matrimonio y la familia “legítima”, nuclear y heterocentrada. Es decir, sostienen que la existencia social de estas personas es una amenaza para el conjunto de la sociedad”.

Sin embargo, lo que sí es una agenda internacional es la negación y eliminación de reivindicaciones de mujeres y de personas de los colectivos LGBT. Se trata de una agenda con gigantescas y ricas estructuras de poder detrás, como el Vaticano y organizaciones evangélicas.

A esta se han unido hace mucho el político Uribe Vélez y copartidarios como Alejandro Ordóñez. Estamos, sin duda, frente a una forma de neocolonización de género y sexualidad. No hay que olvidar que la homofobia, la lesbofobia y la transfobia fueron impuestas desde las invasiones occidentales del siglo XVI.

Incoherencia y oportunismo

Bandera LGBTI.
Bandera LGBTI.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Pero este debate tiene algo aún más de fondo. La declaración del senador Uribe rebasa la copa que ya venía llenándose a cántaros hace tiempo, y la reacción es una respuesta a la posición que Uribe Vélez y sus copartidarios han tomado durante largo tiempo frente a las luchas, el reconocimiento de derechos y la posibilidad de existir de manera digna, tanto de las mujeres como de las personas de las colectividades LGBT.

Como lo muestra el informe Aniquilar la diferencia del Centro Nacional de Memoria Histórica, durante los años del gobierno Uribe –aunque no exclusivamente– hubo en el marco del conflicto armado un doloroso despliegue de violencias contra las personas de estos sectores, en especial trans y lesbianas. Ante esto su gobierno no tomó ninguna medida para evitar la tortura, desplazamiento, violación y aniquilación de estas personas.

Así, con su omisión, por decir lo menos, el entonces presidente Uribe –así como otros gobiernos que le antecedieron y le sucedieron– permitió la persecución y eliminación de personas de los sectores LGBT.

Con su omisión, por decir lo menos, el entonces presidente Uribe permitió la persecución y eliminación de personas de los sectores LGBT. 

En un informe de 2014, la Unidad para las Víctimas estableció que “los delitos contra la integridad sexual tienen un peso relativo 40 veces mayor que el conjunto de víctimas en el país”. Si alguna vez se logra conocer la verdad de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo se podrá decir a ciencia cierta si además de omisión hubo acción por parte de cada gobierno durante los más de cincuenta años de conflicto con las FARC-EP.

El expresidente sale ahora a rechazar las amenazas contra estas colectividades, pero durante sus dos períodos de gobierno no se oyó de su parte ningún pronunciamiento al respecto. Uribe también menciona un Decreto imposible de entender, pues parece que al querer salir del aprieto con prontitud se olvida de vocalizar. Nombra la jurisprudencia y las leyes, aunque los únicos avances que se han logrado en materia normativa han sido gracias a la Corte Constitucional, esa que el candidato Iván Duque propone eliminar.

Para completar el panorama, hay que recordar cómo copartidarios y simpatizantes del Centro Democrático promovieron y asistieron a las “marchas en defensa de la familia” y apoyaron la campaña por el No en el plebiscito. Afirmaban que en el Acuerdo se establecía el matrimonio homosexual, el aborto como obligación y que se instauraría una dictadura homosexual y castrochavista.

La gente salió entonces “emberracada” y con miedo a votar en contra de unos acuerdos que, entre otras cosas, allanaban el camino para evitar más persecución y muerte de personas de los sectores LGBT. Claro, sabemos que la persecución que hemos sufrido personas de los colectivos LGBT y mujeres no se la debemos solo a los gobiernos, sino a una sociedad llena de odio y de miedo.

En cambio, frente a estas muestras de odio de algunos sectores –no todos– de las iglesias cristianas y católica, las organizaciones aglutinadas en “LGBTI por la Paz” reivindicaron, en un comunicado lleno de generosidad y amor, no solo su propio derecho a existir sino el derecho a la libertad de credo en nuestro país. Luchar por la existencia de unos significa luchar por todas y todos. 

El derecho de autonombrarse de las personas y grupos históricamente oprimidos y aniquilados es básico para su existencia social. Las palabras tienen el gran poder de crear y destruir, tienen el poder, en este caso, de borrar la existencia de colectividades y personas transgénero, lesbianas, bisexuales y gais.

El eufemismo usado por el senador Uribe es apenas la punta del iceberg de una agenda profundamente homofóbica, lesbofóbica y transfóbica que no solo atenta contra personas LGBT, sino contra la sociedad y la paz. Una sociedad que odia o prefiere no ver a lesbianas, personas trans, gais y bisexuales, que no es capaz de reconocer el inmenso daño que se ha hecho a estas personas y a las mujeres en general, es una sociedad que no está preparada para la paz.

* Antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia; maestra en Género de la Universidad de Utrecht, Holanda; doctora en Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid. En la actualidad es Investigadora posdoctoral del CIDER de la Universidad de los Andes.

 

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