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Las elecciones y el mundial de fútbol: ¿una relación peligrosa?

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Selección Colombia.

Andres_Davila_RazonPublica.jpg - 19.17 kBDesde 1930 los mundiales han coincidido con las elecciones presidenciales: triunfos y fracasos en el deporte han coincidido o contrastado con los hechos de la política. ¿Qué sucederá este año?

Andrés Dávila*

Entre elecciones y mundiales

Por azares del destino, desde su origen en 1930, los mundiales de fútbol han coincidido con los períodos presidenciales y las elecciones en Colombia. La única excepción fue el de Suiza en 1954 que se llevó a cabo cuando el General Gustavo Rojas Pinilla completaba su primer año como dictador.

Sin transmisión televisiva -y mucho menos en directo- esa coincidencia no tuvo efectos de notar durante muchos años. El panorama cambió cuando en 1970 la televisión nacional transmitió el mundial en vivo y en directo por primera vez.  Mientras Misael Pastrana y el general Rojas Pinilla terminaban de resolver su enfrentamiento en las urnas, los colombianos nos deleitábamos con los goles del mundial de México. Sin lugar a dudas, la pasión por el fútbol apaciguó la ansiedad e incertidumbre generada por la tensa situación política.

Desde entonces es tradición que el mundial funcione como una especie de bálsamo estabilizante después de las elecciones. Es innegable que el fútbol genera una especie de stand by refrigerante donde hasta las más severas discrepancias pasan a segundo plano. Mientras los políticos digieren los resultados y se preparan para llegar al Congreso, los colombianos gritamos ‘gol’ al unísono.

Lea en RP: Cuando los deportistas entran en la escena política.

Un recorrido histórico

Elecciones segunda vuelta.
Elecciones segunda vuelta.
Foto: Alcaldía de Pereira

Recordemos algunas de las ocasiones en las que el fútbol y la política coincidieron.

En el mundial de Chile de 1962 con tan solo unos cuantos periodistas radiales transmitiendo la fiesta del fútbol, la participación de la selección Colombia –dirigida en esa época por el maestro Pedernera– quedó opacada por la fuerza del Frente Nacional. Indudablemente, la situación política que vivía el país tuvo más relevancia que el 4 – 4 obtenido contra la Unión Soviética.

En 1990 la Selección Colombia regresó al mundial. Ese mismo año César Gaviria y su lema “Bienvenidos al futuro” –tan distante de su actual “Bienvenidos al pasado”– llegaron al poder. El sobresaliente desempeño de la Selección en Italia 90 sirvió para aclimatar el agitado ambiente político generado por la Asamblea Constituyente y el sometimiento de los carteles a la justicia. Cabe recordar que, hasta entonces, no teníamos segunda vuelta.

Esta segunda vuelta se estrenó en 1994, un día después de la derrota contra Rumania. El triunfo de Ernesto Samper sobre Andrés Pastrana nos hizo sentir que, aunque nos habían derrotado en el mundial, los ciudadanos cumplimos en las urnas y, finalmente, la democracia triunfaba en nuestro país.

No obstante, una semana después se revelarían los vínculos del narcotráfico con la política y el fútbol. La derrota de un equipo amenazado, a lo que se sumaron el fatídico autogol de Andrés Escobar, y la denuncia de los narco-casetes, hicieron que tanto la Selección como la presidencia fueran asociadas con el tráfico ilegal de drogas.

En 1998, la segunda vuelta electoral se llevó a cabo un día antes de que la Selección jugara su segundo partido en el mundial de Francia. El triunfo de Andrés Pastrana, quien en aquel entonces se comprometió a negociar con las FARC, estuvo acompañado por la derrota frente a Rumania, el triunfo sobre Túnez y la imposibilidad de clasificar ante la encopetada Inglaterra de David Beckham. Como señaló un programa humorístico de la época “fracasamos rotundamente”: tanto en el mundial como en el proceso de paz con el que se comprometió el candidato ganador.

En 2002 y 2006 Colombia no fue al mundial y bajo el “embrujo autoritario”, ganó dos veces consecutivas el hoy senador Álvaro Uribe en primera vuelta. En estos ocho años, el desinterés de Álvaro Uribe por el deporte coincidió con estas dos ocasiones de relativo distanciamiento entre política y fútbol.

En 2010 la segunda vuelta coincidió con el mundial de Suráfrica al que la Tricolor no clasificó. La segunda vuelta, que tuvo lugar mientras jugaban Eslovaquia-Paraguay, Italia-Nueva Zelanda y Brasil-Costa de Marfil, dio como contundente ganador al hoy presidente Juan Manuel Santos, luego de que se apagara, a las buenas, a las malas y por errores propios, la Ola Verde mockusiana. “Yo vine porque quise, a mí no me pagaron” fue el triste colofón de la jornada electoral.

En 2014 la relación entre fútbol y política se intensificó. A diferencia de lo sucedido en el octenio anterior, el gobierno Santos le dio mucha importancia al ámbito deportivo, así lo confirman el desempeño de la delegación colombiana en los olímpicos de Londres 2012 y la intervención en la escogencia de José Néstor Pekerman como seleccionador nacional. Sin embargo, mientras que los jugadores de la Tricolor los quería todo el país, el gobierno de Santos perdía popularidad entre los colombianos,

Tras la derrota en primera vuelta, la “Operación Mandela” desarrollada por un equipo a cargo de comunicadores y asesores de imagen, utilizó el desempeño de la selección como un presagio del triunfo del entonces presidente-candidato. En esta ocasión, Colombia debutó frente a Grecia un día antes de la segunda vuelta. El triunfo claro y tranquilo en aquel debut fue bien utilizado para apalancar el resultado de la segunda vuelta.

A Pékerman y sus muchachos les correspondió la versión positiva del proceso: con mensajes positivos, cantos, alegría y salsa choque animaron a un país políticamente fragmentado.  El retorno de la selección luego de ser eliminada por Brasil generó sentimientos de unidad y solidaridad que mitigaron las diferencias ideológicas entre los ciudadanos.

Le interesa: Camino de Rusia 2018: del “perder es ganar un poco” al “tú, tranquilo” de la era Pékerman.

¿Qué nos espera este año?

Hinchada de la selección de Colombia
Hinchada de la selección de Colombia
Foto: @Anyelik

Este junio de 2018 guarda cierta semejanza con lo sucedido en 1998: la segunda vuelta es el 17 y Colombia debuta contra Japón el 19.

Hasta ahora ningún candidato se ha apropiado de la selección y sus figuras, ni los patrocinadores respaldan a ninguna campaña abiertamente. Por su parte, los jugadores, quienes en su mayoría viven fuera del país, tampoco han hecho declaraciones públicas al respecto.

La angustiosa eliminatoria que vivió la Selección y el creciente rechazo a Pekerman coinciden con la baja popularidad del actual presidente Juan Manuel Santos.

En esta ocasión, el mundial servirá para enfriar el acalorado clima político que dejaran estas elecciones y sus resultados; servirá también para fijar un clima de opinión sujeto tanto a quien triunfe como al desempeño del combinado patrio.

El desempeño de la Tricolor presagiará un buen o mal gobierno al ganador y augurará 4 años de progreso o retroceso a la sociedad colombiana. Sin lugar a dudas, también habrá lugar para observar cómo se tramitan temores y odios, en esos intersticios entre el mundo político y el mundo del fútbol.

* Politólogo de la Universidad de los Andes, maestro y doctor en Ciencias Sociales de la FLACSO, México, profesor asociado y director del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.

 

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