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¿Qué pasa en Medimás y por qué nadie interviene?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Pacientes

Ivan JaramilloAdemás de la tan grave crisis en el sistema de salud colombiano, este caso revela otra crisis que es la impotencia de los organismos de vigilancia.

Iván Jaramillo*

¿Intervenir o no intervenir?

Hace unos meses, Mario Hernández dijo en Razón Pública que Medimás EPS era “el síntoma de una crisis estructural de la salud”. Hoy tendríamos que agregar que la no intervención de Medimás es un síntoma de la incapacidad estructural del sistema para autorregularse.

Sin la capacidad de retroalimentarse y corregirse, el sistema tiende inevitablemente hacia el desorden y hacia su propia extinción.

Puede leer: Medimás: el síntoma de una crisis estructural de la salud.

En medio de todo, el Superintendente de Salud, Luis Fernando Cruz, ha dicho con honestidad que con Medimás puede ser más grave la cura que la enfermedad. Y sin embargo, la Procuraduría y la Contraloría insisten en que la Superintendencia de Salud (Supersalud) intervenga forzosamente.

La página web de Supersalud muestra que la entidad ha intervenido para liquidar a 108 administradoras de planes de beneficios en salud:

  • 85 Administradoras del Régimen Subsidiado (ARS)
  • Y 23 Entidades Promotoras de Salud (EPS)

También se han intervenido parcialmente otras 14 entidades con un sistema de vigilancia especial, pero esta medida no se ha podido levantar en ninguna de ellas desde 2012. Como  dijo recientemente Jaime Arias, director de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI), en entrevista con El Tiempo, lo anterior significa que la Supersalud no ha salvado ni una sola EPS, quizás solo algunos hospitales.

El caso de SaludCoop es significativo para mostrar lo anterior, pues la Supersalud intervino pero solo pudo traspasar la EPS a Cafesalud con todos sus problemas e incluso los agravó.

La Supersalud no ha salvado ni una sola EPS.

Tiempo después se entregaron los restos a Prestasalud (el nuevo dueño de Medimás) mediante una dudosa operación financiera, porque la compra se hizo con facturas por cobrar a Cafesalud. Si se hubiesen liquidado de forma debida, esas facturas quizás habrían tenido la mitad de su valor nominal. Por eso mismo, a pesar de que el Gobierno pidió 1,3 billones de pesos, es probable que haya recibido la mitad.

Le recomendamos: La venta de Cafesalud: ¿dónde estuvo el negocio?

A Norman Julio Muñoz, anterior Superintendente de Salud, también se le pidió que no avalara esa operación, pero se negó. Luego, se le pidió intervenir la nueva entidad y también se negó y justamente por eso se fue, y sancionado.

Por lo tanto, algo muy grave pasa en Medimás. Pero algo muy grave pasa también en la Superintendencia de Salud, que solo es capaz de aplicar sanciones simbólicas —como la multa de 1.800 millones que recientemente se impuso a Medimás—, pero no es capaz de rescatar a ninguna entidad.

¿Qué ocurre en Medimás?

Norman Julio Muñoz Muñoz,ex- Superintendente Nacional de Salud.
Norman Julio Muñoz Muñoz,ex- Superintendente Nacional de Salud.     
Foto: Procuraduría General de la Nación

Lo que ocurre con Medimás no es muy distinto de lo que ocurre en general dentro del sistema de salud. Pero en Medimás hay un factor agravante: que unas supuestas víctimas se convirtieron en victimarios.

Recordemos que Medimás nació como un grupo de prestadores agrupados en Prestasalud, que luego se volvieron propietarios de la EPS. Según la Ley 100 de 1993, tal cosa no podía ocurrir pues hay intereses contrapuestos entre aseguradores y prestadores. Los primeros quieren ahorrar todo lo que se pueda para obtener utilidades, mientras que los segundos quieren “vender” lo más posible.

Una situación similar ocurrió cuando se creó la EPS UNIMEC, propiedad de un grupo de médicos que no se querían dejar explotar y acabaron “haciendo explotar” a la EPS, la primera que debió entrar en liquidación. Para decirlo con una imagen, los hijos pidieron tanta leche de su madre que la mataron. Por eso no es extraño que Prestasalud acabara por consumir a Medimás.

La mala calidad de la salud

Los organismos de control están aterrados con el volumen de quejas de los afiliados de Medimás, aunque su gerente dice que se han resuelto 9 de cada 10. Tantas quejas revelan la mala calidad del servicio.

A propósito, durante la campaña presidencial, Sergio Fajardo propuso que la Unidad de Pago por Capitación (UPC) se fraccionara en un pago fijo y en uno variable, que dependiera de la calidad (medible, por ejemplo, en número de quejas).

Actualmente los pagos del sistema a las EPS se fraccionan en dos:

  • Una UPC fija por afiliado para cubrir los servicios básicos del Plan Obligatorio de Salud (Pos),
  • Y unos recobros variables que se pagan por servicios NO POS:

Cualquier administrador de una EPS sabe que el éxito económico está en reducir los servicios del POS, para ahorrar, y en aumentar los recobros por NO POS, para tener utilidades.

En su momento, la Corte Constitucional extendió el derecho a la salud para que cubriera los servicios NO POS sin ningún límite; luego, la Ley estatutaria de salud estableció seis exclusiones en los servicios NO POS para evitar la explosión del sistema. Hasta ahora, ese control no ha tenido efectos económicos significativos y el gasto sigue disparado.

Hoy, tanto médicos como beneficiarios prefieren los servicios NO POS y el recobro. Pero esa lógica ha hecho que los servicios básicos se reduzcan y, por lo tanto, que aumenten las quejas.

Ese tipo de pensamiento también ha exigido una gran liquidez para las EPS, pues los servicios NO POS primero se deben pagar a las Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) y luego hacer el recobro respectivo al a Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (ADRES, antes FOSYGA), lo que a su vez causa otros problemas como los que en su momento propicio la intervención inicial de SaludCoop.

RP le sugiere: Carlos Palacino y el desfalco de SaludCoop.

¿Por qué la Supersalud no ha intervenido?

Logo Medimás EPS.
Logo Medimás EPS.  
Foto: Hospital del Huila

Los hechos han mostrado que la Supersalud no tiene ninguna capacidad técnica para salvar a una EPS y, por eso, ni el anterior ni el actual superintendente han querido intervenir y hacerse responsables del eventual fracaso, tal y como ocurrió con la primera intervención de SaludCoop.

Los estatistas dirán que como el mercado es la causa efectiva del desastre del sistema, entonces una buena dosis de intervencionismo estatal es la mejor vacuna. El modelo sugiere que la búsqueda del lucro del sector privado causa el problema de reducir servicios y calidad y se cura con un intervencionismo “sin animo de lucro”.

Sin embargo, este enfoque olvida que en Colombia las instituciones públicas también tienen “dueños privados” y que usan la capacidad interventora del Estado para expropiar a los otros dueños privados, aunque sea por un tiempo. Sobra decir que los políticos son igual o más voraces que los propietarios privados.

Lo que ocurre con Medimás no es muy distinto de lo que ocurre en general dentro del sistema de salud. 

En cada gobierno, la Supersalud tiene unos “políticos tutores” que se reparten meticulosamente las 108 ARS y EPS que en su momento fueron liquidadas y las 20 que hoy están bajo vigilancia especial. Fue así como se apoderaron de SaludCoop, después de expropiar a Palacino y así están, como aves de rapiña, esperando a Medimás.

Estos políticos tutores, casi siempre senadores, caen como moscas ante cualquier Superintendente cuando se anuncia la intervención de una EPS. La idea es poner un interventor de su confianza para que trabaje en beneficio del respectivo tutor, no necesariamente entregando “mermelada” sino sobre todo direccionando el proceso de contratación de las EPS con ciertas IPS.

Contrariamente  a lo que muchos creen, la rentabilidad del negocio no está en las EPS, sino en las IPS privadas que pagan por obtener los contratos de prestación de servicios con las EPS. Esto lo verifica un informe reciente de la Supersalud, según el cual la mayoría de las EPS dan perdidas o están en equilibrio, pero una buena parte de las IPS dan utilidades.

La solución podría ser que las intervenciones estén a cago de la Superintendencia Financiera, que al parecer es más impermeable a los “tutores”-senadores, o que los interventores se escojan mediante licitación pública.

Lo cierto es que los superintendentes se deben defender de los políticos que los acechan y una forma de hacerlo es no intervenir a las EPS, aunque las otras “ías” así lo pidan a gritos.

Y mientras tanto el sistema seguirá tendiendo hacia el desorden y hacia la extinción.

En esta edición de RP: Reficar: ¿una pérdida descomunal para el Estado?

* Magister en Administración Pública del CIDE (México), fue Secretario General del Fondo Nacional Hospitalario y Coordinador del Programa de Consolidación del Sistema Nacional de Salud, consultor internacional, investigador, docente universitario y autor de varios libros sobre el sector.

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