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Petróleo y minería: ¿cómo los recibe el presidente Duque?

(Tiempo estimado: 4 - 8 minutos)

Extracción petrolera.

Amylkar AcostaComienzan a verse los primeros signos de recuperación, aunque aún estamos lejos de la bonanza pasada.

Amylkar D. Acosta M*

Lo que por agua viene…

La industria extractiva fue una de las cinco “locomotoras” que contempló el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014Prosperidad para todos”, y se convirtió en el principal propulsor del PIB en el primer gobierno de Santos.

Durante ese período, Colombia se benefició del largo ciclo de precios altos de los commodities, que comenzó en 2003 y concluyó en 2012. A partir de ese año, los precios se desplomaron (con excepción del petróleo, cuyo precio cayó en 2014). Así, entre 2001 y 2011, la extracción de carbón creció en 95 por ciento, y la extracción de oro en 156 por ciento.

Los precios altos se tradujeron en mayor producción, más exportaciones, más entrada de divisas tanto por las ventas en el exterior como por la afluencia de inversiones extranjeras y mayores ingresos por concepto de impuestos como de regalías. Así mismo, Ecopetrol transfirió más dividendos al Estado.

Pero esa época “de vacas gordas” tuvo efectos colaterales: la economía colombiana contrajo la enfermedad holandesa y acabó por “reprimarizarse”.

Le recomendamos: Las consecuencias de la enfermedad holandesa… colombiana.

…por agua se va

Minería ilegal.
Minería ilegal.  
Foto: Policía Nacional

Bajo el segundo gobierno de Santos, el sector financiero y el de la construcción sustituyeron al  sector extractivo como motor del crecimiento económico. Por eso, en el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018Todos por un nuevo país”, la industria extractiva dejó el lugar que antes tenía. La locomotora de la extracción perdió empuje y acabó por rezagarse.

Los países emergentes, encabezados por China, redujeron su demanda e hicieron contraer el mercado. Los precios se deprimieron, la inversión extranjera empezó a alejarse y tanto la renta minera como la petrolera se redujeron a su mínima expresión.

Como se esperaba, el ritmo del crecimiento del PIB se desaceleró:

  • En 2013 fue del 4,9 por ciento
  • En 2014, del 4.4 por ciento
  • En 2015, del 3,1 por ciento
  • En 2016, del 2 por ciento
  • Y en 2017, del 1,8 por ciento, la más baja tasa de crecimiento en lo corrido del siglo XXI

Entre 2012 y 2014, los precios del carbón cayeron más del 38 por ciento; los del oro y el ferroníquel, más del 24 por ciento. Para julio de 2014, el precio de la tonelada de carbón había caído hasta los 64,50 dólares y siguió cayendo hasta tocar fondo en febrero de 2016.

Entre 2012 y 2014, los precios del carbón cayeron más del 38 por ciento.

Por su parte, el precio del barril de petróleo de 42 galones empezó a caer desde mediados de 2014. Ese año, el petróleo WTI comenzó en 107,90 dólares y terminó en 53,27; la referencia Brent comenzó el año en 115,20 dólares y lo acabó en 56,82.

Por todo lo anterior, Colombia no puede ser catalogada como un país minero, ni como un país petrolero. Nuestras reservas de carbón, oro o ferroníquel, así como de hidrocarburos, son bastante limitadas. Basta decir que, sumadas, la participación de la explotación de minas y canteras a duras penas llega al 6,03 por ciento del PIB.

Le recomendamos: El Plan de Desarrollo, el petróleo y el modelo económico.

¿Un nuevo repunte?

Como lo analicé antes en Razón Pública, la industria extractiva tiene ciclos de precios altos y bajos. Por eso, a pesar del largo período de “vacas flacas”, desde 2016 la actividad minera y petrolera ha vuelto a repuntar. Así, la firma calificadora de riesgo Standard & Poor’s pronosticó un precio del crudo de 55 dólares por barril para 2018.

Sin embargo, hay varios factores que podrían revertir esa tendencia. El principal es la política energética de Donald Trump, quien señaló a propósito del fracking lo siguiente: “producir más energía estadounidense es una parte central de mi plan para que Estados Unidos vuelva a ser rico…Voy a eliminar las restricciones sobre la energía estadounidense y permitir que esta riqueza llegue a nuestras comunidades”.

Es significativo que en septiembre de 2017 Estados Unidos hubiera alcanzado una producción de 9,5 millones de barriles por día, la más alta producción desde 2015. Según la Administración de la Información de Energía de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), a principios de 2017, los estadounidenses tenían 477 plataformas activas; el 1 de diciembre del mismo año ya tenían 749.

Signos de recuperación

Minería en Colombia.
Minería en Colombia. 
Foto: Gobernación de Risaralda

Como consecuencia del bajo precio del petróleo, en 2016 se tuvo la tasa más baja de exploración costa adentro en doce años. Así mismo, la Cámara Colombiana de Servicios Petroleros (Campetrol) sostiene que en 2017 se tuvo la menor actividad sísmica desde que se llevan registros.

Sin embargo, hay quienes auguran una recuperación del sector extractivo. Por ejemplo, la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP) estima que en 2018 las inversiones de la industria petrolera en Colombia fluctuarán entre los 4.500 y los 4.900 millones de dólares, es decir, un 45 por ciento más que en 2017. Según la ACP, dichas inversiones estarían enfocadas principalmente a la exploración y extracción de crudo.

A pesar de lo anterior, aún no hay que cantar victoria. Como dijo el presidente de la ACP, Francisco José Lloreda, “la inversión del sector se viene reactivando, pero aún es la mitad de la ejecutada en años previos a la caída de los precios internacionales del crudo”.

Por ahora, es alentador decir que el número de taladros en los frentes de la actividad exploratoria ha aumentado significativamente. Actualmente operan 111 equipos, es decir, 70 equipos más que en octubre de 2016.

Colombia no puede ser catalogada como un país minero, ni como un país petrolero. 

También hay que destacar que actualmente existen 41 pozos perforados y que la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) se había propuesto perforar 50 en todo el año. Lo anterior contrasta con los 21 pozos perforados durante 2016 y con otro hecho alarmante: de los cinco pozos costa afuera que se planearon en 2017 solo quedó uno perforado.

Y sin embargo aún estamos muy lejos de los 131 pozos que se perforaron en 2012. Las reservas probadas al cierre de 2017 fueron de apenas 1.782 millones de barriles, lo que daba un coeficiente de reservas-producción de 5,7 años. De allí la urgencia de incorporar más barriles a las reservas para espantar el fantasma de la pérdida de autosuficiencia.

Se ha hecho un gran esfuerzo para mejorar el recobro. Pero aunque ese esfuerzo es necesario, no es suficiente. Además, necesitamos pasar reservas contingentes a probadas, es decir, hacer nuevos hallazgos.

Es preocupante que en los últimos cuatro años la ANH no haya asignado un solo bloque petrolero. Como dice el consultor Camilo Silva, “sin nuevos campos operando no se presentarán descubrimientos y sin estos no habrá un aumento en el volumen de producción, lo que trae como consecuencia una contracción en la comercialización y una reducción en las reservas”.

* Exministro de Minas, Energía e Hidrocarburos. Miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas (ACCE)

www.amylkaracosta.net

 

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