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Los costos de las lluvias torrenciales: el caso de Mocoa

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Presidente Duque en inundaciones en Puerto Carreño, Vichada.

Fernando CarriazoLos desastres naturales producen costos económicos, ambientales y en vidas. ¿Cómo se mitiga el riesgo y cuáles pueden ser los beneficios de reconstruir una zona afectada?

Fernando Carriazo*

¿Una oportunidad?

El pasado 12 de agosto volvieron las lluvias a Mocoa. En una escena que recordó la avalancha del 31 de marzo de 2017, los ríos Sangoyaco, Mulato y Mocoa se desbordaron, como para recordarle al nuevo presidente los compromisos adquiridos con su antecesor.

Afortunadamente, esta vez los sistemas de alerta temprana evitaron que la tragedia cobrara vidas. Aun así, las lluvias afectaron significativamente a los departamentos de Guainía, Vichada, Vaupés, Meta y Santander.

Aunque desastres como el de Mocoa representan grandes costos económicos para el Estado, también son oportunidades para reinventar las ciudades y sus economías. Para aprovechar esa oportunidad de forma que beneficie a los habitantes de las regiones es necesario evaluar correctamente:

  1. La vulnerabilidad de la población a los desastres
  2. Los costos económicos de la tragedia
  3. El impacto que puede tener la inversión del Estado en la adaptación y mitigación del cambio climático

¿Cómo medir la vulnerabilidad de la población?

Mocoa luego de la avalancha de hace un año.
Mocoa luego de la avalancha de hace un año. 
Foto: Senado de la República

Proteger a la población y a la economía de los desastres naturales no solo implica inversiones en capital, sino también un sólido conocimiento científico que ayude a focalizar de manera efectiva el gasto público en materia de protección ambiental.

Si bien es cierto que en este invierno la atención se ha enfocado en la región amazónica y la Orinoquía, la mayoría de las regiones de Colombia está en constante riesgo de desastres naturales asociados a eventos climáticos externos.

Colombia es considerada una zona de alta prevalencia de deslizamientos a nivel mundial. De acuerdo con Dave Petley, profesor de geografía de la Universidad de Durham, cerca de 100 colombianos mueren al año a causa de deslizamientos de tierra. De hecho, esa es la principal causa de las muertes asociadas a desastres naturales (50 por ciento), seguida de las inundaciones (42 por ciento) y los terremotos (8 por ciento).

Varios factores combinados han disparado la vulnerabilidad a los deslizamientos de tierra e inundaciones:

  • zonas con pendientes altas
  • lluvias intensas
  • y alta densidad de población

Usualmente las poblaciones más pobres y marginadas habitan ese tipo de zonas de alta vulnerabilidad, que se ubican generalmente en las periferias urbanas. Allí, otras actividades como la deforestación, la minería o la construcción de carreteras y de represas pueden desviar el curso de aguas subterráneas y superficiales, además de debilitar el suelo y la estructura rocosa de las laderas.

Pero también las largas sequías pueden tener un impacto similar. Un estudio reciente analizó el desastre de Mocoa de 2017 con imágenes satelitales de los últimos 16 años. Según los autores, aunque la causa inmediata del desastre fueron las lluvias, la sequía que produjo el fenómeno de “El Niño” entre 2014 y 2016 redujo sustancialmente el crecimiento de la vegetación en las laderas, lo que disminuyó la capacidad del suelo de absorber grandes volúmenes de agua.

Aunque las lluvias aceleraron la tragedia, la combinación de todos los antecedentes climáticos fue la causante de la saturación de los suelos y de las subsecuentes avalanchas. Estudios como los mencionados permitirán tomar decisiones más acertadas en la prevención de desastres, lo que podría incluir por ejemplo programas de reforestación y restauración ecológica.

Es necesario que las autoridades dialoguen con la comunidad científica para construir territorios pensados desde todas las disciplinas. En el caso de Mocoa, se trabaja en un plan de reconstrucción (Conpes 3904) que planea invertir cerca de 12.146 millones en la consolidación de un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) moderno. El impacto real de esa inversión dependerá en gran parte de ese diálogo entre el Estado y la sociedad.

La valoración económica de los daños

Aunque muchos de los costos de los desastres naturales se pueden expresar directamente en términos monetarios, otros no se expresan en los mercados y por lo tanto representan un desafío metodológico para su estimación.

Usualmente, las primeras aproximaciones a un desastre natural miden el costo total de las pérdidas de capital físico como la vivienda, lo cual es muy importante para medir los daños directos de manera rápida. La valoración inicial por pérdidas de capital físico puede ser muy útil para los que toman decisiones en fases iniciales de crisis, en las cuales usualmente existen grandes vacíos de información.

Por ejemplo, una valoración temprana del desastre de Mocoa de 2017 estima la desaparición de un poco más de mil viviendas. Según los datos de los planes de reconstrucción, los costos de reemplazar estas viviendas rodean los 71 mil millones de pesos.

Pero la valoración del daño total de la tragedia puede aproximarse con los estimativos de los costos de reconstrucción, que no se limitan a las inversiones en capital físico como la vivienda o las vías, sino también todos los gastos que implica la reorganización del territorio de acuerdo con los planes de ordenamiento y de la gestión del riesgo.

La reconstrucción implica inversiones en diferentes campos:

  • planificación y gestión ambiental
  • infraestructura social (servicios domiciliarios, infraestructura deportiva y de salud)
  • conectividad e integración regional
  • desarrollo social (atención a la niñez y a la familia)
  • y desarrollo institucional, entre otros.

De acuerdo con el documento Conpes ya citado, la reconstrucción total de Mocoa costará 1.090.233 millones de pesos, sin contar con las inversiones del plan maestro de Alcantarillado para el municipio, que suman 30 millones de dólares adicionales, los cuales serían financiados con la banca multilateral.

A todo lo anterior se suma el costo de oportunidad de las donaciones nacionales e internacionales. Es decir, lo que cuesta dejar de invertir en otros sectores de la economía. Para el caso de la reconstrucción de Mocoa, las donaciones nacionales han llegado a los 10.170 millones, mientras que las internacionales ya alcanzaron los 27.239 millones, según cifras de la Unidad Nacional de la Gestión del Riesgo.

Estas inversiones, en general tienen efectos multiplicadores que se ven reflejados en sectores diferentes de aquellos en los que inicialmente se invierte y deben ser comparadas generalmente con los beneficios, los cuales en la mayoría de los casos no son necesariamente beneficios mercadeables. Para dar un ejemplo, un nuevo alcantarillado mejora la salud de la población y puede ser valorado con el efecto de esa inversión en la mortalidad y la morbilidad.

Uno de los desafíos metodológicos más grandes para medir los impactos de los desastres naturales es la valoración económica de las muertes. Como regla general, se ha utilizado el Valor de una Vida Estadística (VVE) como medida para valorar económicamente las pérdidas humanas. 

Este indicador se construye a partir del costo de oportunidad en la fuerza laboral, dada una expectativa de vida. No obstante, la medición de este indicador para personas que han excedido el límite de expectativa de vida puede ser controversial y ha estado sujeto a la discusión de diferentes dilemas morales. En el caso de la tragedia de Mocoa, se contaron más de 300 pérdidas humanas. Sin embargo, no se tiene un ejercicio oficial de la valoración económica de estas vidas.

La inversión en adaptación y mitigación del cambio climático

Mocoa, Putumayo.
Mocoa, Putumayo. 
Foto: Unidad Nacional de Gestión del Riesgo

En el caso de Colombia, todavía no conocemos el impacto económico que pueden tener las inversiones en la adaptación y mitigación del cambio climático.

La valoración de estos impactos es compleja pues tiene varias dimensiones, además de la estimación de los beneficios no mercadeables asociados. Gran parte de los fondos para este tipo de inversiones proviene de ayudas externas y tienen como objetivo estimular el crecimiento económico, a través de ayudas a sectores estratégicos como la agricultura o a la transferencia de tecnologías.

Estas inversiones también buscan desarrollar y fortalecer sistemas de salud, educación o de medio ambiente; o apoyar el consumo de subsistencia, especialmente en situaciones de calamidad o de crisis humanitaria.

Pero las inversiones en adaptación y mitigación del cambio climático también están dirigidas a estabilizar la economía después de choques externos. El papel de los desastres como un factor de crecimiento económico ha sido controversial entre los economistas. Algunos piensan que los desastres no afectan de manera significativa el crecimiento económico. De acuerdo con ellos, las amenazas naturales y los desastres podrían estimular la economía en algunos casos.

La renovación rápida de las inversiones en programas de desarrollo para las regiones afectadas, principalmente con la construcción de infraestructura social (vías, vivienda, hospitales, escuelas, entre otras…) pueden tener un efecto multiplicador en el desarrollo económico. El economista J.A Schumpeter lo explicó con el concepto de “destrucción creativa”

Estimaciones más recientes del Banco Mundial y datos de Naciones Unidas han encontrado, al contrario, que los desastres naturales tienen efectos negativos en el crecimiento económico de mediano y largo plazo.

Colombia tiene grandes retos en el sector de mitigación y prevención de los desastres naturales. Se queda por ver cuál será el efecto de las inversiones y de los mecanismos financieros utilizados para reducir el daño de los desastres naturales recientes en el país.

Futuras evaluaciones podrán determinar si los esfuerzos combinados de criterios científicos y las decisiones políticas y económicas relacionadas con la adaptación y mitigación del cambio climático pueden ser o no soluciones efectivas para garantizar una senda de crecimiento sostenible de la economía.

 

* Ph. D en Economía Agrícola, del Medio Ambiente y Regional. Profesor en el programa de Gestión y Desarrollo Urbanos de la Universidad del Rosario.

 

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