Ser Pilo Paga se acaba. ¿Y ahora qué?

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Beneficiarios del Programa “Ser Pilo Paga”.

Julian ZubiriaAhora que Ser Pilo Paga está suspendido, ¿Cómo garantizar que los recursos vayan a la educación pública? ¿Qué hacer para seguir ampliando el acceso a la educación, en especial, de los sectores más pobres?

Julián De Zubiría Samper*

Mucha plata y buenas intenciones

El programa bandera del segundo periodo del presidente Santos, Ser Pilo Paga, pasará a la historia como un esfuerzo costoso, que no mejoró la calidad de la formación universitaria ni consolidó el derecho a la educación y que, contrariamente a lo que dijeron sus creadores, no ayudó a resolver el problema de inequidad que, desde tiempo atrás, aqueja a la educación.

El programa nació con un problema que hacía prever su enorme riesgo de fracasar: no fue discutido con el Congreso, ni con la academia, ni con la comunidad. Simplemente, una universidad privada convenció a la ministra Gina Parody de su “brillante” idea. Ella, muy interesada en impulsar su carrera política, inició, con poco tiempo de reflexión, discusión, investigación y planeación, un programa que le costaría al país cerca de cuatro billones de pesos y con resultados, por lo menos, muy discutibles.

Es cierto que su pretensión fue loable, ya que buscó garantizarle educación a superior a los bachilleres de Sisbén 1 y 2 con excelentes resultados en las pruebas Saber 11 y con recursos económicos insuficientes. Es cierto que hay que apoyarlos. Las preguntas son: ¿cómo hacerlo? y ¿cómo garantizar ese derecho a una población cada vez más amplia?

La inequidad

Según mis investigaciones con estudiantes pertenecientes al estrato 1 en Bogotá, el 96 por ciento de ellos aspiran a seguir estudiando una carrera técnica o profesional; pero la realidad es muy distinta. Hasta el momento, tan solo el 10 por ciento de los jóvenes de este grupo accede a la educación superior. Una vez culminan el estudio, el 90 por ciento de ellos se dedica a trabajar o a buscar empleo. Es una situación dramática: por carecer de apoyo estatal, se frustran los sueños de miles de jóvenes cada año en Colombia.

Hasta el momento, tan solo el 10 por ciento de los jóvenes de este grupo accede a la educación superior. 

La educación pública es la única opción que tienen los jóvenes pobres de Colombia y América Latina. Sin educación están condenados eternamente a los bajos salarios. Sin educación, su destino queda marcado trágicamente por haber nacido en uno de los dos países más desiguales de América Latina. Sin educación, se limitan sus derechos y su libre y amplio ejercicio de la ciudadanía.

Le recomendamos: La educación colombiana y la falta de pensamiento crítico.

Los errores de diseño

Estudiantes de Universidad Pública.
Estudiantes de Universidad Pública.
Foto: Función Pública

Inicialmente el gobierno logró disimular los riesgos de Ser Pilo Paga y el programa tuvo gran aceptación hasta 2016. Sin embargo, los problemas de diseño que advertimos algunos analistas no pudieron esconderse por mucho más tiempo: una vez conocidos los primeros indicadores de los efectos negativos del programa, el apoyo de la población fue descendiendo. No fue difícil prever que Ser Pilo Paga acabaría desfinanciando la educación pública superior y que los recursos se transferirían masivamente a muy pocas universidades privadas.

Así lo pronosticamos algunos académicos, pero el gobierno no quiso reconocerlo y ahora estamos viendo las consecuencias de sus actos: el programa está desfinanciado, a pesar de que le quitó recursos esenciales a la educación pública que la ley le había asignado en la última reforma tributaria. Los impuestos a la renta y la parte del aumento del IVA acabaron tapando el hueco que creaba este programa desde 2014:

  • En la reforma tributaria de 2014 se acordó girar estos dineros a la educación pública universitaria.
  • Para 2015, el 100 por ciento de dichos recursos fueron girados, tal como se había establecido.
  • Para 2018, y violando la ley, el 66 por ciento de estos recursos fueron trasladados al programa Ser Pilo Paga y al fondo del ICETEX.

En la práctica, cerca del 50 por ciento de los recursos públicos para la educación superior terminaron transferidos a las pocas y más importantes universidades privadas, mediante el mecanismo del subsidio a la demanda y los créditos del ICETEX. La diferencia consiste en que las universidades públicas brindan educación a 650.000 estudiantes, pero Ser Pilo tan solo atiende a 40.000.

¿A quién le sirvió?

El programa permitía elegir libremente las carreras y universidades, y los jóvenes acabaron eligiendo las universidades y las carreras más costosas, que no necesariamente eran las de mejor calidad.

Adicionalmente, el Estado aceptó una condición que muy seguramente no habrían impuesto las universidades privadas en ningún otro país del mundo: que se pagaran las matrículas a los precios actuales que éstas cobraban a las familias de estratos más altos.

Puede leer: Ser pilo paga: un proyecto de corto alcance.

Mientras a la Universidad del Magdalena el Estado le paga 1,1 millones de pesos por estudiante/semestre en medicina, hay universidades privadas a las que se les está girando, por el mismo estudiante, hasta 26,3 millones por semestre. Esto significa, ni más ni menos, que mediante este programa el Estado contribuyó a agravar la iniquidad social, algo por completo absurdo en una política pública.

Podemos estar seguros de que la mayoría de los 40.000 beneficiados del programa, muy seguramente, no retornarán a sus regiones, salvo tal vez en diciembre a llevar sus regalos de Navidad. Lo más probable es que permanezcan en las ciudades donde estudiaron, que prosigan allí estudios de postgrado y consigan trabajo y familia.  Por lo tanto, el programa, tal como fue pensado, no tendrá un efecto multiplicador en las regiones.

El programa tampoco consolidó el derecho a la educación ya que solo benefició a 10.000 estudiantes por año. Menos del 2 por ciento de los egresados anualmente de la educación media, que en la actualidad son más de 540.000. Si siguiéramos una política de este tipo, nos demoraríamos más de cinco décadas para garantizar el derecho de todos los estudiantes a la educación superior. Es un tiempo excesivo en una democracia que ya ha tardado mucho tiempo en extender este derecho, en especial, para los sectores más pobres de la población.

Es importante aclarar que tampoco es cierto que dichos recursos hayan venido aumentando en los últimos años, como repitieron una y otra vez los medios de comunicación y el gobierno Santos, un gobierno que había firmado sobre piedra su compromiso con el Movimiento Todos por la Educación para destinar a la educación el 7 por ciento del PIB. Culminamos 2018, con una cifra del 4,5 por ciento, muy parecida a la que ya habíamos alcanzado en 1998. Ese gobierno incumplió su promesa y el de Iván Duque le haría un enorme daño al país si disminuye los recursos para la educación.

No hay duda, Ser Pilo fue un excelente programa para los estudiantes y las universidades beneficiadas. La pregunta es si también lo fue para el país. La respuesta parece clara: a falta de una debida concepción y planeación, agravó la crisis financiera de las universidades públicas en Colombia.

De manera irresponsable, el gobierno Santos hizo todo lo posible por convertirlo en política de Estado, sin contar con un solo estudio independiente que demostrara su conveniencia.

Afortunadamente, todavía es posible detener este proceso en curso. Con el anuncio del fin de Ser Pilo Paga, tenemos una oportunidad de oro para reestructurar por completo el modelo y convertirlo en un programa que efectivamente fortalezca la democracia, la paz, que beneficie a las regiones, y que asegure el derecho a la educación a una población cada vez más amplia.

La educación: ¿sin el pan y sin el queso?

Universidad pública, Universidad Nacional de Colombia.
Universidad pública, Universidad Nacional de Colombia.  
Foto: Función Pública

En las últimas semanas se han realizado asambleas de profesores de todas las universidades públicas y la consigna coreada es prácticamente la misma: exigen la eliminación del programa.

La próxima semana se reunirán 2.000 líderes estudiantiles en Florencia, en el II Encuentro Nacional de Estudiantes de la Educación, y allí corearán una consigna muy similar. En este contexto, para el 11 de septiembre ha sido convocado en todo el país el Día de la Dignidad universitaria. Un día previsto para defender la educación como un derecho a nivel universitario.

Los jóvenes acabaron eligiendo las universidades y las carreras más costosas, que no necesariamente eran las de mejor calidad.

Es muy importante advertir que los recursos de Ser Pilo le pertenecen a la educación y si entendemos el papel de ésta en el desarrollo, lo que toda la sociedad debe hacer es defenderlos. Sería muy grave que nos quedáramos “sin el pan y sin el queso” y que los ochocientos mil millones de pesos que anualmente cuesta el programa, ahora fueran invertidos en otro sector.

La sociedad en su conjunto debe exigir que no nos hagan “conejo” con los recursos educativos, como ya lo hicieron con los recursos para la ciencia en 2017 y 2018.  En esta oportunidad invito a todos los ciudadanos a estar pendientes de garantizar que los recursos que no se destinarán a Ser Pilo Paga se dirijan a fortalecer la educación pública.

Le recomendamos: La educación en el gobierno de Duque.

De estudiantes “pilos” a “universidades pilas”

En la Comisión Sexta de la Cámara de Representantes, presenté en 2017 una propuesta y creo que llegó el momento ideal para adoptarla. Es más, según medios de comunicación, la ministra de educación ha estado pensando en una propuesta muy similar: en vez de seleccionar estudiantes “pilos” deberíamos consolidar “universidades pilas”.

El proyecto “universidades pilas” escogería seis universidades regionales y oficiales con el fin de fortalecerlas en los planos económico, académico y pedagógico y se financiaría con los mismos recursos que se han destinado a Ser Pilo Paga.

Pasaríamos a beneficiar cinco veces más estudiantes en las universidades públicas regionales:

  • Estaríamos apoyando cada año cerca de cincuenta mil estudiantes y no los diez mil que actualmente se están beneficiando;
  • Los costos de traslado y estudio serían significativamente menores;
  • El beneficio para los estudiantes sería relativamente similar, pero los grandes beneficiados serían la paz, las regiones y la democracia.
  • Consolidaríamos las universidades oficiales, en lugar de debilitarlas como estamos haciendo ahora con Ser Pilo Paga.

La política pública no puede dedicarse a beneficiar un pequeño número de estudiantes y universidades privadas. Hay que pensar en garantizar los derechos cada vez a más estudiantes. Para eso, lo mejor es fortalecer las universidades públicas regionales, con los recursos y los estudiantes “pilos” y no tan “pilos”, porque una democracia tiene que hacer todo lo posible por universalizar los derechos.

Si la ayuda depende de los méritos, entonces no son derechos. Es cierto que tendrá que ser un proceso gradual, porque los recursos son escasos; pero no podemos avanzar al pírrico paso de asegurar el derecho al 2 por ciento de los estudiantes de quienes lo requieren cada año. La historia y el desarrollo no lo perdonarían.

*Director del Instituto Alberto Merani y consultor en educación.
@juliandezubiria 

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