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De la viveza a la solidaridad: otra economía para Colombia

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Impuestos.

Jaime VillamilLa política económica y social se puede organizar de manera que el trabajo de todos sirva de base al bienestar de todos. Explicación sencilla de una cuestión profunda.

Jaime Villamil*

Desigualdad insostenible

“¿Qué piensa usted de la guerra de clases?”, le preguntaron al multimillonario mexicano  Carlos Slim. “A mí esa guerra me encanta porque la vamos ganando”.

Esta frase jocosa (y en apariencia tomada de Warren Buffet)  indica una conciencia de clase entre los ricos que no tienen los pobres o perdedores de aquella lucha asimétrica. Bajo el capitalismo los que más tienen acumulan más riqueza mientras que “al que no tiene lo poco que tiene se le quitará” (la frase es del evangelio según Mateo).  

Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) titulado “Un ascensor dañado, ¿cómo promover la movilidad social?” concluye que en los países que peor distribuyen su riqueza es mayor la dificultad para que una persona de ingresos bajos alcance los ingresos medios de la sociedad. Mientras que en un país como Dinamarca se necesitan dos generaciones para que esto suceda, en Colombia se requiere de 11 generaciones:

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El reputado economista Thomas Piketty demostró con estadísticas muy sólidas que la desigualdad está aumentando en el mundo de manera pronunciada. Mientras que en 1980 el 16 por ciento del ingreso mundial era acaparado por el 1 por ciento más rico de la población, en 2016 este grupo pasó a concentrar el 22 por ciento de ese ingreso.  

En el caso de Colombia, el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el ingreso total de la clase media (33 millones de personas), y entre 2010 y 2015 la riqueza de este segmento minúsculo aumentó en casi 250 billones de pesos.

Esta gran desigualdad tiene que ser corregida con urgencia en Colombia y en el mundo. No solo por los problemas sociales que acarrea (violencia, suicidios, enfermedades mentales…), sino porque un pequeño y poderoso grupo de personas pone en entredicho la viabilidad de la vida humana en el planeta y nos somete a una dictadura donde su interés es disfrazado como si fuera el interés de las mayorías.

Le recomendamos: Economía colombiana 2017-2018 ¿el fin de la desaceleración y el inicio de la recuperación?

En el propio pellejo

Economía.
Economía.   
Foto: IPSE

Un cambio de semejante envergadura solo puede comenzar por la transformación de los principios éticos. La moral que predica el neoliberalismo es falaz, en tanto cree que la riqueza acumulada en la cumbre de alguna manera beneficia a los pobres por el efecto que los economistas llaman de “derrame” (en inglés “trickle-down economics”). En la vida real tiende a ocurrir todo lo contrario pues, como argumenta Piketty siguiendo una larga tradición de pensamiento, la rentabilidad del capital es superior a la del trabajo, y esto implica que la riqueza tienda a concentrase más y más.  

El experto en finanzas Nasssim Nicholas Taleb ha propuesto una manera especialmente perceptiva de aproximarse a la moralidad que el mundo necesita para ir al fondo del problema de la desigualdad. Su punto de partida es muy sencillo: debemos tener un alto sentido de responsabilidad por aquellas acciones que afectan o pueden afectar el bienestar de otros.

Un cambio de semejante envergadura solo puede comenzar por la transformación de los principios éticos.

La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Allí unos pocos especuladores amenazaron la estabilidad económica de una nación y ocasionaron quiebras, desempleo y los efectos asociados de alcoholismo, depresión y suicidios. Pero Taleb observa, con razón, que esta burbuja gigantesca no se hubiera producido si en lugar de jugar con los ahorros ajenos, los banqueros hubiesen estado utilizando sus propios recursos. A esto llama Taleb “poner en riesgo su propio pellejo” (“skin in the game”) –y es el principio que en efecto subyace a las medidas para aumentar la capitalización de la banca a raíz de la crisis del 2008-. 

Pero el principio skin in the game puede y debe extenderse a todas las esferas de la actividad económica y a todas las políticas regulatorias del Estado.

Las pensiones

Economía Naranja.
Economía Naranja. 
Foto: Concejo de Bogotá

Así por ejemplo entre los modelos para asegurar un ahorro para la vejez, el régimen de ahorro individual que en Colombia administran los fondos de pensiones sería menos deseable que el régimen de prima media que hoy administra Colpensiones: en el primero cada quien ahorra para sí mismo mientras que en el segundo hay un elemento de solidaridad, de modo que los más pobres logran al menos un mínimo de bienestar.

Suponiendo que en el país no existiera sino el régimen de ahorro individual (como parece  ser la orientación del gobierno Duque) el principio skin in the game obligaría a los administradores de los fondos privados a mantener parte importante de su propio capital en los mismos portafolios de los ahorradores. De esta manera los administradores serían más  justos al liquidar las tarifas por manejar el portafolio, serían más prudentes en los riesgos asumidos y buscarían las estrategias y coberturas financieras para mantener al menos el valor real de los recursos más un rendimiento equivalente al costo de oportunidad de la inversión. Dicho en lenguaje coloquial: manejarían la plata como si fuera de ellos y no “del míster” o de “la junta de ferias”. Pero en la vida real colombiana, muchos de los cotizantes a esos fondos se están quedando sin pensión o van a recibir mesadas muy por debajo de aquellas para las cuales cotizaron.

Los impuestos

La “lucha de clases” que comencé por mencionar tiene una expresión particularmente clara en relación con los impuestos y la reforma tributaria: la clase media y los pobres casi siempre pagan o acaban por pagar los gastos de funcionamiento e inversión del Estado, mientras que los ricos evaden, o “eluden” o “trasladan” sus impuestos a los consumidores mediante mecanismos de favor que les conceden los congresistas o presidentes a quienes ellos financian sus campañas.

El skin in the game en este caso se conoce como principio de progresividad tributaria y simplemente consiste en que los que tienen más paguen proporcionalmente más. Pero en Colombia este principio nunca se ha aplicado. El Estatuto Tributario está lleno de  exenciones que han sido introducidas para atraer, por ejemplo, la inversión extranjera hacia el sector energético y minero. Según las cuentas detalladas de Álvaro Pardo  en Razón Pública, el “regalito tributario” para estas empresas habrá sido de 3.300 millones de dólares anules desde 2014. Según un estudio de J. Orlando Villabona y Carlos  E. Quimbay, el sector financiero y bancario tiene la tasa efectiva de tributación más baja de Colombia, gracias a su cabildeo y cercanía a los distintos gobiernos. Con el agravante de que tanto el petróleo como la banca son relativamente poco intensivos en mano de obra.

El principio skin in the game puede y debe extenderse a todas las esferas de la actividad económica y a todas las políticas regulatorias del Estado.

Tampoco el gasto del gobierno es progresivo en Colombia, o sea que no mejora la distribución del ingreso. Para recordar apenas una cifra que hace poco mencionó Daniel Wills en esta misma revista:  “El estudio (de la OCDE) encuentra, por ejemplo, que el coeficiente Gini en el Reino Unido antes de pagar impuestos y recibir subsidios es 0,5, pero el sistema fiscal disminuye la desigualdad y el Gini después de pagar ingresos y recibir subsidios desciende a 0,3. Antes de que el gobierno redistribuya, el índice de desigualdad en Colombia es 0, 58 -un poco mayor que el del Reino Unido-. Sin embargo, después de impuestos, subsidios y transferencias, la desigualdad disminuye apenas a 0,52, un valor sustancialmente más alto que el 0,3 del Reino Unido”   

Le recomendamos: Los desafíos económicos del gobierno de Duque.

La educación

Desigualdad.
Desigualdad.     
Foto: Secretaría Distrital de la Mujer

Incontables estudios económicos han constatado que el ingreso de las personas aumenta a medida que aumentan sus años de escolaridad, e incontables estudios sociológicos han constatado que la educación es el factor principal de la movilidad social en sociedades modernas.

Por eso un sistema educativo desigual y todavía sometido a tasas de deserción muy altas, con acceso reducido a la educación superior de calidad, es un obstáculo mayor para el progreso y la equidad en Colombia. En este último contexto valdría mencionar que un sistema de acceso gratuito y universal a la educación superior tendría un costo anual comparable al valor de las exenciones para el sector de hidrocarburos o el sector financiero. Y esta limitación es una traba tanto a la movilidad social como al desarrollo de una sociedad basada en el conocimiento y por la tanto apta para competir en el plano global.

Semáforo en “rosadito”

En Colombia impera el principio opuesto al skin in the game.

Los conductores ante un semáforo no toman la precaución de detenerse antes de alcanzar la luz roja sino que suelen acelerar sin importarles el riesgo que esto implica para los peatones o el bloqueo de la vía que ocasionan –y que muy bien podría ser la causa principal de los trancones en nuestras grandes ciudades-. Llamemos a esto la oportunidad naranja.

La educación es el factor principal de la movilidad social en sociedades modernas.

El principio del vivo o la oportunidad naranja rige en todos los aspectos y en todas las esferas de la sociedad colombiana. En los sistemas de transporte masivo como Transmilenio, donde los vivos se cuelan  y los bobos hacen fila. En las EPS que no revelan sus operaciones de compra y por lo tanto el Estado tiene que remitirse a los precios internacionales para poder regular el mercado. En  los impuestos que todos tratamos de evadir y que los unos sí pueden pero los otros no. En el desplazamiento de los campesinos y por fin, en la violencia que es el predominio absoluto de lo mío sobre lo del otro.  

Una cuestión vital

Y hay una consideración adicional: el sistema de la oportunidad naranja está poniendo en riesgo la superveniencia de la especie humana.

Necesitamos un crecimiento económico que  no agote los recursos naturales ni sacrifique la salud de los trabajadores sino, al revés, que invierta en y se aproveche de las tecnologías “verdes” o diseñadas para cuidar del ambiente.      

Ahora el problema es más profundo. Ahora debemos reducir la sobreproducción de bienes materiales y trasladar la actividad económica hacia el cuidado del otro.

Estas son las urgentes trasformaciones morales para una especie que hoy parece empeñada en su propia extinción.

*Economista y magister en Matemática Aplicado de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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