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Por Hernando Gómez Buendía

Los problemas de la educación superior, más allá de la coyuntura

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Movilización por la educación 10 de octubre

Francisco CajiaoNo bastará con que el gobierno Duque tape el hueco. Uribe y Santos intentaron soluciones dudosas al problema, y así acabamos con poca cobertura, poca inversión por estudiante y mucho miedo a las reformas. ¿Qué hacer?

Francisco Caijao*

Más que la plata

Las movilizaciones recientes de los estudiantes universitarios son respuestas momentáneas a un problema que ha afectado la educación en Colombia durante mucho tiempo.

El presidente Duque afirmó que aumentaría la inversión en educación superior en un billón de pesos. Por su parte el Senado y la Cámara de Representantes aprobaron el Presupuesto General de la Nación (PGN) que le otorga más recursos al sector educativo que a los demás sectores del Estado (38,7 billones de pesos).

Ambos hechos parecen indicar un alivio en la crisis de la educación superior. Pero los recursos no serán suficientes si no hay la voluntad verdadera de apostarle a la educación pública en las próximas décadas.

Como han señalado la mayoría de analistas, el problema de la educación superior pública se remonta a la Ley 30 de 1992, según la cual la financiación de las universidades estatales crecería anualmente con el índice de precios al consumidor (IPC).

La ley tenía un propósito noble: antes de ella los recursos para las universidades dependían del lobby que hiciera cada institución ante el Congreso o ante el ministerio de Hacienda. Por eso la Ley quería eliminar ese cabildeo y ofrecer un mecanismo equitativo para todas las universidades públicas.

Pero en la práctica, la norma implicó un estancamiento presupuestal de más de 25 años. Ese estancamiento ya era evidente desde hace tiempo. En 2007, el Observatorio de la Universidad colombiana publicó un documento donde mostraba el valor de las transferencias por estudiante que había hecho el Gobierno central en 2006. Las diferencias eran enormes: mientras que la Universidad Nacional recibía 11’480.000 pesos (28 salarios mínimos), la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja obtenía apenas 3’170.000 (7,7 salarios mínimos) y la Francisco de Paula Santander de Cúcuta apenas contaba con 1’324.000 (3,2 salarios mínimos).

Al final, el promedio de transferencias a todas las universidades por estudiante fue de 4’070.000, una cifra muy cercana a la que se ha citado estos días.

Puede leer: La universidad pública: de la Ley 30 a Ser Pilo Paga.

Duque y la ministra de educación, María Victoria Angulo
Duque y la ministra de educación, María Victoria Angulo
Foto: Ministerio de Educación

La explosión de las matrículas de Uribe

Pero al comienzo del nuevo milenio, la transformación del aparato productivo, el desarrollo de las tecnologías de la información y la necesidad de competir en mejores condiciones en los mercados globales hicieron más y más necesario ampliar la cobertura de la educación superior.En 1996, la cobertura apenas rondaba el 10 por ciento; en 2000, no llegaba ni siquiera al 14 por ciento.

Por eso, en su primer mandato (2002-2006), Álvaro Uribe emprendió un esfuerzo que no habían realizado los gobiernos anteriores para ampliar la cobertura educativa, mediante tres estrategias principales:

  1. Aumentar muy rápidamente la matrícula en las universidades públicas, con los recursos ya disponibles. Es decir, más estudiantes en las mismas instalaciones, con los mismos profesores y con el mismo dinero. De allí que entre 1993 y 2016 la cobertura hubiera aumentado en más del 250 por ciento, mientras que el presupuesto solo creció un 70 por ciento.
  2. Aprovechar los aportes de las empresas al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) para aumentar rápidamente la cantidad y cobertura de los programas tecnológicos.

Mediante esa estrategia, el gobierno de Uribe aumentó la cobertura del Sena —que no hace parte del sistema de educación superior ni se acoge a los requisitos de una universidad— e incluyó a sus matriculados en las estadísticas de cobertura en educación superior. Por eso la cobertura aumentó tanto en tan poco tiempo, aunque fuera solo en el papel.

De allí que entre 1993 y 2016 la cobertura hubiera aumentado en más del 250 por ciento, mientras que el presupuesto solo creció un 70 por ciento.
  1. Facilitar los trámites para crear instituciones privadas, especialmente en las regiones.

El objetivo de esta estrategia era ofrecer una alternativa de acceso a los jóvenes de las clases medias. Muchos de ellos no contaban con la formación suficiente para acceder a una universidad pública, que disponía de pocos cupos y, por lo tanto, era necesariamente selectiva.

En 2000 había 82 instituciones universitarias; en 2015 ya sumaban 120. Además, algunas de las ya existentes expandieron notablemente su matrícula, creando programas, utilizando tecnologías virtuales y multiplicando sus sedes en diferentes regiones.

La combinación de esas tres estrategias fue bastante eficaz. La expansión de la matrícula se mantuvo en el tiempo, y hoy se habla de una cobertura del 52 por ciento.

Le recomendamos: La educación en el gobierno de Duque.

La educación es un derecho
La educación es un derecho
Foto: Flickr 

Y sin embargo

A pesar de lo anterior es importante decir que Colombia nunca avanzó mucho si se la compara con otros países de la región.

Antes de que Santos asumiera la presidencia, y aún ahora, el país estaba notablemente atrasado en materia educativa: en 2011 la cobertura era del 40 por ciento, mientras que la de Argentina era 75 por ciento; la de Chile 71 por ciento; la de Cuba 80 por ciento; la de Puerto Rico 86 por ciento; la de Uruguay 63 por ciento y la de los países europeos, en general, estaba por encima del 70 por ciento.

El gran miedo a las reformas

A pocos meses de comenzar su gobierno, Santos propuso una reforma de la Ley 30 de 1992 que incluía un muy desafortunado artículo mediante el cual se abría la puerta a la creación de instituciones educativas superiores con ánimo de lucro.

Para las comunidades universitarias ese artículo fue un pretexto para organizarse y para expresar la gran inconformidad que ya existía en relación con las finanzas de la educación superior.

Las movilizaciones de 2011 por poco cobran la cabeza de la ministra de educación, y el Gobierno se vio obligado a retirar el proyecto de ley, sin que se discutieran a fondo los problemas de la educación superior.

Debido a incidentes como ese, los ministros de Educación de los últimos quince años se han propuesto no llevar proyectos de ley al Congreso, sobre todo cuando tienen que ver con la estructura del sistema.

Ya no estamos apenas en notable desventaja en materia de cobertura, sino también en el gasto por estudiante.

En consecuencia, Colombia es uno de los pocos países del mundo que no han hecho una reforma educativa seria en más de veinticinco años, como si nada hubiera pasado en el mundo en un cuarto de siglo.

El Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “Todos por un nuevo país”, Santos se comprometió a desarrollar el Sistema Nacional de Educación Terciaria. Pero en repetidas reuniones con funcionarios del ministerio se señaló que la instrucción era hacer la reforma sin tocar la Ley 30.

Un atraso insostenible

Mientras en promedio los países de la OCDE gastan 15.028 dólares por estudiante, Colombia invierte apenas 5.183 dólares, incluyendo el gasto que hacen las familias en instituciones privadas, como puede verse en los siguientes gráficos. Mientras el promedio de la OCDE en gasto privado es de 30 por ciento, en Colombia asciende al 57 por ciento.Con estos antecedentes, la educación superior en Colombia llegó a una situación crítica. Ya no estamos apenas en notable desventaja en materia de cobertura, sino también en el gasto por estudiante.

Gasto anual por estudiante, según nivel educativo (2012).

gasto-estudiante-cajiao.jpg - 50.43 kB

Gráfico tomado del estudio de la Fundación Compartir.

 

Gasto privado y público en educación terciaria (2012)

  gasto-privado-cajiao.jpg - 32.99 kB 

Gráfico tomado del estudio de la Fundación Compartir.

Un problema complejo

Está claro que inyectar uno, dos o tres billones de pesos a las universidades públicas no resuelve un problema tan complejo como el de la educación en Colombia.

Una respuesta adecuada implica, entre muchas otras cosas:

  • Integrar un sistema que hoy está completamente desarticulado;
  • Disminuir la deserción estudiantil, que hace que al menos la mitad de los recursos invertidos se vayan al caño;
  • Mejorar la calidad de la educación básica, que está cada vez más obsoleta y que produce gran parte de los problemas de la educación superior. Cada vez más jóvenes afirman que no quieren seguir sus estudios después del bachillerato, lo que desemboca en altísimas tasas de empleo informal.

El movimiento estudiantil, la ciudadanía, los empresarios y el Gobierno deben tomar con seriedad estos retos. Si seguimos por el camino acostumbrado, las posibilidades de encontrar la paz, la equidad y el desarrollo serán cada vez más remotas.

Les recomendamos: El movimiento estudiantil y la lucha por sus derechos.

* Filósofo, magister en Economía, consultor en educación, ex Secretario de Educación de Bogotá y columnista de El Tiempo.

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Comentarios  

Betty Martínez
0 # La Universidad HoyBetty Martínez 22-10-2018 12:41
El Dr. Cajiao tienen toda la razón, pero lo otro que hay que tener en cuenta es que las universidades públicas en casi todas las regiones colombianas son bastiones de la politiquería para repartir cuotas burocráticas y hacer favores particulares a los miembros del Consejo Superior que se pelean por estar ahí,jamás se discuten las reformas de los currículos que hoy resultan obsoletos, incluso la universidad misma con sus sistema normativo.
Hoy los investigadores no necesitan estar inscritos en Colciencias ni nada eso, hoy prima el trabajo colaborativo con colegas de otros países del mundo, la universidad real de hoy, no tiene fronteras ni burocracias inmóviles que muchas veces son una talanquera para los propósitos misionales de las universidades. Nos hemos quedado atrás hace mucho rato.
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