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El mundo, entre la espada y la pared

(Tiempo estimado: 7 - 14 minutos)

Manuel Guzmán HennesseyUn gerente mentiroso, una interpretación amañada de la ley y la dificultad de valorar los daños están haciendo que la compañía responsable del catastrófico derrame de petróleo en el Golfo de México se salga con las suyas.

Manuel Guzmán Hennessey*

Lo que dice un rostro

Para escribir sobre el drama del presidente Obama, acorralado entre una marea negra de petróleo y el llamado "principio precautorio", me propuse buscar una fotografía del presidente de la BP, Tony Hayward, quien hace dos fines de semana decidió irse a una regata en la isla de Wight, en Gran Bretaña.

En el fondo de su corazón, y también de su yate, el señor Hayward sabe que el presidente, aunque quiera, no podrá tasar el valor del daño infligido al medio ambiente y a los seres humanos. Será la compañía que él preside la que le dirá al mundo entero cuánto, según ella, cuesta el daño. Ya empezó a decirlo: 20 mil millones de dólares. Cifra sacada de un sombrero de mago, puesto que tampoco Hayward sabe, exactamente, en qué consiste el daño, y por lo tanto carece de la posibilidad de calcularlo.

Con el fin de entender las noticias que tienen al cinismo como su piedra estructural, me gusta ir a la cara de las personas. Y es allí donde entiendo lo que realmente sucede.

Me ha ocurrido otras veces, con el presidente Uribe por ejemplo. La observación detenida de sus músculos faciales me ha facilitado, siempre, una mejor comprensión de lo que dice.

Más allá de los términos

Si prescindimos de la imagen y nos atenemos a las escuetas palabras, nos perdemos de la posibilidad de agregar a la comprensión de los hechos, no sólo lo que expresan sino principalmente lo que ocultan.

Con George W. Bush el ejercicio era, para mí, más divertido, porque tenía que acudir a cierta lógica inversa, puesta al servicio de mi detector personal de cinismo, para descubrir no las ocasiones en que mentía sino aquellas en las que decía la verdad.

Con Tony (y él perdonará mi confianza) no tengo mayor experiencia, pues no es un personaje público sino privado, pero algo me ha dicho hoy su rostro, capturado para los lectores de este artículo en el diario La Gaceta, de Tucumán.

Me apresuro a reproducirlo aquí, para que los lectores puedan mirarlo, a medida que yo voy refiriéndome a sus más recientes hazañas, entre las cuales, lo lamento, no debe estar la de su desempeño en la regata de Wight.

Dinámica de la cascada

La primera de estas hazañas ocurrió hace unos meses, cuando logró tenderle a Obama la celada del "principio precautorio". La segunda es consecuencia de esta: tasar el daño infligido. La tercera, probablemente, será diferir el pago de esta obligación, dándole prioridad a las dificultades financieras de su compañía sobre el medio ambiente y los seres humanos.

Como cruel paradoja, tanto el accidente como la reacción de la compañía responsable, se producen en cascada. Y atendiendo a la dinámica de la cascada han reaccionado también los técnicos encargados del frente del derrame y los directivos de la British Petroleum Company (BP) al mando de la estrategia pública. De otra parte, la encrucijada del presidente Obama resulta de la cascada.

La dinámica de la misma obedece al efecto mariposa de la teoría del caos: una pequeña modificación introducida en el engranaje de un sistema puede desencadenar efectos amplificados e impredecibles en dicho sistema.

Una de dos

El presidente del subcomité de Energía y Medio Ambiente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Ed Markey, dijo en una entrevista para "NBC", que "desde el principio, BP, ha mentido o es totalmente incompetente".

A juzgar por la experiencia de sus operaciones petroleras desde hace muchos años, a mí no me parece que sea incompetente. Por el contrario, opino que se trata de una de las empresas más competentes del mundo. Lo que ocurre es que competencia no significa necesariamente eficiencia, y mucho menos garantía de seguridad en los procesos.

Competencia atiende más bien a la habilidad de ganarse jugosos contratos primero que otras compañías, urdiendo estrategias corporativas como la de embaucar a la sociedad (representada por el presidente Obama) mediante la lógica tramposa del principio precautorio.

Eficiencia es la correcta previsión y gestión del riesgo (en este caso el que corren los seres humanos y el ambiente) y no la aplicación de una estrategia improvisada de un accidente grave, basada en ensayo y error.

Más probable que la incompetencia es la mentira, que se produce aquí no como resultado del cinismo, sino de una política de comportamiento corporativo que no es exclusiva de la BP, y que consiste, palabras más, palabras menos, en defender ante todo la imagen de la marca, hasta que los hechos indiquen que es indispensable empezar a hacer lo contrario, es decir, a revelar la verdad.

Dominó en el peor escenario

Esto lo sabe bien el navegante Hayward (por favor, vayan a la foto) para lo cual diseñó su estrategia de respuesta pública como un juego de dominó: el último número de la realidad, que va en su contra, determina la escogencia del suyo, teniendo buen cuidado de que el número puesto por él, pueda llevarlo a otro de su arsenal, que no tenga su contrincante. Pero en el dominó uno ignora los números que tiene el otro. Sólo puede intuirlos, lo cual no es suficiente.

El representante Markey tenía el doble seis, y lo sacó aprovechando un descuido de Hayward cuando éste se fue de regata.

¿Qué ocurrió? Muy sencillo: Markey nos recordó cómo la BP decía al principio del desastre que se trataba "tan solo" de un derrame de mil barriles diarios. Pero cuando los hechos resultaron demasiado evidentes, y los medios de comunicación empezaron a publicar las fotografías de la mancha negra, la BP admitió que podían ser cinco mil. Y luego Markey encontró un documento interno de la compañía, según el cual, en el peor de los escenarios posibles, el derrame podría llegar a diez mil barriles diarios.

No dice el documento lo que se entiende por "peor escenario" pero bien puede colegirse que si el "mejor" consistía en la rotura de un tubo, el peor equivaldría a la rotura de dos, que fue lo que sucedió después. El gobierno de Estados Unidos estima hoy que la fuga arroja entre 35 mil y 60 mil barriles diarios de crudo al mar.

Todo lo anterior, añadido a la delirante cadena de improvisaciones y promesas y rectificaciones y ensayo y error y ofertas de compensación, que recuerdan el perverso principio según el cual "el que contamina paga", lograron "sacarle la piedra" al presidente Obama. Indignado con el navegante, el presidente ya no sabe qué hacer para meterlo entre los palos. Pero él mismo se encuentra en dicha situación, acorralado por una opinión pública hastiada de la "mamaderita de gallo" de los petroleros, y poco dispuesta a perdonarle al mandatario su "culiprontismo", cuando creyó que "no existía ninguna posibilidad técnica de derrame". Al parecer, Obama no tuvo en cuenta el principio precautorio, y autorizó la operación del Deep Horizon.

La ley...

Y, ¿qué dice el principio precautorio? Que si existe una sospecha razonable de daños que se puedan causar al medio ambiente o a los seres humanos, acompañada de incertidumbre científica, todos tenemos el deber de tomar medidas preventivas.

Este principio tiene tanto de largo como de ancho, pues, no obstante haber sido adoptado en muchos tratados y convenciones internacionales[1], se ha utilizado como patente de corso.

El Principio 15 de la Declaración de Río sobre el Ambiente y el Desarrollo (1992) dice: "Para proteger el ambiente, el enfoque preventivo deberá ser aplicado ampliamente por los Estados de acuerdo con sus capacidades. Donde haya amenazas de daño serio o irreversible, la falta de una certeza científica total no deberá ser usada como una razón para posponer medidas rentables para prevenir la degradación ambiental".

Una manera elocuente de entender este principio, con respecto a las operaciones petroleras en altamar, nos la entrega el desastre del golfo de México.

Nunca hubo allí certeza científica de que no se podía producir el accidente que hoy amenaza, tanto a múltiples ecosistemas marinos, como a poblaciones que dependen de la economía marina, incluyendo dentro de estas no solo a los pescadores y comerciantes o industriales del turismo, sino a las prostitutas del Mimosa Dancing Club, de Nueva Orleans, que han visto menguados sus ingresos por falta de clientes.

Desde que se impuso la práctica del principio precautorio, digan ustedes desde los años noventas, hecha la ley hecha la trampa. Algunos proclamaron una interpretación ortodoxa y seria del principio que se podía formular así: si hay incertidumbre científica, esta deberá ser entendida como una luz amarilla (prevención), o en algunos casos, roja (detención). Por incertidumbre científica se entiende, aquí, la ausencia de información científica veraz sobre la seguridad o inocuidad de algún proceso o producto.

Esta aplicación supone que la incertidumbre científica (u operacional) debería ser razón suficiente para preocuparse. Cuando la incertidumbre científica (u operacional) se combina con la sospecha razonable de daños que se pueden causar al medio ambiente o a los seres humanos, entonces se justifican las medidas preventivas, que podrán ser de luz amarilla (prevención) o de luz roja (detención).

...y la trampa

Hasta aquí lo que podríamos llamar la ley. Ahora viene la trampa: en virtud del principio de la libre iniciativa, las personas y las corporaciones tienen el derecho de hacer cualquier cosa que quieran (luz verde), mientras sea legal, hasta que un tercero pueda probar que ha ocurrido un daño, momento en el cual puede comenzar un proceso de resolución de los conflictos, que podrá tardar décadas de esfuerzos y millones de dólares, puesto que a los "terceros" les tocará demostrar plenamente el daño, mientras los afectados se defenderán con todas las argucias que le sean posibles. Este sistema requiere que suceda un daño y debe probarse que ocurrió, antes de que se consideren las medidas alternativas.

Como todo parece indicar que a la BP le iba a quedar muy difícil demostrar que el derrame del petróleo del Deep Horizon no está relacionado con el daño de las especies marinas, la compañía se ha apresurado a decir que pagará los daños. Y para ello planea recaudar unos U$S 50 mil millones, vendiendo títulos por U$S 10 mil y activos por U$S 20 mil millones, y tomando créditos por otros $20 mil millones. O sea, feriando.

El presidente Obama está atrapado entre estas dos interpretaciones del principio precautorio.

El probablemente ha venido a saber, muy a posteriori, que ha debido darle a sus dudas sobre la operación del Deep Horizon, el carácter de sospecha razonable. Al no hacerlo se expuso a que la BP aplicara la interpretación de la luz verde. Y luego, ocurrido el daño, aplica "quien contamina paga", y ¿quién tasa los daños? La BP. Y si el presidente Obama no está de acuerdo, o exige un mayor estipendio por los daños causados, la BP podrá acudir a los tribunales internacionales de arbitramento para dilatar la querella, por años o por décadas.

El poder de una gota

¿Esta es la encrucijada del presidente Obama? Preguntarán los lectores. No, esta es tan solo la mitad de la encrucijada. La otra mitad es su imposibilidad técnica para tasar el daño. Por lo tanto carece de la posibilidad de decirle con certeza a la BP cuánto tiene que pagarle a la sociedad.

Nadie puede saber cuánto cuesta hoy, y cuanto costará con el correr de los años, el daño a los seres humanos y al medio ambiente ocasionado en el Deep Horizon. Todavía se ignora el daño real del Exxon Valdez, pues recientemente han encontrado petróleo en las profundidades de las costas de Alaska, como si hubiera sido vertido hace pocas semanas.

Cuando una gota de crudo entra en contacto con el agua del mar se desencadenan tal cantidad de reacciones físicas y químicas que resulta prácticamente imposible determinar la composición de la inasible madeja de interconexiones que se producen en la cadena molecular del medio marino y atmosférico, puesto que una parte del crudo se evapora y contamina el aire.

Referirse a las innumerables cadenas nuevas que cada gota de crudo conforma con los múltiples ecosistemas que ha tocado la marea negra del golfo de México, puede ser ejercicio de otra columna, pues ésta ya va muy larga.

Sólo me falta un detalle: revelar que algunas de las fuentes consultadas consideran que a las señoras del Mimosa Dancing Club les quedará todavía más difícil demostrarle a la BP que el daño causado a sus economías depende del derrame del petróleo.

*Director General de Klimaforum Latinoamérica Network. www.klnred.ning.com

twitter1-1@guzmanhennessey

 Nota de pie de página


1] Entre otros, Declaración del Mar del Norte (1987); Protocolo de la Capa de Ozono (1987); Declaración Ministerial de la 2da. Conferencia Mundial sobre el Clima (1990); Tratado de Maastricht que creó la Unión Europea (1994); Ley del Mar de las Naciones Unidas (2001); y Protocolo de Cartagena sobre la Bioseguridad (2000).

 

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